21 Nov 2009

Esclavos

Escrito por: arco el 21 Nov 2009 - URL Permanente

Los romanos usaron la palabra servus, de la que procede siervo y sus derivados; esclavo viene de eslavo, utilizado por los griegos de Bizancio – denominación étnica que acabó por significar la condición jurídica por su abundancia– y de ahí pasó al latín tardío y al árabe. En todo el mundo antiguo la esclavitud fue habitual, incluso llegó a constituir en Grecia y en Roma la base del sistema económico. A partir del siglo III se fue degradando el modo de producción esclavista hasta desembocar en el sistema de servidumbre: los esclavos por un lado y los campesinos libres por otro se habían convertido en colonos, siervos, que quedaron sujetos a la tierra, una forma mitigada de esclavitud. La expansión colonial desde el XVI resucitó con fuerza inusitada esta vergonzante institución, a la vez que desaparecía la servidumbre, hasta que la Ilustración y la formulación de los derechos humanos lo minaron ideológicamente, mientras el capitalismo industrial lo dejaba sin sentido económico. En el XIX quedó fuera de la ley en todo el mundo occidental; hoy sólo se mantiene legalmente en Mauritania.

Pero la esclavitud tiene unas fronteras difusas que han habitado millones de personas: siervos, indígenas bajo el régimen colonial, muchas mujeres, niños obreros o soldados, presidiarios con trabajos forzados, minorías de todo tipo, cautivos… Se puede asegurar que históricamente la mayor parte de la población del mundo ha vivido en situación de esclavitud o semiesclavitud, lo que no dice mucho a favor de la humanidad. Afortunadamente la evolución económica la dejó sin sentido utilitario y la expansión del concepto de ciudadanía la convirtió en despreciable. Tanto las iglesias cristianas como los mulah o ulemas islámicos suelen alardear de haber sido los primeros en la condena de la esclavitud. Nada más falso.

En la Biblia la esclavitud no sólo se presenta como algo natural, sino que en ocasiones Jehová incita a los judíos a masacrar y esclavizar a pueblos enteros. Jesús parece no verla, no pronuncia una sola palabra sobre ella; Pablo, si bien declara que todos somos hijos de Dios, exhorta repetidamente en sus cartas a los esclavos a que acepten su condición, sean sus amos cristianos o paganos, y vean en sus dueños al Señor. Los Padres de la Iglesia hablan de la esclavitud en diversas ocasiones y con varios motivos, pero ninguno se pronuncia en contra. En la Hispania visigoda los concilios de Toledo legislan sobre ella, pero no precisamente para prohibirla o limitarla, en uno de ellos decretaron la esclavización de todos los judíos. No conozco ningún documento de la Iglesia hasta el S. XIX –en que las autoridades civiles la prohíben– que la condene, ni anatematice o repruebe a los que comercian con ella o tienen esclavos. De hecho los monasterios fueron propietarios de esclavos y también los papas y las altas jerarquías de la Iglesia. En América el debate sobre si los indios podían ser sometidos o no a esclavitud se resolvió porque la Corona los consideró súbditos y, por tanto, sometidos a su protección; así y todo, el sistema de encomiendas y la mita fueron instituciones esclavizadoras –fray B. de las Casas, pretendía defender a los indios sugiriendo la importación de esclavos negros–. Por ninguna parte hay trazas de una oposición de la Iglesia, que, en su abyecta exaltación del sufrimiento y la mansedumbre, no encuentra motivos para su condena.

El Islam no sale mejor parado. Alguna frase en el Corán que puede interpretarse favorablemente es desmentida en seguida de palabra y de obra. La institución de la poligamia se convirtió en la excusa para la esclavitud sexual de las mujeres. Ninguna otra cultura ha degradado a la mujer de forma más profunda y generalizada que la islámica, aunque la bobaliconería occidental le haya quitado hierro cubriéndola de literario y romántico exotismo –los califas de la época clásica sostenían harenes de miles de mujeres, todavía visibles hoy (es un decir) en Arabia–. Los musulmanes utilizaron esclavos hasta en la administración y el ejército con lo que mantenían al Estado alejado de los súbditos a los que controlaban despóticamente, como ocurría con los jenízaros turcos capturados de niños entre los cristianos para educarlos como un cuerpo militar de élite. Fueron mercaderes musulmanes los que con un rosario en una mano y el látigo en la otra abastecieron los puertos del índico y del mediterráneo de mercadería humana.

En este asunto de la esclavitud la moral laica, la ética ciudadana, se ha mostrado muy superior a la religiosa.

31 Oct 2009

La Santa Muerte

Escrito por: arco el 31 Oct 2009 - URL Permanente

No, ésta no es una representación de la Santa Muerte, es la Catrina, una suerte de versión laica de la anterior, pero me sedujo la elegancia y la belleza de su porte, y no resistí la tentación de pedirle que iluminara mi post con su prestancia.

