21 Nov 2009
Esclavos
Los romanos usaron la palabra servus, de la que procede siervo y sus derivados; esclavo viene de eslavo, utilizado por los griegos de Bizancio – denominación étnica que acabó por significar la condición jurídica por su abundancia– y de ahí pasó al latín tardío y al árabe. En todo el mundo antiguo la esclavitud fue habitual, incluso llegó a constituir en Grecia y en Roma la base del sistema económico. A partir del siglo III se fue degradando el modo de producción esclavista hasta desembocar en el sistema de servidumbre: los esclavos por un lado y los campesinos libres por otro se habían convertido en colonos, siervos, que quedaron sujetos a la tierra, una forma mitigada de esclavitud. La expansión colonial desde el XVI resucitó con fuerza inusitada esta vergonzante institución, a la vez que desaparecía la servidumbre, hasta que la Ilustración y la formulación de los derechos humanos lo minaron ideológicamente, mientras el capitalismo industrial lo dejaba sin sentido económico. En el XIX quedó fuera de la ley en todo el mundo occidental; hoy sólo se mantiene legalmente en Mauritania.
Pero la esclavitud tiene unas fronteras difusas que han habitado millones de personas: siervos, indígenas bajo el régimen colonial, muchas mujeres, niños obreros o soldados, presidiarios con trabajos forzados, minorías de todo tipo, cautivos… Se puede asegurar que históricamente la mayor parte de la población del mundo ha vivido en situación de esclavitud o semiesclavitud, lo que no dice mucho a favor de la humanidad. Afortunadamente la evolución económica la dejó sin sentido utilitario y la expansión del concepto de ciudadanía la convirtió en despreciable. Tanto las iglesias cristianas como los mulah o ulemas islámicos suelen alardear de haber sido los primeros en la condena de la esclavitud. Nada más falso.
En la Biblia la esclavitud no sólo se presenta como algo natural, sino que en ocasiones Jehová incita a los judíos a masacrar y esclavizar a pueblos enteros. Jesús parece no verla, no pronuncia una sola palabra sobre ella; Pablo, si bien declara que todos somos hijos de Dios, exhorta repetidamente en sus cartas a los esclavos a que acepten su condición, sean sus amos cristianos o paganos, y vean en sus dueños al Señor. Los Padres de la Iglesia hablan de la esclavitud en diversas ocasiones y con varios motivos, pero ninguno se pronuncia en contra. En la Hispania visigoda los concilios de Toledo legislan sobre ella, pero no precisamente para prohibirla o limitarla, en uno de ellos decretaron la esclavización de todos los judíos. No conozco ningún documento de la Iglesia hasta el S. XIX –en que las autoridades civiles la prohíben– que la condene, ni anatematice o repruebe a los que comercian con ella o tienen esclavos. De hecho los monasterios fueron propietarios de esclavos y también los papas y las altas jerarquías de la Iglesia. En América el debate sobre si los indios podían ser sometidos o no a esclavitud se resolvió porque la Corona los consideró súbditos y, por tanto, sometidos a su protección; así y todo, el sistema de encomiendas y la mita fueron instituciones esclavizadoras –fray B. de las Casas, pretendía defender a los indios sugiriendo la importación de esclavos negros–. Por ninguna parte hay trazas de una oposición de la Iglesia, que, en su abyecta exaltación del sufrimiento y la mansedumbre, no encuentra motivos para su condena.
El Islam no sale mejor parado. Alguna frase en el Corán que puede interpretarse favorablemente es desmentida en seguida de palabra y de obra. La institución de la poligamia se convirtió en la excusa para la esclavitud sexual de las mujeres. Ninguna otra cultura ha degradado a la mujer de forma más profunda y generalizada que la islámica, aunque la bobaliconería occidental le haya quitado hierro cubriéndola de literario y romántico exotismo –los califas de la época clásica sostenían harenes de miles de mujeres, todavía visibles hoy (es un decir) en Arabia–. Los musulmanes utilizaron esclavos hasta en la administración y el ejército con lo que mantenían al Estado alejado de los súbditos a los que controlaban despóticamente, como ocurría con los jenízaros turcos capturados de niños entre los cristianos para educarlos como un cuerpo militar de élite. Fueron mercaderes musulmanes los que con un rosario en una mano y el látigo en la otra abastecieron los puertos del índico y del mediterráneo de mercadería humana.
En este asunto de la esclavitud la moral laica, la ética ciudadana, se ha mostrado muy superior a la religiosa.
