08 Oct 2008
El papel
En la antigüedad el papiro –entramado y prensado de tiras de las hojas de esta planta– y después el pergamino –preparado de pieles finas– habían sido los soportes de la escritura durante siglos en la cuenca mediterránea. El primero frágil y escaso, el segundo excesivamente caro. En el siglo octavo el Islam había entrado en contacto con la civilización china en la ruta de la seda. Antes de que acabara el siglo, en Samarcanda, se fabricaba papel usando técnicas desarrolladas siglos antes en China –T’sai-Lun en el Una vez más una innovación tecnológica, en apariencia modesta, revolucionó la historia. El mundo cristiano se benefició en la medida de su proximidad al Islam: en España se escribe ya sobre papel un misal mozárabe del Monasterio de Silos, sin duda antes de 1036, fecha en que el rito mozárabe fue sustituido por el gregoriano; en Inglaterra, en cambio, no aparece hasta el s.XIV. Se había superado el cuello de botella que estaba entonces en la dificultad y la escasez de un soporte adecuado para la escritura; a partir de ahora éste abundaba y el freno se trasladó a la lentitud con que podían hacerse las copias, ya que no existía otro procedimiento que el de escribirlas a mano. No se superaría este nuevo reto hasta la invención de la imprenta. Precisamente la imprenta fue el otro gran salto en la democratización de la cultura y el saber, pero ya los musulmanes no se beneficiaron de ella –llegó a Egipto tres siglos después de que los occidentales la redescubrieran, y por iniciativa de éstos–. Era el tiempo de occidente y la imprenta hizo con ellos lo que el papel con los musulmanes.
En el proceso histórico en el que nacen y desaparecen civilizaciones y culturas, pensamos que el azar o quizás fuerzas que nos cuesta identificar, impulsan o frenan a unas sobre otras, generando una secuencia que, en apariencia, no parece tener otro motor que la fuerza física o espiritual de sus actores o protagonistas. En los años más oscuros del periodo de la historia que hemos llamado Edad Media –despojándola injustamente de otra personalidad que no sea la de servir de nexo o frontera entre el mundo clásico y el Renacimiento– floreció y alcanzo un esplendor inusitado la cultura árabe. Su éxito fue tan espectacular que en poco tiempo cubrió un espacio que iba del Indo o el Xin Jian, en el Este, al Atlántico africano o los Pirineos, en el Oeste. Una hazaña explicada tradicionalmente por la fuerza imparable del pueblo árabe convertido, de pastor y caravanero, en ejército incontenible de la nueva fe; pero, descontando ingenuidades, la explicación es a un tiempo más compleja, por la multiplicidad de factores, y más sencilla, porque son menos grandilocuentes y heroicos. Me referiré a uno de ellos tan sólo, en apariencia modestísimo, si nos atenemos a lo que la historiografía al uso nos tiene acostumbrados, pero, de hecho, decisivo: me refiero al invento y la difusión de las técnicas de fabricación del papel.
11 Sep 2008
La ciencia, eterna aguafiestas.
Vaya lío con los huesos del Príncipe de Viana, D. Carlos, el hijo de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra, que vivió allá por el S.XV y fue el primero que ostentó ese título –el último, como todo el mundo sabe, es el príncipe D. Felipe, cuyos huesos parecen estar en orden, a Dios gracias. Es el caso que los científicos encargados de determinar si los restos que se conservaban y se tenían por tales, eran o no los suyos, han dictaminado que pertenecen a tres personas distintas una de las cuales es una mujer y ninguno de los otros dos es él.
Para el común de los mortales con la muerte se termina la historia; pero para estos personajes no es igual, a veces la historia de su muerte es tan compleja o más que la de su vida –ahí está el Cid, que, según cuentan, ganó una batalla después de muerto.
