16 Abr 2014

Un amor claro y diáfano

Escrito por: Iconoclasta el 16 Abr 2014 - URL Permanente


En un mundo lleno de amores confusos y compartidos mil veces hasta hacerlos banalidad, el gran amor claro y diáfano es de tal rareza que se considera sueño por muchos.
Buscar algo así, es comprar un pasaje directo al manicomio. Y cualquier lugar es peor que el manicomio cuando buscas un amor claro y diáfano.
Solo hay que estar preparado para lo peor (no encontrarlo) y la soledad. En la búsqueda de lo cuasi imposible, solo se puede sobrevivir y llegar al final si no tienes miedo a estar aislado.
Debe haber un amor claro y diáfano. Un amor exclusivo donde ellos dos sean suficientes para sí mismos y puedan dar la espalda al mundo y sus horrores idiotas.
Todo mi ser lo intuye, como el ozono de una tormenta cercana que crea un aire picante y fresco en mi olfato; pero son tan escasos los amores claros y diáfanos, que es más que probable morir sin encontrarlo; aún así no se debe abandonar la búsqueda.
Existe el amor claro y diáfano, como el diamante más puro.
Para rendirse en su búsqueda, solo es excusa la muerte.
Una vez conoces o intuyes su existencia, tu única función en la vida es encontrarlo.
Sé que hay gente que lo ha encontrado, pero no hay estadísticas. Los amantes claros y diáfanos huyen y excluyen al mundo y sus estadísticas.
Son tan pocos que se consideran mitos.
Hay demasiados amores vulgares que apenas duran un segundo frente a su propio reflejo en el espejo. Cuando la luz pasa a través de esos amores, no se refracta, no se descompone por la fuerza de la exclusividad y la pasión. Se convierte en un haz de una linterna barata, un rayo de luz amarillo que ilumina el polvo del aire, como el sol mediocre de las tardes sucias y polvorientas.
El sonido de un amor vulgar es un balbuceo apenas comprensible que lleva a un silencio incómodo.
Son amores que no se sostienen a sí mismos, que se refugian a su vez en otros amores y en otros afectos para poder soportar toda esa mediocridad diaria.
Un mal arreglo, un mal menor para vidas menores.
Se enamoraron por cobardía a la soledad; pero los cobardes mueren cobardes y el amor se pudre en un jarrón sin agua.
Los amores que no son exclusivos son algo de lo que huir, son trampas, espejismos convenientes de las mentes pusilánimes y banales que insultan la inteligencia.
Los cobardes no pueden aceptar que la soledad es una amante segura y sincera. Los cobardes tienen miedo a que el aire viciado de una mina joda sus pulmones.
La soledad no te abandona ni a la hora de la muerte. Es una capa del color de la valentía que protege del bacilo de lo adocenado.
Los amigos no valen un amor claro diáfano, no son suficientemente potentes; amigos míos, perdonad por ello, el amor claro y diáfano tampoco tiene piedad conmigo.
Mejor solo que mal acompañado. No es correcto: mejor muerto que mal acompañado.
Hay que morir en soledad si no tienes un amor claro y diáfano clavado en el puto corazón. Porque quien vive mediocre, muere mediocre. Y comen croquetas y se ríen en tu entierro.
Quiero una herida mortal del amor claro y diáfano, una certera puñalada que me mate derrotado y satisfecho de una búsqueda que me ha consumido.
El honor y la dignidad son importantes en un mundo repleto de juveniles amores y banalidades, son las únicas posesiones con las que nací. Y mi voluntad, mi férrea voluntad de preferir la soledad absoluta a un amor gris.
El amor claro y diáfano descompone la luz, disgrega cuerpo y alma y amalgama a los amantes. Los hace luz. O eso creen.
Y si lo creen, basta para que sea real.
Son valientes, han sufrido demasiado para encontrarse y tener paciencia para que la verdad les diga o no lo que son. No aceptan verdades ni dogmas, solo se aceptan ellos.
Lo exterior y la verdad son injerencias.
El amor claro y diáfano es un poliedro perfecto, y a través de sus múltiples facetas y de su profunda claridad se aprecia con todo detalle los ojos amados.
No hay una sola aberración óptica.
Pareciera que son diamantes tallados por dioses de otros mundos.
Bendita la luz que desgarra las sombras de los amores grises y plomizos.
Necesito un amor claro y diáfano que me convierta de basura en algo querido.
Puedo imaginar, sé perfectamente como son los fulgurantes destellos de puros y hermosos colores que nacen de la cristalina estructura de un amor claro y diáfano.
Buscaré en los lugares más recónditos del planeta lo que apenas existe. Ya no es posible vivir amores menores.
Moriré en lo oscuro y húmedo si no hay un amor de un millón de quilates que me ilumine.
Moriré en el fondo de una mina, con las uñas desgarradas.
Es mejor el aislamiento que un amor imperfecto y mal tallado.
No importa respirar mineral en polvo y poner en jaque los pulmones, no importan las manos que sangran por escarbar la tierra o la carne de mi pecho.
Si no lo encontrara a tiempo, la vida me sepultaría en un derrumbe de años.
Algo épico y romántico. He sido tan vulgar siempre...
Moriré con una dignidad y estilo que carece la humanidad, como no he podido vivir. Nadie me echará de menos, nadie me llorara hipócritamente.
Los mineros del amor diáfano y claro suelen morir en los túneles sin haber encontrado nada, con el pico en la mano, con la linterna de su casco apagada.
No todos... Los hay que viven a veces horas y días, que aún les da tiempo disfrutar esa piedra preciosa de amor puro.
Es una esperanza ridícula, pero también ha sido patética la vida hasta aquí, hasta ahora.
Mi única misión es seguir esa esperanza que atesoro en la búsqueda de lo importante, un santo grial del alma. Es la única razón por la que vale la pena abandonarlo todo y agotar toda mi vida en ello.
Hay un amor claro y diáfano que encontraré en alguna parte. Hay un diamante ya formado, ya perfecto que atrae mi piel y mi alma hacia la destrucción si fuera necesario.
Y es necesario.
Es digno.
Hay un amor claro y diáfano.
Tiene que haberlo, por favor...

