21 May 2013
Fenómeno atmosférico
Meses esperando la lluvia, con la piel seca, la boca rasposa, los labios partidos y la piel de las manos resquebrajándose como una corteza de barro en el desierto.
Muchas veces me he arrepentido de no tener crema hidratante a mano. Y en el miembro no vendría nada mal.
Aunque ella me lo hidrata más allá de lo que la cosmética comercializa.
He subido al polvoriento tejado de la casa, la lluvia se llevará la porquería acumulada en el suelo y dará paz a mi piel. Me he estirado desnudo entre pequeñas hormigas que huyen del agua. Con mi pene erecto, venoso y agresivo por una sequía que se ha hecho eterna a lo largo de semanas y meses.
Las lluvias marcan una de mis cientos de temporadas de celo por ella.
Tengo miedo que la dilatación del pijo rasgue el prepucio, tengo una necesidad casi suicida por follarla otra vez.
Y que las hormigas se me metan por el culo es una idea que no me gusta. No quiero que me entre nada por el ano. El esfínter es salida y única dirección.
La espero con una ansiedad desesperante, aguantando el ímpetu de masturbarme, dejando los ojos abiertos a las gotas que se estrellan contra ellos y me ciegan.
Las gafas de nadador no hubieran molestado. No hubiera necesitado una gran inversión y le hubiera dado un aire fetichista a la sesión de sexo que me espera con mi reina.
Parece que lloro; pero solo quiero follarla.
Otra vez…
La lluvia da alivio a mi rostro, incluso cuando se desliza por mis labios: el agua reciente sabe a la suciedad que flota en el aire.
No importa; luego beberé directamente de su piel.
Y la mierda ajena, lo de alrededor no importará.
Me pregunto si mi picha hará el efecto de pararrayos, no me gustaría. Creo que sería indigno morir con la verga carbonizada.
Llegará aquí arriba, se sentará en mi vientre y se clavará en mí envolviendo mi carne dura con su coño viscoso, sedoso y resbaladizo. Empapado… Como si ella fuera cálida lluvia oleosa y sempiterna.
Decididamente se me va a rasgar la piel que cubre el pijo con toda esta presión. La evolución no fue muy lista y no tuvo en cuenta que nacería un hombre como yo con tantas ganas de metérsela a su mujer. El prepucio debería ser más holgado. Pienso en los judíos y la circuncisión; pero resulta traumática, es mi pellejo y lo quiero.
He de hacer algo, pero temo tocarme y eyacular fuera de ella.
Me tiene tan caliente que las gotas de agua se evaporan al contacto con la polla levantando pequeñas nubes de vapor.
Me haría muy popular en una sauna femenina.
Mis músculos se relajan, soy gelatina temblorosa bajo la lluvia. Y lo único firme es la verga que cabecea en mi pubis. Desearía tocarme ahora mismo, cerrar el puño con fuerza para subir y bajarlo con violencia. Rasgar mi puto prepucio y que sangre la polla.
Intento relajarme y dejo que la orina corra por mi vientre y se meta cálida entre los testículos y las nalgas, me gusta el contraste de la lluvia fresca con los meados.
Me limito a tirar de la piel y descubrir el glande púrpura como la casulla de un sacerdote en rito de penitencia; el meato está obscenamente abierto como lo están los labios que ansían la boca amada y deseada.
Espera la lengua que lo saciará de placer.
Me imagino metido en ella, su tanga negro transparentando la palidez de su monte de Venus rasurado, el roce del hilo a lo largo del pene en la cópula…
Saboreo entre mis dientes los pezones endurecidos, clavo los dedos maltratando sus masivos y pesados pechos.
Areolas ovales que deseo cubrir con mi leche, con mi semen ardiendo.
Es tan cálido su coño como sus labios tallados en un rostro hermoso y anguloso de grandes ojos oscuros, de una melena rizada que recibe mi semen cuando ella así lo dispone.
