30 Sep 2008

Lo sabemos todo...

Escrito por: arco el 30 Sep 2008 - URL Permanente

Conocemos la génesis de los acontecimientos, hemos leído, hemos oído, hemos contado mil veces cómo se han contratado las hipotecas basura y cómo han pasado al mercado financiero, actuando como un virus en un medio propicio; sabemos que una élite de ejecutivos irresponsables, pero que reciben sueldos millonarios, bonus fantásticos y ahora, cuando los echan por una gestión nefasta, indemnizaciones de decenas de millones de dólares por sus contratos blindados, han sido los responsables directos por su afán de obtener altísimos beneficios en el más corto plazo; estamos al corriente de que la burbuja especulativa fue posible gracias a la abundancia de liquidez, al dinero barato que inundó los mercados desde que se atajó la crisis de las punto com y de los tigres asiáticos con inyecciones de dinero público, tal y como se está haciendo ahora; nadie ignora que la política de dejar hacer de los gobiernos, impuesta por una minoría de capitalistas jaleados por supuestos sabios de la ciencia económica, ha creado el caldo de cultivo necesario para la catástrofe. Todos sabemos que el desmoronamiento del sistema financiero significa la escasez del crédito y éste el freno de la producción, el paro, los déficit en las haciendas públicas, la reducción o desaparición de las políticas sociales y la miseria.

Se me dirá que, con las variantes propias de los tiempos, todas las crisis se parecen como gotas de agua. Es cierto. Sin embargo, una diferencia clara de la actual sobre las precedentes es que ahora todos lo sabemos todo. En las anteriores los que sufrían las calamidades de la depresión sólo conocían sus efectos. Hoy, por algo estamos en la sociedad de la información, la gran mayoría también conocemos las causas, el desarrollo, los responsables y en cierto modo podríamos predecir las catástrofes que generará. Es más, en otros tiempos sólo podíamos comunicar nuestras ideas, nuestras frustraciones, nuestros deseos a los que teníamos en nuestro entorno físico o, más lejos, utilizando el cauce de partidos, sindicatos u otras asociaciones similares, que a su vez imponían las limitaciones que les convinieran; hoy vivimos la revolución de la información, de la que este medio es ejemplo, y la comunicación no tiene límites. Sin perder un ápice de nuestra individualidad podemos estar al corriente, informarnos exhaustivamente y tomar decisiones prestando nuestro concurso a aquellas acciones que nos interesen.

Estoy convencido (¿será otra ingenuidad?) de que si la crisis, como parece, empieza a sentirse con dureza y se prolonga meses, quizás un año o más, se van a ir generando respuestas, primero localizadas, pero después globalmente, que pueden también ser muy contundentes. Hemos visto ya dos guerras mundiales, una economía global, la crisis global ¿veremos quizás la revolución global?

Siempre he tenido la tonta manía de pensar que el futuro será mejor, porque... otro mundo es posible.

29 Sep 2008

Segunda muerte del liberalismo.

Escrito por: arco el 29 Sep 2008 - URL Permanente

Es un hecho que estamos viviendo momentos cruciales para el sistema económico. Parece que el liberalismo con el que se movían los mercados, especialmente los financieros, ha tocado a su fin. Los grandes bancos de inversión, hasta ayer gigantes todopoderosos, convertidos en la bandera de un capitalismo ensoberbecido, caen uno tras otro como fichas de dominó, arrastrando aseguradoras y hasta cajas de ahorros. Puede ser, y yo lo espero porque la alternativa a corto plazo es mucho peor, que las medidas puestas en marcha en USA (con dificultades) y también en Gran Bretaña, frenen el proceso, pero no detendrán cambios importantes, que nos situarán en otro escenario en unos años.

Sin embargo, no hay que exagerar; ésta no es la primera vez que muere el liberalismo. En la segunda mitad del XIX la doctrina, casi recién estrenada, triunfó, obteniendo vitalidad de la enorme actividad que generaba la segunda fase de la revolución industrial (instalación de las redes de ferrocarril, nuevas industrias…). Los días negros vinieron en 1873, la primera gran crisis del sistema, pero su asfixia no llega hasta 1929, que curiosamente también nació en las finanzas. Para salir de la depresión generada por el Crack hubo que romper con todos los dogmas de la no intervención, las políticas keynesianas, como el New Deal americano, firmaron el certificado de defunción del liberalismo. Las dos guerras mundiales que se sucedieron en el XX y sus respectivas posguerras con las necesidades de reconstrucción que implicaban, no hicieron otra cosa que confirmar lo acertado de la intervención estatal.