Iconoclasta

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24 Mar 2014

Indefensa ante el volante

Escrito por: Iconoclasta el 24 Mar 2014 - URL Permanente

No importa que conduzca, tengo hambre de su coño, necesito untar los dedos en esa raja que me hace palpitar el glande y lo recubre del líquido viscoso que me prepara a penetrarla.

Por su coño me ahogo, no me deja respirar colapsado por el ansia, los latidos se detienen cuando sus piernas se separan.

Mis dedos no se rinden ante la falta de aire ni de presión sanguínea, porque están sedientos, se secan si no penetran el sagrado coño que deseo como un animal.

Sus dedos de negras uñas esmaltadas se cierran con fuerza en el volante cuando desgarro la calada braguita para tocar su piel. Sus pálidos y suaves muslos se ofrecen indefensos y temblorosos a mí.

A su dueño y amo.

Su cabello se agita violento con el aire que entra por la ventanilla creando azabaches remolinos que cubren sus mejillas, como pequeños azotes de un viento que pretende castigar tanta obscenidad y que apenas da consuelo al sudor que se desliza cuello abajo.

Acaricio y araño su piel, la delicada piel de su vagina hambrienta, pringo con su propio fluido los muslos que se rinden y se separan sin que ella tenga voluntad sobre ellos. No puede defenderse de mi agresión, de la invasión de mis dedos ávidos, sedientos.

Tampoco pueden abrirse totalmente al placer repentino, porque sus pies han de conducir. Divido su mente entre la carretera y su coño que palpita potente como mi corazón irrigando toda esa carne dura que duele dentro de mi bragueta. Que sufra como yo, que el sudor corra entre sus enormes y pesados pechos. Que se joda, la jodo, la joderé, la follaré siempre, sin piedad.

Aunque le duela, aunque me ahogue.

Aunque se me pare el puto corazón o nos aplastemos contra la cochina vida con forma de camión.

Nos torturamos bajo la ardiente chapa de un coche, ante idiotas que observan mi mano hurgando bajo su falda que solo pueden intuir con una duda que la estoy follando.

Sus pezones se aplastan duros contra la blonda de las copas de un breve sostén que se adivina a través de la tela de una blusa de vertiginoso escote. Buscan la boca que los succione, que los chupe, que tire de ellos hasta el límite del dolor.

Finos filamentos se crean entre mis dedos y observo maravillado por un instante el milagro de su coño: su lascivo y libidinoso óleo.

Y no pienso. Sus braguitas rotas ya no pueden contener mi deseo invasor. Y aferro con fuerza el pene que parece rugir de desenfreno por ser estrangulado por ese coño.

Deslizo sin permiso la braguita por sus piernas. "Nooo..." dice en un gemido; pero es un sí y la sigo bajando hasta los tobillos. Se las quito para que se sienta desnuda ante mí como castigo a su erótica vanidad, es mi voluntad inquebrantable, imparable, innegable...

Su mente se concentra en conducir, pero su coño se abre. Avanza sus nalgas en el asiento para que su carne se desflore y me muestra el agujero que se dilata y contrae buscando algo que lo llene.

Sus labios se separan y la lengua asoma divina cuando pinzo el clítoris tras escupir saliva en mis dedos.

Y sé que se viene, que se corre, porque una mancha oscura se forma en el asiento , bajo su coño.

