20 Jun 2008

Disputas en el Ártico

Escrito por: arco el 20 Jun 2008 - URL Permanente

El Océano Glaciar Ártico, que veis en el mapa batimétrico, es el más pequeño de los océanos (14.100.000 km2) y además muy cerrado, sus límites están perfectamente definidos. En estos tiempos está de moda; el casquete de hielo polar que lo cubre, con un espesor de unos tres o cuatro metros, está en trance de desaparición: según estimaciones pueden haber desaparecido ya unos cuatro mil millones de toneladas de hielo; quizás lo esté haciendo a una velocidad de un 8% anual. El calentamiento del planeta, cualesquiera que sean las causas, hará que en una generación podamos navegar en verano por el mismísimo polo norte sin que nos estorben los hielos: la banquisa habrá desaparecido por lo menos en los meses estivales, como ocurre en el Antártico, sólo que allí está bordeando a una tierra continental.

Triste panorama que produce zozobra en cualquier espíritu sensible. Pero hay por ahí un cruel refrán que dice: no hay mal que por bien no venga. Más que lamentaciones por la catástrofe lo que se oye es el griterío de los que esperan sacar provecho de la nueva situación, ya que al retirarse los hielos dejan al descubierto un tesoro. Los países limítrofes han comenzado a disputar por la propiedad de los fondos marinos que parecen encerrar ingentes cantidades de hidrocarburos y minerales y por el control de las posibles rutas que quedarán expeditas inmediatamente y que tendrán un valor económico y estratégico incalculable.

La voz de alarma saltó cuando Rusia colocó una bandera de titanio, para evitar la corrosión marina, a 4.000 m de profundidad, en una expedición en la que se valió de batiscafos con los que extraía muestras del fondo marino que demostraran que era prolongación de la plataforma continental siberiana. La cuestión es que el derecho marítimo vigente reconoce la propiedad de los fondos hasta doscientas millas de la costa para la explotación económica, pero mucho más si se trata de la plataforma continental (Convención de la ONU sobre Derecho del Mar de 1982, que, por cierto, USA no ha ratificado aún).

La cuestión de las rutas no es menos conflictiva. Existen dos posibles: la del NO (en amarillo en el mapa) quedó practicable por primera vez en el verano pasado. El Canadá pretende su control, para lo que está construyendo un puerto y base militar en la isla de Baffin, a lo que se opone EE.UU. La ruta del NE todavía requiere el uso de rompehielos en algún tramo, como se ve en el mapa, y en su casi totalidad discurre por aguas rusas.

Existen otros muchos litigios de límites entre los países ribereños, que hasta ahora no han tenido trascendencia pero que a partir de este momento se pueden convertir en muy importantes. El mes pasado se reunieron en conferencia, aunque con la ausencia protestada de Suecia, Finlandia e Islandia, en Ilulissat, Groenlandia, sin que al parecer hayan llegado a mayor acuerdo que el de postergar las soluciones hasta la conferencia de la ONU sobre el tema, prevista para 2020. Ni que decir tiene que otros de los insatisfechos son los grupos ecologistas y las asociaciones de aborígenes.

No deja de ser irónico que la pérdida de los hielos, seguramente por el exceso de la quema de petróleo, de lugar a una mayor extracción y apertura de nuevas rutas que incrementarán su consumo.

14 Jun 2008

La lengua de las ministras

Escrito por: arco el 14 Jun 2008 - URL Permanente

Yan Huanyi viuda de un granjero chino que murió en 2004 a los 98 años de edad fue la última mujer que conocía el Nushu, escritura que sólo utilizaban mujeres en la provincia de Hunan y zonas del sur de China. Ignoro si hay casos parecidos en otros lugares, pero está claro que la situación social de las mujeres ha tenido que ver con el lenguaje. Éste es un caso extremo porque era extrema la opresión que sufrían las chinas de esa zona, separadas de sus familias cuando las casaban con un desconocido, con el cual habrían de convivir el resto de sus días, encerradas en la casa y sin que se les permitiera siquiera el conocimiento de la escritura. Naturalmente el nan shu (escritura de hombres), que no es sino el sistema ideográfico normal chino y que estaba vedado a las mujeres, no era el responsable de la opresión femenina sino uno de sus instrumentos. Cuando cambiaron las condiciones sociales el nushu desapareció.

