01 Mar 2009
La necesaria refundación de la ONU
La idea de la cooperación internacional para evitar conflictos y lograr una convivencia en paz entre las naciones es un fenómeno reciente. Durante siglos el Papado tuvo en el mundo cristiano un cierto papel de arbitraje; aunque en un principio fue más bien una pretensión de supremacía sobre los monarcas, que al no prosperar se limitó al arbitrio y la mediación, oscilando siempre entre el prestigio de su vinculación divina y sus intereses terrenales como soberanos de los Estados Pontificios. En 1814 se reunió el Congreso de Viena después de la derrota de Napoleón y allí se inició el sistema de congresos, primer intento de coordinar políticas en pro de un concierto europeo. Tuvo un carácter reaccionario de defensa del Antiguo Régimen frente a la revolución –en el congreso de Verona (1822) se acordó la intervención militar en España para restaurar por segunda vez la monarquía absoluta de Fernando VII (Cien Mil Hijos de San Luis)–, pero podríamos considerarlo como un primer precedente, lejano conceptualmente, de las Naciones Unidas o también de la Unión Europea; su vigencia había concluido con la revolución de 1830.
Woodrow Wilson, presidente de EE.UU., presentó en 1918 los 14 puntos como proyecto de paz tras la Gran Guerra; el decimocuarto preveía la creación de una Liga de Naciones que garantizara la paz en el futuro. La Sociedad de Naciones fue el fruto de esa idea, el indiscutible, ahora sí, precedente de la ONU. Curiosamente el Senado norteamericano no compartía el idealismo de su presidente y nunca aceptó la incorporación de EE.UU. a la organización, que se vio lastrada por esta ausencia desde su inicio. No muchos años después el mundo estaba envuelto en una Segunda Guerra Mundial. Probablemente la SN había sido un proyecto prematuro, impulsado más por los sueños de un político eminente e influyente, que por lo que el momento reclamaba, dado el ambiente político general.
En 1945 se suscribió, por 51 países, la Carta de las Naciones Unidas en San Francisco. Se trataba de una refundación de la SN ya que se recuperaban sus objetivos, pero dotándolos de una estructura más sólida y eficiente. Sin embargo, en el 45, como antes en el 18, las huellas del conflicto precedente y su resultado se dejaron sentir con fuerza: los miembros del Consejo de Seguridad con derecho a veto fueron las grandes potencias vencedoras. Esta asimetría fundamental es insostenible más de medio siglo después, pero ya se dejó sentir de forma perniciosa desde los primeros tiempos –la guerra de Corea (1950/53) se hizo bajo la bandera de la ONU–. Sin embargo tal concesión a los poderosos del momento permitió su existencia y, no cabe duda, este fue un bien superior. El balance de éxitos en la evitación o resolución de conflictos es difícil de evaluar y presenta claroscuros; en todo caso la mayoría pensamos que ha dejado mucho que desear. Un aspecto interesante es el complejo de organismos de que se ha dotado –la SN sólo la OIT y un Tribunal de Justicia Internacional–, alguno de los cuales ha tenido un comportamiento ejemplar en su funcionamiento, pero pocos han escapado a las presiones y al chantaje de los poderosos de quienes siempre depende la financiación: el caso de la Unesco, abandonada por EE.UU durante años, porque su funcionamiento democrático le incomodaba, es sintomático; peor ha sido la evolución del FMI y del Banco Mundial que han ido desligándose de la ONU y cayendo descaradamente en manos de EE.UU. y los intereses del gran capital y la ideología ultraliberal, con los resultados conocidos. Con todo, difícilmente podríamos imaginar el último medio siglo sin la presencia de la ONU.
Si en 1918 fue un proyecto prematuro, hoy, en pleno proceso de globalización, está superado y necesita un nuevo salto adelante, una refundación más que una reforma.
«[…] es urgente una reunión extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas para establecer los principales criterios que podrían conducir a su renovación en profundidad, dotándola de la autoridad moral y política que son imprescindibles para hacer frente a los grandes desafíos de nuestro tiempo y de la capacidad de disponer de los recursos personales, financieros, técnicos y, cuando fuera preciso, militares, para el ejercicio de sus funciones a escala mundial.» Mayor Zaragoza.