El sol nos castiga, pero ni los rayos más potentes evitarán que se acabe ante miradas de gente extrañada que nos observan hacer ocultos movimientos, con las bocas que se abren indisimuladas con incontenibles jadeos de placer...

Las venas de sus muslos palpitan llevando la sangre veloz para alimentar de placer la vulva anegada de ella misma, casi reventada por mis dedos que chapotean provocando sonidos que en un semáforo en rojo parecen llenar la calle de obscenidad.

Tras las gafas de sol, sus grandes ojos se cierran por más tiempo del que la precaución aconseja y mis dedos reciben la catarata de su orgasmo. La he llevado donde he querido, mientras sujetaba mi pene poderoso y doliente de deseo con un puño crispado por encima de la coraza de ropa que lo cubre.

Sonríe y deja sus piernas abiertas para que el aire caliente, menos caliente que su coño, refresque todo ese placer que aún le eriza la piel. Blanca, suave, lamible, follable...

Yo solo puedo lamer mis dedos, y presionar el glande, sentir como se desliza una gota de viscosidad que convierte en una sola cosa la tela del calzoncillo y mi prepucio.

Su coño me funde, y yo la poseo, porque es mía.

Sin piedad, sin miedo, aunque cueste la vida, yo la jodo cuando mi polla lo pide.

Soy el dios de su coño y ella es la criatura que me hace divinidad.

Babeante, ansioso, con el semen brotando incontenible ante el milagro de su boca jadeante...

En eso me convierte, en un animal en celo.

Me apeo del coche y le digo que me deje solo, porque ya he usado mi posesión. Me observa triste y aún agitada, extraña... No la conozco.

Ahora una puta a la que le aferro un puñado de cabello marcando el ritmo de la mamada, recoge con su boca todo el semen acumulado en mis cojones por un par de billetes que le he metido entre las tetas. Y también es mía por unos segundos.

Todo es mío.

Iconoclasta

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13 Mar 2014

Ni petite, ni mort

Escrito por: Iconoclasta el 13 Mar 2014 - URL Permanente


La petite mort es una metáfora de mal gusto, una frase que no acaba de llegar a explicar ni por asomo lo que siento cuando tu coño se desliza y deja mi pene mojado de ti y de mí, palpitante como un animal que agoniza. Extenuado...
Cuando tus labios vaginales al abandonarme rozan el glande, los dedos de mis pies se encogen porque se preparan para una bajada imparable a la animalidad.
Quien padeció la petite mort no supo jamás lo que es amar, lo que es joder, lo que es el puto deseo que se extiende desde mi pijo y sube por los intestinos como un trallazo hasta mis sesos anulando todo raciocionio.
Quien padeció la petite mort echó un polvo más o menos afortunado, pero ni de su coño ni de su polla salió su alma y los abandonó.
Hostia puta...
Siempre se quedan cortos o yo soy un alienígena con amnesia que no recuerda como fue la última vez que jodió con quien amaba.
He tenido que nacer para explicarlo, para que la chusma sepa lo que es el final de un orgasmo.
El problema no solo está en el bajo intelecto medio de la población mundial, está en su mediocridad e hipocresía. Las putas palabras que dan miedo de escribir, de pensar, de decir. Siempre es igual: morir es "dormir", una enfermedad terminal es "estar enfermito", follar es "hacer el amor", odiar es "ya no te amo de la misma forma" y quiero joderte es "estás preciosa".
El" te amo", se dice durante la comida, meando o viendo una película; y si te la quieres tirar, se lo dices.
Cuando era pequeño no podía acertar que era lo que me repugnaba de una forma latente y continua en mi cerebro. Me hice un poco más mayor y supe que el asco venía de lo que pensaban ellos, todos. No quería saberlo, pero es así, me invade la humanidad como una metástasis de otra metástasis más profunda.
Unos pintan cuadros y yo tengo cáncer de vómito ante la humanidad.
Se inventan alucinaciones angelicales creyendo ser seres divinos y en lugar de sexos que huelen a orina y excremento, pareciera que tienen crisantemos y un colibrí libando sus sexos con suprema delicadeza.
Pues bien, yo aplasto al colibrí y arranco los crisantemos, quiero la carne desnuda y la orina escapándose de placer junto con el semen y las babas.
Esa comunión de éxtasis y flaccidez mental, cuando un coño se llena de semen y una polla se vacía, es solo para menores de edad, para intelectos menores e hipócritas.
La petite mort no explica mi segunda eyaculación, cuando de tu sexo mana mi semen en mi vientre por una simple cuestión de gravedad, cuando tu raja se muestra aún blanquecina.
La petite mort parece solo una estúpida tontería que padecen hombres y mujeres sin demasiadas inquietudes.
Mi gran muerte me lleva a odiarlo todo cuando me desvanezco entre los ecos de una corrida que parece arrancarme los cojones y hacer mierda mi voluntad.
Y blasfemo en nombre de la bestia en la que me convierto. Tu coño me roba la inteligencia y lo humano.
Me corro como dios, o como le gustaría hacerlo. Dios babea cuando ve mi vientre contraerse y mi semen abrirse paso por la carne de mi bálano.
Después de joderte soy libre, soy la antimateria y un ser sin intelecto.
Pero ante todo soy un guiñapo incapaz de defenderse, si me quisieran abrir el pecho y arrancarme el corazón no podría hacer nada por evitarlo. Porque aún, durante unos minutos estoy en tu vagina, sintiendo esa presión que me arranca los hijos que jamás nacerán y que no los quiero.
Solo puedo aferrar mis cojones y sentir que no te los has llevado. Y descansar...
Descansar y no ser.
Eso no es una petite mort, es una bajada directa al más puro bestialismo. Es estar cabronamente vivo y jodidamente idiota por unos minutos.
Es estar a merced de lo que te amo, por eso permanezco indefenso sujetándome la polla aún goteante y respirando como puedo.
Si pagara a una puta, no habría nada de eso, le daría una patada en el culo para que se fuera de mi lado. No soy un bohemio de la absenta y las putas sifilíticas de otros tiempos, que inventaron la petite mort porque sus cerebros estaban demasiado descompuestos. Demasiado vulgares sin las drogas.
Putas y bohemios de vida fácil y divertida... Qué coño sabrán, idiotas...
La petite mort, no explicará jamás porque me quedo tan vacío cuando me arrancas parte de mí con tu coño inmenso, con tu coño dulce, con tu coño ávido, con tu coño soberbio que se sabe superior a mí.
Que lo es...
Hay una expresión que es la verdadera: hacerse mierda.
Y fumar hasta que la voluntad vuelva, tarde lo que tarde.