La lengua es un instrumento de comunicación pero a veces la complejidad de la mente humana lo ha transmutado en útil herramienta de segregación, de aislamiento de incomunicación y confrontación. El mito bíblico de Babel hace referencia a esta función negativa. Por todas partes existen lenguas o jergas mantenidas o creadas para impedir que individuos ajenos al grupo accedan a información reservada a sus miembros. Convivimos a diario con la infame caligrafía de los médicos o la críptica expresión de los juristas, que son otros tantos medios para impedir el acceso de profanos a su mundo. Luego están las lenguas utilizadas como banderas o como armas por los nacionalistas de toda clase, porque constituyen el único elemento diferenciador a que agarrarse. Evidentemente la lengua es un arma social y política.

En la Inglaterra victoriana un aristócrata británico podía hablar en inglés durante horas sin que la gente del pueblo entendiera una palabra, bastaba con que usara vocablos y expresiones de origen latino, numerosísimas en su idioma pero fuera del alcance del pueblo inculto. La lucha de clases ha tenido siempre un reflejo en la lengua; pero, hubiera sido inútil intentar la igualdad social modificándola; y, sin embargo, intentos ha habido: en los primeros años de la revolución cubana se habló de simplificar la ortografía que se consideró un instrumento de los poderosos (cultos) para poner trabas y dificultades a los pobres que por su incultura no tenían acceso a sus secretos; sólo quedó en algunas cómicas invectivas.

La intervención de la miembra del Gobierno, Bibiana Aido, me ha recordado aquellos discursos de Castro contra la hache y el uso de la ce y la ese. El sentido común debe dictar aquí también acciones comedidas so pena de no obtener los resultados buscados o de caer en el ridículo. Si la lengua de la ministra evoluciona demasiado rápidamente de aquí a poco no la entenderemos. Charlot, en la película que citaba en mi post anterior, se incorporó a una manifestación y entusiasmado se colocó a su cabeza, pero tan ensimismado y ardoroso marchaba que acabó distanciándose de la cabecera. Cuando miró atrás no supo si dirigía la marcha o lo perseguían los manifestantes. Optó por echar a correr.

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Fuente de la imagen: http://elteacher.com/FEULE/espanol/imagenes/LogoCaal3.jpg

12 Jun 2008

Tiempos modernos.

Escrito por: arco el 12 Jun 2008 - URL Permanente

En 1886, el presidente de Estados Unidos Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las ocho horas de trabajo diarias. Parecía el final de una larga lucha de los trabajadores por limitar la jornada laboral estableciendo 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de sueño. Sin embargo la ley no se cumplió y la lucha continuó. En Chicago el 1 de mayo del mismo año comenzó una huelga que el día 4 desembocó en los trágicos sucesos de Haymarket. Cuando en 1889 se constituyo la Segunda Internacional Obrera en Bruselas, se fijo el 1 de mayo la fiesta del trabajo en recuerdo de los llamados mártires de Chicago y la reivindicación de la jornada de 8 horas como su reclamación básica. En 1919 se fundó la OIT en Ginebra; una de sus primeras decisiones fue establecer la jornada de 8 horas diarias y 48 semanales, que en la legislación de muchos países se había introducido ya unos años antes.

Los que se oponían a la reducción y regulación de la jornada alegaban en primer lugar la libertad de los mercados y el del trabajo no tenía por qué ser una excepción; en segundo lugar, que las empresas no soportarían la elevación de costes. El tiempo demostró que el capitalismo resistía la regulación del mercado de trabajo en esta y en otras cuestiones; por otra parte, el aumento de la productividad compensó con creces la reducción horaria.

Durante todo el s.XX nadie puso en cuestión la jornada. Poco a poco se fue generalizando y aunque nunca se aplicara sin excepciones parecía que la desaparición de las jornadas inhumanas era ya una conquista irreversible, como la erradicación del trabajo infantil y otras lacras de los primeros tiempos de la industrialización. Es más, la nueva revolución tecnológica, protagonizada por el chip, desde las últimas décadas del pasado siglo, y otros avances, parecían permitir nuevas alegrías en la jornada laboral. Francia la redujo a 35 horas semanales y todo hacía pensar que ese sería el camino en el futuro inmediato. No ha sido así.