Como todo termina, también lo hizo esta fase: la crisis de 1973 no respondió a las recetas keynesianas y la siguiente década fue comandada por Thatcher y Reagan en el Reino Unido y en EE.UU. respectivamente, convencidos ambos de las tesis del liberalismo, renacido en algunos círculos académicos (escuela de Chicago) y de los negocios. Empieza entonces el desmantelamiento del Estado de bienestar, las privatizaciones del sector público y la desregulación de los mercados. Había resucitado el liberalismo, al que se unió el prefijo neo para darle apariencia de novedad y justificar un cierto fundamentalismo. Esta vez los nutrientes que le dieron volumen fueron las nuevas condiciones y los negocios nacidos del auge de las nuevas tecnologías. Para colmo, la debacle de la URSS justificaba la desconfianza en el socialismo y desprestigiaba e invalidaba sus tradicionales tesis intervencionistas.

Hoy agoniza de nuevo el liberalismo, de forma escandalosa y poco digna, pero el capitalismo, al que sólo imponía unos retoques, sigue gozando de buena salud, de hecho no existe en el horizonte una doctrina, un sistema alternativo que lo amenace. En 1929 acababa de triunfar la revolución bolchevique en Rusia y amenazaba con extenderse por toda Europa y, aún así, superó todas las dificultades. Hoy las perspectivas para el sistema son más optimistas; tendrá que cambiar de estilista, pero seguirá siendo el mismo.

22 Sep 2008

Un predicador en la bolsa

Escrito por: arco el 22 Sep 2008 - URL Permanente

Las pestes medievales que se llevaron por delante a media humanidad causaron una profunda mella en los espíritus de la época, convencidos de que la causa no era otra que los pecados de los hombres y la consiguiente furia divina. Yo creía que esos tiempos habían pasado y que hoy buscábamos otros orígenes a las desgracias que asolan a la humanidad, pero está visto que soy un visionario, posiblemente peligroso. El señor Almunia, reputado economista y comisario en la UE, encuentra que la causa de la actual debacle financiera no es otra que la avaricia, feo pecado donde los haya.

Está claro que, planteada así la cuestión, las medidas a tomar son otras muy distintas de las que se están poniendo en marcha. No se si el señor Bush habrá escuchado al comisario, imagino que no, pero estoy seguro de que compartiría este profundo análisis de la situación, y que si alguien le llama la atención sobre el particular, no dudará en detener la política emprendida, porque las verdaderas soluciones podrían ser muchísimo más baratas, como se verá más abajo. Además, ¿qué regulación de mercados ni qué ocho cuartos? ¡Basta de inútiles especulaciones propias de intelectuales desocupados! Según se deduce de la novedosa hipótesis, lo que hace falta es limpieza de corazón y mucho amor al prójimo, porque es el Maligno, que ha emponzoñado el corazón de los jóvenes traders, el causante de la catástrofe.

Y ¿cómo se combate esta ofensiva del averno? Pues con armas espirituales, como siempre se hizo. Seguro que bastará con que cada mañana al abrirse Wall Street, en lugar de esos variopintos personajes que suben al balconcito a tocar la campana de apertura, debe subir un predicador que hable directamente al corazón de los brokers, alejando de sus mentes cualquier tentación de enriquecimiento, para ellos mismos o para quienes contraten sus servicios; que ganen, sí, pero poco. Si se viera necesario, durante la jornada se podrían leer por megafonía algunos textos santos ad hoc, como en otro tiempo hacían los monjes en el refectorio. ¿Quién duda de que las cosas cambiarían radicalmente? El ejemplo debería seguirse en todas las bolsas y salas de mercado, adaptándolo, por supuesto, a las costumbres y creencias locales.

Otro gallo nos cantaría si así se hiciera.

18 Sep 2008

Reflexiones sobre la democracia (3). Economía.