En vísperas del día de difuntos me entero de que los mexicanos, dando un paso más en la fantástica familiaridad con que conviven con la muerte, están desarrollando de modo imparable el culto a la Santa Muerte.

Argumentaba Epicuro que no había que temer a la muerte porque cuando estamos nosotros no está ella y cuando ella está ya no estamos nosotros. Un ingenioso argumento que no sé a cuantos convencerá; sin embargo los mejicanos optaron por confraternizar con ella, la han incorporado a su círculo familiar, intiman con ella y, de este modo, han sustituido el miedo por la confianza.

La Huesitos, La Flaquita, La Niña Blanca, La Santita, son varios de los apelativos dulces y cariñosos con los que se la denomina; a veces también como La Pinche Calaca, más áspero. Se la representa como a las vírgenes en los altares católicos y como las monjas amortajadas, coronada de flores, aunque con los atributos propios de la muerte, la guadaña o el reloj de arena. Como a los santos y a las vírgenes se le piden favores, pero como en las operaciones de brujería puede conquistar a una persona o cuidar un amor. En El blog de la muerte (puroshuesos.blogspot.com) he leído esta plegaria de una devota: MI FLAQITA LINDA SABES QUE TE AMO Y TE AGRADESCO TODO LO QUE HACES POR MITE PIDO ALEJES A VERONICA MARIN SANCHES DE LA VIDA DE MI ESPOSO NO PERMITAS QUE ELLA SE ASERQUE MAS A EL TU SABES CUANTO LO AMO TE QUIERO MUCHO FLAQUITA (Lo he transcrito tal cual lo encontré).

Andan los antropólogos atareados buscando explicaciones: que si es un culto propio de los momentos de crisis (al parecer la pérdida de fe en el mercado dispara la fe en el Más Allá), que si es un culto sincrético que funde la tradición indígena del dios de la muerte Mictlanteuchtli (que puedo escribir pero no pronunciar) con cultos y tradiciones católicos… Lo cierto es que en el barrio mexicano de Tepito salió a luz el culto al construirse una ermita para una imagen que aportó una devota en 1997; desde entonces afloraron otras muchas y el culto se ha extendido a pesar de la hostilidad de la Iglesia Católica que la considera una herejía y de la Evangélica, incluso de las autoridades mexicanas, lo que ha provocado alguna reacción popular.

Me divertí husmeando en algunas de las más de cuatro millones de entradas que ofrece Google sobre La Santa Muerte especialmente el blog arriba enlazado, el artículo del Universal de México El culto a la Santa Muerte y el post de Sheridam Revive la Santa Muerte en Letras Libres.

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IMAGEN: escultura de Dominik en Páztcuaro, México.

05 Oct 2009

Locura y religión

Escrito por: arco el 05 Oct 2009 - URL Permanente

Recuerdo haber leído en mi infancia una biografía de Juana de Arco. Todavía conservo nítida en mi memoria la imagen de una de las ilustraciones del libro en la que Juana desenmascaraba ante la corte francesa la burla que intentaron infligirle presentándola ante un cortesano que suplantaba la personalidad del futuro Carlos VII: “¡Oh, no! Vos no sois el Delfín”, rezaba el pie del dibujo, como expresión indignada de la Doncella de Orleans. Éste y otros sucesos milagrosos, especialmente voces de santos que le indicaban lo que había de hacer marcaron su trágica epopeya. Unos la tomaron por santa y la siguieron ciegamente, otros la consideraron bruja, instrumento del demonio, y acabaron enviándola a la hoguera; posteriormente, por las especiales circunstancias del suceso se convirtió en un símbolo patriótico para los franceses. Hoy, cualquier persona informada de los entresijos de la mente no dudaría en considerarla un caso claro de esquizofrenia.

La historia de las religiones ha aportado una ingente cantidad de dementes, individuos con taras psíquicas, que han influido decisivamente en ellas, si es que no han sido sus propios creadores. Una lectura de la Biblia nos conduce a la inevitable conclusión de que la totalidad de los profetas mayores hubieran pasado por el manicomio, de ser otros los tiempos. Pablo de Tarso, auténtico formulador del cristianismo como hoy lo conocemos, descubrió a Cristo camino de Damasco como consecuencia de una crisis histérica, con alteraciones sensoriales (pérdida temporal de la vista) incluidas; un caso de libro, que diría un psiquiatra. Nos han quedado testimonios reveladores de la sintomatología que sufría Mahoma cada vez que era objeto de revelaciones por la intermediación del arcángel Gabriel, lo que no deja muchas dudas para un diagnóstico objetivo, al margen de la fe. La lista que podríamos construir con unas y otras religiones podría ser interminable y demoledora.