17 Oct 2009
Newton, cara y cruz
En 1936 la casa Sotheby’s subastó un conjunto de manuscritos cuyo autor había sido Isaac Newton, pero que habían permanecido fuera del alcance del público desde su redacción. El lote mayor fue adquirido por John Maynard Keynes que los cedió después al King’s College de Cambridge. Contenían algunos millones de palabras sobre alquimia una de las obsesiones del científico; en escritos posteriores Keynes afirmaría que aquel ingente montón de páginas estaban «totalmente desprovistas de valor científico», incluso, contra los que opinaban que Newton era el «primero y más grande de los científicos de la era moderna» opuso su idea de que «no fue el primero de la era de la razón; fue el último de los magos…» Todo ello desde el respeto y la admiración que le producían los trascendentales descubrimientos del físico, que, curiosamente, había dedicado mucho más tiempo e interés en tratar de transformar en oro otros metales por medios esotéricos que en desentrañar las leyes que rigen los movimientos de los planetas.
El otro gran pujador en aquella subasta fue Abraham Shalon Ezekiel Yahuda, orientalista que cedió al poco tiempo los documentos que consiguiera al recién creado Estado de Israel. En 2003 la Universidad Hebrea de Jerusalén, a donde habían ido a parar, los dio a conocer al gran público. Este segundo lote contenía más de un millón de palabras dedicas a analizar y desentrañar los misterios del libro de Daniel y del Apocalipsis, textos que Newton se tomó muy en serio y a los que creyó interpretar de modo definitivo. Entre otros hallazgos había llegado a la conclusión de que el momento de la Creación no fue el 23 de Octubre de 4.004 a de C. como afirmara el obispo Ussher, sino 500 años después. También descubrió analizando las profecías de Daniel que el fin del Mundo tendría lugar 1260 años después de la coronación de Carlomagno, es decir en 2060 (después de haber desechado la fecha de 1867 que había creído descubrir en su juventud).
La alquimia y la especulación religiosa, desde unas posiciones que hoy calificaríamos de fundamentalistas, fueron las dos mayores preocupaciones de Newton a juzgar por el tiempo que les dedicó y el volumen de lo escrito. Sus descubrimientos científicos –cálculo infinitesimal, naturaleza de la luz, gravitación universal…– de una magnitud inconmensurable, se produjeron en unos pocos años de su juventud, aunque luego dedicara otros muchos a fundamentarlos científicamente y desarrollarlos; la mayor parte del tiempo lo ocupó en otras investigaciones, carentes de valor científico, y otros menesteres profesionales que nada tenían que ver con la ciencia. Incluso él mismo minusvaloró su tarea científica como revela un famoso párrafo en que se compara con «un niño que juega en la playa y se distrae encontrando de vez en cuando un canto más pulido o una concha más bonita de lo normal, mientras el gran océano de la verdad se extiende ante mí sin ser descubierto».
El alma humana es compleja.
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La ilustración es uno de los folios manuscritos de la colección de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
13 Oct 2009
De S. Isidoro a la Wikipedia

En el S. VI, época oscura en la Europa occidental, la monarquía goda que controló, mal que bien, la mayor parte de la Península, posibilitó un espacio de luz en las tinieblas propias del momento. Isidoro de Sevilla escribió una obra, Etimologías, que tiene un carácter y una intención enciclopédicos. Consciente de la ruina de la cultura clásica, Isidoro intentó, y logró con éxito, recopilar una buena parte de los saberes del mundo greco romano. Durante siglos fue una obra muy consultada y copiada multitud de veces hasta bien entrado el Renacimiento, mil años después. Si algo se le puede objetar es que dejaran de copiarse y se perdieran algunas obras latinas, ya que las sustituía con ventaja, aportando una especie de homologación cristiana a la cultura clásica.
Speculum maius (Espejo mayor) es el título de otra gran enciclopedia, esta vez en los años postreros de la Edad Media. Su autor, el dominico Vincent de Beauvais (S. XIII). Como la anterior fue obra de consulta muy valorada incluso en el Renacimiento, y copiada total o parcialmente en ocasiones numerosas. El XIII fue el momento de apogeo de la escolástica y los dominicos sus principales valedores, así que el Speculum no fue sólo una recopilación de saberes, sino que era toda una concepción del mundo desde el punto de vista de esa ideología, cuyo tema central fue la compaginación de fe y razón. Como la obra de S. Isidoro, encontró excelente acogida en los monasterios donde se encontraban las pocas copias que podían hacerse manualmente.
La Ilustración, ya en el XVIII, supuso un proceso de secularización en todos los órdenes, también el intelectual, como culminación lógica del humanismo renacentista. Los filósofos ilustrados sintieron la necesidad de llevar a todas partes esta nueva visión del mundo, libre ya de las ataduras de la fe, y encontraron que el mejor medio era la redacción de una gran obra que resumiera todo el saber bajo la nueva óptica: L’Encyclopédie (1751-72). Dirigida por Diderot y D’Alembert tuvo una inmensa repercusión en el mundo burgués occidental, convirtiéndose en el vehículo ideológico más importante de la revolución. En Inglaterra surgió pronto (1768) una réplica, pero con un carácter fuertemente conservador: la Enciclopedia Británica, que ha sobrevivido, actualizándose, hasta nuestros días y sigue teniendo prestigio. La imprenta permitía una difusión muchísimo mayor, pero su coste y volumen la confinaba a los palacios, las casas de la burguesía ilustrada e instituciones de cultura.