Estoy abandonado a su voluntad.
La lluvia hará cascadas en sus pezones y beberé y me ahogaré en ellos mientras la follo. El agua inundará la cópula y hará chapoteos obscenos sexo contra sexo.
Y como en un altar ante la Virgen María observándome con Jesús mamando de su teta, elevaré la pelvis para meterle la polla en la boca y me la devore con sus dedos acariciando mis cojones. Excitándome el ano.
Y así ante la lluvia me denigro y me formo. Me embrutezco de anhelo. Me convierto en macho en celo. Ante las nubes que limpian el aire y dan alivio a mi cuerpo y mente, soy un hombre follando la nada, el aire. El espacio que ocupará ella.
Espero el momento sublime de eyacular, cuando blasfemo ante mi caída al pozo de la irracionalidad, en el que el placer es la vertiginosa aceleración.
Los rayos cada vez se acercan más… No quisiera, pero tal vez me ponga un condón hasta que llegue. El látex es un buen aislante ¿no?
Su boca succionando mi alma a través del pijo próximo a estallar, su coño estrangulándome el bálano, aplastándolo con las contracciones de placer de su vientre.
Sintiéndome cabalgado como un toro en el rodeo.
Quiero ser como las nubes en lo profundo de su coño y llover dentro de ella.
Que se ponga en pie y de su raja gotee mi semen dejando cráteres de leche en el polvo del suelo. Barro blanco…
Lluvia de semen entre sus muslos.
Yo soy una nube que llora por ella, que descarga en ella.
Ese rayo ha caído muy cerca. Bueno… Soy osado y atrevido, peligro es mi apellido.
Soy empático con el clima, y ardo con el calor del puto sol, me hago gris con las hojas crujientes del otoño, mi pene se lubrica en la calidez de la primavera. Y en invierno desato mi furia y mis tormentas.
Me gustaría ser rayo letal y mantener así un radio de varios kilómetros entre nosotros y los humanos.
Yo solo me debo a ella, y cuando la espero, soy fenómeno atmosférico zarandeado por las caprichosas presiones y anticiclones del planeta.
Con ella empieza y acaba el día. Por ella soy primavera, verano, otoño e invierno.
Un erecto fenómeno meteorológico, es lo que soy cuando la espero, cuando la follo.
Un pararrayos pornográfico que hiere a todos los vecinos con su obscenidad.
Porque la amo y no importa mi ridículo.
Joder con ese rayo… Al final me va a freír los cojones.
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Iconoclasta
10 Abr 2013
Inhumanidad
Lamo su cuerpo como el león bebe sediento en la charca.
Arrancaría su piel con los dientes para envolver mi inconsolable pene con ese deseo impregnado.
Succiono sus pezones como la cría de un perro las mamas de su madre, buscando vida.
Laceraría sus pechos para beber su sangre. Para untarme de ella y vivir también.
Más…
Hundo la lengua en su coño como ningún otro animal lo hace, hasta que vomito y lo anego con el vértigo de mi deseo.
La penetro como no hay parangón en la naturaleza, hasta fundirme en ella, hasta que reviento mis cojones.
Hasta sentir sus intestinos…
Me meto en ella y me apresa, me retiene, anula mi voluntad y la percepción de mi propia vida.
Eyaculo y se me vacía el cerebro y lo que quede de mi razón.
Solo parezco una bestia en su superficie, cuando me hundo en ella no soy del planeta.
No soy nada conocido, ni posible.
Y ella, esa mala puta, es la creadora de mi inhumanidad.
Mi Reina de Coños.
La odio porque la amo contra mí mismo.
La odio porque la adoro y me hace cosa, algo que desconozco.
La amo y la jodo. Qué ironía…
Hasta aplastar mis testículos.
Hasta que salga sangre entre mi semen.
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Iconoclasta
16 Ene 2013
Mi tiempo sin freno
Dos años que han pasado en un abrir y cerrar de ojos.