Hoy la pérdida de protagonismo de las iglesias y los credos ha desviado la atención de los que sufren esas alteraciones hacía otros ámbitos: ocultismo, esoterismo, adivinación, videncia, extraterrestres, etc. Por eso, quizá, tenemos la sensación de que son cosas del pasado, aunque a diario estemos sometidos todavía a la influencia de lo que engendraron aquellas mentes en tiempos pasados.

La ignorancia sobre las enfermedades mentales explica que en la antigüedad se considerara que los alienados estaban en relación con la divinidad o las fuerzas demoníacas, que individuos alucinados, presas de las más variadas alteraciones psicóticas, y precisamente por ello, hayan sido elevados a los altares, recibido la veneración y el culto de sus seguidores y se hayan considerado guías de la humanidad. En nuestro tiempo carece de toda lógica que sigamos callando sobre estas evidencias, haciendo el juego al oscurantismo y la superstición, con el silencio de los que saben. ¿O es que los expertos dejan de serlo cuando se interpone la fe?

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Juana de Arco, miniatura entre 1450 y 1500.

21 Sep 2009

Religión y psicoanálisis

Escrito por: arco el 21 Sep 2009 - URL Permanente

Para los que la fe religiosa no nos dice nada, para los que ni siquiera decimos aquello tan vacuo y tan manido, “hombre, algo tiene que haber”, la persistencia del fenómeno religioso en el tiempo, su capacidad para perdurar por encima de cualquier circunstancia, su universalidad, tiene algo de misterioso. Por supuesto que no basta para convertirlo en una prueba de la existencia divina, como hacen muchos creyentes, pero sí que es un problema que reclama solución y que, al menos, frena con frecuencia la dialéctica de ateos y agnósticos.

Durante el siglo XX han proliferado los Estados laicos al ritmo que crecía el número de las democracias; incluso desde 1917 ha existido un grupo, que se definían como estados ateos, en los que la práctica religiosa sólo era tolerada; en ellos la religión desapareció de las escuelas y se ejercieron acciones positivas para erradicarla de las mentes de los ciudadanos y de los hábitos sociales. Por otra parte el progreso de la ciencia ha ido dejando sin sentido las cosmogonías religiosas y los mitos sobre el origen del hombre y su singularidad en la naturaleza. Además las condiciones de la vida moderna han trastocado en muy poco tiempo una buena parte del aparato ético de casi todos los credos convirtiéndolo en anacrónico. Cabría esperar ante esta acumulación de obstáculos un drástico retroceso de las creencias religiosas; pero eso no ha ocurrido. En los países que se proclamaron ateos las iglesias han recuperado en un santiamén (nunca mejor dicho) su antigua pujanza, demostrando que dos generaciones de bombardeo racionalista servía para lo mismo que aquellas bombas con las que las gaditanas se hacían tirabuzones. El más sensato laicismo y el progreso y difusión de la ciencia apenas si han logrado una cierta templanza y leve retroceso de las creencias. El trastorno de las costumbres ha tenido mayor efecto, pero, sobre todo, en el terreno de la militancia en las iglesias, que han perdido prestigio y capacidad de liderazgo, pero nada más. De África, del Oriente Próximo y del Asia islamizada mejor no hablar: allí la religión, convertida en bandera antioccidental, está en auge. ¿Por qué la racionalidad tiene tan poco efecto sobre las conciencias?

De las explicaciones múltiples que se han dado del fenómeno religioso a lo largo de la historia existe una que, me parece a mí, pone el dedo en la llaga y de ella se puede extraer una argumentación que desmonta el misterio.

Freud utiliza el psicoanálisis para dar una explicación coherente de la experiencia religiosa: en Totem y tabú y en Moisés y la religión monoteísta, desgrana una argumentación lúcida y atrayente en la que reduce el sentimiento religioso a la condición de una neurosis colectiva: “los fenómenos religiosos sólo pueden ser concebidos de acuerdo con la pauta que nos ofrecen los ya conocidos síntomas neuróticos individuales; que son reproducciones de trascendentes, pero hace tiempo olvidados sucesos prehistóricos de la familia humana; que su carácter obsesivo obedece precisamente a ese origen; que, por consiguiente, actúan sobre los seres humanos gracias a la verdad histórica que contienen”. En una muy conocida y genial fórmula: la neurosis obsesiva debe ser considerada como una religión individual y la religión como una neurosis obsesiva universal resume con maestría la conclusión de esta argumentación en la que obviamente no puedo entrar, pero si os remito a las obras citadas que se pueden leer o descargar en WWW.librodot.com (228K y 624K respectivamente).