Sería necesario superar la exclusiva representación estatal dando entrada a otras entidades; hacer imposible la dependencia económica respecto de las grandes potencias; suprimir privilegios en su seno (veto, puesto permanente en Consejo de Seguridad); una acción decidida y respetada en los conflictos internacionales; el derecho de injerencia en conflictos internos donde estén en peligro los derechos humanos; liderar el proceso de globalización velando por un desarrollo equilibrado y sostenible y la erradicación de la pobreza; emprender decididamente la lucha contra la degradación del medio y el calentamiento global…
Más que nunca necesitamos a la ONU, pero la que se fundara en 1945 es cada vez menos eficiente porque la evolución del mundo la supera. Se impone la necesidad de su refundación.
11 Feb 2009
Las reglas de juego
El artículo del profesor Carlos Berzosa en El País de ayer expone dos ideas que, con las limitaciones que cabe imaginar, vienen dándome vueltas en la cabeza desde que se hizo evidente la crisis que padecemos: 1) que al contrario de lo que se dice, muchos economistas venían dando la voz de alarma desde hacía tiempo, no sólo los muy conocidos, por nobelizados, Stiglitz y Krugman; y 2) que por reprobables que hayan sido determinados comportamientos en las finanzas o en otros sectores, la verdadera causa de la crisis está en el agotamiento de un modelo.
¿Por qué se han ignorado las advertencias? Sobre la burbuja inmobiliaria nuestro país ha proporcionado un excelente ejemplo. El auge de esa actividad se convirtió en los últimos años en el motor de nuestra economía. Como es sabido, la construcción genera mucho empleo, lo que permitió atacar el paro estructural, nuestro cáncer histórico. Ha sido una excelente locomotora desarrollando otras muchas actividades auxiliares en la industria y los servicios. El carácter especulativo que adquirió, como es propio de cualquier burbuja, ha permitido acumular capitales como nunca antes había ocurrido en España, al menos desde el tendido de la red ferroviaria en el XIX. Para colmo, a los municipios – donde se genera el suelo–, tan mal financiados, los liberaba de la habitual penuria económica. Los bancos, que sacaban tajada de tanto movimiento de capital, favorecieron el proceso, relajando las condiciones con que trabajaban y contribuyendo al aumento de los precios, que les favorecía, habilitando técnicas y nuevos modos para el caso. Desde el poder se observaba con satisfacción que el crecimiento, por especulativo y falso que fuera, había controbuido decisivamente a liquidar –suceso histórico donde los haya– el déficit presupuestario, había saneado las cuentas de la Seguridad Social, que años antes estuvo en peligro, y los datos macroeconómicos nos empezaban a equiparar con nuestros vecinos, otro suceso histórico. Ninguno, ni los de arriba que toman las decisiones, ni los de abajo que los ponemos arriba, ni los que mueven el cotarro económico, quería despertar.
Es verdad que los que manejaban las altas finanzas han dado el espectáculo, como suele decirse, y que el estallido de su montaje ha servido de detonador de la crisis. Sin embargo, ¿tiene lógica culparlos de la situación por haber sido avariciosos? Es un contrasentido reclamar contención a entidades cuyo objetivo es la maximización de beneficios. La ambición y la avaricia son los motores del mercado; ya decía Smith que el interés particular coincide con el interés general. Abecé del libre mercado.
«Cada individuo en particular pone todo su cuidado en buscar el medio más oportuno de emplear con mayor ventaja el capital de que puede disponer. Lo que desde luego se propone es su propio interés, no el de la sociedad en común; pero esos mismos esfuerzos hacia su propia ventaja le inclinan a preferir, sin premeditación suya, el empleo más útil a la sociedad como tal. (...)»
Adam Smith: La riqueza de las naciones.1776
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La cuestión es hasta qué punto asumimos esta afirmación y cuanta libertad estamos dispuestos a conceder –en los últimos tiempos cualquier limitación parecía un abuso–, porque debe quedar claro que el problema no está en la catadura moral de los capitalistas sino en las reglas de juego.
