16 Jun 2009
Cristiano Ronaldo y Atila
Durante dos días consecutivos he estado viendo en la edición digital de El País que la noticia más consultada por los lectores era una que ponía en boca de Cristiano Ronaldo: «Me encanta cuando me abuchean, me gusta ver el odio en sus ojos y escuchar sus insultos». Tanto me molestaba la dichosa frase que al final ojeé el artículo, aunque rara vez leo algo de deportes, es una literatura que encuentro deplorable. El autor del reportaje endulzaba la afirmación calificando la actitud del futbolista de «hambre de triunfos». De entre todas las hambres posibles esta me parece la más fácil de calmar, bastarían un par de buenos fracasos, lo que le deseo fervientemente (sólo por darle gusto, a él le encanta que le odien).
No he podido evitar el paralelismo del esperpento pronunciado por el chaval con el que se atribuye a Atila: «no hay espectáculo más gozoso que arrastrar detrás de tus caballos a los enemigos mientras que escuchas el llanto de sus mujeres y de sus hijos». La literatura está plagada de loas de los guerreros a la excitación de la batalla, el olor de la sangre y la gozosa contemplación del terror en los ojos del enemigo. Se me dirá que me he pasado tres pueblos en la comparación, pero si lo analizáis con calma descontando las distancias cronológicas y de situación, tendréis que reconocer que ambas truculencias son idénticas.
A estas alturas, muchos habréis empezado a pensar que el deporte no es santo de mi devoción. Estáis en lo cierto. No sólo no lo practico (gracias a lo cual me encuentro, pese a mi edad, en excelente forma física, aunque últimamente haya un par de articulaciones que empiezan a traicionarme), sino que detesto la cantilena de sus presuntos valores.
Se suele decir que estimula una sana ambición (el hambre de triunfos de que hablábamos), pero el deseo de ganar siempre, en todas circunstancias, ser el primero, el mejor, el único, a mí, y a cualquiera que no esté mediatizado por el lugar común de la bondad deportiva, me parece una actitud enfermiza y odiosa, digna desde luego del diván de un psiquiatra. La solidaridad, la fraternidad y la cooperación en el equipo son valores que encontramos en cualquier grupo humano desde las cofradías de malechores a las unidades militares pasando por asociaciones humanitarias o de cualquier tipo, sólo que en el deporte planea sobre ellas, amenazante, la sombra de la competición. La aceptación de la derrota es una medida de supervivencia en un colectivo en el que el 99% son carne de fracaso; pero también aquí hay otra sombra, la revancha, que garantiza que no decaiga la competición. El sometimiento a unas reglas y el comportamiento caballeresco existe en cualquier forma de competición incluida la más brutal, a la que tanto debe el deporte: la guerra, que siempre estuvo reglada y en la que nació la caballerosidad frente al enemigo y frente a los no combatientes.
Nada hay en el deporte que no se pueda encontrar en muchas actividades humanas y, desde luego, existen en él comportamientos enfermizos, perversos o que inducen a la transgresión y a la violencia y que le son propios, como estamos hartos de ver y de vez en cuando nos recuerdan personajes antipáticos como el tal Ronaldo. Naturalmente el ejercicio físico y el juego son imprescindibles entre los humanos y especialmente entre los niños y los jóvenes, pero eso es una cosa y otra el deporte, que tiene una carga ideológica que no todos estamos dispuestos a soportar. Todo ello sin contar con su comercialización que ha provocado la omnipresencia en todos los ámbitos, la invasión y saturación en los medios de comunicación, el mayor despilfarro conocido y el escándalo económico, y, consiguientemente, la demonización y el desprecio de los que nos resistimos a entrar en el juego. Como profesional de la enseñanza, nunca acepté que el deporte aportara a los alumnos unos valores que no pudieran adquirirse por otras vías, incluso pensé que contenía elementos muy negativos y siempre me causó perplejidad la justificación de muchos padres: «así están entretenidos y no piensan en otras cosas» ¿A qué otras cosas se referían? ¿Cómo imaginaban las mentes de sus hijos? Expresé mis ideas en multitud de ocasiones, pero siempre tuve que introducir algún elemento jocoso para que no se me tomara por un desequilibrado.
Hoy ya no tengo que disimular: no me gusta el deporte; tampoco el cenizo de Ronaldo, ni Nadal mordisqueando sus copas, ni Alonso (pobrecito ¿cuándo ganó la última vez?); me carga el senderismo agónico de Edurne, el triplete (vaya palabreja) del Barça y lo arrastrado que puede ser el motorismo. ¡Puaf!
