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15 Abr 2008

El laboratorio de ideas

Escrito por: arco el 15 Abr 2008 - URL Permanente

Quizás peque de ingenuo, el tiempo lo dirá, pero yo me creo las razones que se han dado para explicar la salida del gobierno de Jesús Caldera. Todos los periodistas que se han acercado a él estos días le han preguntado con cierta retranca lo mismo, y él contesta una y otra vez con calma aquello de la macro fundación y el laboratorio de ideas.

Si esto significara que en el PSOE se han percatado por fin de que hay que poner término al despiste y al caminar sin rumbo que tiene la izquierda desde hace tiempo y que eso sólo se consigue en el debate y en el fluir de ideas con un horizonte más lejano que el día a día de un gobierno, bienvenida sea la decisión y ojalá se mantenga con la suficiente energía y decisión.

En los últimos tiempos la izquierda ha sufrido los avatares del último tercio del XX y lo que llevamos del presente siglo sin reaccionar adecuadamente: noqueada por la caída del muro y el derrumbamiento del socialismo real; deslumbrada por un crecimiento espectacular de la economía, apoyada en la tecnología del chip; desconcertada porque la dirección del despegue económico caía en manos de una nueva tendencia económica, la Escuela de Economía de Chicago (Chicago Boys), con criterios ultraliberales, enterrando las tesis de Keynes en las que había prosperado la socialdemocracia; incapaz de reaccionar ante la erosión - incluso asumiendola- que las tesis marxianas sufrían ante los ataques de los nuevos pensadores (Escuela de Viena).

Es hora ya de que se produzca una reacción; el fracaso espectacular de parte fundamental del tinglado ultraliberal en el momento presente, los retos que plantea la globalización, un hecho que es ya imparable, y los problemas medioambientales, son elementos más que suficientes; sobre todo, si se tiene en cuenta que crece la sensibilización popular en torno a estos problemas y la búsqueda necesaria de alternativas justas, solidarias y coherentes. Es más, la toma de conciencia se completa y se confirma con la excelente acogida que han tenido las medidas que están suponiendo un impulso revolucionario en los derechos individuales –igualdad de sexos, matrimonios homosexuales, dependencia…– a la vez que se reclaman más avances y más valentía al poder político.

No sé si Jesús Caldera es el más indicado para la tarea de promover el debate y hacer fructificar ideas que sirvan de esqueleto a las propuestas de la izquierda en el corto, medio y largo plazo, pero no me cabe duda de que esta iniciativa es necesaria para el rearme ideológico de la izquierda, no sólo en España, por supuesto. Como tampoco me parece dudoso que es una labor de más enjundia y más prometedora que la gestión de cualquier ministerio, por vistosa y agradecida que pueda resultar ésta.

Me gusta la gestión de Zapatero porque la entiendo y me reconozco en la visión general que parece tener de los problemas del presente y el futuro previsible, aunque en la política del día a día haya dejado mucho que desear por vacilaciones o errores de cálculo. En todo caso la decisión sobre Caldera creo que es acertada, descontando mi ingenuidad y las posibles malas voluntades que oculte.

16 Feb 2008

¿Tiene futuro la izquierda?

Escrito por: arco el 16 Feb 2008 - URL Permanente

Marx y Engels iniciaban El manifiesto del Partido Comunista haciendo un canto a los logros históricos de la burguesía. En El Capital, y en otras obras, Marx analizó las contradicciones internas del capitalismo que, a la postre, auguraba, habrían de acabar con él. El mensaje revolucionario que creó consistía en acelerar y provocar el colapso. Entendía que sin el concurso revolucionario de los trabajadores el sistema podría orillar sus contradicciones más graves y perpetuarse evolucionando en una dirección no prevista. Al fin es lo que ocurrió: la revolución, que tendría que haber sido universal, se produjo sólo en la periferia del sistema –la Rusia semifeudal del 17 y la China agraria del 49–, dando lugar a una caricatura del comunismo que después de enquistar durante seis decenios acabó por implosionar. No resistió el contacto con un capitalismo renovado que había logrado aunar un crecimiento espectacular con la elevación del nivel de vida de los trabajadores, entre los que la conciencia de clase se diluyó. La libre competencia en el mundo occidental generaba un crecimiento tecnológico y de la productividad que al comunismo burocrático del Este se le hacía imposible alcanzar a golpe de decreto.

El colapso inevitable del “socialismo real” produjo el desconcierto en la izquierda, de hecho ya confundida desde hacía tiempo por las insuficiencias democráticas del sistema y por los éxitos del capitalismo. En realidad el capitalismo con la “ayuda” de la presión sindical y del reformismo socialdemócrata había logrado una síntesis que lo situó en un nuevo nivel.

Las contradicciones, sin embargo, subsisten, transformadas unas, enmascaradas otras, agravadas algunas: las finanzas se han apoderado del control de la economía operando con ubicuidad desde cualquier punto del Planeta, mientras las industrias emigran al Tercer Mundo donde hoy reside el nuevo proletariado, tan desprotegido como en los peores tiempos de la revolución industrial; los trabajadores del centro, transmutados en clases medias, han asumido la ilusión de haber superado la explotación, pero conviven con un lumpen subsidiado y masas de inmigrantes desarraigados, desclasados y sin derechos; la concentración del capital sigue su curso, creando corporaciones gigantescas mediante absorciones, fusiones y opas que cuestionan la autonomía y la propia existencia de los estados; la producción creciente impone un consumismo acelerado que desafía el equilibrio natural del Planeta agotando recursos irremplazables y degradando y contaminando el medio de modo muchas veces irreversible.

Nada se ha resuelto, pero estamos en otra situación. La izquierda debería dejar de mirarse el ombligo, levantar la cabeza y echar una mirada en derredor, reconocer, como entonces hicieran Marx y Engels los logros del capitalismo, y plantear alternativas serias ante esas amenazas, que son amenazas contra la justicia social, amenazas contra la propia democacia, amenazas contra la vida en la Tierra. El capitalismo financiero en el que estamos sumergidos no tiene respuestas positivas. Si no sigue profundizando en esas contradicciones se hundirá, así que seguirá agravándolas.

El capitalismo ha conseguido crecimiento económico y avance tecnológico, la izquierda debe centrarse en el objetivo de lograr desarrollo y progreso, que implica anteponer a lo anterior la distribución de la riqueza y el afianzamiento y avance de los derechos, es decir, más democracia. De nada sirve crecer en riqueza y avanzar tecnológicamente si aumentamos las desigualdades, ponemos en peligro los derechos democráticos y arrasamos nuestro solar. Dejemos a la derecha la preocupación por conservar el sistema económico, que es su papel; a la izquierda corresponde el de cambiarlo. Y no lo hará si adopta una posición subsidiaria, limitándose a limar las asperezas y aristas más duras del sistema.

Este es el qué, pero ¿y el cómo? El gran debate se centra aquí, como siempre. La izquierda está desmoralizada, desarmada ideológicamente, sin plataformas organizativas desde las que plantear una alternativa creíble; su capital humano adhiriéndose con recelo a opciones reformistas, disperso en grupúsculos políticos y oenegés o retirada en una contemplación escéptica y, sin embargo, hace más falta que nunca.

¿Tiene futuro la izquierda?