20 May 2008
¿Por qué creemos?

Me disponía a escribir sobre el por qué del sentimiento religioso, estimulado por el revuelo que ha levantado la última carta publicada de Einstein sobre el particular, cuando leo en El País de hoy un reportaje de Mónica Salomé titulado ¿Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios? Con el subtítulo Científicos de Oxford investigan la estructura cerebral que aloja la creencia religiosa. Naturalmente, si no de otra cosa, me ha convencido de la actualidad del tema. Así que voy allá.
Probablemente no existe una manifestación de la cultura humana más universal que la expresión del sentimiento religioso. Se encuentra en todas las épocas, en todas las latitudes y en todas las civilizaciones; es tan omnipresente que ha sido utilizado por algunos como una prueba de la existencia de Dios; el ateismo es un fenómeno de culturas muy avanzadas y avezadas en el pensamiento racional, pero ni existía ni es siquiera imaginable en la mayor parte de la historia de la humanidad.
Los que nos esforzamos en buscar una explicación racional al fenómeno hemos pensado siempre, que las insuficiencias del conocimiento humano para explicar los fenómenos naturales, los cuales han condicionado duramente la vida humana, han llevado al hombre a buscar una contestación rápida y simple a la vez que a intentar protegerse ante ellos e incluso a controlarlos, lo que ha desembocado en la práctica religiosa. Pero este argumento no explica por qué la religión no retrocede en la medida que avanza la ciencia, ni por qué hay científicos que siguen creyendo pese a estar acostumbrados al análisis racional y a contrastar empíricamente cualquier aserto.
Sin duda hay algo en la mente que propicia el pensamiento religioso; pero todo cuanto existe en el hombre ha sido depurado y seleccionado por el proceso de la evolución natural, y, al contrario de lo que se deduce del citado artículo, yo creo que la religión no aporta mejores condiciones para la supervivencia –único argumento al que atiende el proceso de evolución darwinista–, antes bien, es un lastre considerable, por lo que debería haber sido desechada. El ritual y el culto en cualquier religión suponen un despilfarro de energías, tiempo y recursos sin ninguna rentabilidad práctica, que colocaría a unos posibles no creyentes en mejores condiciones de subsistencia –si sacrifico a una cabra para propiciar la lluvia, no habré aumentado las probabilidades de que llueva y habré perdido una cabra–. Tampoco me vale el argumento de que la religión es un consuelo ante la muerte lo que aliviaría la ansiedad ante tan inevitable final y crearía unas mejores condiciones de vida. La mayoría de las religiones plantean la vida tras la muerte con interrogantes sumamente inquietantes, ya que podemos precipitarnos en la condenación eterna, reencarnar en un ser inferior, etc. El sentimiento de culpa y la inseguridad de la salvación aumentan el stress existencial. Para colmo la intolerancia entre religiones ha sido un factor de hostilidad que ha producido, persecuciones, guerras y masacres. No creo que el gen que propicia la religión, si es que existe, haya sido seleccionado por la evolución natural como un elemento positivo, porque parece que más bien ha sido una rémora y un lastre considerable.
Habría que pensar que la universalidad y supervivencia del pensamiento religioso se debe más bien a que se trata de un subproducto de una o de varias cualidades psicológicas adquiridas en el proceso de hominización. Richard Dawkins, conocido biologo, explica en “El espejismo de Dios” cómo las mariposas nocturnas parecen tener una irrefrenable tendencia al suicidio precipitándose sobre la llama de una vela; la cuestión es que su vista está diseñada para orientarse por el ángulo en que inciden en sus ojos los rayos de luz procedentes de un foco luminoso, la Luna; la aparición de un foco artificial, la vela, hace que vuelen en espiral, respetando el dichoso ángulo, hasta que la llama las engulle. De la misma manera instrumentos importantes para la supervivencia del hombre han permitido y propiciado, como efecto colateral, la aparición del pensamiento religioso. Veamos algunos siguiendo otra vez a Dawkins.
Concebirnos como seres duales, compuestos de cuerpo y una entidad espiritual, no corpórea, no es una actitud aprendida porque está presente con fuerza en la infancia; pero nos permite pensar en diferentes destinos para un cuerpo material, llamado a un fin biológico y un espíritu o alma que por se inmaterial estaría llamada a la supervivencia. También nos autoriza a imaginar un ser dotado sólo de sustancia espíritual. Más clara, como condición favorecida por la selección, es la tendencia a adjudicar intencionalidad a todo cuanto existe, las nubes están para llover o el felino intenta comernos; de este modo simple puede que hayamos tenido más oportunidades de sobrevivir y esa tendencia se ha conservado. Tanto el dualismo como la predisposición teleológica parecen conducir fácilmente a Dios.