Los siglos XIX y XX produjeron multitud de otras enciclopedias; en todas ellas predominó el interés comercial, como había ocurrido ya con la Británica, difundida por suscripción y en fascículos; unas tuvieron carácter nacional (Espasa para España) o especializado. Hasta la aparición de Internet, que vino a trastocar el mundo de las enciclopedias; de pronto todas quedaron obsoletas. Microsoft intentó un acuerdo con la Británica, que fracasó. Del fracaso surgió Encarta, también fracasada. El éxito, a mi juicio revolucionario porque reúne lo mejor de las virtudes de la red –horizontalidad, voluntarismo, gratuidad, pluralismo y globalización–, lo obtuvo Wikipedia.
Las claves del triunfo son: por una parte, la utilización de la tecnología wiki, base de datos sencilla que ya existía; por otra, una idea novedosa que confía en la colaboración espontánea de los usuarios de la red sin imposiciones jerárquicas. El resultado es una enciclopedia con tres millones de entradas en inglés, un millón en francés y en alemán, medio en español… ¡La Británica llegó a tener 75.000! Su calidad, que podría ser el punto débil, no es muy inferior a aquella y se compensa con creces por la facilidad de renovación, casi instantánea y su disponibilidad. Hoy intelectuales, científicos, creadores y gente corriente como el que escribe, la visitan a diario por millones en busca de información. Una auténtica revolución.
Como muestra, un botón: todos los enlaces, intencionadamente numerosos, de este artículo son de wikipedia. A la distancia de un cliq tenéis acceso a la mayor parte de la información que me ha servido de base para este artículo.
12 Jun 2009
La risa
A la izquierda una imagen del bebé orangután Naru sometido a una sesión de cosquillas por la doctora Marina Dávila Ross, que lleva diez años haciendo cosquillas a los monos (gorilas, orangutanes, bonobos y chimpancés) en un intento de verificar la hipótesis de que la risa no es exclusiva de nuestra especie. Los resultados han sido publicados recientemente en una revista especializada. Hemos sabido que nuestros parientes efectivamente se ríen y que también debieron hacerlo algunos antepasados comunes; es muy posible que las primeras carcajadas, o algo que se le parecía, se oyeron por primera vez hace unos diez millones de años, no está nada mal. Pero algunas diferencias son importantes: en los animales (me refiero a los monos) estudiados la risa es una respuesta automática a determinados estímulos, pero no la controlan; les resulta imposible producirla a voluntad o fingirla, como ocurre entre los humanos que, por eso, la hemos convertido en un instrumento social de enorme valor. Tanto que se ha hecho vulnerable a los avatares ideológicos, y por consiguiente también tiene historia.
Umberto Eco creó un escenario en El Nombre de la Rosa, donde el intento de ocultar unos manuscritos del II libro de la Poética de Aristóteles, que se daban por desaparecidos y en los que se trataba a la risa como instrumento liberador, genera toda la cadena de misteriosos crímenes que resuelve el franciscano Guillermo. El oscurantismo monacal del Medievo veía en la risa un instrumento demoniaco. En efecto, en el cristianismo no hay lugar para la risa: el núcleo fundamental del misterio cristiano es el sacrificio brutal de un inocente para expiar las culpas de la humanidad, pecadora en su totalidad; todo se articula en torno a una tragedia inhumana. En consecuencia los personajes celestiales, los santos, no ríen; quizá algunas vírgenes en el gótico y en el barroco esbocen una leve sonrisa. Es todo. El único que ríe, a carcajadas, es el diablo. Eco, que no da puntada sin hilo, hace que sea un franciscano el que resuelve el misterio, porque, precisamente el movimiento franciscano introdujo, con escándalo en su época, el concepto de alegría y disfrute de la vida en el mensaje de la Iglesia, que aún no ha sabido integrarlo adecuadamente.
Tengo entendido que en algunos cultos orientales se incluye la risa en los rituales sagrados, al parecer con la misma finalidad que la meditación trascendental, meros ejercicios de relajación y control espiritual. Curiosamente esta concepción instrumental y casi terapéutica de la risa enlaza con la modernidad, en la que la dictadura de la medicina ha capturado también a la risa, incluyéndola en los tratamientos psicológicos que buscan la salud y el equilibrio mentales o que coadyuvan en otros procesos.
En cualquier caso investigar sobre la risa es cosa seria y me congratulo por ello.
27 May 2009
La enfermedad globalizada
La globalización universaliza lo bueno y lo malo. Hoy las epidemias se convierten rápidamente en pandemias por efecto del contacto entre poblaciones de todos los rincones del mundo, después de la revolución de los transportes. El SIDA, la gripe aviar, la gripe porcina son ejemplos elocuentes, pero no siempre fue así ni muchísimo menos.