Si realmente se trata de una neurosis obsesiva de carácter universal o colectivo anclada en la experiencia histórica de la especie humana, tenemos la clave para comprender su universalidad y su resistencia a los progresos de la razón y de la ciencia y la explicación de que incluso algunos científicos estén subyugados por ella; de la misma manera, una neurosis obsesiva individual no se erradica con argumentos ni están exentos de padecerla las personas más inteligentes o con mayor formación, que seguirán revisando las puerta del coche tres veces consecutivas o caminando sin pisar las juntas de las losetas por muchos que sean sus conocimientos y su inteligencia.

03 Jun 2009

En esta apartada orilla...

Escrito por: arco el 03 Jun 2009 - URL Permanente

Con la voz cortada por la emoción explicaba un muchacho homosexual en la radio que no podía ser el padrino en el bautizo de su sobrino porque el cura entendía que por su condición no reunía los requisitos que exigía el compromiso. Poco después una señora, divorciada y vuelta a casar civilmente, despotricaba contra la Iglesia que no permitía a su hija hacer la primera comunión porque la situación de los padres les había situado fuera de ella. «Yo creo en Dios, no en los curas» decía indignada. Es posible que alguien piense que yo también voy a cargar contra la Iglesia aprovechando la anécdota, nada más lejos de mi intención, voy a censurar a los presuntos damnificados. La actitud de ambos sacerdotes me parece impecable si nos atenemos al derecho canónico y a los tics morales a que nos tiene acostumbrados la Santa Institución. Los que no cumplen lo pactado son el chico y la señora, es normal y lógico que la Iglesia no esté dispuesta a acomodarse a sus caprichos. Si cumplen las normas están dentro con todos los derechos y si no, están fuera. Nada que objetar. Si creen en Dios pero no en los curas, hay otras iglesias, quizá más tolerantes en las cuestiones que les afectan (cuidado, puede que salgamos de Málaga y nos metamos en Malagón), o se puede prescindir de todas ellas, si lo único que importa, según se dice, es Dios.

El problema es que lo que importa no es Dios, ni nada que se le parezca, y, por su parte la Iglesia está haciendo uso de una práctica muy antigua: el chantaje. La verdad es que me cuesta ver en esto algo más que un sainete, porque reúne todos los elementos, pero trataré de analizarlo con seriedad.

Habría que empezar diciendo que ambos ritos son anteriores a la existencia de Dios (no se me escandalicen, por favor). Cualquier antropólogo verá en ellos rituales ancestrales: uno de acogida, de recepción del recién llegado a la comunidad y el otro de iniciación. Ambos tan antiguos que ya eran practicados antes de que en la mente de los humanos hubiera nacido la idea de Dios, no digamos la Iglesia Católica. Lo sorprendente es que todavía, a pesar de lo llovido, siguen teniendo garra; en verdad más que las Iglesias que se los apropiaron, porque no fue sólo la católica. En el momento en que las creencias religiosas declinan y las iglesias pierden fuelle, los ritos, que revistieron con los ropajes de sus dogmas y liturgias, tienden a permanecer, sin que los usuarios acierten ya a verlos libres de quien los tenía secuestrados. El conflicto está servido.

Ya pocos van a misa y muchos no creen más que en un Dios difuso que no suele ser sino una palabra con la que se esconde un confuso sentimiento, complejo e inquietante, ante la libertad que nos impone su muerte. Sin embargo, seguimos entregando a nuestros niños a los curas para que manoseen sus mentes (y quizá algo más) y cuando ellos esperan participar de los mismos ritos que sus compañeros nos damos de narices con la contradicción de tener que aceptar imposiciones que creíamos haber superado. El modelo es aplicable igualmente a los bautizos, bodas y funerales, la Iglesia se ocupó con minucia y visión de futuro de ritualizar toda nuestra vida, desde la cuna a la sepultura. Como el ratón entra por su propio pie en la ratonera, así caemos nosotros en el chantaje.

A quien la indignación no le impida un análisis objetivo verá que la Iglesia no se movió un milímetro, fuimos nosotros los que quedamos fuera de encuadre. Aceptémoslo con alegría, aquí afuera hay más luz, «más pura la luna brilla y se respira mejor», que decía el poeta (con versos un tanto ripiosos, la verdad sea dicha).

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IMAGEN: Bautismo de Cristo. Cripta de la catedral de Roda de Isábena, Huesca, circa 1200.