El señor Vladimir Spidla, comisario de empleo y asuntos sociales de la UE, arropado por un coro en el que destacan Ángela Merkel, Nicolás Sarkozy y Silvio Berlusconi, ha sido el encargado de sacudirnos con una noticia, incomprensible para mentes no corrompidas con este engañabobos del neoliberalismo, consistente en retrotraernos cien años atrás. Son los argumentos los mismos que entonces, solo que aliñados con un toque de modernidad: “el paradigma de las ocho horas está obsoleto”, “las ocho horas son un corsé que la economía moderna no aguanta más”, “lo que hay es que fijar el salario por horas y que cada cual trabaje lo que le dé la gana”… De momento lo que ha hecho la UE es fijar el límite de la jornada en 60 horas semanales extensible a 65 en ciertos casos, ignorando olímpicamente más de cien años de lucha de los trabajadores y una de las conquistas sobre las que se basó el Estado de bienestar.

Estos son los “tiempos modernos”, pero aquellos que parodió Chaplin en su genial película.

10 Jun 2008

Reflexiones sobre la democracia (2). Laicismo.

Escrito por: arco el 10 Jun 2008 - URL Permanente

He aquí a María Auxiliadora, tal y como la imaginara Don Bosco. Ésta, y no otra, de la multitud de vírgenes que pueblan los municipios de este país, es la que se ha hecho con la alcaldía (no sé si perpetua u honoraria) de Morón de la Frontera. Un suceso entre freaky y casposo del tenor a que nos está acostumbrando la jerarquía y la feligresía católica en estos tiempos que empezábamos a imaginar modernos.

Hay ideas difíciles para algunas cabezas; nada más complicado que hacer comprender la necesidad democrática de la laicidad a muchos católicos y, sin embargo, el laicismo no es una opción institucional entre otras: es tan inseparable de la democracia como el sufragio universal [1].

En efecto, relaciono y resumo las tesis que definen un Estado democrático y, por ende, laico, extraídas de otro excelente ensayo de Savater[2]:1) los dogmas se transforman en creencias particulares, que han perdido su obligatoriedad pero ganado en seguridad, ya que la neutralidad del Estado protege a unas frente a otras; 2) las creencias religiosas son un derecho asumido libremente por los ciudadanos, no un deber que pueda imponerse a nadie; 3) las religiones pueden decretar qué actitudes o comportamientos son pecado, pero sobre los delitos y las penas sólo puede entender el Estado, y al revés, si un comportamiento es delito, lo será aunque la religión correspondiente no lo penalice, es la sociedad laica la que marca los límites de lo legal; 4) sólo lo verificable –aquello que sostiene la comunidad científica como tal– y lo civilmente establecido como válido para todos es lo que debe ser impartido en la escuela pública.

Vivir en un Estado laico significa que a nadie se le puede imponer una religión, pero también que a nadie se le puede impedir practicar la suya. Es en las sociedades que no reconocen el principio de laicidad donde no están garantizados los derechos de todos los creyentes, salvo de los que son mayoría o detentan el poder.

A los grandes principios expuestos unas líneas más arriba se opone una realidad con mil y una pequeñas, o no tan pequeñas, violaciones de esas máximas: acciones como la de la corporación de Morón, los símbolos religiosos en actos oficiales y centros institucionales del Estado, las ceremonias religiosas como actos solemnes de las instituciones, la exhibición de la fe religiosa del Jefe del Estado y su familia en actos oficiales, la enseñanza de la religión en la escuela pública o concertada, el trato fiscal preferente de la Iglesia Católica, la existencia del Concordato, la mención que en la Constitución se hace del catolicismo. Todo ello constituyen anomalías –por ser generoso con las palabras– en un Estado democrático.

Muchas de estas situaciones pueden parecernos, sobre todo si las contemplamos aisladamente, intrascendentes; pero su número y su contumacia, desafiando años de discurrir democrático deberían ponernos en guardia sobre la intención de quienes las sostienen, que parecen querer poner a prueba la tolerancia de los demás, justamente de los que, en otros tiempos, sufrieron su absoluta intolerancia




[1] F.Savater. Diccionario del ciudadano sin miedo a saber. Ariel 2007.

[2] La vida eterna. Ariel. 2007.


05 Jun 2008

Reflexiones sobre la democracia (1). Orígenes.

Escrito por: arco el 05 Jun 2008 - URL Permanente

Si preguntamos a cualquiera por cuál cree que es el origen de la democracia es muy probable que nos hable de Grecia, de las ciudades estado (πολείς) y concretamente de la Atenas del siglo V a. C. Sin embargo, las diferencias entre las democracias actuales y la ateniense son sustanciales, aparte de que no se ve un hilo conductor que nos relacione, a lo largo de los 25 siglos de distancia, a la una con las otras.