La enfermedad es consecuencia del parasitismo que algunas especies ejercen sobre otras. Los agentes responsables son microorganismos, virus o bacterias, que forman parte de los nichos ecológicos en los que se hallan en equilibrio con las especies que parasitan; el cambio de cualquier factor puede desencadenar el progreso espectacular de uno de esos agentes o el salto a otro nicho donde producirá una catástrofe hasta su acomodación definitiva. La especie humana, distribuida por el mundo desde hace milenios, se organizó en grupos, civilizaciones, aislados a veces por barreras geográficas que eran otros tantos obstáculos para la propagación de las enfermedades. Los contactos comerciales o de cualquier índole entre culturas han sido con frecuencia vías de penetración de las infecciones. Atentos a los acontecimientos políticos, los historiadores han descuidado siempre, salvo casos puntuales, el papel que éstas jugaron.
Sabemos que todo el primer milenio después de Cristo fue un periodo de detenimiento del crecimiento demográfico e incluso de descenso en todo el inmenso espacio eurasiático. Estudios recientes parecen indicar la aparición y repetición de sucesivas epidemias de viruela, sarampión y rubeola en la Roma de los primeros siglos del milenio, enfermedades desconocidas hasta entonces y para las que las poblaciones estaban indefensas porque carecían de los anticuerpos, biológicos y culturales, necesarios para neutralizarlas; en la época de Justiniano (S.VI) apareció la primera epidemia de peste bubónica en Bizancio, que resultó catastrófica. En el otro extremo, en China, se perciben fenómenos similares. El impacto demográfico fue inmenso, de modo que en el año 1000 había menos población en Europa y en China que en los primeros tiempos del Imperio romano (S.I). ¿El desorden y los trastornos producidos por la caída del Imperio Romano (fin de la Antigüedad) y de la dinastía Han en China produjeron estos males, o estos males contribuyeron decisivamente a desmoronar estructuras tan bien construidas? Hay más, en las zonas de contacto, el Oriente Medio, el Asia occidental y norte de la India, las enfermedades tuvieron menor morbilidad, seguramente porque al ser zonas de paso sus poblaciones estaban más inmunizadas. Pero entonces podemos hacer otra pregunta: ¿no se deberá a eso el nacimiento y expansión del Imperio persa Sasánida, el imperio Gupta de la India y, por supuesto, del Islam?.
Es sólo un ejemplo, pero podemos continuar hasta el infinito. En la conquista y colonización de América, los españoles, además de la lengua, el cristianismo y la civilización occidental, aportaron, entre otros, el virus de la viruela, que causó muchísimas más víctimas que la avaricia de los colonizadores, diezmó a la población indígena.
"[la viruela] desempeñó en la expansión del imperialismo blanco un papel tan importante como la polvora (...) porque los indígenas volvieron los mosquetes y luego los fusiles contra los invasores, pero pocas veces ha combatido la viruela en el bando de los indígenas" (Alfred Crosby)
Sin ese fenómeno quizá no hubiera existido población negra en el continente porque el tráfico de esclavos hubiera tenido menos sentido. En contrapartida, se dice, que los europeos contrajeron allí la sífilis, a la que en España se llamó el mal de La Española (primer nombre de la isla de Sto. Domingo y primer asentamiento español). Tampoco hay que hacer mucho caso a esto porque en Europa, sobre todo en Inglaterra, pronto se la conoció como mal francés, cargando el muerto a nuestros vecinos; en Francia, en cambio fue la enfermedad italiana, en Japón la enfermedad portuguesa, en Portugal mal castellano, para los rusos era el mal polaco y para estos el mal alemán, cerrando el círculo los turcos hablaban de mal cristiano o mal español. Definitivamente con la sífilis no vamos a hacer carrera en la investigación sobre el origen de las enfermedades.
Todavía hoy la enfermedad produce mucha zozobra, pero también muchos interrogantes, quizá en ella estén las claves de numerosos e importantes acontecimientos históricos que hasta hoy, con un punto de vista demasiado simplista, hemos achacado a causas políticas o, en el mejor de los casos, económicas.
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En la ilustración indígenas mexicanos afectados de viruela. Nueva España S.XVI.
19 May 2009
La expulsión de los moriscos
En la primavera de 1609 un decreto de Felipe III ordenaba la expulsión de los moriscos de todos los reinos españoles, tanto de la Corona de Aragón como de Castilla. El episodio es el último acto de un proceso que hoy llamaríamos de limpieza étnica, que había comenzado en Granada con la dura política del Cardenal Cisneros, ratificada por los Reyes Católicos con la pragmática de 1502 que obligaba a la conversión con la alternativa de la expulsión. Desde ese momento las fuentes cambian la denominación tradicional de mudéjares por la de moriscos.