Iconoclasta

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03 Dic 2013

Follar y el cosmos

Escrito por: Iconoclasta el 03 Dic 2013 - URL Permanente

He jalado del prepucio y el glande rosado, húmedo y resbaladizo se ha desbordado. Luce enorme y obsceno. Manan unas gotas de sangre por la piel desgarrada de tanta presión.

No es accidental, ni aleatorio. Estoy caliente como un sol.

Mirándolo pienso que soy la metáfora viviente de la teoría del Big Bang y la continua expansión del Universo.

Vanidad justificada...

Deslizándose el fluido necesario por el bálano para penetrar y bombear en su deseado y hambriento coño, pienso en los agujeros negros y su mortal fuerza de atracción.

Aferro con fuerza toda esa carne dura y se me cierran los ojos de placer. Una gota de deseo rojizo se desliza ardiente por mi puño y me enciende, me embrutece, soy el hombre que vuela directo por el cosmos a la perdición.

Los dos, mi pene y yo, nos dirigimos suicidamente al horizonte de eventos , al coño que palpita de deseo.

Soy el satélite de mi polla y me dejo arrastrar al otro lado si lo hubiera.

Una vez dentro ya no sé qué es el glande o qué es la vagina que me oprime furiosa y sin piedad. Es fusión total. Solo sé que siendo absorbido me aferro a sus poderosos y rotundos pechos en un intento por no desaparecer. Por no desintegrarme.

No lo consigo.

Muriendo así, tengo la absoluta certeza que el cosmos es una mujer con las piernas abiertas y una vulva goteante.

Es una revelación que se repite constantemente, como el padrenuestro en las iglesias y en los colegios; sin que el humo del cigarro que me irrita los ojos aplaque en algo mi total indiferencia hacia la fe que nada tiene que ver con su cósmica vagina.

Bendito sea el semen mío de cada día con el que anego su coño...

Padre, no me arrepiento, no he pecado. Soy perfecto en mi brutal deseo.

Tiene sentido que exista la Vía Láctea cuando el semen rezuma por los deseados labios de su coño al eyacular furioso y sin aire en los pulmones.

Tiene sentido que los bebés nazcan con la mancha del pecado original que es mi semen en su cabeza. A veces nacen muertos y no importa demasiado; mi objetivo es follarla y cualquier otra consideración no procede. Los que mueren, que descansen o no, en paz.

Respecto a mis cojones: son dos áridos y estériles asteroides que no buscan reproducción. El que estén cargados de esperma es puramente accidental, podría tratarse de petróleo o nicotina.

O mierda...

Solo existen pegados a mi polla para que expulsen algo que llene los conductos seminales y así provocar el explosivo placer.

Como una supernova que en lugar de luz, riega con semen el cosmos.

Es algo hedonista y mecánico que nada tiene que ver con la consecución de la vida.

Ni siquiera con el amor; porque el Universo y yo somos gélidos a pesar de los rayos ultravioletas, gamma y solares de miles de astros que invaden el vacío.