Como las posibilidades y modalidades de intervención de cada uno de los actores en el mercado son casi infinitas, se puede decir que después de cada crisis hemos tenido un modelo de mercado distinto. Como todos antes, el modelo actual se ha colapsado. Da la impresión de que de las precedentes sólo se salió con chapuzas y el reciclaje de instrumentos anticuados. Es hora de aplicar correcciones duraderas, hora de replantearse el papel del sector financiero, de liquidar los paraísos fiscales, de poner límites al crecimiento, de globalizar el desarrollo, de poner cerco a la pobreza y el hambre, de poner fin a la degradación del medio y al agotamiento de los recursos. Es hora de recuperar el tiempo perdido en la desregulación de los mercados, de revitalizar las instituciones internacionales –ONU, BM, FMI OIC– saneándolas y democratizándolas. Es hora de reconducir la globalización de modo que no sea más una fiesta para los ricos, sino la esperanza de un futuro mejor para todos.
17 Sep 2008
El capitalismo en la encrucijada
El capitalismo es un sistema muy serio, con principios muy firmes y hábitos casi inalterables, lo que ocurre es que no le damos crédito y una y otra vez nos quedamos perplejos ante su modo de comportarse. Aunque, dicho sea en nuestro descargo, un pelín rarito sí que es; si se tratara de una persona y la examinara un psiquiatra le diagnosticaría un trastorno bipolar, periodos de euforia alternando con depresiones. De cualquier forma, siempre se comportó así y, además, con método. Quiero decir que cuando los economistas analizan el discurrir histórico del mercado detectan que las crisis se presentan en el tiempo según una secuencia bastante estable, sin muchas excepciones, aunque con cierta complejidad, porque se superponen secuencias de crisis de diferente condición y distinta longitud de onda (distancia temporal). En los periodos de euforia, como el que acabamos de pasar, nadie quiere hablar de que acabará en una crisis y menos sobre la importancia y el carácter que ésta tendrá; tendemos a pensar que por fin el sistema encontró la clave de la estabilidad y que ya sólo cabe temer pequeños altibajos en su comportamiento. En los momentos de depresión, si es importante (1873, 1929, 1973, 2008?), muchos aseguran que es el fin del sistema, que ya nada será igual.
Lo cierto es que después de cada uno de esos trances, que son auténticos cataclismos económicos, el capitalismo reverdece como el bosque tras el incendio, rejuvenecido y dispuesto a nuevas tropelías con armas impensadas años atrás; mientras, los economistas se entretienen analizando las causas del suceso, sin que eso apenas sirva para evitar el próximo fracaso, porque tendrá otros condicionantes a los que no se les quiere prestar atención, porque, en su buen momento, hacen las delicias de industriales, comerciantes, especuladores, banqueros o cualesquiera estén en candelero entonces. No es que las bruscas interrupciones de la prosperidad nos cojan de sorpresa, es que se quiere exprimir hasta las heces el momento de bonanza a sabiendas de que eso sólo conducirá al abismo. Al final, en el sálvese quién pueda, siempre tendrán ventaja los causantes de la catástrofe que, a esas alturas, estarán forrados.
En este caso, la crisis de hoy, nadie más culpable que los protagonistas de la especulación financiera, ejecutivos con remuneraciones millonarias y bonus astronómicos, a los que su propia situación induce a no prestar atención más que al ejercicio presente, que ha de ser brillante a costa de cualquier riesgo; o los responsables políticos, que han hecho oídos sordos a las alarmas y han preferido suscribir la estúpida (por mil veces rebatida) idea de que el mercado todo lo arregla; y los dirigentes de organismos internacionales, cementerios de elefantes para políticos y ejecutivos dignos de premio por sus acciónes, o inacciónes, pasadas. En resumen, una casta, nueva aristocracia, que poco tiene que ver con el común de los mortales sufridores de todas las disciplinas que impone la crisis, que controla todos los resortes que importan a nivel global, pero que nunca pulsa en interés general.
26 Jun 2008
¿Quién es el enemigo?