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En la imagen Ronaldo mandando callar al respetable mientras disfruta del odio observado en sus ojos.
Sobre este blog
Tutti frutti
arcoComo presiento que no sabré centrarme en un tema y la mezcolanza de argumentos será la tónica de este blog, he buscado para él el nombre que me pareció más adecuado a esa circunstancia.
He pasado mi vida enseñando historia en algunos institutos y, ahora, ya casi me he convertido en historia yo mismo. Tratando de evitarlo he pensado hacerme notar publicando aquí cuanto se me ocurra, con la esperanza de que le interese a alguien.
Mi nombre es Arcadio y por hacerlo más breve y asequible lo he dejado en Arco, con ese alias firmo mis entradas.
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7 comentarios · Escribe aquí tu comentario
A mi si me gusta el deporte, pero no la empresa que se ha generado a continuación.
Ese señor que mencionas, vive, sobretodo de su imagen, cobra por anuncios, lo mismo que la mepresa donde trabaja, ahora bien, siquieren salir en los medios que lo paguen ¿no?, encima cuando hacen sus anuncions de 90 minutos semanales, son las televiosnes quienes tienen que pagarles, sobre todo las públicas.
Incomprensible
crguarddon dijo
Estimado Arco, te has despachado a gusto y me encanta, te sienta muy bien el disgusto que sientes por el deporte. Nunca había visto un alegato tan contundente en contra del mismo, es admirable tu osadía, me has hecho sonreír.
Yo no soy deportista ni lo he sido nunca, ni lo sigo, ni me entero, ni consigo comprender lo que es un penalti ni muchas otras cosas mucho más graves. Aunque por mi trabajo vivo rodeada de deportistas, la inmensa mayoría de mis alumnos lo son.
Felicidades por tu atrevimiento y por hacerme pensar.
arco dijo
Juanra. no conozco casi nada de los interiores económicos del deporte, pero se puede entrever qu se ha cnvertido en uno de los grandes negocios y que se ha comercializado a todos los niveles y en todos los ámbitos. Ese es uno de los puntos más negativos que presente, sin duda.
Un abrazo.
arco dijo
Carmen, si que me quedé a gusto, aunque me deje mucho en el tintero, pero ya habrá ocasión de trtarlo en otro momento. Este bum del deporte que vivimos es una estafa momumental, en multitud de sentidos.
Una satisfacción que te haya divertido. Un fuerte abrazo.
elefantefor dijo
El deporte, como bien ha escrito Rafael Sánchez Ferlosio, es una actividad fundamentalmente "agónica", es decir, cuyo componente fundamental es la lucha y el resultado principal ganar o perder. Como tú muy bien apuntas, todo lo demás que se afirma sobre el deporte no es más que un conjunto de maquillajes que supongo mantienen a "la tropa" unida.
Gracias y un abrazo.
Cristina dijo
A mi me gusta el fútbol pero no los personajes como el tal Ronaldo. Soy culé y como tal me gusta ver ganar al Barça, pero antes que una victoria prefiero ver espectáculo y deportividad.
Las actitudes de muchos jugadores de élite, marrulleras y provocadoras, hacen un flaco favor al deporte y generan en los espectadores un desagradable ambiente de violencia. Afirmaciones como las de Cristiano Ronaldo y provocaciones desde los estadios solo consiguen enaltecer a las hinchadas y convertir un juego en algo de lo que parece depender la vida misma.
En bien de los chavales que practican deporte y disfrutan con él, estas actitudes por parte de los adultos deberían cambiar, y no solo por parte de los jugadores. Cuando acompañaba a mis hijos a sus partidos de fútbol, hace ya unos cuantos años pero no creo que la cosa haya mejorado, las actitudes de los padres-espectadores eran de una violencia irresponsable.
Resumiendo, deporte sí pero fanatismo no.
Un abrazo!!
emilio dijo
Estoy de acuerdo con Carmen: ¡te habrás quedado como nuevo después de este desahogo!
Pero no por eso llevas menos razón. Estoy de acuerdo con buena parte de lo que dices, y tengo que reconocer que resbalan muchas de las declaraciones y de las poses que adoptan estas estrellas fugaces.
Pero yo no entraría en sus actitudes personales, muchas veces chulescas. Creo que se debería entrar en el aspecto público: ¿por qué tienen privilegios fiscales? ¿por qué se admite que su dinero 'duerma' en paraísos fiscales? Por qué se admite que un tenista tenga nacionalidad española y residencia fiscal en Monaco?
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