La capacidad de enamorarnos la anclan los biólogos en el instinto reproductor. Se trataría de un mecanismo psicológico que propiciaría que la pareja permaneciera unida al menos hasta el destete de las crías, dada la indefensión de la criatura humana en su infancia. En muchos aspectos el sentimiento religioso se vive en ocasiones como una experiencia amorosa. Podemos encontrar multitud de ejemplos, pero baste recordar, en un extremo, el misticismo –la poesía de San Juan de
En todos estos casos, y en otros más, la religión podría haberse visto favorecida en su aparición y en su supervivencia como un subproducto accidental, un fallo de algo útil.
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11 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Anónimo dijo
interesante tu texto, y de rabiosa actualidad la escultura de bernini
arco dijo
Gracias por tucomentario, Santiago. Un abrazo.
gilermez04 dijo
Llegar a dios no es dificil,lo tenemos en nuestra mente.
Salu2
Milano dijo
...lo pongo a buen recaudo.
elefanteblancoster dijo
Ante el cúmulo de interesante información, tan claramente expuesta como es habitual en ti, que nos aportas con este artículo, me voy a centrar en una frase tuya que creo que resume muy bien el espíritu de lo que expones para centrar mi comentario:
“El ritual y el culto en cualquier religión suponen un despilfarro de energías, tiempo y recursos sin ninguna rentabilidad práctica, que colocaría a unos posibles no creyentes en mejores condiciones de subsistencia”
Creo que se puede abrir una puerta a la falta de rentabilidad práctica que posee una parte de lo que, gracias a nuestra evolución, nos define como especie, y quiero abrir esa puerta a la reflexión porque me parece que la practicidad o utilitarismo que define nuestra época desenfoca posibilidades de análisis de nuestra propia evolución que podrían dar mucho juego para comprender el por qué de la preeminencia de nuestra especie sobre todas las demás en la actualidad. Vamos a ver si aclaro el asunto con un ejemplo: el lenguaje. La complejidad de las estructuras lingüísticas, la variedad de términos para expresar lo mismo y las posibilidades casi ilimitadas de representaciones visuales del lenguaje “suponen un despilfarro de energías, tiempo y recursos sin ninguna rentabilidad práctica” y, sin embargo, son la base sobre la que se ha construido buena parte de nuestro desarrollo como especie; la propia evolución del lenguaje es paralela a la de nuestra especie, o viceversa.
No voy a hablar de las religiones porque pertenecen a otro ámbito que el que tú planteas y que a mi me interesa (el ámbito de las organizaciones e instituciones humanas) sino sobre las creencias y lo que yo creo que es la creación de Dios por parte del hombre. Creo que todo esto es parte de algo que ha distinguido la especie humana del resto, que está en la base de su supervivencia y que no forma parte del ámbito de lo útil o lo práctico: el pensamiento simbólico. A mi me parece que el humano comenzó a poderse llamar humano cuando, gracias al desarrollo de sus posibilidades de comunicación verbal, supo y quiso contar y/o escuchar la narración que otro humano le hizo, es decir, fue capaz de crear y creer en un mundo o en unos hechos que sólo se podían “ver, oir, palpar, oler y sentir” en su cerebro, de ahí a la creación y recreación de mundos posibles, de circunstancias y hechos inventados, sólo hay un paso que efectivamente se dio y que abrió un universo de posibilidades que el arte de cualquier época ha sabido transmitir a lo largo de toda la historia.
Me estoy alargando mucho y me disculpo por ello, pero quiero terminar recordando que ese mundo de posibilidades inventadas que hemos creado en tiempos y espacios diferentes nos sigue acompañando, forma parte de nosotros, no hay que tener fe para apreciarlo y fomentarlo, sólo hay que seguir deseando ser profundamente humano. De esta forma ni necesitaremos religiones ni restringiremos nuestra vida a un utilitarismo reduccionista de nuestras posibilidades presentes y futuras.
Muchas gracias y un abrazo.
arco dijo
Amigo Alfonso, tu comentario es excelente y especialmente los dos últimos párrafos no tienen desperdicio y meparecen interesantísimos.
Respecto al utilitarismo, no estoy seguro de haber conseguido que se me comprenda. Yo lo situaba, o quería hacerlo, en el marco de la evolución. La naturaleza sólo ha permitido la subsistencia de aquellos rasgos, en cualquier ser vivo, que eran útiles, o más adecuados para conseguir la perpetuación de la especie. Sólo aquellos individuos que portaban esos genes lograron a la larga subsistir. Me hacía la reflexión de que si la religión no aporta más elementos positivos que negativos debería haber desaparecido, porque los individuos que portaran los genes que favorecían las creencias religiosas habrían estado en peores condiciones.