Las primeras acciones colectivas de los trabajadores se dirigieron, no contra los capitalistas, sino contra las máquinas –movimiento ludita–. Una ola de sabotajes, incendios y destrucción se extendió por Inglaterra y pronto saltó sus fronteras –la primera textil que utilizó una maquina de vapor en España fue la fábrica El Vapor de Bonaplata en
A veces es difícil dilucidar cuando una innovación es un instrumento de avance o por el contrario una herramienta que nos esclavizará o destruirá. Los pensadores del socialismo, incluido Marx, estaban convencidos de que la innovación tecnológica era la base del progreso y de la emancipación humana; el fundamento de la opresión y la explotación había que buscarlo en otro lugar y combatirlo por otros medios.
Dos siglos después seguimos con las mismas dudas y con la misma imprecisión a la hora de marcar los objetivos de una lucha verdaderamente liberadora. Con el agravante de que hemos perdido hace tiempo la antigua imagen, impregnada de romanticismo, del progreso. También el capitalismo moderno ha sustituido el rostro y el nombre y apellidos de aquellos capitanes de la industria del XIX por el logo de una corporación transnacional dirigida por ejecutivos mercenarios y apátrida por efecto de la globalización.
Ahora son esas grandes corporaciones las que con sus inversiones ponen en valor los nuevos avances tecnológicos: esta plataforma digital en la que me expreso; el arroz transgénico que produce el 30% más de granos por espiga, etc., etc. Cierto que Microsoft es cuasi un monopolio en la informática, cierto que Monsanto ejerce un peligroso control sobre el asunto de las semillas genéticamente modificadas, pero uno y otro logro son avances de la humanidad a los que no debemos renunciar, aunque quizás sí a las trasnacionales que los monopolizan y los convierten sólo en medios para obtener beneficios con que compensar a sus inversores y seguir en la cima del poder.
¿Incendiaremos de nuevo la fábrica de Bonaplata?.
31 May 2008
Transgénicos
Las innovaciones siempre motivan desconfianza, salvo en aquellas personas que, por una especial configuración de su personalidad cuya causa desconozco, adoran todo aquello que puede calificarse de novedoso. Son dos formas contrapuestas de encarar los cambios, pero yo creo que la primera expresa un reflejo natural de nuestra especie, quizá de todas, porque la costumbre, lo conocido, genera seguridad en nuestro espíritu y al revés. Aún así ha habido épocas más proclives que otras a aceptar las novedades. En las últimas décadas del XIX la fe en las ciencias y en el progreso tecnológico alcanzó su punto álgido, se entreveía una utopía en la que la humanidad se libraba de las lacras que la habían esclavizado durante milenios, gracias a su concurso. Pero, nada más pasar el siglo, en la primera guerra mundial, se aplicaron para la destrucción los grandes avances de la investigación y los progresos técnicos, como nunca antes ocurriera; en la segunda y, sobre todo, en la posguerra –Guerra fría–, ciencia y tecnología se pusieron plenamente al servicio de la política de confrontación: el sueño se transformó en pesadilla, los avances científicos parecían estar destinados a la destrucción global. Y… aquellos polvos trajeron estos lodos: ahora los avances de la investigación generan siempre un movimiento reflejo de desconfianza. El pensamiento y los movimientos conservacionistas se han enfrentado con frecuencia a los científicos, y estos encuentran dificultades para hacer llegar a la opinión pública la bondad y la necesidad de su trabajo.
No importa que minuciosos y repetidos estudios traten de convencer de la inocuidad para la salud de tales cultivos; hay, parece, algo más que la necesidad de argumentos racionales. Además permanentemente se agregan nuevos motivos para el rechazo: empobrecimiento de la biodiversidad, como si en los milenios de agricultura no hubiéramos alterado, eliminado, seleccionado miles de especies; entrega a las multinacionales del control de la agricultura por el domino sobre las patentes, como si el sector no estuviera ya en manos de multinacionales – sin el permiso de Cargill, Bunge y Archer Daniel Midland Company no se mueve ya un grano de cereal en el mundo–. Los problemas de biodiversidad habrá que atajarlos con otros planes y, por supuesto, la concentración de capital y sus nefastos efectos nada tienen que ver con la biología.