Dos años de un dulce morir.
El tiempo es así de hijo de puta: si estás dos veces bien, pasa cuatro veces más rápido; pero si vive en una pesadilla en lo que todo es gris, los segundos se convierten en minutos y las horas en días.
No sé que pensar, puede ser que mi esposa sea extraterrestre y tenga un arma especial para regular la velocidad del tiempo y yo sea su sujeto de experimentación. Me somete a su tiempo.
Ella rige con su belleza y voluptuosidad el ritmo de mi vida.
Hace girar las manecillas de mi reloj a velocidad de escape de la atmósfera, en una aceleración que acorta el tiempo, que me lanza veloz hacia mi tumba con una velocidad sin freno.
Mi semen en el espacio es una ráfaga láctea que se mueve a la velocidad de los cometas. Mis cojones me duelen cuando eyaculo así, y quiero que duelan. Necesito el dolor del amor.
Y no me importa envejecer más rápidamente, es algo, un precio que pago gustoso.
¿Pero qué haré cuando al morir, en el último hálito de mi vida, sea consciente que mi tiempo a su lado se ha acabado?
¿Es posible que Yahveh insufle, como a Adán, en mi nariz la vida para que pueda seguir con ella? Jodiéndola y cagándome en él, el creador; con el placentero dolor que hace que mis cojones parezcan comprimirse sobre si mismos al derramar mi leche sacra en su coño insondable.
Dios no existe, solo ella. Son elucubraciones de mi mente enferma, como la de todos los creyentes que tienen miedo a morir.
Yo tengo miedo a dejar de follarla. Soy más valiente.
Tengo mucho miedo de que esa fracción de segundo, ese paso impreciso entre el último latido y la muerte íntegra, se convierta en otra vida, en una mierda de vida.
Los segundos, cuando mi amor está ausente, pasan obsesivamente lentos.
Tengo miedo del momento en que será definitivo. ¿Seré un no-muerto durante siglos? Porque el corazón tardará en detenerse mil putos años sin ella.
No quiero morir lentamente, no he de tener tiempo a pensar que con la muerte, dejaré de estar con ella para siempre.
No me queda más que pedirle a cosas en las que no creo, que tengan piedad de mí y en el momento de palmarla, mi cerebro estalle y sea incapaz de razonar. Que no sepa que voy a estar sin ella.
¡Dos años…! ¡Qué rápidos!
Me han parecido tres meses, es vertiginoso amarla.
Aferrarse a ella no es solución, todo lo contrario. Acelera el proceso de mi partida, de mi deterioro, de mi decadencia, de mi vejez. Ergo muero más rápido.
Es una paradoja que me enloquece.
Un problema preocupante; por decir poco, por decir lo mínimo.
No tengo opción: soy un suicida y se la meto aunque pierda un año de vida. Me derramo en su coño al precio de una vejez prematura.
Abrazo y me follo a mi muerteamor desgarrando sus labios (los de arriba y los de abajo) con la rabia de mi deseo.
Y ahora he de seguir muriendo rápidamente, ella está conmigo y el futuro está aquí, mirándome con un saco de muerte en su espalda. Con una soledad cósmica, si no muero lo suficientemente rápido.
No necesito artes adivinatorias para saber mi futuro, necesito un tiro certero en el paladar.
Que alguien, llegado el momento, destroce con un martillo o con un disparo a bocajarro mi cerebro cuando mi semen rezume por su coño, porque ese será el único momento en el que no pensaré que me quedaré sin ella al morir. No pienso que me voy a morir cuando de su vagina mana mi leche.
No quiero un purgatorio de una eterna fracción de segundo alojado en el último latido de mi corazón.
No quiero pensar, solo quiero amarla a costa del tiempo, de mi vida.
Para Aragón, mis segundos más veloces, mi tiempo sin freno.
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Iconoclasta
26 Nov 2012
Idólatra
¿Y si su alma reside en su vagina? Es lo que pienso cuando acoge mi pene.