Gracias por un comentario que me ha sido muy útil.
Un abrazo.
Juanjo Albors, arquitecto de cabecera dijo
Quiero incidir en una frase de Elefante: "la creación y recreación de mundos posibles, de circunstancias y hechos inventados". El problema social de las religiones es que han alterado la última palabra y han transformado el concepto de "invención" por el de "hecho cierto".
Manuel Reyes dijo
No voy a insistir en que los dioses son creación de los hombres porque es evidente. Los dioses creados por cada civilización se parecen sospechosamente a esa sociedad creadora, tienen sus mismas costumbres, vicios y virtudes.
Más interesante puede resultar ser capaces de responder a: ¿Por qué las religiones persisten en sociedades dominadas por el racionalismo?
Yo no lo se, desde luego, pero siempre me ha parecido que la humanidad no desea perder ninguno de sus logros intelectuales, aunque ya no sea útil.
Después de aparecer la filosofía, tendrían que haber desaparecido las religiones. Después que apareció la ciencia, tendría que haber desaparecido la filosofía. Pero nada de esto ha ocurrido.
Pienso que la humanidad lo que hace con sus logros intelectuales, ya inútiles, es buscarles otra función. La humanidad, desde su racionalidad, se angustió con las clásicas terribles prenguntitas ¿Quién soy yo? ¿Y que hago aquí? ¿Y cómo es el mundo?
Primero fueron los mitos, los que dieron respuestas, por absurdas y caprichosas que fueran. Luego los encargados de dar respuesta fueron los filósofos, y las religiones se hicieron más "espirituales", salvadoras de almas o buscadoras de la felicidad. Ahora es la ciencia de la que la sociedad espera las respuestas, y los filósofos se dedican a explicar su gloriosa historia o a estudiar e interpretar los problemas sociales. ¿A quién se le ocurriría hoy esperar que algún filósofo nos explique qué demonios es eso de la materia oscura?
¿Y esto es, o no es, economía biológica?
isapacheco dijo
Interesantísimo post.
La capacidad de abstracción humana, la de invención y el lenguaje, al unirse con el instinto de supervivencia impulsa a todo ser humano a la creencia, y en mayores ocasiones, a la certeza, de que hay algo más, la trascendencia.
La comprobación más que empírica de la finitud del cuerpo, la autoconsciencia, impide a muchos elaborar la dolorosa idea de que cuando el cuerpo muere, muere también ese alma que creemos poseer. Entonces inventamos otros mundos, responsables de todo, que den explicación a absolutamente todo, seres divinos que, al necesitar interpretación, dan la excusa perfecta para que los "iluminados" guien a la grey y la tengan en sus manos.
Los creacionistas y su "plan" dan fe de ello.
Pepe dijo
Los darwinistas sí tienen mérito, porque creer que una bacteria puede siendo apta y adaptada y aprovechando algunos errores ocasionales en la copia del genoma llegar con el tiempo a ser un elefante o una almeja, eso es digno de admiración. Una fe así es difícil de comprender.
crguarddon dijo
Me tienes que disculpar Arco, he entrado a leer tu entrada porque aparecía a la derecha, en últimos comentarios. El título, ¿por qué creemos? Me ha interesado, porque esta pregunta sí me la he hecho muchas veces. He leído tu artículo y todos los comentarios. Pero....he vuelto a Bernini, y he pasado más rato mirando a Ludovica que pensando en una respuesta para tu artículo. La beata me ha llevado a la Galería Borghese, en Roma, me impresionó Bernini, Pluto y Proserpina y todo lo que vi allí.
Pienso que "creemos" porque necesitamos elevarnos por encima de nuestra pequeñez, creer significa estar más allá de lo inmediatamente tangible, significa éxtasis (estado del alma embargada por un sentimiento de admiración y alegría), y me recuerdo a mí misma, con un velo blanco hasta los pies, delante del Santísimo Sacramento, (en un internado de monjas franciscanas), en un estado parecido al éxtasis, quien me ha visto y quien me ve. Y delante de Bernini experimento algo parecido, no sé, tengo que pensar sobre esto. Y no me hagas mucho caso, que la hora no es propicia para la racionalidad. ¡Ah! Soy atea, y dulcifico mi ateismo con un barniz de agnosticismo. Pero busco aquel éxtasis de mi niñez, disfrazado de religión, donde quiera que lo encuentre. Quizá sí tenga una utilidad la cosa de la fe. Lo dicho Arco, no me hagas mucho caso. Un abrazo.
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