Estoy convencido que el tiempo hará triunfar a la sensatez y, sin que desaparezca la oposición ecologista que será un acicate para un mejor control de posibles excesos, los cultivos modificados genéticamente proliferarán y espero contribuyan decisivamente a erradicar la subalimentación y el hambre en tantas áreas. En estos momentos la crisis de precios de los productos alimentarios ha actualizado el debate en los dos frentes, el del comercio –ronda de Doha de la OMC– y el de la viabilidad de los transgénicos, ¿sacaremos algo en claro? Estemos atentos.
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Ilustración: cartel de propaganda de Los Verdes.
24 May 2008
Los efectos de la globalización
La humanidad ha progresado a saltos: largos periodos de lento avanzar se ven de pronto agitados en un torbellino de cambios que acaban desembocando en un mundo nuevo, que volverá a caminar con lentitud hasta que otro paroxismo ponga de nuevo todo patas arriba. Visto con perspectiva detectamos fácilmente el progreso como balance final; en el conjunto de su evolución el hombre no ha hecho sino avanzar, aunque siempre queda el regusto amargo de tiempos mejores perdidos. Este sentimiento ha generado el mito de
…
como, a nuestro paresçer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor.
Si tuviéramos que resumir en un párrafo la historia de la humanidad tendríamos que hacerlo reseñando dos o tres momentos claves que han producido cambios trascendentales en el vivir del hombre, a saber: el control del fuego, hace unos quinientos mil años; la domesticación de las plantas y animales, hace unos diez mil; la revolución industrial, hace tan sólo doscientos. Probablemente en un futuro escolar estudiaremos en el S.XXI otro hito clave: la globalización. Llama la atención la forma en que se aceleran los cambios, fenómeno que se debe a dos razones: que el progreso es acumulativo y que la proximidad de los hechos recientes puede hacernos creer que episodios que forman parte de un mismo fenómeno son independientes.
Nadie puede poner en duda que a la larga tales acontecimientos han supuesto un avance progresivo: se percibe en el crecimiento de la población mundial que debió multiplicarse por cien con la implantación de la agricultura –a lo largo de unos cuantos milenios– y después de nuevo por diez en tan sólo dos siglos con la revolución industrial. Si la población pudo pasar de 5 millones a 500 por el descubrimiento de la agricultura, y de
La cosa cambia cuando analizamos el fenómeno de cerca. Es dudoso que el paso del nomadismo a la sedentarización, que trajo la agricultura, supusiera en principio grandes ventajas. De hecho con ella aparece por primera vez el trabajo, con el sentido que tiene hoy, la acumulación y, por tanto, la riqueza y la pobreza, la esclavitud, las castas sacerdotal y militar, que se apropiaron los excedentes y oprimieron y explotaron a la mayoría, valiéndose de los instrumentos que les proporcionaba el Estado, recién creado. A la larga el incremento de productividad permitió una población más numerosa pero el grado de felicidad de las gentes debió reducirse, de ahí el nacimiento de los mitos de que hablaba antes: Adán y Eva y la expulsión del paraíso o la caja de Pandora, ambos referidos al comienzo de la agricultura.
Con la revolución industrial ocurrió otro tanto. El balance final obtenido con el estudio de indicadores económicos o sociales: productividad del trabajo, producto bruto, consumo de energía, esperanza de vida, mortalidad, etc., etc., no deja lugar a dudas sobre lo positivo del cambio. Sin embargo, los que vivieron el proceso en
Con la globalización repetimos el esquema. Las perspectivas parecen excelentes, nada más deseable que un mundo sin fronteras, un solo hogar para toda la humanidad. Pero ¿cuáles han sido las primeras manifestaciones? Desplazamientos de millones de personas con las lacras de la marginación, el desarraigo y la explotación; la subida del precio de los productos agrícolas que amenazan con el hambre a legiones de pobres, porque han pasado de producirse para mercados locales a producirse para la exportación en un mercado global, cayendo en manos de multinacionales desde la producción a la distribución; destrucción de las economías locales por la intromisión del capital monopolista en busca de suelos, recursos y mano de obra indefensa; dislocación de la cohesión social en las poblaciones sometidas a la aculturación que genera el dominio universal de los medios de comunicación en manos también del gran capital.