El primer problema que se plantea es encontrar una causa para una decisión tan grave. Hubiera sido explicable tras la sublevación en Granada por la represión de Cisneros, o en la de las Alpujarras en la época de Felipe II, pero en ambos casos se resolvió sólo con la dispersión de los granadinos por Andalucía y Castilla. De hecho la mayor parte de los moriscos eran los de Aragón (20% de la población) y Valencia (33%), que no planteaban problema alguno por su existencia de tres siglos largos. Económicamente era un despropósito mayor, como demuestra la resistencia de los nobles terratenientes que veían la expulsión como una catástrofe para sus tierras, sin tener en cuenta la multitud de oficios que quedarían desatendidos, en una época en que el trabajo manual era signo de villanía. No parece que haya explicación mejor que el fanatismo religioso uniformador y excluyente, que no se detiene ante el genocidio; ya existía el precedente judío.
El tercer punto que quiero resaltar es que hubo muchos que no salieron o que volvieron después, con los cuales se hizo la vista gorda, incluso la Inquisición que, la verdad, nunca había actuado con celo contra los moriscos, aunque por estar bautizados entraban de lleno en su jurisdicción. Naturalmente tanto los que no salieron como los que volvieron se vieron obligados a disimular su condición y acabaron por formar grupos marginales, algunas veces nómadas. La lexicóloga Elena Pezzi ha rastreado el origen de palabras como guapos, rufianes, pícaros, chulos, arrieros, qinquis o majos, para las que encuentra filiaciones moriscas, lo que da idea de las ocupaciones y medios en los que se movieron tras la expulsión y la huella que dejaron en los siglos siguientes. El abandono de denominaciones que los delatara está en el origen de la palabra maño, con la que hoy designamos coloquialmente a los aragoneses, no en balde los moriscos aragoneses fueron numerosísimos. Quizá el término murciano con la acepción de maleante (recordad la famosa y controvertida frase de las ordenanzas militares que decretara Carlos III prohibiendo que fueran abanderados “gitanos, murcianos y gentes de mal vivir”) tenga la misma explicación.
Una efeméride no para celebrar pero sí para reflexionar sobre la maldad y estupidez que encierra el desprecio o el miedo a los otros.
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En la primera ilustración bautismo de moriscas. Coro de la catedral de Granada
La segunda representa el embarque de moriscos en Denia en 1609.
14 May 2009
El hombre, el Estado y las hormigas
Todo avanza hacia la complejidad: desde la simplicidad de la partícula inicial y la homogeneidad del Universo momentos después del Big Bang, hasta el abigarramiento de los millones de galaxias y el barroquismo de su composición; desde los primeros seres unicelulares a los de millones y millones de células especializadas y coordinadas, que pueden además agruparse cooperando en sociedades complejas, como las hormigas o los humanos.
Un punto de inflexión en la historia de la humanidad es el momento en que comienzan a apuntar las primeras formas del Estado, hace unos 5.000 años en los humedales de Mesopotamia y en las riberas del Nilo, algo menos en el Indo o el Hoan-ho, después (1.000 a. C.) en América central. En todas partes significó lo mismo: el fin de la igualdad que había caracterizado a los cazadores recolectores del Paleolítico y a los primeros agricultores.
«Entonces aparecieron en la Tierra los reyes, los dictadores, los sumos sacerdotes, los emperadores, los jefes de gobierno, los presidentes, los gobernadores, los alcaldes, los generales, los almirantes, los jefes de policía, los jueces, los abogados y los carceleros, así como las cárceles, las mazmorras, las penitenciarías y los campos de concentración. Bajo la tutela del Estado los hombres aprendieron a hacer reverencias, a humillarse, a arrodillarse, a rendir pleitesía. En muchos aspectos el ascenso del Estado fue el descenso de la libertad a la esclavitud.»
Marvin Harris: Caníbales y reyes: los orígenes de las culturas.
El marxismo explicó el Estado como un mecanismo de explotación utilizado por una minoría, con fórmulas diferentes según determinaba la situación de la tecnología y las relaciones sociales que ésta imponía. Desde el punto de vista de un naturalista, acostumbrado a ver cómo en la naturaleza se forman simbiosis y relaciones de explotación, parasitismo, aquí no hay nada nuevo. Algunos individuos han dejado de relacionarse con el medio natural para obtener recursos y han pasado a conseguirlos de la sociedad, que se ha convertido en su nicho ecológico. Naturalmente requieren de la coerción para mantener su posición. Del dominio de las cosas se ha pasado al dominio de las personas. A esta situación se llega mediante un proceso lineal, vertical, de avance hacia la complejidad que partió de grupos parentales de menos de una decena de individuos, pasando por la horda y después la tribu, hasta llegar al Estado.
Hay otra explicación para su origen que podemos llamar horizontal: el crecimiento demográfico conduce a sociedades hacinadas en las que la complejidad de las relaciones aconsejan la especialización y la creación de instrumentos estatales. En el mundo animal fenómenos parecidos producen la vida en manadas, sociedades simples, o en otras complejas como la colmena o el hormiguero.