Escrito por: arco el 18 Sep 2008 - URL Permanente

La democracia ha sido la obra de las clases medias, como se ve al analizar la historia. Las más sólidas democracias son precisamente aquellas que cuentan con estratos sociales intermedios muy amplios y absolutamente hegemónicos; en aquellos lugares en donde la polarización de la riqueza impide el desarrollo y afianzamiento de tales grupos se encuentran las mismas dificultades para consolidar un sistema democrático. Por eso mismo, si hoy tenemos un número de democracias, al menos formales, mayor que en ningún otro momento se debe más a la hegemonía de Occidente y a su influencia que al desarrollo interno de los países que las ostentan, ya que, por desgracia, no vivimos tiempos que puedan presumir de reducción de la pobreza a nivel global.

Sentado este principio que relaciona la democracia con la economía, con la riqueza y su distribución, echemos una ojeada al modo como interaccionan una vez establecida la primera. La política incluye a la economía; existe pues una política económica, que no sólo se ocupa del crecimiento, sino también de mejorar la distribución de la riqueza. Para ello el ejecutivo ha de intervenir, puesto que el mercado puede, por sí sólo, generar crecimiento y hacer a la economía más y más eficiente, pero es ciego para la justicia social, es incapaz de distribuir con equidad; al contrario, tiende a acumular la riqueza donde ya la hay. En la buena distribución de los bienes le va a la democracia su propia existencia, como demuestra un estudio del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) realizado sobre la población latinoamericana en 2004 y en cuyas encuestas el 54.7 de los entrevistados en 18 países estaría dispuesto a aceptar una dictadura si resolviera los problemas económicos. La política de no intervención a ultranza, que sostiene el neoliberalismo, es contraria a la salud democrática; ello sin tener en cuenta la hipocresía que encierra, como se ve en las nacionalizaciones de estos días en EE.UU, abanderado del ultraliberalismo, de bancos en apuros, o en las declaraciones del presidente de la CEOE ayer, reclamando un “paréntesis en la economía de libre mercado” ante las dificultades, de ellos, claro.

Para que esa intervención necesaria sea eficaz, los gobiernos deben esforzarse por conservar los resortes adecuados, sin perderlos vía globalización en la desregulación que impone la práctica neoliberal de moda, o sometiéndose sin más a los dictados de los organismos transnacionales, dominados por los mismos intereses. La ineficacia en la preservación de esos instrumentos es una clara ineficiencia democrática.

17 Sep 2008

El capitalismo en la encrucijada

Escrito por: arco el 17 Sep 2008 - URL Permanente

El capitalismo es un sistema muy serio, con principios muy firmes y hábitos casi inalterables, lo que ocurre es que no le damos crédito y una y otra vez nos quedamos perplejos ante su modo de comportarse. Aunque, dicho sea en nuestro descargo, un pelín rarito sí que es; si se tratara de una persona y la examinara un psiquiatra le diagnosticaría un trastorno bipolar, periodos de euforia alternando con depresiones. De cualquier forma, siempre se comportó así y, además, con método. Quiero decir que cuando los economistas analizan el discurrir histórico del mercado detectan que las crisis se presentan en el tiempo según una secuencia bastante estable, sin muchas excepciones, aunque con cierta complejidad, porque se superponen secuencias de crisis de diferente condición y distinta longitud de onda (distancia temporal). En los periodos de euforia, como el que acabamos de pasar, nadie quiere hablar de que acabará en una crisis y menos sobre la importancia y el carácter que ésta tendrá; tendemos a pensar que por fin el sistema encontró la clave de la estabilidad y que ya sólo cabe temer pequeños altibajos en su comportamiento. En los momentos de depresión, si es importante (1873, 1929, 1973, 2008?), muchos aseguran que es el fin del sistema, que ya nada será igual.

Lo cierto es que después de cada uno de esos trances, que son auténticos cataclismos económicos, el capitalismo reverdece como el bosque tras el incendio, rejuvenecido y dispuesto a nuevas tropelías con armas impensadas años atrás; mientras, los economistas se entretienen analizando las causas del suceso, sin que eso apenas sirva para evitar el próximo fracaso, porque tendrá otros condicionantes a los que no se les quiere prestar atención, porque, en su buen momento, hacen las delicias de industriales, comerciantes, especuladores, banqueros o cualesquiera estén en candelero entonces. No es que las bruscas interrupciones de la prosperidad nos cojan de sorpresa, es que se quiere exprimir hasta las heces el momento de bonanza a sabiendas de que eso sólo conducirá al abismo. Al final, en el sálvese quién pueda, siempre tendrán ventaja los causantes de la catástrofe que, a esas alturas, estarán forrados.