La diferencia respecto a los momentos anteriores es que ahora tenemos una mayor capacidad para analizar lo que ocurre y para difundirlo. Otra cosa es que sepamos o queramos ponerle remedio.
27 Abr 2008
La amenaza del hambre
Una de las noticias más alarmantes que estamos recibiendo hace semanas es la subida de precios de los alimentos. No se trata sólo de que lo vemos a diario en el coste de la compra, es que asoma a los periódicos en forma de noticias de motines o manifestaciones populares en países pobres como Haití o algunos africanos y asiáticos. El fantasma del hambre por la carestía de alimentos había desaparecido del mundo desde hace más de un siglo –exceptuando las crisis bélicas–; cierto que seguía existiendo la malnutrición, pero en su forma crónica, por efecto de las malformaciones estructurales de las economías del subdesarrollo, pero las hambrunas que generaban periódicamente la escasez de subsistencias eran ya un recuerdo del pasado. Sorprendentemente, de golpe y porrazo, aparece el espectro de una crisis de esas características con la subida espectacular del precio de los cereales, la leche, la carne, el azúcar…¿Cómo explicarlo?
La agricultura ha multiplicado exponencialmente su productividad en las últimas décadas con la aplicación de las nuevas tecnologías, entre ellas la ingeniería genética. El problema, en los países desarrollados, era la superproducción.
Ante la inexplicable subida de precios se han señalado algunos culpables: el incremento del consumo en China y
Lo que casi nunca se dice es lo siguiente: el mercado financiero a consecuencia del espectacular hundimiento del dólar y de la crisis de las subprimes, provocada por él mismo, está buscando con voracidad nuevos caladeros y los ha encontrado en la especulación en commodities –mercaderías, materias primas–. Los gigantescos fondos de inversión americanos en el afán de encontrar beneficios instantaneos que sustituyan a los perdidos y les cubra del derrumbamiento del dólar se han refugiado en el mercado de futuros de los metales y del petróleo, haciendo mover su precio sin ninguna relación con una posible contracción de la oferta o aumento de la demanda; de hecho, en el caso del petróleo, la producción ha sido aumentada por
Una vez más el gran responsable de tamaño desaguisado no es otro que el capitalismo financiero, dueño y señor de este mundo. Es necesario poner freno a la especulación financiera, que no tiene otro objetivo que la obtención del máximo beneficio en el menor tiempo, sin detenerse a considerar las consecuencias, y eso sólo es posible con la regulación de los mercados.
Pero ¿quién le pondrá el cascabel al gato?
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Concluido este post leo en el suplemento de negocios de El País un reportaje de Ramón Muñoz y Claudi Pérez sobre el papel de las finanzas en la actual crisis, cuya lectura recomiendo aunque no trate el tema de los alimentos.
10 Abr 2008
¿Crecimiento o bienestar?
La doctrina económica al uso considera al PIB (Producto Interior Bruto) el indicador más fiable para determinar la salud de la economía de un país. Es el índice con el que medimos el crecimiento, basta comparar el actual con el de referencia que elijamos. Pero el PIB no es bueno para medir el grado de bienestar, de hecho no cuenta con instrumentos para evaluar la degradación del medio ambiente, el agotamiento de los recursos y otros elementos que inciden en la felicidad de las personas. En 1998 se tomaron medidas de desregulación del mercado inmobiliario liberalizando el uso del suelo con la intención declarada de que el mercado acabara poniendo en su lugar al precio de la vivienda. Sin embargo el mercado eligió la vía especulativa: se construyeron más viviendas que en Francia, Gran Bretaña y Alemania juntas; se avanzó en la destrucción del litoral mediterráneo aún más si cabe que en el pasado; se fabricó la burbuja inmobiliaria, cuya destrucción nos prepara hoy una bonita crisis económica; no solucionó el problema de la vivienda ya que sigue siendo inaccesible para los que la necesitan a la vez que hay millones de ellas vacías. Eso sí, el PIB subió espectacularmente, según el famoso indicador somos más ricos. El objetivo declarado, poner viviendas al alcance de la gente, no se cumplió, pero sí otros no declarados, incrementar astronómicamente la tasa de ganancia de las empresas del sector y las que giran en su entorno, como la banca.