13 Abr 2009

Consecuencias de un fracaso y de un éxito. Jesús y Mahoma

Escrito por: arco el 13 Abr 2009 - URL Permanente

Entre el mundo islámico y el cristiano existe una gran diferencia que cualquiera percibe a primera vista: el cristianismo ha abandonado en buena medida la esfera pública y se ha restringido a la privada, mientras que el Islam invade todos los aspectos de la vida sin hacer distingos entre lo privado y lo público. Esta característica es la que nos hace ver al mundo árabe como anclado en el tiempo, como si viviera una época del pasado, como si no hubiera acabado de superar el medievo. Se suele argumentar que en occidente, movimientos históricos como el Renacimiento y la Ilustración produjeron la secularización de la sociedad civil, mientras que en el mundo musulmán tales fenómenos no se dieron. Es una explicación convincente, pero podríamos seguir preguntando ¿Y por qué no se dieron? Como en cualquier fenómeno social las causas serán múltiples y complejas, pero se me ocurre que la fundamental arranca quizá de los orígenes de ambos credos y tiene que ver con el fracaso o el éxito vital de sus creadores.

El proyecto religioso-político de Jesús resultó fallido. Fue apresado al abortar la autoridad romana un complot –los evangelios lo registran como la oración del huerto y el prendimiento– que había sido preparado aprovechando la Pascua y la consiguiente afluencia de judíos a Jerusalén, y, en consecuencia, ejecutado como un sedicioso. La muerte que las leyes judías preveían para un blasfemo que se proclamaba hijo de Dios era la lapidación –Esteban y después Santiago, hermano de Jesús, murieron así– mientras que la cruz (mors aggravata: hoguera, exposición a las fieras o crucifixión) la reservaban los romanos para los delitos de sedición contra el Estado (laesa maiestas populi romani), ésta fue la aplicada a Jesús. La dispersión y ocultamiento de sus seguidores, después de ser ejecutado por el procedimiento infamante, escenifica el fracaso; la cartela con la leyenda INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum), la naturaleza del delito. Durante los primeros siglos de existencia los cristianos utilizaron diversos símbolos, pero no la cruz, que seguía siendo vergonzante y los identificaba como sediciosos. Tales sucesos justifican y explican la expresión «Mi reino no es de este mundo», Juan 18, 33-37, y otros recursos de los evangelistas por dar a la misión de Cristo un signo espiritual, aunque no logren borrar los vestigios que revelan otras actitudes en las que es imposible deslindar lo religioso de lo político, por otra parte normales entre los judíos de la época. Habrá que concluir que Jesús fracasó en su plan, y sus seguidores, obligados a vivir bajo la autoridad romana, optaron por transformarlo en un proyecto espiritual –esa y otras cuestiones fundamentales fueron obra de Pablo–, lo que, con el tiempo, se convirtió en el elemento que permitió la laicidad de lo público sin romper el mensaje cristiano central: el Humanismo y la Ilustración utilizaron ese postigo.

En el 622 Mahoma abandonó La Meca (Hégira) forzado por los coraxíes que controlaban el culto de La Ka’aba y temían por su prevalencia. En Medina se hizo fuerte y fue asentando paulatinamente su dominio de la región, combinando la predicación y las operaciones militares, hasta que en 628 pudo atreverse contra los mequíes con éxito. Desde La Meca completó la dominación de toda Arabia. A su muerte, en 632, controlaba la península valiéndose de su carisma personal y acuerdos con las tribus, pero sin ninguna estructura de estado. Mahoma, que seguramente era analfabeto, no dejó ningún escrito y sus enseñanzas, retenidas mentalmente por los “memoriones” serían recopiladas y fijadas más tarde en El Corán bajo la autoridad de los califas sucesores, que al mismo tiempo construían el Estado islámico y expandían su dominio. Así se confundió la condición de ciudadano y de creyente, y el Corán y los hechos y dichos del profeta se convertían en fundamento de la ley. El éxito de Mahoma hizo impensable, lo sigue haciendo, la disociación de lo civil y de lo religioso.

También el Islam experimentó un Renacimiento en torno al siglo XI con una gran eclosión cultural basada asimismo en la recepción de la cultura clásica, pero que, sin embargo, no llegó a tener el efecto del Humanismo occidental, ni se vio confirmado y amplificado por un movimiento equivalente a la Ilustración. Así, el efecto esterilizador de la religión se impuso muy pronto y muy intensamente, generando la exclusión del orbe musulmán del ámbito de la ciencia y del progreso de la sociedad civil, hasta nuestros días.

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ILUSTRACIÓN: Mahoma y el arcángel Gabriel. Miniatura iraní del s.XV.

20 Mar 2009

Tradiciones y contradicciones

Escrito por: arco el 20 Mar 2009 - URL Permanente

Los episodios protagonizados por la Iglesia los últimos días, condenando el nacimiento del bebé sevillano que con las células madre de su cordón umbilical va a salvar a su hermano, la predicación de Ratzinger contra el preservativo en África y la campaña publicitaria, otra vez en España, contra el aborto a propósito de la discusión de la nueva ley de plazos, está poniendo a prueba la lealtad de sus feligreses.