Formalmente hay tres diferencias importantes: la democracia griega era directa, no conocía el principio de representación inevitable en nuestros estados de millones de ciudadanos; además desconocían los derechos humanos, cuestión decisiva que eleva sobre cualquier otra experiencia política a las democracias de hoy; por último, los ciudadanos atenienses con derechos políticos eran una minoría (¿10%?) una vez excluidas las mujeres, los esclavos[1] y los metecos (población originaria de otras ciudades).

Sabemos que la palabra democracia viene de «demos» (pueblo) y «kratós» (poder), pero el vocablo «demos» era ya en el siglo V a. de C. un neologismo formado por la fusión de las palabras «demiurgos» (artesano) y «geomoros» (campesino), lo que nos pone sobre la pista de que fue el dominio y la alianza de artesanos y campesinos (pequeños propietarios) lo que forzó la democracia. No voy a entrar aquí en cómo lograron tal hegemonía; lo cierto es que cuando las relaciones de trabajo y las formas sociales propias de las ciudades-estado esclavistas desaparecen, se volatilizan con ellas sus logros “democráticos”.

Con la pértiga que usamos los historiadores para estos menesteres, damos un salto de vértigo y nos situamos a finales del XVIII. La revolución liberal burguesa, que llevaría al terreno político el ascenso social y ecocómico de la burguesía en detrimento de la nobleza, impuso el predominio del individuo y el principio de ciudadanía, puestos de manifiesto en las declaraciones de derechos y con la división de poderes; pero reservó el ejercicio efectivo del poder para una aristocracia, más o menos amplia, en la que entraba la antigua nobleza y la nueva burguesía, excluyendo a las clases inferiores, las más numerosas, mediante el uso del sufragio restringido[2]. El liberalismo renegaba de la democracia. La palabra misma tenía unas connotaciones claramente peyorativas para los liberales, los revolucionarios de entonces.

Hay que esperar a 1838 para que se materialicen las primeras reclamaciones incuestionablemente democráticas (sufragio universal: el principio de un hombre un voto; ni se hablaba aún de la mujer). ¿Quién lo protagoniza? El movimiento obrero; son los trabajadores británicos los primeros que sentirán la necesidad de la participación política en igualdad de condiciones para todos; más concretamente el Movimiento Cartista[3], llamado así por la «Carta del Pueblo»[4] que se redactó para una marcha de obreros, con la finalidad de ser entregada al Parlamento de Londres como una petición.

Conclusión: la democracia que conocemos tiene su origen en la lucha de clases del XIX y, más concretamente, en el movimiento obrero, hijo no deseado de la revolución burguesa, que, a su vez, no es sino la manifestación social y política de una revolución tecnológica –revolución industrial– y económica –libre mercado– que asentó las relaciones de trabajo sobre nuevas bases. Nada que ver con la democracia griega, producto de otra formación social, propia de su tiempo.




[1] En algunas épocas y ciudades la población esclava superaba el 50% del total. La mayor parte del trabajo manual era ejercido por ellos; se puede decir que la mano de obra era esclava.

[2] Con el sufragio restringido se limitaba el derecho de voto a los propietarios.

[3] El movimiento estuvo activo de 1838 a 1858.

[4] Los 6 puntos de la petición eran:

- Sufragio universal masculino, de los mayores de 21años.

- Circunscripciones electorales de igual tamaño.

- Votación mediante sufragio secreto.

- Supresión del requisito de ser propietario para ser miembro del Parlamento.

- Remuneración para los parlamentarios.

- Elecciones anuales.


22 May 2008

Partitocracia

Escrito por: arco el 22 May 2008 - URL Permanente

La experiencia nos enseña cada día mucho más que cualquier construcción teórica, por minuciosa que sea o bien elaborada que esté. Con razón, probablemente, nos hemos venido quejando, especialmente en tiempo de elecciones, del poder de los partidos, del autoritarismo de sus líderes, hasta el punto de denominar partitocracia al sistema. Las listas cerradas, la disciplina estricta exigida a los parlamentarios por su grupo –ahí está la apertura de expediente al diputado socialista que se atrevió a disentir en la sesión del otro día–, las aportaciones estatales para su financiación, la deriva hacia el bipartidismo. Hay infinidad de elementos que contribuyen a crear la sensación de que el sistema se ahoga bajo la dictadura de los partidos. Los ciudadanos tenemos con frecuencia la impresión de que no nos representan, porque no acabamos de encontrar en sus programas lo que nos gustaría hallar, porque incumplen lo prometido y nos vemos inermes ante la situación; las llamadas a la participación se nos antoja pura manipulación, un simple engañabobos, para que ellos, los partidos, puedan seguir dictando su ley. O eso nos parece.