Ocurre que en estos años de crecimiento la proporción del PIB que corresponde a los salarios no ha aumentado, pero sí, y mucho, la que corresponde al capital. He leído por ahí que el incremento en las remuneraciones de los ejecutivos ha crecido en un 600%, en algunos casos más de 1000. ¿Quién creéis que se apretará el cinturón ahora que vienen las vacas flacas?
Crecer ¿para qué? Es necesario encontrar un nuevo paradigma económico que sitúe el objetivo del bienestar sobre el de simple crecimiento. Hay signos y desde luego oportunidades. Las Naciones Unidas a través de su programa para el desarrollo, PNUD, ha patrocinado la elaboración de un nuevo índice denominado Índice de Desarrollo Humano (IDH) con la pretensión de que vaya sustituyendo al PIB, inservible para una economía cuyo objetivo sea el hombre.
La gran oportunidad la crea la propia crisis. Es ya una evidencia que la crisis financiera se está transformando en productiva. Todos los gobiernos de los estados-nación y los macrogobiernos de las entidades transnacionales tienen la oportunidad de aplicar medidas que no tengan sólo el miope objetivo del crecimiento, que no resuelve los problemas de la gente y que conduce al calentamiento del planeta, la degradación medioambiental y el agotamiento de los recursos. Es necesario encontrar la fórmula del crecimiento cero, o incluso decrecer, aumentando el bienestar. Para eso hay que tener claro el objetivo: el hombre.
19 Mar 2008
ATTAC
“La globalización financiera erige el interés económico en bien supremo y, con absoluto desprecio a los derechos de los pueblos, impone la búsqueda del beneficio como norma absoluta de todas las sociedades. Las consecuencias son bien patentes: el agravamiento en todo el mundo de los desequilibrios económicos, ecológicos, sociales y culturales, y la cada vez más preocupante limitación de los controles que corresponden a las instituciones democráticas, que tienden a ser sustituidas por mecanismos y lógicas estrictamente especulativos que sólo expresan los intereses de las empresas transnacionales y de los mercados financieros.”
El párrafo anterior es el inicio del manifiesto de ATTAC España (Asociación por
En 1971 –momento en que el dólar dejó de ser convertible en oro– el premio Nobel de economía James Tobin expuso la idea de gravar las transaciones financieras internacionales con un impuesto en torno al 0´1% para, según sus palabras, echar un poco de arena en los engranajes demasiado bien engrasados de los mercados monetarios y financieros. En 1997 Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, creó una asociación internacional (ATTAC) para promoverla. Desde entonces, aunque ese no era el objetivo de Tobin, se ha convertido en una de las propuestas más importantes del movimiento altermundista (antiglobalización) y ha sido objeto de polémica y de atención por multitud de personas, movimientos e instituciones preocupadas por el devenir del Mundo y el rumbo y la hegemonía que el capitalismo financiero internacional ha tomado en los últimos tiempos.
En algunas de mis entradas anteriores he tratado el tema de la globalización y de las finanzas internacionales y también del futuro de la izquierda y del menguante poder de los Estados. Es un hecho incuestionable que el freno al capitalismo especulativo y depredador en que estamos embarcados no es posible echarlo desde el interior de los Estados. El capital financiero se ha adaptado maravillosamente a la globalización –es un producto suyo–, mientras que los ciudadanos perdemos poder progresivamente porque las democracias no sobrepasan las fronteras de los Estados y éstos no controlan en absoluto las andanzas del capital a escala global. De nada sirve que votemos opciones de izquierda, incluso revolucionaria, porque a lo más que podría llegar un gobierno es al aislamiento internacional, convirtiendo al país entero en un gheto–caso de Cuba–, sin el más mínimo porvenir.