D. Carlos, el príncipe, que había combatido contra su padre –o su padre contra él– por el trono de Navarra y que fue apartado de la sucesión a
A principios del XX el nacionalismo catalán había convertido al Príncipe de Viana en un icono de su causa –no en balde su malvada madrastra y posible asesina era castellana y Fernando, que le usurpara la corona de Aragón y, por tanto, de Cataluña, se casó con la reina de Castilla, suceso que está en el origen de la pérdida de la identidad estatal de Cataluña. La recuperación de sus restos se convirtió en objetivo político, encomendándose a un antropólogo y egiptólogo de prestigio entonces, Eduard Toda i Güell, que, según parece y sin pensárselo dos veces, armó una momia con lo que, a ojo de buen cubero, le pareció acertado y de ahí que algunas partes sean de mujer y que la columna vertebral tenga ¡ocho vértebras lumbares!; pero el objetivo se había cumplido y el catalanismo tenía su símbolo. ¿Quién iba a reparar en tales nimiedades?
Y aquí llegó la ciencia –no la ciencia histórica, que la pobre es tan fácil de manipular, sino la ciencia dura, esa que se cuece en los laboratorios– derribando mitos, símbolos y zarandajas para decir estos no son los huesos, cómo antes había dicho esta no es
La ciencia, eterna aguafiestas.
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ILUSTRACIÓN: El príncipe de Viana, Museo del Prado. Del pintor malagueño Moreno Carbonero, es un bellísimo ejemplo de la pintura romántica de contenido histórico y corte académico, propia de la segunda mitad del XIX. La composición respira soledad y melancolía. En la ejecución se puede apreciar la influencia de Fortuny.
26 Jun 2008
¿Quién es el enemigo?
Las primeras acciones colectivas de los trabajadores se dirigieron, no contra los capitalistas, sino contra las máquinas –movimiento ludita–. Una ola de sabotajes, incendios y destrucción se extendió por Inglaterra y pronto saltó sus fronteras –la primera textil que utilizó una maquina de vapor en España fue la fábrica El Vapor de Bonaplata en
A veces es difícil dilucidar cuando una innovación es un instrumento de avance o por el contrario una herramienta que nos esclavizará o destruirá. Los pensadores del socialismo, incluido Marx, estaban convencidos de que la innovación tecnológica era la base del progreso y de la emancipación humana; el fundamento de la opresión y la explotación había que buscarlo en otro lugar y combatirlo por otros medios.
Dos siglos después seguimos con las mismas dudas y con la misma imprecisión a la hora de marcar los objetivos de una lucha verdaderamente liberadora. Con el agravante de que hemos perdido hace tiempo la antigua imagen, impregnada de romanticismo, del progreso. También el capitalismo moderno ha sustituido el rostro y el nombre y apellidos de aquellos capitanes de la industria del XIX por el logo de una corporación transnacional dirigida por ejecutivos mercenarios y apátrida por efecto de la globalización.
Ahora son esas grandes corporaciones las que con sus inversiones ponen en valor los nuevos avances tecnológicos: esta plataforma digital en la que me expreso; el arroz transgénico que produce el 30% más de granos por espiga, etc., etc. Cierto que Microsoft es cuasi un monopolio en la informática, cierto que Monsanto ejerce un peligroso control sobre el asunto de las semillas genéticamente modificadas, pero uno y otro logro son avances de la humanidad a los que no debemos renunciar, aunque quizás sí a las trasnacionales que los monopolizan y los convierten sólo en medios para obtener beneficios con que compensar a sus inversores y seguir en la cima del poder.
¿Incendiaremos de nuevo la fábrica de Bonaplata?.
18 Jun 2008
Misterios del calendario
Siempre me había preguntado por qué el año comienza el 1 de enero, día que no presenta la más mínima relevancia astronómica. Sabía que los romanos de los que procede nuestro calendario hacían coincidir el año nuevo con el equinoccio de primavera, en el mes de marzo, con el renacer de la vida vegetal; en ese momento se elegía a los cónsules, comenzando también el año político y militar –no en vano el mes de marzo estaba consagrado a Marte dios de la guerra–, ya que las campañas militares se iniciaban siempre en primavera por una mera cuestión de supervivencia de los ejércitos. En un momento determinado el comienzo del año se cambió de marzo a enero, y eran las razones de este cambio las que desconocía, hasta que casualmente di con la explicación hace poco.