No tenemos una memoria a largo plazo, el pasado y lo pasado, lo que fue y lo que no existió, está ya demasiado lejos e inalcanzable; como en una ecuación de segundo grado, lo nacido y lo muerto, lo soñado y lo vivido se ha precipitado en el seno de la parábola donde nace lo negativo y lo positivo sin que tenga consecuencia alguna.

Porque todo se olvida y muere cuando follo, cuando la meto, cuando escupo mi semen ardiente en ese coño enorme.

El cosmos es el vertedero de mis recuerdos.

Lo malo es que no hay otra dimensión "al otro lado" del agujero negro. Una vez he descargado y mi falo agotado ha sido víctima de los espasmos de su coño, vuelvo aquí, entre ellos, los vulgares. Saboreando aún las babas de su vagina, el aroma fuerte a orina y corrida de ese precioso agujero negro que es su coño. La siempre agresiva dureza de su clítoris que sobresale bizarro entre los pliegues de ese coño por el que mataría a dios y mi padre.

No...

Corrección: no es malo volver, no es malo no acceder a otra dimensión.

Vale la pena vivir en esta triste y decepcionante realidad para surcar el cosmos de nuevo, cientos de veces, y ser engullido por esa deseada singularidad que es su vagina desplegada, agitándose con cada inhalación de aire cuando meto mi lengua en ella.

Soy una estrella fugaz que resucita en breves ciclos con el único fin de follarla.

Follar el cosmos, que es finito y es ella...

Iconoclasta

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31 Oct 2013

Repulsión

Escrito por: Iconoclasta el 31 Oct 2013 - URL Permanente

Las palabras son pobres para expresar el rechazo, la repulsión. Pueden llevar a engaño, a ser demasiado ambiguas a pesar de la claridad con la que se apuñala con ellas.
Hay diccionarios que recogen el acervo cultural de los ignorantes y acopian palabras que sirven absolutamente para nada, solo son expresiones de analfabetos con una pretenciosa ambición de ser neologismos. Los hay de citas, que aunque no den satisfacción, te hacen parecer culta. Hay diccionarios de todo tipo, seguramente se puede comprar uno que no servirá absolutamente para nada, salvo para taparme la cara ante el asco que siente al verme.
Pero si pudiera, me comería el coño ahora mismo y todo el asco que me tiene me lo metería con su glande en el culo sin piedad. Yo me dejaría, pero sin demasiada alegría.
Hay medios atenuantes para evitar sentirme infectada por la repulsión que siente hacia a mí.
Puedo imaginar chistes obscenos, hablar de banalidades o ver una película en silencio para no soportar todo ese asco que me tira a la cara y darle tiempo y lugar para que se pueda expresar con quien ama y desea con más intimidad.
No es por bondad, ni por ser tolerante y comprensiva con su nuevo amor de mierda, es para tener algo de comodidad en medio de toda esa repulsión. Llegados a este punto todo está acabado, es un proceso imparable y cuanto menos molesto sea, mejor.
El lenguaje, para la cuestión del asco y el rechazo, carece de suficientes recursos.
Hay una serie de consoladores rotativos, con perlas que frotan los labios vaginales, que te distraen deliciosa y tiernamente de ese asco que siente; no son muy caros y me quieren. Es que uno solo es aburrido y ya está viejo el que tengo.
Las palabras a veces son mentirosas, ofensivas, hirientes y siempre superfluas, es muy difícil que revelen lo real. Podrían considerarse un berrinche pasajero.
Nunca alcanzarán la intensidad y la sinceridad que produce el contacto con la piel de quien siente asco.
Es un proceso simple, pero te pringa los dedos y los labios como una brea que no se puede quitar aunque se froten las manos desesperadamente con arena.
Un beso en la mejilla y sus lágrimas se derraman como si fuera violación, acaricias su piel y sus músculos se crispan.
Ya no es esa piel que le besa la que deseaba. En el mercado de los fracasados siempre hay pieles mejores que elegir.
Ahí, en ese instante de llanto y tensión, hay que pensar seriamente en que el amor se ha ido a la mierda, o mejor expresado, ha encontrado otra simpatía, otras risas y otro placer.
Cualquier palabra es infructuosa y patética.
Hay esmaltes de uñas preciosos que te mantienen un rato distraída de tanta repulsión. Mucho asco, pero clava su mirada en mis pezones duros sin disimulo.
En ese mismo instante en el que sus lagrimitas se escapan tras el casto beso, comienza a aflorar mi vergüenza por haber amado ese ser que ahora se ahoga en asco al besarle, al hablarle, al acercarme... En todo momento.
La vergüenza de que su nuevo amor se fraguó ya meses atrás, cuando yo le comía la polla y él soñaba que era la boca de la otra.
No es suficiente y hay que realizar otro test de repulsión.
Acme (la de los inventos del Coyote y el Correcaminos) los vende baratos y son bastante fiables; pero si la economía va un poco deprimida y por el mismo camino que el amor, hay un recurso más sencillo, aunque es sucio: el abrazo.
La prueba de fuego es el abrazo: cuando su cabeza se mantiene rígida y lejana para que no llegue mi beso, cuando su cuerpo se endurece y parece que es madera, algo ajeno a mí, a lo que un día fue; resulta positiva de repulsión.
Es algo lógico, era de esperar tras el primer llanto por un beso en la mejilla; pero hay que pasar por ello antes de enviar a la mierda "tantos años o meses de amor", hay que asegurarse y untarse de esa mierda que su piel despide: repulsión, asco, rechazo, pena, soledad...
El beso en los labios ya no se debe intentar, porque sería tomar veneno, cosa que es innecesaria y excesiva cuando te has intoxicado con su asco. Es mejor que el beso se lo dé quien le ama de verdad y no enfermarse más, que tome sus putas maletas y salga de una vez por todas con su repulsión a que otra le chupe los cojones.
En medio de todo ese asco, lo más saludable sería follar, no es inverosímil, puede ocurrir. Por eso quiero mis tres dildos de diferentes tamaños.
A veces los que ya no se aman copulan como medida de tregua, sin esperanza; tragándose todo el asco que sienten, por la polla o por el coño. Es algo meramente funcional: hay que vaciar los huevos e hidratar la vagina; eso sí, siempre pensando en el nuevo amor y que todo ese placer es un mal trago por el que hay que pasar. No follarán mucho, pero es mejor que un beso que deja sabor a mierda en la boca y en la piel.
Los hay que siguen follando a pesar de que ya están con aquella piel que no les repugna, por algún motivo, sienten la necesidad de enmugrarse follando y recordar los viejos tiempos del asco y la miseria; pero los deficientes mentales no son ejemplo a seguir.
La repulsión no es una palabra, no son mil deseos, no son gritos ni llantos. No son onomatopeyas.
La repulsión anida en su piel y solo se siente en toda su magnitud cuando la mano hace contacto, cuando los labios se cuartean resecos tras un beso que solo ha llevado a un llanto y una tristeza infinitas.
Así que mientras él siente toda esa repulsión y asco, mejor entro en la página de Acme y compro una sex-machine, que es una especie de taladro con un pene doble (anal y vaginal): viene con un trípode y solo has de agacharte un poquito acercando el culo con el control en la mano, lo hace todo.
De verdad, que esto de ser repulsiva, me preocupa mucho.
Bip-bip.