En este caso, la crisis de hoy, nadie más culpable que los protagonistas de la especulación financiera, ejecutivos con remuneraciones millonarias y bonus astronómicos, a los que su propia situación induce a no prestar atención más que al ejercicio presente, que ha de ser brillante a costa de cualquier riesgo; o los responsables políticos, que han hecho oídos sordos a las alarmas y han preferido suscribir la estúpida (por mil veces rebatida) idea de que el mercado todo lo arregla; y los dirigentes de organismos internacionales, cementerios de elefantes para políticos y ejecutivos dignos de premio por sus acciónes, o inacciónes, pasadas. En resumen, una casta, nueva aristocracia, que poco tiene que ver con el común de los mortales sufridores de todas las disciplinas que impone la crisis, que controla todos los resortes que importan a nivel global, pero que nunca pulsa en interés general.

26 Jun 2008

¿Quién es el enemigo?

Escrito por: arco el 26 Jun 2008 - URL Permanente

Cuando a principios del XIX se empezaron a usar masivamente las maquinas en la producción industrial no fueron vistas por todos como una bendición, ni muchísimo menos. Los artesanos fueron reducidos a la condición de proletarios y estos veían peligrar su puesto de trabajo en cada innovación técnica, que permitía incrementar la productividad y reducir la mano de obra necesaria. La máquina, por otra parte, esclavizaba al obrero que se convertía en su servidor y era sometido a un ritmo de trabajo inhumano. Los empresarios de entonces, hombres con rostro, con nombre y apellidos, manejaron el proceso porque su capital les permitía invertir en tales artilugios.

Las primeras acciones colectivas de los trabajadores se dirigieron, no contra los capitalistas, sino contra las máquinas –movimiento ludita–. Una ola de sabotajes, incendios y destrucción se extendió por Inglaterra y pronto saltó sus fronteras –la primera textil que utilizó una maquina de vapor en España fue la fábrica El Vapor de Bonaplata en la Barcelona de 1832; fue incendiada poco después en una algarada obrera–.

A veces es difícil dilucidar cuando una innovación es un instrumento de avance o por el contrario una herramienta que nos esclavizará o destruirá. Los pensadores del socialismo, incluido Marx, estaban convencidos de que la innovación tecnológica era la base del progreso y de la emancipación humana; el fundamento de la opresión y la explotación había que buscarlo en otro lugar y combatirlo por otros medios.

Dos siglos después seguimos con las mismas dudas y con la misma imprecisión a la hora de marcar los objetivos de una lucha verdaderamente liberadora. Con el agravante de que hemos perdido hace tiempo la antigua imagen, impregnada de romanticismo, del progreso. También el capitalismo moderno ha sustituido el rostro y el nombre y apellidos de aquellos capitanes de la industria del XIX por el logo de una corporación transnacional dirigida por ejecutivos mercenarios y apátrida por efecto de la globalización.

Ahora son esas grandes corporaciones las que con sus inversiones ponen en valor los nuevos avances tecnológicos: esta plataforma digital en la que me expreso; el arroz transgénico que produce el 30% más de granos por espiga, etc., etc. Cierto que Microsoft es cuasi un monopolio en la informática, cierto que Monsanto ejerce un peligroso control sobre el asunto de las semillas genéticamente modificadas, pero uno y otro logro son avances de la humanidad a los que no debemos renunciar, aunque quizás sí a las trasnacionales que los monopolizan y los convierten sólo en medios para obtener beneficios con que compensar a sus inversores y seguir en la cima del poder.

¿Incendiaremos de nuevo la fábrica de Bonaplata?.