Como es sabido el calendario romano, un tanto caótico, y no demasiado racional, sufrió varios cambios muy importantes. El primero fue pasar de
Cada año se elegían dos cónsules, máxima magistratura política y militar. En el siglo II a C. Roma estaba empeñada en la conquista de Hispania a la que dedicaba un gran esfuerzo, de hecho desde comienzos de siglo, y durante décadas, uno de los dos cónsules elegidos anualmente era enviado con las legiones a su mando a la guerra de Hispania. En el
Los sucesos que he narrado tuvieron lugar en el año
Lo cierto es que si ahora todo el mundo occidental celebra el comienzo del año en enero se debe a la rebeldía de una oscura ciudad celtíbera de las faldas del Moncayo que a mediados del siglo II a C. se resistió a doblegarse ante Roma.
De ahí también que los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre no sean los meses séptimo, octavo, noveno y décimo como indican sus nombres, sino noveno, décimo, undécimo y duodécimo respectivamente.
14 Jun 2008
La lengua de las ministras
Yan Huanyi viuda de un granjero chino que murió en
La lengua es un instrumento de comunicación pero a veces la complejidad de la mente humana lo ha transmutado en útil herramienta de segregación, de aislamiento de incomunicación y confrontación. El mito bíblico de Babel hace referencia a esta función negativa. Por todas partes existen lenguas o jergas mantenidas o creadas para impedir que individuos ajenos al grupo accedan a información reservada a sus miembros. Convivimos a diario con la infame caligrafía de los médicos o la críptica expresión de los juristas, que son otros tantos medios para impedir el acceso de profanos a su mundo. Luego están las lenguas utilizadas como banderas o como armas por los nacionalistas de toda clase, porque constituyen el único elemento diferenciador a que agarrarse. Evidentemente la lengua es un arma social y política.
En
La intervención de la miembra del Gobierno, Bibiana Aido, me ha recordado aquellos discursos de Castro contra la hache y el uso de la ce y la ese. El sentido común debe dictar aquí también acciones comedidas so pena de no obtener los resultados buscados o de caer en el ridículo. Si la lengua de la ministra evoluciona demasiado rápidamente de aquí a poco no la entenderemos. Charlot, en la película que citaba en mi post anterior, se incorporó a una manifestación y entusiasmado se colocó a su cabeza, pero tan ensimismado y ardoroso marchaba que acabó distanciándose de la cabecera. Cuando miró atrás no supo si dirigía la marcha o lo perseguían los manifestantes. Optó por echar a correr.
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Fuente de la imagen: http://elteacher.com/FEULE/espanol/imagenes/LogoCaal3.jpg
05 Jun 2008
Reflexiones sobre la democracia (1). Orígenes.
Formalmente hay tres diferencias importantes: la democracia griega era directa, no conocía el principio de representación inevitable en nuestros estados de millones de ciudadanos; además desconocían los derechos humanos, cuestión decisiva que eleva sobre cualquier otra experiencia política a las democracias de hoy; por último, los ciudadanos atenienses con derechos políticos eran una minoría (¿10%?) una vez excluidas las mujeres, los esclavos[1] y los metecos (población originaria de otras ciudades).
Sabemos que la palabra democracia viene de «demos» (pueblo) y «kratós» (poder), pero el vocablo «demos» era ya en el siglo V a. de C. un neologismo formado por la fusión de las palabras «demiurgos» (artesano) y «geomoros» (campesino), lo que nos pone sobre la pista de que fue el dominio y la alianza de artesanos y campesinos (pequeños propietarios) lo que forzó la democracia. No voy a entrar aquí en cómo lograron tal hegemonía; lo cierto es que cuando las relaciones de trabajo y las formas sociales propias de las ciudades-estado esclavistas desaparecen, se volatilizan con ellas sus logros “democráticos”.
Con la pértiga que usamos los historiadores para estos menesteres, damos un salto de vértigo y nos situamos a finales del XVIII. La revolución liberal burguesa, que llevaría al terreno político el ascenso social y ecocómico de la burguesía en detrimento de la nobleza, impuso el predominio del individuo y el principio de ciudadanía, puestos de manifiesto en las declaraciones de derechos y con la división de poderes; pero reservó el ejercicio efectivo del poder para una aristocracia, más o menos amplia, en la que entraba la antigua nobleza y la nueva burguesía, excluyendo a las clases inferiores, las más numerosas, mediante el uso del sufragio restringido[2]. El liberalismo renegaba de la democracia. La palabra misma tenía unas connotaciones claramente peyorativas para los liberales, los revolucionarios de entonces.