Iconoclasta

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05 Sep 2013

La verticalidad

Escrito por: Iconoclasta el 05 Sep 2013 - URL Permanente

Tengo una erección y se revela así la dura y
larga realidad: la polla dura es una horizontalidad trémula, incontenible y
feroz.

Pienso que la erección es horizontal como la
muerte y la mediocridad.

Puedo arreglarlo, puedo verticalizar lo
erróneo.

Presiono en el nacimiento del bálano y lo
obligo a bajar, fuerzo a que el filamento
del deseo se descuelgue perpendicular al suelo, como lo está mi pijo
ardiendo; para que se pegue la hebra de baba olorosa entre el vello de mis
piernas.

El hecho de obligar a que el glande apunte con
su ojo ciego y fiero al suelo, es masturbación. La verticalidad, el peso, la
gravedad, la presión son factores que acarician mi sensibilizado meato, que se
abre hambriento buscando ciego una caverna de carne elástica donde meterse.

En la horizontalidad todo es demasiado fácil y
previsible. En la verticalidad sudo y mis cojones cuelgan henchidos de semen
para ella. Para su boca.

Para su puta boca.

Para su sagrada boca.

Para su amada boca.

Hay un agolpamiento de sangre inmediato y mi
fantasía me lleva a pensar que me agarra la polla con sus finos dedos y me
acaricia como a un caballo. Soy una bestia con la polla dura y vertical, soy el
martillo de las mujeres, el falo impío. Soy la paja que se hacen al lado de sus
maridos y de sus amantes cuando éstos duermen.

Así me gusta que me coma el rabo: yo lo
mantengo recto y vertical. Ella recibe toda esa dureza y gravedad entre mis
piernas, con mis cojones acariciando su frente. Con el vello enredado entre su
cabello rizado y opulento. Leonino...

Que mire al cielo y su boca se llene de mí.

Los dioses son verticales, nos escupen desde
allá arriba y hacen patente nuestra planicie.

Es algo que tiene arreglo.

Llenar vertical y con presión su boca con mi
semen…

Mi polla es plomada. Una sacralidad como lo
son sus pezones duros y perpendiculares al eje de mis cojones pesados y a punto
de reventar.