Toda esa cálida, resbaladiza y vertiginosa humedad…
Inacabable, insalvable…
La mía, mi alma, habita y se crea en mis cojones. Lo sé porque me la extrae y me deja vacío; mi bálano palpitante y exhausto es la prueba de un morir, de un no saber si soy humano o un bruto sin alma.
Su alma, ergo su coño, es voraz. Es mi basílica pagana e idólatra.
Y mi pene es el pecador reincidente que busca obsesivamente su absolución.
Yo solo me abandono con los brazos en cruz y mi polla escarificada para que me arranque de nuevo el alma en una pornográfica penitencia.
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Iconoclasta
14 Jul 2012
Cinco días sin ella
Crees que ya lo has conocido todo, que estás a salvo de sentir ningún tipo de carencia y de tristeza de amar.
Y de repente te das cuenta de que es un tremendo error sentirse inmune. Es un gratuito alarde de vanidad.
Puedes tener a tu amor asegurado para toda la eternidad con la aseguradora Amores Eternos e Irrompibles en Tiempo y Espacio, con una prima por abandono de un puto trillón de euros. Sabes que estarás siempre junto a ella, hasta la hora de morir. Sin miedo a las enfermedades y a los accidentes, porque ella es la vida, la única.
Puedes sentirte dios y proclamar todas esas baladronadas de amante excepcional y completo, de hombre cabal y sereno; pero cuando has pasado veinticuatro horas sin ella, uno se cuestiona que hacer consigo mismo.
Vaya mierda de aseguradora… Siempre pasa igual, te gastas la pasta en un servicio que cuando llega la hora de la verdad, te dan por culo.
Primero es el consuelo del hombre maduro y fuerte: “solo son cinco días, pasan rápidos”. Error: es un razonamiento de lucidez y tranquilidad efímeras.
Un hilo de algodón para pescar una ballena en un mar proceloso.
Porque a las veinticuatro horas y un minuto de su ausencia, yo no sé que hacer con mi cuerpo.
No sé donde dejar los brazos que necesitan abrazarla y tocarla.
No sé donde sentar el culo para evadirme del peso de su ausencia.
No sé para que me sirve la polla.
No sé de que me sirve la experiencia de medio siglo de vida, si no soy capaz de sentirme completo sin mi reina.
No sé que se puede escribir que no sea para ella, de ella.
Quiero follarla por detrás, por delante, por la boca, en sus pechos…
No puedo gestionar su ausencia, no puedo procesarla como un hecho normal y sin sobresaltos. Faltan recursos emocionales, falta ella.
Pasan los segundos y me siento abandonado, como un niño cuyos padres se han olvidado, como perdido.
Abandonado, sin duda alguna.
Y es entonces, cuando me siento solo y sin consuelo, cuando comienza la búsqueda del tacto de su piel o el sonido de su voz en los registros de mi memoria.
No hay alivio para esa sensación; llevo tanto tiempo con ella, que mi piel no se deja engañar por ilusiones.
La piel es una guarra que no fía: o le pagas con lo que ella quiere y necesita, o no te otorga el consuelo ante sueños y recuerdos. Mi piel y yo somos egoístas, lo queremos todo y el recuerdo no alcanza a rescatarnos de la ausencia.
Quisiera no ser tan hombre y poder encontrar así aliento con los simples recuerdos.
Su piel tan dulce, cálida… Y en mi pecho se hacen escamas.
Mi semen entre sus piernas, en sus dedos, en su boca…
Mi erección es triste y estéril, no responde a mi mano. Es todo piel y nada la puede engañar. Mi puta epidermis no me da descanso.
Tiene la llave de la caja fuerte de mis placeres, se la ha llevado consigo y me ha dejado vacío.
No es una mujer cuidadosa conmigo; me tiene por más de lo que soy y la cochina y hermosa realidad es que no soy nada sin ella.