Hay que esperar a 1838 para que se materialicen las primeras reclamaciones incuestionablemente democráticas (sufragio universal: el principio de un hombre un voto; ni se hablaba aún de la mujer). ¿Quién lo protagoniza? El movimiento obrero; son los trabajadores británicos los primeros que sentirán la necesidad de la participación política en igualdad de condiciones para todos; más concretamente el Movimiento Cartista[3], llamado así por la «Carta del Pueblo»[4] que se redactó para una marcha de obreros, con la finalidad de ser entregada al Parlamento de Londres como una petición.
Conclusión: la democracia que conocemos tiene su origen en la lucha de clases del XIX y, más concretamente, en el movimiento obrero, hijo no deseado de la revolución burguesa, que, a su vez, no es sino la manifestación social y política de una revolución tecnológica –revolución industrial– y económica –libre mercado– que asentó las relaciones de trabajo sobre nuevas bases. Nada que ver con la democracia griega, producto de otra formación social, propia de su tiempo.
[1] En algunas épocas y ciudades la población esclava superaba el 50% del total. La mayor parte del trabajo manual era ejercido por ellos; se puede decir que la mano de obra era esclava.
[2] Con el sufragio restringido se limitaba el derecho de voto a los propietarios.
[3] El movimiento estuvo activo de
[4] Los 6 puntos de la petición eran:
- Sufragio universal masculino, de los mayores de 21años.
- Circunscripciones electorales de igual tamaño.
- Votación mediante sufragio secreto.
- Supresión del requisito de ser propietario para ser miembro del Parlamento.
- Remuneración para los parlamentarios.
- Elecciones anuales.
24 May 2008
Los efectos de la globalización
La humanidad ha progresado a saltos: largos periodos de lento avanzar se ven de pronto agitados en un torbellino de cambios que acaban desembocando en un mundo nuevo, que volverá a caminar con lentitud hasta que otro paroxismo ponga de nuevo todo patas arriba. Visto con perspectiva detectamos fácilmente el progreso como balance final; en el conjunto de su evolución el hombre no ha hecho sino avanzar, aunque siempre queda el regusto amargo de tiempos mejores perdidos. Este sentimiento ha generado el mito de
…
como, a nuestro paresçer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor.
Si tuviéramos que resumir en un párrafo la historia de la humanidad tendríamos que hacerlo reseñando dos o tres momentos claves que han producido cambios trascendentales en el vivir del hombre, a saber: el control del fuego, hace unos quinientos mil años; la domesticación de las plantas y animales, hace unos diez mil; la revolución industrial, hace tan sólo doscientos. Probablemente en un futuro escolar estudiaremos en el S.XXI otro hito clave: la globalización. Llama la atención la forma en que se aceleran los cambios, fenómeno que se debe a dos razones: que el progreso es acumulativo y que la proximidad de los hechos recientes puede hacernos creer que episodios que forman parte de un mismo fenómeno son independientes.
Nadie puede poner en duda que a la larga tales acontecimientos han supuesto un avance progresivo: se percibe en el crecimiento de la población mundial que debió multiplicarse por cien con la implantación de la agricultura –a lo largo de unos cuantos milenios– y después de nuevo por diez en tan sólo dos siglos con la revolución industrial. Si la población pudo pasar de 5 millones a 500 por el descubrimiento de la agricultura, y de
La cosa cambia cuando analizamos el fenómeno de cerca. Es dudoso que el paso del nomadismo a la sedentarización, que trajo la agricultura, supusiera en principio grandes ventajas. De hecho con ella aparece por primera vez el trabajo, con el sentido que tiene hoy, la acumulación y, por tanto, la riqueza y la pobreza, la esclavitud, las castas sacerdotal y militar, que se apropiaron los excedentes y oprimieron y explotaron a la mayoría, valiéndose de los instrumentos que les proporcionaba el Estado, recién creado. A la larga el incremento de productividad permitió una población más numerosa pero el grado de felicidad de las gentes debió reducirse, de ahí el nacimiento de los mitos de que hablaba antes: Adán y Eva y la expulsión del paraíso o la caja de Pandora, ambos referidos al comienzo de la agricultura.