Me excita la verticalidad, porque la raja de su
coño es recta como a plomo caen las lágrimas de la Virgen María y las de una
madre que sostiene el cadáver de su hijo, al que parió tras ser follada, con
toda probabilidad horizontalmente.

Su boca se llena de mí, su cuello estirado,
sus ojos observando mis cojones y mi próstata, su coño dejando una mancha brillante
en el suelo, su clítoris enorme sobresale pornográfico hasta forzar mi
masturbación. Todo eso revela la verticalidad.

Son detalles que convierten a la
horizontalidad en algo aburrido.

Mi mano tiembla ante lo inevitable, ante mi
corrida, ante la sagrada eyaculación que me hace abominable a ojos de puritanos
y fariseos, porque se folla a oscuras y horizontal. Es una lucha de semen
derramado contra los dioses y la horizontalidad.

No es cruenta, solo láctea. ¿Dios se puede
quedar embarazado si toma de mi leche divina?

No sé, son cosas que uno piensa, son
blasfemias que nacen de la vertiginosa y pornógrafa verticalidad.

Mi amor succiona y succiona. Temo que me
arranque el pijo…

La penetro verticalmente y ella alza sus
nalgas para que se haga mi voluntad. La jodo con fuerza para acariciar con mi
pijo su sagrado útero si pudiera. Empalarla de tanto que la deseo…

Que piense, que crea que algo extraño se ha
clavado profundamente en sus entrañas.

Que sienta que hace lo contrario a parir.

La verticalidad no tiene piedad, yo tampoco.

Y mi amor carece de escrúpulos.

La horizontalidad es muerte y un descanso para
el corazón.

¿Quién quiere eso?

Traga mi amor, toma la eucaristía vertical de
mi polla en tu sagrada raja.

Seguiremos en pie, rectos e imbatibles con el
fluido de tu coño y mi semen goteando y marcando la verticalidad que creían
ostentar los dioses idiotas y la naturaleza imbécil y estúpida.

Iconoclasta

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03 Ago 2013

Amores - errores

Escrito por: Iconoclasta el 03 Ago 2013 - URL Permanente

No siempre, tal vez nunca…

El amor es la efímera crisálida

(se prometen amor eterno

en un ejercicio de ingenuidad,

es el juego)

de una necesidad perentoria.

Una oruga que se hace rata

y roe lo que una vez fue bueno.

Los roe a los dos hasta

que duele estar cerca.

El uno del otro…

El amor es un embarazo

de soledad y arrebato

de frustración.

Una placenta de tristeza…

Un escape a la desesperanza,

un consuelo mal comprado.

Es un alumbramiento

que a veces es aborto.

Muchas veces…

Más de lo que debería ocurrir

ante las vidas tan cortas.

Se idealizan ergo se equivocan

los amantes más sentidos y sufridos.

Se equivocan tanto

(su coño está húmedo y no por él)

que la vergüenza los asfixia

(su pene no se hace duro ante ella)

y
recurren a nuevos errores

(Sueñan con lágrimas con lo que

se les escapó de las manos)

para cubrir los que ya son historia.

Se acuchillan con engaños

las espaldas se hieren

y arrugan cartas con vergüenza

mojadas de lágrimas en su manos.

Los errores son los zombis

del amor hambriento y voraz.

Ya cadáver…

Buscan romances de nuevo

(los nuevos amantes creen llenar huecos

donde hubo amor.

Un error sobre otro error y sumando…)

los desesperados y necesitados

amantes.

Amores que mutan en errores

de nuevo, a velocidad de cometas.

Los aquejados de soledad

los necesitados de ternura

carecen de memoria histórica

se preñan de nuevo de amores

que se corromperán, porque

necesitar no es amar.

Nuevos errores…

Nuevas vanas esperanzas.

Tal vez sea la forma de no volarse la tapa de los sesos y seguir viviendo unas miserable vidas. El engaño y el drama son
alicientes para la vida.

Amar se sobrevalora en función de las carencias de cada cual.

Iconoclasta

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17 Jul 2013

Buscando el amor

Escrito por: Iconoclasta el 17 Jul 2013 - URL Permanente

No estoy de acuerdo con el tan explotado beso de amor.

Ni siquiera con el amor.

El beso es solo una muestra de libido con la que se busca algo de trascendencia a todo ese apareamiento con un romanticismo de novelucha de quiosco.

Yo solo sé, que si hubiera amor, residiría en su sexo. Por ello lo busco y me trago su coño entero.

No entiendo el amor si no es a través de su vulva elástica, viscosa y hambrienta.

Succiono su clítoris hasta que la presión de mis labios lo hace enorme, hasta que sus labios íntimos se abren tímidamente como alas de mariposa recién salida de la crisálida, así de húmedas... Y puedo aferrar con los dientes esas alas sintiendo la cabeza de la mariposa presionar contra mis incisivos. Su clítoris es una pura muestra de deseo, sin estupideces de amor.