En mi opinión, si la sociedad no contiene elementos de corrupción en su seno, y las formas politicas son homologables a un régimen democrático estándar, cualquier sistema acabará creando sus mecanismos de compensación y una dialéctica interna que permitirá un funcionamiento dentro de lo deseable, siempre, repito, que la salud social se mantenga y el sistema político sea capaz de adaptarse a los cambios que impone el devenir histórico. Hay estados que han funcionado con escrupolosidad democrática durante muchos decenios con diseños políticos anticuados y en cambio otros estan en permanente crisis aunque ensayen las más modernas formas democráticas. El secreto está más en la sociedad que en el dibujo político.

La robustez del PP desde el triunfo en las elecciones del 96 no ha hecho más que aumentar hasta marzo del 2008. La solidez y coherencia interna del partido, la disciplina de sus miembros y diputados, la implantación social, sus relaciones con medios de comunicación y lobbys –victimas del terrorismo, obispos…– ha sido envidiada por los demás partidos, porque eran una demostración de fuerza y una garantía de permanencia. Parecía que junto con el PSOE y alternándose con él cuando fuera menester, seguiría dictando su ley; pero la segunda derrota electoral en marzo ha desatado una tormenta en su interior. La situación ha cambiado radicalmente; el partido, ante la derrota, busca una nueva línea que conecte mejor con el electorado y por ello se debate en una crisis, cuyo final no es posible prever ahora, pero que, sea el que sea, es saludable y necesaria porque acabará ajustando las posiciones, no sólo del PP, sino también de los demás. La aparente solidez y la soberbia del partido no han aguantado dos embestidas.

¿Quién o qué ha causado esta agitación, estas convulsiones que acabarán produciendo cambios, quizá profundos? Yo sólo atisbo una contestación posible: los ciudadanos con el ejercicio de su voto. La partitocracia no es más que una hipérbole con la que mostramos un difuso descontento, que sin dejar de ser benéfico, necesita de mayor concreción; y los votantes, ejerciendo de tales, muestran más poder del que les imaginamos.

15 May 2008

Bolivia

Escrito por: arco el 15 May 2008 - URL Permanente

Dice una antigua máxima, inmortalizada por Goya en uno de sus grabados: aquellos polvos trajeron estos lodos. Nada parece más cierto si lo aplicamos a la situación actual de Bolivia. Recientemente la provincia de Santa Cruz ha celebrado un referéndum, en contra de las disposiciones legales vigentes, reclamando su autonomía. La fiebre autonómica parece que se extiende por la media luna oriental que va de Pando a Tarija pasando por Beni y por supuesto Santa Cruz. Esto lo conocemos todos por las noticias de prensa de estas últimas semanas, pero ha quedado un poco menos visible que en Santa Cruz están los pozos del petróleo boliviano y en Tarija el gas, que son las provincias de mayor renta y con mejor futuro económico y que en esa media luna la población blanca, de origen europeo es mayoritaria.

El Alto, que dicen los bolivianos, la meseta andina, elevadísima, fría e inhóspita fue en otro tiempo el eje económico del país por su riqueza minera, hoy en declive o agotada. Es el territorio poblado con mayor densidad por la población indígena –que en el conjunto del país puede suponer los 2/3 del total–.

Desde el triunfo de Evo Morales la tensión social y política entre la población blanca, criolla (recientemente autodenominada nación camba) y la indígena (nación aymara) ha crecido considerablemente y está adoptando formas de enfrentamiento territorial por la concentración de los criollos en oriente y el anuncio de una reforma agraria que amenaza su predominio económico en la zona, como ocurrió a mediados del XX en el altiplano cuando recibieron en compensación grandes latifundios en la Amazonía (oriente).