«[las hormigas] se parecen tanto a los humanos que se nos suben los colores. Cultivan hongos, apacientan “rebaños” de pulgones, movilizan ejércitos para hacer la guerra, utilizan armas químicas para asustar y confundir al enemigo, capturan esclavos. Las familias de hormigas tejedoras se dedican a trabajos menores y sujetan las larvas como si fueran lanzaderas para tirar de los hilos que cosen las hojas para los huertos de hongos. Intercambian información sin cesar. Lo hacen todo menos ver la televisión.»
Lewis Thomas: Societies as Organisms.
Las hormigas alcanzaron esta complejidad tras millones de años de evolución genética, los humanos hemos necesitado sólo unos cuantos miles porque la evolución ha sido cultural, pero el resultado fue semejante: la especialización y la cooperación en pro de la eficiencia a cambio de la pérdida de igualdad y autonomía; en ambos casos el proceso es irreversible.
No tengo la menor idea de cuál será el futuro de las hormigas, pero abrigo la esperanza de que, sin desandar lo avanzado (que no es posible ni deseable), los humanos seamos capaces (tengo pistas fiables) de transformar las estructuras estatales en mecanismos que potencien (enriqueciéndolas) la libertad y la igualdad. Que soy optimista, ya lo sé; que soy ingenuo... ya lo veremos.
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* Ilustración: estela donde aparece grabado el primer código escrito que se conoce hace casi cuatro mil años (1750 a.C.(?)). El dios Shamash lo entrega a Hammurabí, sacralizando el Estado en sus orígenes. Moisés repetirá la historia mucho después en el Éxodo. Museo del Louvre.
** Mucho de lo aquí expuesto, como las citas, procede de Mapas del tiempo de David Christian, el mejor libro de historia que conozco.
11 May 2009
Brevísima historia del trabajo y una pregunta final
Los antiguos despreciaban el trabajo. En la antigüedad era cosa de esclavos y de gentes incapaces de sustentarse de otro modo. Puede decirse que los trabajadores eran esclavos, desde los que agonizaban en las minas o remando en los barcos, hasta los que administraban empresas o departamentos del Estado, pasando por los que educaban a los hijos de la aristocracia, o los que cultivaban los latifundios de los terratenientes. Nuestro vocablo negocio, que designa una ocupación o trabajo productivo, procede del término latino negotium, que es la negación de otium, ocio. El ocio era considerado el estado ideal para cualquier ciudadano: permitía dedicarse al deporte, al arte, la filosofía o la política, mientras el trabajo productivo descansaba en manos de los esclavos y gentes de poca calidad. El deporte, la filosofía o la política como actividades normales de los ciudadanos construyeron la excelencia de la cultura griega, pero se sostenía sobre el trabajo forzado de los esclavos. La potencia de las legiones romanas, formadas por ciudadanos, que controlaron el mundo y construyeron el primer Estado “moderno”, se basaba en el trabajo de legiones más nutridas de esclavos, logrados precisamente mediante la guerra. Los avances científicos y técnicos de la época hubieran podido desencadenar una revolución industrial –en Alejandría en el siglo I se diseñó por primera vez una máquina de vapor– si no hubiera sido porque nadie estaba interesado en sustituir el trabajo humano. ¿Para qué, si no, los esclavos?
La caída del Imperio, más que por las invasiones, se produjo por una gran crisis sistémica: el esclavismo no era capaz de seguir manteniendo el crecimiento, a causa de unos costes crecientes y una productividad decreciente. Arruinadas y despobladas las ciudades, desaparecidos la moneda y el Estado, ruralizada la vida, los esclavos se transformaron en colonos, siervos de algún señor; habían ganado en libertad jurídica pero estaban sujetos ahora a la tierra, de la que aseguraban así su productividad. La obligación de trabajar para sí y gratuitamente para el señor que los protegía/explotaba seguía siendo una maldición de la que estaban libres las dos clases dominantes: nobleza y clero, la coerción armada y la ideológica.
La idea de que el trabajo era una abominación que sólo recaía sobre el pueblo perduró más de otros mil años, hasta bien entrada la Edad Moderna; pero para entonces ya había aparecido la burguesía, clase nacida del comercio, activado con la reaparición de la moneda y el renacer de las ciudades, y pronto empezó a tener peso en la sociedad, la política y la cultura. Su poder y su origen se fundamentaban en el dinero obtenido mediante el trabajo. Conforme su éxito social se consolidaba, el trabajo productivo se transformaba en valor: empezaron a representarlo los artistas –pintura flamenca–; conquistó la nobleza –en el escudo de armas de los Medicis había unas monedas, símbolo de su actividad originaria–; escaló los altares, cambiando el discurso religioso –el calvinismo convirtió el éxito material en señal de elección divina– y las iglesias levantaron la prohibición del préstamo con interés que pesaba sobre los cristianos y que había hecho la fortuna de los judíos. Lentamente fue transformándose de vicio en virtud, de castigo en bendición. El capitalismo descubrió que funcionaba mejor usando de la libertad: la explotación del trabajo se hacía mejor a través del salario que con la coerción física o jurídica anteriores; la libre competencia, su caldo de cultivo vital, necesitaba de la libertad de comercio e industria. Con ello el trabajo acabó por conquistar cotas de dignidad impensables un siglo antes.