Hoy son pocos los que se confiesan católicos y aceptan sin más los dogmas definidos hace siglos, el magisterio de la Iglesia u otros principios que definen la fe de Cristo en su versión romana. Muchísimos católicos alegan tener su propia opinión en multitud de casos, sin percatarse de que hace algunos siglos hubieran sido conducidos a la hoguera por manifestarse como hoy lo hacen, y aún en nuestros días están de derecho excomulgados por sus prácticas en la vida cotidiana o por las tesis que dicen defender. Lo que ocurre es que unos y otros, los fieles y la Iglesia, prefieren hacer la vista gorda, hacer como si no se enteraran o como si el asunto careciera de importancia, porque la manifestación pública de tales contradicciones podría ser demasiado peligrosa para su pervivencia.

De hecho la Iglesia, al mostrarse como lo hace en los casos que comentamos arriba, no ha cambiado un ápice casi desde tiempos de Pablo –lo cual para unos puede ser catastrófico y para otros una garantía para su fe–, salvo por los métodos que hoy utiliza, cambiando el púlpito por las campañas publicitarias y las epístolas por la televisión. Pero hoy como ayer, el mensaje –la buena nueva– se refiere a la salvación del alma para la otra vida, la vida eterna; no al bienestar del cuerpo y al disfrute del mundo, al que siguen renunciando los más esforzados en la fe. La concepción del hombre como un ser dual, cuerpo y alma, en el que los intereses de la parte más noble –por no ser perecedera y pertenecer al mundo del espíritu–, el alma, pueden estar en discordancia con los del cuerpo, es, y ha sido siempre, un antihumanismo manifiesto.

En las expresiones del Papa o de la conferencia episcopal española la aberración que encontramos y nos hace torcer el gesto tanto a librepensadores como a muchos creyentes, o que creen que lo son, no es el abandono de sus principios, lo que sólo ha ocurrido en el hecho de no atreverse a hacer frente a las contradicciones internas, sino este antihumanismo. Hoy la inmensa mayoría hemos asimilado la unicidad del hombre, como se desprende de los avances de la ciencia, aunque muchos no lo hayan explicitado quizá porque les inquiete un presunto vacío por la pérdida de creencias ancestrales, interiorizadas individualmente desde la más tierna infancia, o por comodidad intelectual, pero al entrar en conflicto en la vida una y otra concepciónes, optan por la primera.

10 Mar 2009

Los Diez Mandamientos

Escrito por: arco el 10 Mar 2009 - URL Permanente

Desde que viera aquella película de DeMille no concibo a Moisés con otro aspecto. Cuando veo alguna imagen con rostro distinto invariablemente me parece una falsificación. Que viera el mismo semblante encarnando al Cid, al colono brasileño que luchaba contra las hormigas o a aquel oficial americano en Pekín no es óbice para que considere inseparables las fisonomías de Moisés y de Charlton Heston. Sería una broma de mal gusto que el verdadero, si es que existió, fuera cetrino, calvo, bajo y de nariz aguileña, lo que seguramente es mucho más probable.

En realidad no quería hablar de Moisés y de la catadura que lucía entre su gente o en nuestra imaginación, sino de los Diez Mandamientos, pero el título del post y su coincidencia con el de la película me han traído por aquí. Pido disculpas y rectifico.

La cuestión es que una cosa tan seria como los Diez Mandamientos (los Mandamientos de la Ley de Dios según la Santa Madre) no deberían estar sujetos a polémica sobre cuántos son o cuáles son, al fin y al cabo con ellos hemos de elaborar el currículo que nos dará un alojamiento u otro en la otra vida, ¡que es eterna! Sin embargo, la cosa no es tan clara, ni mucho menos. La Biblia, ese laberinto, está plagada de mandatos, normas y preceptos que forman un conjunto variopinto y enloquecedor, salvo para los judíos observantes. Pero, estos mandamientos, que según el relato –poco original, por cierto– recibiera del cielo el patriarca, parecen nítidos, escuetos y bien definidos; nada más incierto. Para empezar, hay quien asegura que son catorce. Ante discrepancia tan estúpida me he puesto a contarlos yo mismo, con talante sintético, es cierto, y me salen nueve; lo único claro es que no está claro. Lo puede comprobar cualquiera en Éxodo 20:1-17 y confirmarlo en Deuteronomio 5:6-21, pero mejor no ir a Éxodo 34:10-28, donde explica lo que se escribió la segunda vez, después de que Moisés rompiera indignado las primeras Tablas sobre el dichoso becerro de Oro, si lo hacéis no entenderéis nada. En la Biblia el misterio puede asaltarnos a la vuelta de cualquier página.