El problema hunde sus raíces en el pasado colonial. La actual Bolivia formó parte del Virreinato del Perú, pieza fundamental en el imperio español por su inmensa riqueza en oro, plata y otros metales –Jauja o Potosí han quedado en la lengua y en el imaginario de los españoles como símbolos de riqueza sin igual–. Pero la explotación de ese tesoro generó una también inmensa miseria. La reducción de los indios a los que se sometió a trabajos forzados, mita, su colocación casi en régimen de vasallaje bajo los colonos españoles por el sistema de encomiendas y repartimientos, consolido una sociedad de castas en la que los indígenas formaron el último escalón y los colonos españoles y después criollos el primero.

Si los colonizadores hubieran sido aglosajones es muy probable que la población india hubiera desaparecido, como ocurrió en América del Norte, porque a esos colonos, imbuidos de la moderna ética protestante del trabajo y el esfuerzo personal, los indios les estorbaban. Los españoles, en cambio, con la mentalidad más antigua del conquistador, buscaban la riqueza no por el trabajo sino por el esfuerzo de las armas; con un ideal aristocrático, necesitaban que alguien trabajara por y para ellos, necesitaban a los indios. No sé que es peor, pero lo que ocurrió fue esto último y la población indígena perduró, pero en un estado de abatimiento total.

En el XVIII hubo algunas revueltas indígenas, como las de Tupac Amaru y Tupac Catari, que terminaron con el ajusticiamiento brutal de sus protagonistas y el exterminio de todos los indios que sabían leer y escribir. La administración española tenía clara la estimable ayuda de la ignorancia. Así, cuando se produce la independencia sus protagonistas fueron los criollos, Bolívar redactó la primera constitución (1825) sin haber pisado siquiera el territorio. La construcción del estado nación boliviano fue cosa de los criollos, los indios quedaron desplazados y para nada se les tuvo en cuenta, a pesar de que constituían la inmensa mayoría de la población. A lo largo del XIX y el XX la historia de las relaciones entre la población minoritaria blanca y la mayoritaria indígena es la de dominadores y dominados. La miseria, la ignorancia y la marginación han permitido una cierta pasividad indígena, rota en algunos momentos por explosiones de indignación y cólera. Hoy la toma de conciencia y el orgullo recuperado por el triunfo de Evo Morales ha provocado una reacción en la que los intereses del capital internacional –España tiene mucho que ver ahí– y los de la población de origen europeo parecen coincidir y amenazar la estabilidad y la integridad de Bolivia. No olvidemos que el referéndum se ha hecho al margen de la ley y que algunos extremistas han apuntado la idea de que Santa Cruz sea anexionada por Brasil y Tarija por Argentina.

Y es que aquellos polvos trajeron estos lodos.

Yo, como gesto de simpatía y solidaridad coloco aquí la Wiphala (estandarte) que usara Túpac Catari en 1781.

30 Abr 2008

La amenaza china

Escrito por: arco el 30 Abr 2008 - URL Permanente

China es el país más poblado del Planeta[i], es cierto, pero hasta hace muy poco ha permanecido aislado, manteniendo contactos sólo puntuales con el resto del mundo; sin embargo, desde Occidente ha sido, sigue siendo, percibido como una gran amenaza. En realidad fue a partir de la guerra de Corea cuando la propaganda USA difundió la idea de un peligro chino para el mundo. Hoy se ha trasladado esa superchería de lo militar a lo económico: se nos está queriendo hacer ver que la elevación del nivel de vida de los chinos pone en riesgo un pretendido y fantasioso equilibrio económico mundial.

La historia milenaria de China no registra una voluntad agresiva respecto a sus vecinos que pudiera sostener en algún momento una política expansionista, sino más bien una casi permanente voluntad de aislamiento frente a agresiones frecuentes provenientes del exterior. Parece un sarcasmo que en Occidente califiquemos a otras civilizaciones de expansionistas. Desde la implantación del capitalismo la historia del Mundo ha sido la historia de la expansión Europea y luego occidental: primero América, después África y Asia; ningún rincón del Planeta ha estado a cubierto de sus soldados –sometiendo por la fuerza–, sus misioneros –agentes de aculturación– y sus comerciantes –destructores de la cohesión de las sociedades indígenas–. Ningunas otras civilizaciónes han dado muestras de mayor agresividad que la occidental y las que se le asimilaron, como el Japón. Los chinos son personas con las mismas características que las demás, ni más bondadosos ni más malvados, pero por las circunstancias que fueren no se dotaron, a lo largo de su historia, de una estructura económica y social que requiriera el expansionismo para su sostenimiento, como sí ocurrió en Occidente.