Con la revolución industrial ocurrió otro tanto. El balance final obtenido con el estudio de indicadores económicos o sociales: productividad del trabajo, producto bruto, consumo de energía, esperanza de vida, mortalidad, etc., etc., no deja lugar a dudas sobre lo positivo del cambio. Sin embargo, los que vivieron el proceso en
Con la globalización repetimos el esquema. Las perspectivas parecen excelentes, nada más deseable que un mundo sin fronteras, un solo hogar para toda la humanidad. Pero ¿cuáles han sido las primeras manifestaciones? Desplazamientos de millones de personas con las lacras de la marginación, el desarraigo y la explotación; la subida del precio de los productos agrícolas que amenazan con el hambre a legiones de pobres, porque han pasado de producirse para mercados locales a producirse para la exportación en un mercado global, cayendo en manos de multinacionales desde la producción a la distribución; destrucción de las economías locales por la intromisión del capital monopolista en busca de suelos, recursos y mano de obra indefensa; dislocación de la cohesión social en las poblaciones sometidas a la aculturación que genera el dominio universal de los medios de comunicación en manos también del gran capital.
La diferencia respecto a los momentos anteriores es que ahora tenemos una mayor capacidad para analizar lo que ocurre y para difundirlo. Otra cosa es que sepamos o queramos ponerle remedio.
15 May 2008
Bolivia
Dice una antigua máxima, inmortalizada por Goya en uno de sus grabados: aquellos polvos trajeron estos lodos. Nada parece más cierto si lo aplicamos a la situación actual de Bolivia. Recientemente la provincia de Santa Cruz ha celebrado un referéndum, en contra de las disposiciones legales vigentes, reclamando su autonomía. La fiebre autonómica parece que se extiende por la media luna oriental que va de Pando a Tarija pasando por Beni y por supuesto Santa Cruz. Esto lo conocemos todos por las noticias de prensa de estas últimas semanas, pero ha quedado un poco menos visible que en Santa Cruz están los pozos del petróleo boliviano y en Tarija el gas, que son las provincias de mayor renta y con mejor futuro económico y que en esa media luna la población blanca, de origen europeo es mayoritaria.
El Alto, que dicen los bolivianos, la meseta andina, elevadísima, fría e inhóspita fue en otro tiempo el eje económico del país por su riqueza minera, hoy en declive o agotada. Es el territorio poblado con mayor densidad por la población indígena –que en el conjunto del país puede suponer los 2/3 del total–.
Desde el triunfo de Evo Morales la tensión social y política entre la población blanca, criolla (recientemente autodenominada nación camba) y la indígena (nación aymara) ha crecido considerablemente y está adoptando formas de enfrentamiento territorial por la concentración de los criollos en oriente y el anuncio de una reforma agraria que amenaza su predominio económico en la zona, como ocurrió a mediados del XX en el altiplano cuando recibieron en compensación grandes latifundios en
El problema hunde sus raíces en el pasado colonial. La actual Bolivia formó parte del Virreinato del Perú, pieza fundamental en el imperio español por su inmensa riqueza en oro, plata y otros metales –Jauja o Potosí han quedado en la lengua y en el imaginario de los españoles como símbolos de riqueza sin igual–. Pero la explotación de ese tesoro generó una también inmensa miseria. La reducción de los indios a los que se sometió a trabajos forzados, mita, su colocación casi en régimen de vasallaje bajo los colonos españoles por el sistema de encomiendas y repartimientos, consolido una sociedad de castas en la que los indígenas formaron el último escalón y los colonos españoles y después criollos el primero.
Si los colonizadores hubieran sido aglosajones es muy probable que la población india hubiera desaparecido, como ocurrió en América del Norte, porque a esos colonos, imbuidos de la moderna ética protestante del trabajo y el esfuerzo personal, los indios les estorbaban. Los españoles, en cambio, con la mentalidad más antigua del conquistador, buscaban la riqueza no por el trabajo sino por el esfuerzo de las armas; con un ideal aristocrático, necesitaban que alguien trabajara por y para ellos, necesitaban a los indios. No sé que es peor, pero lo que ocurrió fue esto último y la población indígena perduró, pero en un estado de abatimiento total.