Que no tarde. Cinco días son muchas horas y un eón de minutos. No es justo.
Ella me extraña y yo me arranco la piel con las uñas de impaciencia. Yo gano siendo desgraciado.
He perdido mi autonomía, es un hecho.
No soy un organismo independiente, mis pulmones exigen respirar a su lado, acompasados con su corazón.
Por mucho que haya vivido, no habría pensado nunca en la asfixia de amar.
Y no pienso, solo sufro y me ahogo.
Intento no caminar para que mi pene no se desprenda muerto de entre mis piernas.
Intento no hablar para que no se rompan mis cuerdas vocales contraídas de anhelos de gritarle que la amo.
Intento no moverme para que mi cuerpo no se rompa, está reseco sin ella. Un árbol viejo que teme al huracán.
Solo espero llegar entero y respirando al quinto día, el de su regreso. Le enseñaré los trozos que se han podrido de mí.
No es un regalo agradable; pero no tengo otra cosa que hacer más que desintegrarme sin ella.
No hay elección.
No tardará en volver Aragggón, solo quedan tres días (insisto en buscar amparo y cobijo entre esperanzas de tiempo breve; pero no hay convicción).
Tres días de mierda largos y desérticos.
Y mi organismo rechazando la vida sin ella.
Hay que joderse.
Voy a dar de baja mi póliza, no sirve para nada…
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Iconoclasta
21 Abr 2012
El amor no se busca
No hay forma alguna de encontrar el amor. No se debe buscar, es un animal astuto que huye cuando se da cuenta de que es perseguido.
para anular su pensamiento y despreciar su mirada. Ella es solo un recipiente
de mi esperma. Un desahogo a mi instinto sexual. A mi erección dura y mojada.
sepa lo que vale para mí.
dependencia de ti me roba el libre albedrío, no puedo elegir.
es importante saber que vivimos en un mundo hostil a nuestro bienestar y que
cuando mejor estamos, más fuertes son los ataques de los cochinos de dos patas.
Vuestros hijos no tienen más valor que un condón usado que se engancha a la
suela del zapato.
todos mis recursos.
noche eterna. Te amo a cada momento, tan secretamente por el día, como
obscenamente intenso por la noche cuando la luz no delata el amor.
04 Abr 2012
Mi alma egoísta
Hay algo que no funciona correctamente, mi tiempo se acaba; como siempre en la puta vida lo bueno es breve.
Le voy a pedir que acepte el compromiso de morir conmigo.
La necesito hasta en la muerte.
Aún así, el tiempo pasa rápido, debo hacer algo al respecto; algún trato con el diablo si existiera; mi alma que se pudra en el infierno, no importa. Lo que quiero es más tiempo para follarla y otras cosas, le podría arrancar al puerco Satanás unos años más con mi alma. Eso espero; porque mi alma es fuerte, es dura como el acero; demasiado para esos seres celestiales de algodón de mierda blanca. Y quiero la lujuria de su cuerpo, el calor de sus labios y sus palabras en mis oídos antes que la paz eterna.
Que se metan la paz en el culo.
No es una cuestión de cobardía no querer morir. Es egoísmo puro. Lo fácil es estar con mi amada; lo difícil es dejar este mundo solo.
Vivir con ella no es un sacramento, no es norma. No tengo elección: no puedo vivir sin mi amor.
Así que hablemos de la muerte.
Le llevo años de ventaja, es algo que me obsesiona. Me molesta que la muerte me deje sin ella.
Soy muy valiente, muy despegado de la vida y cínico. Pero me voy antes y no me gusta. Necesito toda la eternidad a su lado. ¿Cuánto me das por mi alma egoísta, Satanás?
Tampoco puedo proponerle que se venga conmigo. Debería asesinarla y luego suicidarme; pero no tengo cojones más que a acariciarla y perderme en la indecente suavidad de sus pechos, de su vagina anegada que unta mis dedos de ella misma.