Nuestro concepto del trabajo como eje económico y moral de nuestra vida, la libertad que nos proporciona, la exaltación con la que nos referimos a él, el respeto y veneración por los que le dedican su vida, el desprecio que nos inspiran los que lo evitan… En fin, toda nuestra ética del trabajo tiene su origen en el capitalismo.
Si bien lo pensamos, la presunta libertad que nos proporciona el capitalismo es una ficción: existe una coerción económica, reforzada por la ideológica (ética del trabajo), que ha sustituido a las antiguas física (esclavismo) y jurídica (servidumbre). ¿Podemos imaginar una situación en que no haya coacción, ni siquiera económica?
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ILUSTRACION: mosaico romano representando a esclavos en tareas agrícolas.
04 May 2009
Del sueño a la pesadilla
En 1909, hace ahora un siglo, un grupo de jóvenes judíos inmigrantes se establecieron y desecaron pantanos cerca de Hedera donde fundaron el primer kibutz (en hebreo «grupo» o «agrupación», término modesto que encierra el significado más apropiado de «comuna»). Les movían dos utopías: el sionismo (creían regresar a la «tierra prometida») y el socialismo (aspiraban a crear una nueva sociedad bajo el principio: «de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades». El kibutz Degania, ese era su nombre, fue pionero en un movimiento que creció con rapidez: hacia la Segunda Guerra Mundial había en Palestina más de 30 de estas comunidades. Fueron uno de los instrumentos más eficaces en el nacimiento de Israel, estableciéndose en lo que serían las fronteras del nuevo Estado y sirviendo de catalizadores de la inmigración sionista. Eran portadores de un sueño compartido por millones de judíos: dotarse de un nuevo hogar y una nueva sociedad construida bajo los principios de la igualdad, la cooperación y la justicia. Pero en el sueño anidaba el germen de una pesadilla: el paraíso previsto ignoraba por completo a los palestinos, entre los que se insertaban, y a cuyos terratenientes compraban las tierras con dinero procedente del sionismo internacional.
Los kibutzim (plural de kibutz) eran sociedades cooperativas donde no existía la propiedad privada, sus miembros recibían igual salario independientemente de la labor que realizaran, y pretendían ser autosuficientes, dotándose de los servicios necesarios, educación , sanidad etc. El Estado de Israel, nacido en 1948, no entró en contradicción con ellos, antes bien, consciente de su deuda, apoyó y estimuló su creación y consolidación; algunos de los grandes estadistas de la primera época eran kibutzianos, como Golda Meir o Ben Gurión; además, el socialismo era una sólida corriente política en aquellos primeros tiempos de la nueva nación.
Los kibutzim, asentados en un ambiente de agricultura tradicional de subsistencia, pero aislados de él y con un fortísimo anhelo de innovación, estimulado por la conciencia de estar creando algo nuevo, desarrollaron con rapidez técnicas modernas que se pusieron a la cabeza de la agronomía mundial en muchos aspectos. Produjeron la sensación de estar transformando un desierto en un vergel y se convirtieron en exportadores de sistemas, utensilios y productos de las nuevas técnicas y de sus campos. En el mundo de los años sesenta, consumidor de tantas utopías, ésta no fue de las menos estimulantes.
En los años ochenta la crisis económica (la inflación israelí superó el 400%) arruinó y liquidó a muchos kibutzim, pero además, el declive del socialismo con la debacle de la URSS, que, por cierto, se había alineado con los países árabes en la confrontación araboisraelí, quebró una de las patas en que se asentaba el movimiento. A la vez el Estado de Israel derivaba hacia posiciones más derechistas y conservadoras siguiendo el impulso de los tiempos y el empuje creciente de los movimientos religiosos. Los kibutzim desaparecían por docenas o se transformaban radicalmente.
Hoy el kibutz Degania es una empresa privada, otros muchos son simples asentamientos de colonos de los miles que han proliferado como hongos en tierras palestinas arrebatadas por la guerra y la expulsión violenta a sus moradores palestinos, cuyas casas (25.000) han sido voladas. En su comercio exterior Israel también ha cambiado: los artilugios para el riego, que antes ofertaba, han sido sustituidos por otros de guerra o de represión policial (60% del valor de sus exportaciones); los sistemas de explotación agrícola y los métodos de industrialización local, que eran observados e imitados en medio mundo, por las tácticas de guerra en ambientes densamente poblados y procedimientos eficaces de apartheid.
Aquello fue un sueño, esto una pesadilla.
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En la ilustración los fundadores del kibutz Degania, 1910.