20 Jun 2008

Disputas en el Ártico

Escrito por: arco el 20 Jun 2008 - URL Permanente

El Océano Glaciar Ártico, que veis en el mapa batimétrico, es el más pequeño de los océanos (14.100.000 km2) y además muy cerrado, sus límites están perfectamente definidos. En estos tiempos está de moda; el casquete de hielo polar que lo cubre, con un espesor de unos tres o cuatro metros, está en trance de desaparición: según estimaciones pueden haber desaparecido ya unos cuatro mil millones de toneladas de hielo; quizás lo esté haciendo a una velocidad de un 8% anual. El calentamiento del planeta, cualesquiera que sean las causas, hará que en una generación podamos navegar en verano por el mismísimo polo norte sin que nos estorben los hielos: la banquisa habrá desaparecido por lo menos en los meses estivales, como ocurre en el Antártico, sólo que allí está bordeando a una tierra continental.

Triste panorama que produce zozobra en cualquier espíritu sensible. Pero hay por ahí un cruel refrán que dice: no hay mal que por bien no venga. Más que lamentaciones por la catástrofe lo que se oye es el griterío de los que esperan sacar provecho de la nueva situación, ya que al retirarse los hielos dejan al descubierto un tesoro. Los países limítrofes han comenzado a disputar por la propiedad de los fondos marinos que parecen encerrar ingentes cantidades de hidrocarburos y minerales y por el control de las posibles rutas que quedarán expeditas inmediatamente y que tendrán un valor económico y estratégico incalculable.

La voz de alarma saltó cuando Rusia colocó una bandera de titanio, para evitar la corrosión marina, a 4.000 m de profundidad, en una expedición en la que se valió de batiscafos con los que extraía muestras del fondo marino que demostraran que era prolongación de la plataforma continental siberiana. La cuestión es que el derecho marítimo vigente reconoce la propiedad de los fondos hasta doscientas millas de la costa para la explotación económica, pero mucho más si se trata de la plataforma continental (Convención de la ONU sobre Derecho del Mar de 1982, que, por cierto, USA no ha ratificado aún).

La cuestión de las rutas no es menos conflictiva. Existen dos posibles: la del NO (en amarillo en el mapa) quedó practicable por primera vez en el verano pasado. El Canadá pretende su control, para lo que está construyendo un puerto y base militar en la isla de Baffin, a lo que se opone EE.UU. La ruta del NE todavía requiere el uso de rompehielos en algún tramo, como se ve en el mapa, y en su casi totalidad discurre por aguas rusas.

Existen otros muchos litigios de límites entre los países ribereños, que hasta ahora no han tenido trascendencia pero que a partir de este momento se pueden convertir en muy importantes. El mes pasado se reunieron en conferencia, aunque con la ausencia protestada de Suecia, Finlandia e Islandia, en Ilulissat, Groenlandia, sin que al parecer hayan llegado a mayor acuerdo que el de postergar las soluciones hasta la conferencia de la ONU sobre el tema, prevista para 2020. Ni que decir tiene que otros de los insatisfechos son los grupos ecologistas y las asociaciones de aborígenes.

No deja de ser irónico que la pérdida de los hielos, seguramente por el exceso de la quema de petróleo, de lugar a una mayor extracción y apertura de nuevas rutas que incrementarán su consumo.

12 Jun 2008

Tiempos modernos.

Escrito por: arco el 12 Jun 2008 - URL Permanente

En 1886, el presidente de Estados Unidos Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las ocho horas de trabajo diarias. Parecía el final de una larga lucha de los trabajadores por limitar la jornada laboral estableciendo 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de sueño. Sin embargo la ley no se cumplió y la lucha continuó. En Chicago el 1 de mayo del mismo año comenzó una huelga que el día 4 desembocó en los trágicos sucesos de Haymarket. Cuando en 1889 se constituyo la Segunda Internacional Obrera en Bruselas, se fijo el 1 de mayo la fiesta del trabajo en recuerdo de los llamados mártires de Chicago y la reivindicación de la jornada de 8 horas como su reclamación básica. En 1919 se fundó la OIT en Ginebra; una de sus primeras decisiones fue establecer la jornada de 8 horas diarias y 48 semanales, que en la legislación de muchos países se había introducido ya unos años antes.

Los que se oponían a la reducción y regulación de la jornada alegaban en primer lugar la libertad de los mercados y el del trabajo no tenía por qué ser una excepción; en segundo lugar, que las empresas no soportarían la elevación de costes. El tiempo demostró que el capitalismo resistía la regulación del mercado de trabajo en esta y en otras cuestiones; por otra parte, el aumento de la productividad compensó con creces la reducción horaria.