La Iglesia, como madre solícita que es, realizó algunos apaños con la santa intención de evitarnos mayores trabajos; lo que pasa es que el resultado se va pareciendo poco al original, que, se supone, es la palabra de Dios, pronunciada para que valiera hasta el fin de los Tiempos. Así, los dos primeros se fundieron en uno que ordena “amar a Dios sobre todas las cosas”. Al tercero, que prohibía hacer imágenes, la Iglesia Católica simplemente lo ha ignorado. San Agustín individualizó el noveno como “no desearás la mujer de tu prójimo”, dándole un tinte sexual, de uno en el que equiparaba a la mujer con el burro, la cabra, el esclavo… es decir las propiedades del vecino –recientemente se ha transformado en “no consentirás pensamientos ni deseos impuros” (!?)–. Lo más curioso, por no decir la gran putada, que yo soy educado, es que el sexto, aquel que decía “no fornicarás” y ahora “no cometerás actos impuros”, ¡no existe en las Sagradas Escrituras! El que más se le parece es el que prohíbe cometer adulterio, que, a todas luces, no es lo mismo. ¡La Santa Madre se pasó otra vez!

Al final, los únicos que quedan claros, sin objeciones, son el “no matarás” y el “no robarás”. Siempre que no leamos aquellas otras órdenes de Dios a su pueblo: “…cuando salgáis no os vayáis con las manos vacías. Cada mujer pedirá a su vecina […] objetos de oro y vestidos y los pondréis sobre vuestros hijos e hijas. Así despojaréis a los Egipcios” (Ex 3,21); o aquella otra: “…de las ciudades que el Padre Nuestro te dé por heredad, ¡Ninguna persona, hombres, mujeres y niños dejarás con vida, sino que los destruirás por completo" (Dt. 20, 10 y ss.). Al fin y al cabo leer demasiado también puede ser un vicio.

23 Feb 2009

El experimento de la oración

Escrito por: arco el 23 Feb 2009 - URL Permanente

La oración es un ritual que comparten todas las religiones con variantes escasas de unas a otras. Con ella los fieles pretenden relacionarse con la divinidad y obtener así gracia y favor. Ante la adversidad, para prevenir la desgracia, para agradecer los bienes que se suponen recibidos por la benevolencia de Dios, el recurso a la oración es universal. Sin embargo, pocas veces se ha ocupado nadie de comprobar o medir su eficacia con un método científico; un intento así parece a los creyentes casi blasfemo, pero algunos hubo.

Sir Francis Galton era primo de Darwin y científico de múltiples intereses intelectuales: empezó trabajando en la meteorología a la que aportó, entre otras cosas, el término anticiclón; se interesó por la psicología, terreno en el que se le considera el padre de la psicología diferencial; investigó sobre la inteligencia y su medición y dedicó mucho esfuerzo a la antropometría sugiriendo el análisis de las huellas digitales para la identificación personal; su obsesión por la medida le llevó al estudio de la estadística terreno en el que también aportó innovaciones. Su curiosidad universal le indujo a plantearse si la oración era realmente eficaz: realizó un estudio estadístico que mostraba que los sacerdotes no vivían más ni más sanos que los médicos o abogados, lo que le planteó las primeras dudas; también aplicó los recursos estadísticos para ver si la familia real, que recibía el beneficio de multitud de plegarias cotidianas en todas las iglesias del reino, era más longeva o sana que el resto de los ingleses, pero el resultado fue negativo; incluso comprobó personalmente que las plantas cultivadas en parcelas para las que oró abundantemente no crecían mejor que las de parcelas a las que no dedicó oración alguna. Además de curiosidad y espíritu científico Galton tenía sentido del humor.

Existe en EE.UU. una entidad, Templeton Foundation, que dedica mucho esfuerzo y recursos a compaginar ciencia y religión –su fundador J. Templeton, que hizo una inmensa fortuna con la especulación bursátil y el uso de paraísos fiscales, despreciaba la interpretación literal de la Biblia–. Recientemente la fundación dedicó 2,4 millones de dólares en un experimento que pretendía comprobar, de una vez por todas, el valor de la oración. Se encargó la experiencia al Dr. H. Benson, eminente cardiólogo de Boston que utilizó una muestra de 1802 enfermos cardiológicos, utilizando un procedimiento de doble ciego –ni los médicos encargados de los pacientes ni estos conocían la realización del experimento–; se les dividió en tres grupos: a) por los que no se rezaba ni ellos lo sabían, b) enfermos por los que se rezaba pero ellos no lo conocían y c) por los que se rezaba y sabían que se estaba rezando por ellos. Se contactó con diversas congregaciones e iglesias que se encargarían de las plegarias, proporcionándoles el nombre de pila y la inicial del apellido de cada uno de los sujetos del experimento e incluso una frase estándar que se debía utilizar en la oración. El resultado obtenido –publicado en el número de abril de 2006 de la revista científica American Heart Journal– resultó sorprendente: los enfermos de los grupos a) y b) no mostraron alteración alguna sobre la normalidad; pero los enfermos del grupo c), por los que se rezó y ellos lo sabían, experimentaron un empeoramiento perfectamente detectable. Tan insólito desenlace se interpretó como consecuencia del aumento de la ansiedad que provocaba el saber que había mucha gente rezando por ellos, lo que muchos debieron interpretar como señal inequívoca de la gravedad de su dolencia.