Un siglo antes de que en Europa eclosionara la fiebre de los descubrimientos geográficos, China exploró, con navíos técnicamente más avanzados que los de occidente, todo el océano Índico y las costas de Arabia y África hasta por lo menos Mozambique –son los viajes de exploración del almirante Zheng-He–, algunos aseguran que hasta América. Sin embargo la dinastía Ming, responsable de esos viajes, no parecía estar interesada ni en la conquista ni en la explotación de las tierras visitadas. Con el cambio de emperador el proyecto fue abandonado e incluso destruida la flota. Es el único momento en que China parece interesarse por el mundo exterior para algo que no sea la defensa. Antes habían construido la Gran Muralla para frenar a los pueblos del norte (Mongolia y Manchuria); después soportaron la presión occidental que les obligó a abrir puertos (Shangai) y ceder plazas (Cantón, Hong Kong ) y luchar hasta para defender la salud de su pueblo –en las Guerras del Opio Gran Bretaña y Francia impusieron por la fuerza la legalización del contrabando de la droga que introducían desde sus colonias (Indochina) comerciantes de ambos países–. A la vez sufría por el norte la presión de Rusia y más tarde por el Este la de Japón que se materializó en una terrible invasión (1894), repetida en 1937. No, China no ha sido una amenaza, todos han sido una amenaza para China.

El espantajo del peligro económico por el incremento de su consumo interno es tan estúpido, tan cínico y tan injusto como lo anterior. Los países desarrollados que son 1/5 de la población mundial, consumen el 60% de la energía; cifras semejantes, que no expongo por no hacer esto demasiado farragoso, se dan en el consumo de materias primas de todo tipo; en la alimentación todos sabemos que el problema de Occidente es la obesidad. Lo que hoy existe es un tremendo desequilibrio a nuestro favor que mantiene en la pobreza a 2/3 de la población del mundo. Es indecente y obsceno insinuar siquiera que el aumento del consumo en China está amenazando con el hambre a los más pobres, cuando en los países ricos se da la situación descrita y, además, sigue aumentando el consumo.

Hace tiempo que hemos confundido nuestro ombligo con el mundo.




[i] 1.300.000.000 h.


25 Abr 2008

La sorpresa de Mondragón

Escrito por: arco el 25 Abr 2008 - URL Permanente

El asunto de Mondragón se ha convertido en un escándalo, tanto por el resultado final, incomprensible para tantos ciudadanos, como por el guirigay periodístico, solo comparable con el político, que ni siquiera se pone de acuerdo a la hora de contar los votos, no digamos en su valoración. La cosa quedó así:

Votos a favor de la moción: 8 (PSE y PNV)

Votos en contra: 9 (ANV, Zutik y Aralar)

Abstenciones: 4 (EB Berdeak, EA y PP).

Queda claro que de las 4 abstenciones sólo dos correspondían a EB, y aún hay que contar los votos en contra de Zutik y Aralar, excluyendo naturalmente a los de ANV. Da sin embargo la impresión leyendo la prensa de que si la moción ha sido rechazada se debe a Ezker Batua en exclusiva. Es de justicia señalar que hay otras cuatro formaciones que comparten la responsabilidad: tres de ellas nacionalistas, se podría comprender; la otra el PP, incomprensible. Esto me sugiere tres reflexiones:

1. La moción ha sido mal presentada, de modo que tanto los abstencionistas como los oponentes han encontrado argumentos para oponerse a ella mientras alardeaban de estar en contra de los que no condenan la violencia etarra. Tanto al PSE como al PNV, especialmente al primero, habría que calificarlos de irresponsables y chapuceros. El asunto es suficientemente grave como para cuidarse de que queden bien atados todos los cabos.

2. El PP no tiene vergüenza. Confieso que esta segunda reflexión me costó poco esfuerzo y no requiere tampoco explicación alguna.