Durante todo el s.XX nadie puso en cuestión la jornada. Poco a poco se fue generalizando y aunque nunca se aplicara sin excepciones parecía que la desaparición de las jornadas inhumanas era ya una conquista irreversible, como la erradicación del trabajo infantil y otras lacras de los primeros tiempos de la industrialización. Es más, la nueva revolución tecnológica, protagonizada por el chip, desde las últimas décadas del pasado siglo, y otros avances, parecían permitir nuevas alegrías en la jornada laboral. Francia la redujo a 35 horas semanales y todo hacía pensar que ese sería el camino en el futuro inmediato. No ha sido así.

El señor Vladimir Spidla, comisario de empleo y asuntos sociales de la UE, arropado por un coro en el que destacan Ángela Merkel, Nicolás Sarkozy y Silvio Berlusconi, ha sido el encargado de sacudirnos con una noticia, incomprensible para mentes no corrompidas con este engañabobos del neoliberalismo, consistente en retrotraernos cien años atrás. Son los argumentos los mismos que entonces, solo que aliñados con un toque de modernidad: “el paradigma de las ocho horas está obsoleto”, “las ocho horas son un corsé que la economía moderna no aguanta más”, “lo que hay es que fijar el salario por horas y que cada cual trabaje lo que le dé la gana”… De momento lo que ha hecho la UE es fijar el límite de la jornada en 60 horas semanales extensible a 65 en ciertos casos, ignorando olímpicamente más de cien años de lucha de los trabajadores y una de las conquistas sobre las que se basó el Estado de bienestar.

Estos son los “tiempos modernos”, pero aquellos que parodió Chaplin en su genial película.

08 Jun 2008

Super ricos. Cómo hacerse una fortuna.

Escrito por: arco el 08 Jun 2008 - URL Permanente

La conferencia de la FAO, por cierto cerrada con un espectacular fracaso –a quién se le ocurre poner a hablar del hambre a los mimados de la fortuna, v.gr.: Berlusconi–; la inflación de los pobres, manifiesta en la subida de precios de los alimentos, que ha puesto de actualidad aquella admonición de nuestras mamás "niño, con el pan no se juega"; los agobios para tantas familias por la subida de tipos de interés, que agiganta mágicamente sus hipotecas y otras noticias por el estilo, están haciendo que nos olvidemos de los ricos; pero siguen ahí. La revista Forbes, llena de santa obscenidad, volvió a publicar en marzo su lista de super ricos, criaturas que tienen un patrimonio superior a mil millones de dólares (lo escribo con letra porque tantos dígitos me producen mareo). La primera conclusión que saco es que su número ha crecido –en eso se parecen a los pobres, para que luego digan–; el segundo dato que llama la atención es el elevado número de rusos en el ranking –no se puede decir que labraran su fortuna rublo a rublo a lo largo de generaciones–. España también contribuye con un número discreto, en primer lugar Amancio Ortega y luego otros nombres conocidos de la tribu, como Florentino Pérez, las Koplovizt, los Albertos, etc.

Cuando leemos estas cosas lo primero por lo que nos preguntamos los mortales sin lustre es por los caminos para llegar ahí. Leo un conmovedor y esperanzador artículo de D. Mario Vargas Llosa, Las lecciones de los pobres, en el que siguiendo a un libro homónimo editado en USA, nos muestra como un peruano llamado Aquilino Flores se hizo rico partiendo de su trabajo de limpiacristales en las paradas de los semáforos con sólo su esfuerzo, perseverancia, intuición y la mano oculta y sabia del mercado. Aprovecha don Mario la parábola para vendernos las virtudes del liberalismo, autor, según él, del milagro. Empiezo a ver la luz.

El día seis, en el mismo periódico, otro artículo, esta vez de Álvaro Marchesi –¿no es aquel Marchesi que alumbró la LOGSE?– me sume de nuevo en la oscuridad insinuando que es arriesgado inferir una regla de un caso particular, como sugiere la psicología cognitiva, a la par que nos dibuja un panorama de la formación de los latino americanos pobres, nada halagüeño y menos prometedor aún en lo que a hacer fortuna se refiere. ¡Quién va a creer a este Marchesi después de lo de la reforma educativa! Me quedo con don Mario.