Ni que decir tiene que el experimento fue fuertemente criticado por diversas razones, entre ellas que a las acciones de Dios no se las puede someter a prueba. Que cada cual se quede con lo que le parezca, a mí me divirtió conocer ambas experiencias.

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Ilustración: S. BOTICELLI: La oración en el huerto. 1498. Temple sobre tabla. Museo de la Capilla Real de Granada.

09 Feb 2009

La Biblia hoy

Escrito por: arco el 09 Feb 2009 - URL Permanente

La Iglesia Católica mantuvo siempre alejados a los fieles de las Sagradas Escrituras, especialmente del Viejo Testamento; entre aquellos y estas interpuso siempre su magisterio y la recomendación de no leerlas con el sólo criterio del lector. Las iglesias que surgieron de la Reforma en el s. XVI se básaron en el principio de la libre interpretación: Dios habla en ellas directamente a cualquiera que las lea, para lo que será iluminado por el Espíritu sin necesidad de intermediarios. El problema es que son un conjunto variopinto de géneros diversos, desde relatos épicos a poesía erótica, pasando por libros de leyes, en un fárrago de noticias, leyendas, sentencias…, escritas a lo largo de muchos siglos, donde siempre es posible encontrar algo en un sentido y en el contrario. La Iglesia se ocupó solícita de seleccionar los textos según sus intereses, ocultando los más comprometidos y, como los feligreses no estaban acostumbrados a su lectura, las contradicciones y aberraciones que encierran han pasado desapercibidas. No así en los países de tradición protestante, donde son posibles situaciones como la que ofrezco:


«Desde hace más de una década, Laura C. Schlessinger (médica, psicóloga, autora de best sellers y consejera familiar) conduce en California uno de los talk show más oídos en Estados Unidos. Doce millones de personas la escuchan a través de 300 estaciones de radio y le formulan consultas que ella contesta. Es entrevistada de forma habitual en los principales diarios y cadenas de televisión y ha recibido todos los premios imaginables. Uno de sus diez libros se titula “Los diez mandamientos, el significado de la ley de Dios en la vida cotidiana“. En uno de sus programas dijo que la homosexualidad no podía ser consentida, apoyándose en el versículo 18:22 del Levítico: “No te echarás con varón como mujer, es abominación”. A raíz de ello un oyente le dirigió la siguiente carta:

Querida Dra. Laura:

Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios. Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas las personas con las que me es posible. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18:22, establece claramente que la homosexualidad es una abominación. Punto final.

De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:

1. Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como indica el Éxodo, 21:7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?

2. El Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mexicanos, pero no a los canadienses. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?

3. Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Lev 15:19-24). El problema que se me plantea es el siguiente: ¿cómo puedo saber si lo están o no? He intentado preguntarlo, pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.

4. Tengo un vecino que insiste en trabajar en el sábado. El Éxodo 35:2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?

5. En el Levítico 21:20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?

6. La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto está expresamente prohibido por el levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?

7. Sé gracias al Levítico, 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿puedo continuar jugando al fútbol si me pongo guantes?

8. Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19:19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24:10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20:14).

Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda. Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable.»

Este curioso episodio lleva tiempo rodando por la red, yo lo he recogido de Valadren, pero lo he visto también en la página del escritor y periodista Pepe Rodríguez. Personalmente he verificado todas las citas bíblicas. Afortunadamente en los países de tradición cristiana hace tiempo que la legislación laica se impuso, aunque muchos se empeñen en citar la antigualla para justificar comportamientos retrógrados; pero en muchos países musulmanes es fundamento de la ley (la sharia) otro texto similar, pariente de éste.

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Ilustración: Biblia de Ripoll (S:XI). Biblioteca Vaticana

Sobre este blog

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Tutti frutti

Como presiento que no sabré centrarme en un tema y la mezcolanza de argumentos será la tónica de este blog, he buscado para él el nombre que me pareció más adecuado a esa circunstancia.
He pasado mi vida enseñando historia en algunos institutos y, ahora, ya casi me he convertido en historia yo mismo. Tratando de evitarlo he pensado hacerme notar publicando aquí cuanto se me ocurra, con la esperanza de que le interese a alguien.
Mi nombre es Arcadio y por hacerlo más breve y asequible lo he dejado en Arco, con ese alias firmo mis entradas.

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