La amo demasiado para hacerle daño. ¿Qué coño pasa…? ¿Por qué es todo tan complejo?
No veo solución.
No sé si el diablo tenga a bien darme un par de años más y durante los cuales, tal vez en un accidente muramos los dos juntos.
Amarte me hace egoísta y peligroso.
Es una reacción normal dado mi carácter. Te quiero exclusivamente a todas horas. Exijo todo el tiempo del mundo.
Te ofrezco mi culo Satanás y yo beso el tuyo por ella.
No me gusta perder.
No entiendo el amor si no estoy a su lado, no me es posible ser feliz amando porque la vida sin ella se acaba. Es un problema difícil de resolver. Cuando se ama nunca hay suficiente tiempo.
Ella hace lo que puede, es omnipresente en mi pensamiento; pero eso no basta.
Tenemos que conocer juntos muchas más cosas y los días pasan rápidos como los besos.
No hay suficientes besos y no existen días enteros. La semana es una sucesión de medios días. Todo corre demasiado rápido a su lado.
Soy una mecha rápida. Demasiado rápida.
Que Satanás me ayude, es el único que puede hacer la contra al Puto Dios Misericordioso de mis huevos peludos.
No tengo más remedio que blasfemar ante la ira, ante mi rabia que hace descolgarse hilos de baba hostil de mis belfos.
Que alguien maldiga este amor, que nos haga malditos y eternos, esta es mi solución. Es mi utopía.
Mi indecente y egoísta utopía.
17 Ene 2012
Año Aragón 1
Para Aragón, mi amor, mi roja era.

Un año no es nada,
solo es un montón de granos de arena
bajando veloces por el cuello del reloj.
Granos precipitándose a velocidad vertiginosa
ante su mirada y su rotundo cuerpo.
Año rojo como la arena de un desierto
que no existe más que en mi pecho.
Rojo de pasión, deseo y labios.
Los suyos, todos los de su cuerpo,
de su coño enloquecedor.
Año Aragón 1 es mi nueva era,
mi cultura, mi civilización.
No me sirve, no me atañe
un calendario católico,
judío, maya o chino.
No hay año oficial. No para mí.
Ante ella y con ella, hago historia
y creo mi erotómano ciclo de rojos días.
De labios rubís.
Desearía dar la vuelta al reloj
y que se vaciara hacia arriba,
que se llenara siempre.
Que sus labios tiñeran mis arenas
de rojo húmedo. Eternamente.
Barro húmedo y rojo de amor:
el consuelo a la indecencia
de mi pasión pornográfica por ella.
Quiero ahogarme en la arena que nunca caerá,
deseo el tiempo siempre lleno de su amor.
Exhorto:
Que me entierren en Marte,
en ese colorado planeta que tan solo
un poco se acerca a mis escarlatas días con ella.
Exijo que sus rojos labios
se estampen en mi lápida
junto a un reloj de arena siempre lleno
aunque sea trampa, estar con ella lo justifica.
No necesito más epitafio.
Ni siquiera una fecha,
solo mi Año Aragón.
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Iconoclasta
30 Dic 2011
19 Dic 2011
Rindo honor a la vida
Ya tengo recuerdos, ya tengo razones para defender la vida y no repudiar más a la memoria.
Con sus pechos entre mis dedos…
A mi puta memoria que trae la vergüenza del error y el tiempo perdido.
A veces ocurre, aunque tarde más o una eternidad: que deje de odiarse el pasado, el mío.
Es normal que muramos odiando el pasado.
Habitual…
Y lucho inconscientemente contra lo que deseo, pensando que el amor es un espejismo engañoso que atravieso y del cual solo siento el abrasador calor del asfalto.
“Desconfía”, me decía con cinismo.
Antes de que hubiera crecido sabía que no sería fácil. Es bueno recelar en un mundo infecto. De hecho es la única opción para no ser como ellos.
Como el resto.