Reflexiono y alcanzo una conclusión definitiva: aunque perdí ya mis mejores oportunidades –nunca supe intuir el brillante camino que va de los semáforos a la fortuna– pierdo ahora toda esperanza: alejado, prudentemente creía yo, de la prometedora penuria económica y de la feraz ignorancia, sólo espero de la mano oculta del mercado un par de bofetones. Don Mario, no es por reprochar, pero ¡esto se dice antes!

31 May 2008

Transgénicos

Escrito por: arco el 31 May 2008 - URL Permanente

Las innovaciones siempre motivan desconfianza, salvo en aquellas personas que, por una especial configuración de su personalidad cuya causa desconozco, adoran todo aquello que puede calificarse de novedoso. Son dos formas contrapuestas de encarar los cambios, pero yo creo que la primera expresa un reflejo natural de nuestra especie, quizá de todas, porque la costumbre, lo conocido, genera seguridad en nuestro espíritu y al revés. Aún así ha habido épocas más proclives que otras a aceptar las novedades. En las últimas décadas del XIX la fe en las ciencias y en el progreso tecnológico alcanzó su punto álgido, se entreveía una utopía en la que la humanidad se libraba de las lacras que la habían esclavizado durante milenios, gracias a su concurso. Pero, nada más pasar el siglo, en la primera guerra mundial, se aplicaron para la destrucción los grandes avances de la investigación y los progresos técnicos, como nunca antes ocurriera; en la segunda y, sobre todo, en la posguerra –Guerra fría–, ciencia y tecnología se pusieron plenamente al servicio de la política de confrontación: el sueño se transformó en pesadilla, los avances científicos parecían estar destinados a la destrucción global. Y… aquellos polvos trajeron estos lodos: ahora los avances de la investigación generan siempre un movimiento reflejo de desconfianza. El pensamiento y los movimientos conservacionistas se han enfrentado con frecuencia a los científicos, y estos encuentran dificultades para hacer llegar a la opinión pública la bondad y la necesidad de su trabajo.

Uno de los dominios de las ciencias protagonistas de los avances más espectaculares de nuestro tiempo es la biología. La ingeniería genética va a revolucionar, si la dejan, la agricultura, y puede en no mucho tiempo erradicar plagas, multiplicar rendimientos, extender los cultivos a zonas ahora incultas, por citar sólo algunas de sus posibilidades. Algo se ha conseguido ya, pero en medio de una lucha titánica con la desconfianza y el recelo. Los cultivos modificados genéticamente, los transgénicos, están teniendo entre muchos de los grupos conservacionistas el mismo rechazo que las iglesias oponen, con argumentos morales o teológicos, a los avances biológicos en la reproducción humana o para la lucha y prevención de algunas enfermedades.

No importa que minuciosos y repetidos estudios traten de convencer de la inocuidad para la salud de tales cultivos; hay, parece, algo más que la necesidad de argumentos racionales. Además permanentemente se agregan nuevos motivos para el rechazo: empobrecimiento de la biodiversidad, como si en los milenios de agricultura no hubiéramos alterado, eliminado, seleccionado miles de especies; entrega a las multinacionales del control de la agricultura por el domino sobre las patentes, como si el sector no estuviera ya en manos de multinacionales – sin el permiso de Cargill, Bunge y Archer Daniel Midland Company no se mueve ya un grano de cereal en el mundo–. Los problemas de biodiversidad habrá que atajarlos con otros planes y, por supuesto, la concentración de capital y sus nefastos efectos nada tienen que ver con la biología.

Estoy convencido que el tiempo hará triunfar a la sensatez y, sin que desaparezca la oposición ecologista que será un acicate para un mejor control de posibles excesos, los cultivos modificados genéticamente proliferarán y espero contribuyan decisivamente a erradicar la subalimentación y el hambre en tantas áreas. En estos momentos la crisis de precios de los productos alimentarios ha actualizado el debate en los dos frentes, el del comercio –ronda de Doha de la OMC– y el de la viabilidad de los transgénicos, ¿sacaremos algo en claro? Estemos atentos.

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Ilustración: cartel de propaganda de Los Verdes.