Sin embargo, no hay una actitud más reaccionaria que la desesperanza.
La negación de la globalización no es de recibo. El Mundo va por ahí y ahí está el progreso. Que sea una creación del capitalismo no la descalifica, también lo fue la revolución industrial y la asumimos como un avance gigantesco. El movimiento altermundista –dejemos ya de llamarle antiglobalización– no busca detenerla, sino encauzarla con el control democrático de los ciudadanos del Mundo. Para ello se necesitan nuevos instrumentos de lucha. Organizaciones como la que hoy os presento pueden ser de enorme utilidad.
14 Feb 2008
Una visión del futuro.
Aunque por mi actividad profesional he pasado la vida intentando conocer y explicar el pasado lo que verdaderamente despierta mi curiosidad es el futuro. Escuché en una ocasión una entrevista radiofónica en la que el entrevistado, no recuerdo quién, aseguraba no importarle la muerte y que se enfrentaría a ella sin temor si le aseguraran que podría volver cada diez años para leer los periódicos. Estoy con él, me impulsa la misma inquietud por el conocimiento de lo que ha de venir.
La verdad es que las claves del futuro puede que estén en el pasado. Si desentrañamos las leyes que ha seguido la marcha de la historia es muy probable que podamos desvelar las grandes líneas del porvenir. Por eso en este ejercicio de hoy, que no es más que un juego, me apoyaré en el pasado para preguntarme sobre el futuro.
Dicen los demógrafos que en los próximos cincuenta años la población del Mundo puede alcanzar los 10.000 millones de habitantes; parece una cifra congruente si tenemos en cuenta el enorme crecimiento en el próximo pasado y la ralentización que sufrirá, está sufriendo ya, con el desarrollo económico de Asia. La energía y el agua pueden ser sus máximas preocupaciones; la movilidad su característica más llamativa.
Pero ¿cuál será el marco político en el que se desenvolverá? En
En el XXI vemos claramente que el mercado ha roto definitivamente los corsés que le imponían las fronteras y se ha lanzado a un desarrollo global valiéndose de las nuevas tecnologías. Los estados han pasado de ser su instrumento a ser un lastre; su desaparición está cantada. No parece muy aventurado pensar que en un futuro no muy lejano (¿mediados del XXI?) habrán quedado reducidos a simples organismos administrativos de carácter regional. Los servicios públicos y los aparatos del estado, incluyendo el ejército, la policía y la justicia se habrán privatizado. La ley se transmutará en meros contratos (¿será premonitorio el contrato de Rajoy para los inmigrantes?). El poder habrá caído directamente en manos de las grandes corporaciones mercantiles y las decisiones importantes se tomaran en sus consejos de administración. Los organismos transnacionales, excluyendo los económicos, tendrán sólo una función subsidiaria.
De la misma manera que encontramos en el pasado remoto precedentes de la democracia actual –
Tenemos además a la vista indicios más que suficientes: los estados han perdido el control sobre la economía en buena medida; los presupuestos de las grandes empresas superan los de muchos estados (el capital puesto en juego por el broker de La Société General equivale al de Marruecos); el ejército ha pasado en casi todas partes a ser mercenario y en Irak las empresas privadas de seguridad actúan con soldados propios; las policías privadas superan en todas partes a las estatales; los servicios públicos incluidos los sistemas de pensiones y de seguridad social sufren una creciente presión hacia la privatización.
El futuro ha empezado ya.
Sobre este blog
Tutti frutti
arcoComo presiento que no sabré centrarme en un tema y la mezcolanza de argumentos será la tónica de este blog, he buscado para él el nombre que me pareció más adecuado a esa circunstancia.
He pasado mi vida enseñando historia en algunos institutos y, ahora, ya casi me he convertido en historia yo mismo. Tratando de evitarlo he pensado hacerme notar publicando aquí cuanto se me ocurra, con la esperanza de que le interese a alguien.
Mi nombre es Arcadio y por hacerlo más breve y asequible lo he dejado en Arco, con ese alias firmo mis entradas.
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