Hay que proteger la ilusión que ellos se encargan de rasgar en burdos jirones que ni el viento mueve de pesados que son.
Prefiero abortar ilusiones a dejar que otros las despedacen.
Mi ano se dilata con facilidad para estas cuestiones.
Y hoy siento en mi vida un soplo de aire fresco en el infierno.
Rindo honor a la vida y a los recuerdos con una sonrisa, con paz, con música tranquila. Con el sabor de su sexo en mi boca.
Dejando que su mano se deslice por mi vientre en busca de mi pene debatiéndose en espasmos de ansia ante la cercanía de un placer cuasi paranoide.
Ocurre que los malos recuerdos retroceden ante los anticuerpos del amor, ocurre pocas veces. Es maravilloso.
Y ahora no quiero morir, no es necesario.
Es cuanto necesito: su compañía, su cuerpo.
Lamer y penetrar su esencia.
Vivir ha sido agotador, vivir sin ella ha sido un viaje espacial en el que solo he recibido parásitas transmisiones sin sentido, pequeños proyectos de vida abortados en un gemido mudo y frío.
Las rosas se rompían congeladas en el vacío cósmico, como cristal que cae al suelo. Rojos rubís de mate sangre flotaban como cadáveres de ilusiones en mi nave intertragedial.
No eran las cosas como debían.
Rindo honor a mi corta vida; porque ahora lo es. Es vida.
Ahora es cuando late el corazón con un fin.
Y a los muertos dejo en paz, dejo de envidiar.
La banalidad se ha agazapado rabiosa en su madriguera y el amor y el ánimo rugen victoria frente a sus fauces llenas de espumarajos.
Mi baba se desliza entre sus piernas con pereza, humectando.
Acalorando.
Y su sexo es la puerta a la dimensión que siempre busqué.
Mi pene embutido en ella cierra la frontera entre los dos universos: una escotilla hermética de un submarino que baja a las profundidades para reventar por la presión.
Para que nada contamine el amor.
Se ha roto lo sórdido, han explotado como cargas de profundidad el ansia y la inquietud de no ser, de no estar.
Mi semen es un solo fluido con el suyo, un bebé podría crecer de esa sola gota, sin necesidad de útero o sangre. En el suelo, entre nuestros pies. En la placenta de las sábanas empapadas.
Rindo honor a la vida y a ella.
Profundamente.
Adentro, muy adentro.
Mi pene desdibuja y funde los bordes de su vagina para amalgamarse conmigo. Estoy en ella y soy ella.
Palpitamos al unísono.
Cabalgamos la vida sin deseos de apearnos de ella.
Hoy rindo y rendimos homenaje a la vida y al amor eyaculando y embarrando resbaladizamente los sexos. Revolcándonos entre los pétalos sangrantes de una rosa congelada que flotaba en mi memoria.
Fundiéndolos.
Lanzamos las copas a nuestras espaldas, que se rompan los recuerdos aciagos. Que se jodan, que se jodan, que se jodan, que se jodan…
Es tiempo de vivir.
De follar.
Ilustrado por Aragggón
Sobre este blog
Iconoclasta: La provocación en estado puro
IconoclastaSoy un cuenta cosas que escribe a veces con fortuna, que tiene suerte.
Y esto no me gusta, no me gusta el tiempo y lugar en el que vivo, sin embargo, me aguanto.
Me jodo, más concretamente.
Buen sexo.
El amor que todo lo confunde
Es una novela corta, un thriller de un psicópata casado con una deficiente mental.
Como siempre, al más puro estilo iconoclasta y con las escenas tan explícitas como han podido ser posibles.
Es un relato que hiere la sensibilidad y para mayores de edad.
Está disponible en libro de tapa dura o descarga de archivo para su lectura en el ordenador.
Alguna vez tenía que dar rienda suelta a mi vanidad...
Lo encontraréis y podréis ojear en lulu.com: http://www.lulu.com/content/3341065
Buen sexo.
Iconoclasta
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