En el XVIII hubo algunas revueltas indígenas, como las de Tupac Amaru y Tupac Catari, que terminaron con el ajusticiamiento brutal de sus protagonistas y el exterminio de todos los indios que sabían leer y escribir. La administración española tenía clara la estimable ayuda de la ignorancia. Así, cuando se produce la independencia sus protagonistas fueron los criollos, Bolívar redactó la primera constitución (1825) sin haber pisado siquiera el territorio. La construcción del estado nación boliviano fue cosa de los criollos, los indios quedaron desplazados y para nada se les tuvo en cuenta, a pesar de que constituían la inmensa mayoría de la población. A lo largo del XIX y el XX la historia de las relaciones entre la población minoritaria blanca y la mayoritaria indígena es la de dominadores y dominados. La miseria, la ignorancia y la marginación han permitido una cierta pasividad indígena, rota en algunos momentos por explosiones de indignación y cólera. Hoy la toma de conciencia y el orgullo recuperado por el triunfo de Evo Morales ha provocado una reacción en la que los intereses del capital internacional –España tiene mucho que ver ahí– y los de la población de origen europeo parecen coincidir y amenazar la estabilidad y la integridad de Bolivia. No olvidemos que el referéndum se ha hecho al margen de la ley y que algunos extremistas han apuntado la idea de que Santa Cruz sea anexionada por Brasil y Tarija por Argentina.
Y es que aquellos polvos trajeron estos lodos.
Yo, como gesto de simpatía y solidaridad coloco aquí

03 Abr 2008
Violencia y religión
Las noticias sobre el Tibet y los monjes budistas a propósito de su revuelta contra el régimen chino me llenan de curiosidad y me plantean una multitud de interrogantes que no sé como contestar a causa de mi ignorancia sobre el budismo y la historia y la realidad actual de esa zona. Sin embargo, me sugieren una reflexión sobre religión y violencia, que hace tiempo quería hacer.
Todas las religiones que conozco propugnan la paz y el amor entre los hombres; pero ninguna está libre de acciones violentas, masacres y genocidios. Es una contradicción tan flagrante que no se puede permanecer indiferente ante ella. Demostrar el anterior aserto es innecesario, pero citaré algún ejemplo: el terrorismo islámico que padecemos actualmente se fundamenta en los principios coránicos; las actitudes más violentamente radicales de Israel son promovidas por los grupos religiosos más ortodoxos; en el pasado las cruzadas fueron un claro ejemplo de “guerra santa”, predicada y promovida por los papas; las guerras de religión asolaron a Europa en los siglos XVI y XVII, por la confrontación entre católicos y reformados. Se podría hacer una larguísima lista, pero supongo que bastan estos ejemplos. Cabría incluso preguntarse, ante la omnipresencia del fenómeno, si acaso no es la religión una de las causas de confrontación y violencia más importantes entre la humanidad.
No hay que ser un experto en judaísmo para darse cuenta de que las raíces de la violencia en esta religión proceden del concepto de “pueblo elegido”, fundamental en ella.
El Islam es heredero del judaísmo porque en él la violencia forma parte también del núcleo de la creencia religiosa, hasta el punto de que la sistematiza en la yihad (guerra santa). El propio Profeta, en su etapa de Medina, pone en práctica la violencia extrema en la lucha contra sus oponentes y no se detiene ante el genocidio como en el caso del asalto al oasis judío de Khaibar, suceso invocado por los palestinos de hoy en su lucha contra Israel. El actual terrorismo islámico, como he dicho antes, encuentra su inspiración y su justificación en la doctrina ortodoxa que se basa en los dichos y ejemplo de Mahoma.
Por contra, en el cristianismo, si excluimos los libros del Antiguo Testamento, no encontramos nada parecido. Es más, la muerte en la cruz de Jesús, como sacrificio expiatorio por los pecados de la humanidad, parece un acto de superación de la violencia. Y sin embargo, la historia de
Probablemente el hecho de que la violencia se acepte, se promueva o se rechace en el cuerpo doctrinal de los diferentes credos no sea lo más importante. Los tres sistemas anteriores son religiones de salvación, prometen para los justos una vida ultraterrena, despojados ya de las ataduras de la materialidad. Conciben al hombre como un ser dual, compuesto de cuerpo y alma. La muerte afecta al cuerpo, que es material y corrupto; el espíritu liberado del cuerpo alcanza su plenitud después de la muerte. Este mensaje conduce al desprecio por la vida física –la única que en realidad conocemos–, la propia y la de los demás. A partir de aquí cualquier violencia se puede justificar porque el cuerpo no es mas que un contenedor, a veces inmundo, del verdadero ser, que es espiritual y que no se ve afectado por acción material alguna, por brutal que sea.