13 Abr 2009
Consecuencias de un fracaso y de un éxito. Jesús y Mahoma
Entre el mundo islámico y el cristiano existe una gran diferencia que cualquiera percibe a primera vista: el cristianismo ha abandonado en buena medida la esfera pública y se ha restringido a la privada, mientras que el Islam invade todos los aspectos de la vida sin hacer distingos entre lo privado y lo público. Esta característica es la que nos hace ver al mundo árabe como anclado en el tiempo, como si viviera una época del pasado, como si no hubiera acabado de superar el medievo. Se suele argumentar que en occidente, movimientos históricos como el Renacimiento y la Ilustración produjeron la secularización de la sociedad civil, mientras que en el mundo musulmán tales fenómenos no se dieron. Es una explicación convincente, pero podríamos seguir preguntando ¿Y por qué no se dieron? Como en cualquier fenómeno social las causas serán múltiples y complejas, pero se me ocurre que la fundamental arranca quizá de los orígenes de ambos credos y tiene que ver con el fracaso o el éxito vital de sus creadores.
El proyecto religioso-político de Jesús resultó fallido. Fue apresado al abortar la autoridad romana un complot –los evangelios lo registran como la oración del huerto y el prendimiento– que había sido preparado aprovechando la Pascua y la consiguiente afluencia de judíos a Jerusalén, y, en consecuencia, ejecutado como un sedicioso. La muerte que las leyes judías preveían para un blasfemo que se proclamaba hijo de Dios era la lapidación –Esteban y después Santiago, hermano de Jesús, murieron así– mientras que la cruz (mors aggravata: hoguera, exposición a las fieras o crucifixión) la reservaban los romanos para los delitos de sedición contra el Estado (laesa maiestas populi romani), ésta fue la aplicada a Jesús. La dispersión y ocultamiento de sus seguidores, después de ser ejecutado por el procedimiento infamante, escenifica el fracaso; la cartela con la leyenda INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum), la naturaleza del delito. Durante los primeros siglos de existencia los cristianos utilizaron diversos símbolos, pero no la cruz, que seguía siendo vergonzante y los identificaba como sediciosos. Tales sucesos justifican y explican la expresión «Mi reino no es de este mundo», Juan 18, 33-37, y otros recursos de los evangelistas por dar a la misión de Cristo un signo espiritual, aunque no logren borrar los vestigios que revelan otras actitudes en las que es imposible deslindar lo religioso de lo político, por otra parte normales entre los judíos de la época. Habrá que concluir que Jesús fracasó en su plan, y sus seguidores, obligados a vivir bajo la autoridad romana, optaron por transformarlo en un proyecto espiritual –esa y otras cuestiones fundamentales fueron obra de Pablo–, lo que, con el tiempo, se convirtió en el elemento que permitió la laicidad de lo público sin romper el mensaje cristiano central: el Humanismo y la Ilustración utilizaron ese postigo.
En el 622 Mahoma abandonó La Meca (Hégira) forzado por los coraxíes que controlaban el culto de La Ka’aba y temían por su prevalencia. En Medina se hizo fuerte y fue asentando paulatinamente su dominio de la región, combinando la predicación y las operaciones militares, hasta que en 628 pudo atreverse contra los mequíes con éxito. Desde La Meca completó la dominación de toda Arabia. A su muerte, en 632, controlaba la península valiéndose de su carisma personal y acuerdos con las tribus, pero sin ninguna estructura de estado. Mahoma, que seguramente era analfabeto, no dejó ningún escrito y sus enseñanzas, retenidas mentalmente por los “memoriones” serían recopiladas y fijadas más tarde en El Corán bajo la autoridad de los califas sucesores, que al mismo tiempo construían el Estado islámico y expandían su dominio. Así se confundió la condición de ciudadano y de creyente, y el Corán y los hechos y dichos del profeta se convertían en fundamento de la ley. El éxito de Mahoma hizo impensable, lo sigue haciendo, la disociación de lo civil y de lo religioso.
También el Islam experimentó un Renacimiento en torno al siglo XI con una gran eclosión cultural basada asimismo en la recepción de la cultura clásica, pero que, sin embargo, no llegó a tener el efecto del Humanismo occidental, ni se vio confirmado y amplificado por un movimiento equivalente a la Ilustración. Así, el efecto esterilizador de la religión se impuso muy pronto y muy intensamente, generando la exclusión del orbe musulmán del ámbito de la ciencia y del progreso de la sociedad civil, hasta nuestros días.
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ILUSTRACIÓN: Mahoma y el arcángel Gabriel. Miniatura iraní del s.XV.
Sobre este blog
Tutti frutti
arcoComo presiento que no sabré centrarme en un tema y la mezcolanza de argumentos será la tónica de este blog, he buscado para él el nombre que me pareció más adecuado a esa circunstancia.
He pasado mi vida enseñando historia en algunos institutos y, ahora, ya casi me he convertido en historia yo mismo. Tratando de evitarlo he pensado hacerme notar publicando aquí cuanto se me ocurra, con la esperanza de que le interese a alguien.
Mi nombre es Arcadio y por hacerlo más breve y asequible lo he dejado en Arco, con ese alias firmo mis entradas.
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