3. Los compañeros de EB adolecen de una empanada mental que comparten con toda la izquierda abertzale. Por muchas piruetas dialécticas que quieran dar, el nacionalismo no es compatible con mensajes de liberación de clase más que en casos de explotación colonial, modelo imposible de aplicar a la comunidad más rica y con más autonomía de hecho y de derecho del Estado español. Han sido abducidos por una ideología burguesa con caracteres mesiánicos y míticos, aliñada con resabios racistas y fraguada en ámbitos clericales, que es a la izquierda lo que la velocidad al tocino. Harían bien en someter a análisis crítico la gestación de sus argumentos, que tiene más que ver con la justificación de un sentimiento espurio (nacionalismo) que con la expresión lógica y la exposición revolucionaria de un proceso de liberación auténtico. Están enmascarando con una jerga pretendidamente revolucionaria y marxista a una lucha profundamente reaccionaria por lo que tiene de insolidaria y racista y que hunde sus raíces en el oscurantismo clerical decimonónico, que asoló culturalmente esas tierras.

La mayor parte de los que nos sentimos de izquierdas hemos simpatizado durante años con el sentimiento de opresión cultural que la comunidad vasca o catalana han sufrido durante décadas y especialmente durante el franquismo, razón por la cual hemos visto con esperanza el renacimiento de sus lenguas y la configuración de las autonomías políticas. Pero en los demás ámbitos todos hemos soportado por igual la injusta opresión de la dictadura y, las regiones más pobres, que no eran ni Cataluña ni el País Vasco, la esquilmación de sus recursos naturales y humanos (aquí sí que podría hablarse de explotación colonial). En la actualidad la persistencia del discurso del agravio y el constante presentar los estigmas del martirio, sólo producen hartazgo, sorpresa e irritación. No estamos ya para más vainas.

Cuando escribía lo anterior me entero de que en Hernani ha fracasado una moción idéntica, ahora sí con el voto favorable del PP, pero con el contrario de Ezker Batúa. Este nuevo episodio me ratifica en mis argumentos anteriores.

22 Abr 2008

La esperanza en Paraguay

Escrito por: arco el 22 Abr 2008 - URL Permanente

Ayer recibimos la noticia del triunfo de Fernando Lugo, ex obispo católico, en las elecciones del Paraguay. No dio lugar a grandes titulares, Paraguay es, desde España, un pequeño, lejano y exótico país latinoamericano del que tenemos en general escaso conocimiento, apenas si la hegemonía, ya superaba los 60 años, del Partido Colorado (conservador y nacionalista), que ha sido la plataforma de poder de algún dictador casi eterno –de la eternidad de los dictadores sabemos aquí tanto como el que más–, Alfredo Stroessner. De producirse democráticamente el relevo, como parece, será un acontecimiento histórico para el país. También para toda América Latina porque se completa así el triunfo de la izquierda en otro estado del subcontinente –Colombia es el único con gobierno conservador en este momento–.

El acceso al poder de la izquierda por vía democrática es motivo de satisfacción y esperanza. Sin embargo siempre hay algún pero, algún dato inquietante. La política latinoamericana está marcada por el populismo y el caudillismo desde sus orígenes y la izquierda no se ha liberado de ese lastre, antes bien lo ha reforzado en muchos aspectos. El poder ha recaído en hombres que se presentan como providenciales, en hombres que pretenden ser los nuevos libertadores del pueblo, oprimido por las redes legales que las oligarquías tendieron durante dos siglos de hegemonía social y política. Chávez, Correa, Evo Morales…han recurrido a la reforma constitucional en un intento de darse más tiempo para aplicar las reformas y porque ellos mismos se consideran imprescindibles. Ha preguntado la prensa al electo Lugo si piensa hacer lo mismo y ha callado. Mal presagio.

El viejo debate sobre si es preferible el gobierno de los mejores hombres o el de las mejores leyes hace tiempo que está resuelto a favor de la última opción. El gobierno de los “hombres virtuosos” acaba indefectiblemente en el gobierno de una camarilla que al final ejercerá el poder en su propio beneficio. En la Atenas democrática, los hombres que conseguían un excesivo prestigio por su “virtud” eran sometidos al juicio de la asamblea popular que con frecuencia los condenaba al “ostracismo”[1], el exilio. El peligro de que usaran de su predicamento para hacerse con el poder y perpetuarse en él era suficiente; el recuerdo de las tiranías –equiparables a las dictaduras modernas, salvando las distancias– que habían precedido a la democracia les impulsaba a esta actitud extrema. No es mala la lección si se adapta a los tiempos modernos.

Ojalá que Paraguay logre el relevo pacíficamente; ojalá que Lugo no se sienta imprescindible; ojalá que nadie se imponga sobre la ley.




[1] De ostrakon nombre que recibían los fragmentos de cerámica con los que se votaba.


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