Las religiones son sistemas antihumanistas porque conciben al hombre fragmentado, escindido en dos realidades, como un ser que sólo alcanzará su plena realización con su propia destrucción. La violencia religiosa nace de esta concepción del hombre, del desprecio por su humanidad. Por pacífico que sea el mensaje que las religiones expresen en palabras y sistematicen en preceptos y mandamientos, en su esencia son portadoras de elementos letales para la seguridad y dignidad humanas, una fuente de violencia y agresividad.
En el caso de los monjes budistas, a la espera de que se aclare lo que realmente ocurre, sorprende el activismo político a que se han entregado partiendo de una práctica religiosa que promueve el alejamiento de los deseos, intereses y emociones humanas como ruta y como finalidad para el hombre. Como en los casos anteriores la contradicción parece evidente.
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La primera ilustración es un grabado de Jacques CALLOT, "El ahorcamiento" de 1633, en plena guerra de los 30 años, el gran conflicto con el que se cierran las "guerras de religión" en Europa.
La segunda, las Torres gemelas el 11 S. en el atentado que promovió y ejecutó Al-Qaeda.
02 Abr 2008
El mito de Cristo
Con frecuencia oímos, o nosotros mismos aducimos, argumentos a favor del Jesús del Evangelio, contraponiéndolo a la realidad del cristianismo o de
La cuestión más llamativa, la existencia de Jesús, no ha podido ser comprobada hasta la fecha, porque no existe testimonio histórico alguno que no proceda de los textos sagrados del cristianismo, pero estos no son ninguno contemporáneo, y, además, solo los conocemos por copias mucho más tardías, que contienen alteraciones e interpolaciones numerosas. Silencio que resulta sorprendente ya que podemos aceptar que no nos quedara nada, ni documentos ni relatos que procedan de Roma, porque Palestina era sólo una lejana provincia sin gran importancia para el Imperio; pero un historiador judío de aquella época, Flavio Josefo, que escribió una historia de su pueblo (Antigüedades judías) con gran detalle, en la que cita incluso a Juan el Bautista, no habla para nada de Jesús, salvo en dos párrafos que son burdas interpolaciones posteriores. La arqueología tampoco arroja ningún testimonio que no esté falseado o contaminado por las creencias religiosas. Con todo, dado el eco y la trascendencia de su herencia, la mayoría de los historiadores suelen aceptar la existencia del personaje, con todas las reservas a que haya lugar.
Aceptada su existencia ¿cuál es su mensaje? Existen censados hasta 70 textos con carácter evangélico de los cuales los cuatro canónicos –aceptados por
Desde la racionalidad de la historia podemos entrever un judío, fiel observador de
Las aportaciones y los intereses de sus prosélitos, sobre todo Pablo, que con el mito de la resurrección convierten a su persona en divina; el contacto con la filosofía griega, especialmente el platonismo, que aporta elementos valiosísimos para las complejidades dogmáticas de que se dota; los préstamos de otros cultos de salvación o iniciáticos (Mitra, Isis-Horus-Osiris, Zoroastro) de los que recoge mitos, prácticas, ritos, e iconografía, transforman el movimiento en una nueva y diferenciada religión, que poco tiene que ver con los hechos originales de
Como suele ocurrir, de un hecho histórico oscuro y dudoso, por agregación de elementos diversos e interpretaciones forzadas por muchos y distintos intereses, ha surgido un mito, que encontró un caldo de cultivo favorable en la descomposición del mundo antiguo, adquiriendo tanta fuerza, tanta solidez, que ha marcado durante dos mil años la historia de una buena parte de la humanidad: el mito de Cristo.
[1] Escuela filosófica que considera que la felicidad viene dada por una forma de vida simple y acorde con la naturaleza.
ILUSTRACIÓN: fragmento del códice llamado “Evangelio de Judas”, descubierto en Egipto en 1978.