Si tuviera alma o amor, no residiría en su corazón, está en su coño. Lo sé porque ese espíritu de amor se derrama en una viscosidad que crispa las venas de mi pene y suaviza mis cuerdas vocales cuando mi lengua la desliza por la garganta.

Su coño es la esencia de la vida. De la suya.

A veces de la mía; aunque no importa cuantas veces lo haya sido, no importa siquiera si nunca lo ha sido.

Devorando su coño, estas cosas no se plantean.

No en el corazón, no en su privilegiado cerebro. No se aloja ahí la esencia de lo que busco.

No me preocupa que me ame, ni me preocupa amarla. Solo investigo y busco.

Soy curioso, soy espeleólogo.

Todo son mentiras de literatura barata para disfrazar el deseo sexual y hacernos importante, inteligentes, psíquicos...

Soy científico desbaratando mitos y falsos delirios de amor ultrahumano.

Por ello también hundo mi dedo en su coño para dilatarlo. Y luego meto otro, y otro… Hasta que le quepa el puño entero lubricado por su deseo y pueda dar así, con la existencia del amor.

Y tal vez tomar una muestra para analizarla en algún erotomicroscopio.

Sin embargo, me entretengo en lamer mis dedos untados de su esencia viscosa y lechosa como el león limpia sus garras después de abrir a su presa: sabe a mujer y su coño es lo que es, no hay nada más que un deseo desmedido. Una vagina hambrienta, tanto como mi pene balanceándose frente a lo que desea invadir.

Eso no es amor. Tal vez el amor solo pueda identificarlo el enamorado… Tal vez no me corresponde descubrirlo.

Sigo buscando dentro de ella, aunque a veces solo siento placer y eso entorpece y hace lenta mi búsqueda. Metérsela es como resbalar por un vertiginoso tobogán no encuentro dirección ni sentido, se me pierde la horizontalidad y la verticalidad de la vida dentro de su coño.

Puedo sentir en mi glande henchido de sangre su placer, su tremendo éxtasis. No importa en quien piense, la jodo y ya está. Es el único hecho tangible.

Ella con su coño lleno y yo con mi pene arropado, nos alejamos de la cordura por el camino del placer, cada uno con su locura. Cosa que no importa, el placer no es bueno discutirlo, es un regalo de Dios. Y Dios ahora mismo está en mi glande y en su clítoris.

Preciosa la comunión de la carne…

Vuelvo a su coño porque me enloquece lo que pudiera esconder y lo que se le escapa y derrama. Aspiro, lamo y bebo. No importa por quien sea toda esa parafernalia de placer, sabe bien.

Su pelvis presiona contra mi boca, se mueve salvaje buscando el roce brutal; aún a costa de mi respiración. Tal vez sea eso el amor, esa fuerza intensa, ese buscar por todos los medios el placer; cuando se agita hasta para dañarse contra mis dientes.

No me ama, a pesar de que su coño está lleno de amor.

Está bien, es bueno. Es importante no hacerse ilusiones pueriles.

No es por mí toda ese deseo que nace de lo profundo. Soy un medio de desahogo. Solo soy una boca y una polla. Cosa que no importa, soy un buen científico, soy un espeleólogo.

Y mientras explota el placer nos hacemos animales, nos olvidamos de respirar para gemir roncos.

Follar es más intenso que morir e igual de sencillo.

No… Los besos son una pobre muestra de amor. Ni siquiera se le debería llamar amor. Una buena mamada llega mucho más profunda y es sincera y es real y es una pelvis enloquecida…

Los besos solo son el pago a cuenta de dos seres ambiciosos de devorarse y penetrarse, cosa de adolescentes a los que aún no se les ha desarrollado todo el vello.

Enciendo el cigarro. Me doy cuenta de que no he encontrado el tan buscado amor. Pienso que debe estar más profundo y que me falta longitud de pene para llegar allí.

O simplemente no sea yo el que pueda encontrarlo, tal vez el coño sabe a quién ama y qué le entrega.

Me conformo con lo que me toca, ya habrá tiempo después para perder la curiosidad.

No está tan mal investigar, la ciencia me pone cachondo.

Hay búsquedas y estudios que proporcionan un placer no solo intelectual o el tan mitificado reto a la inteligencia. No todo va a ser angustia, para variar.

“Un regalo de Dios…” No jodas… Menuda estupidez.

Qué chocho…

Iconoclasta

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21 May 2013

Fenómeno atmosférico

Escrito por: Iconoclasta el 21 May 2013 - URL Permanente

Meses esperando la lluvia, con la piel seca, la boca rasposa, los labios partidos y la piel de las manos resquebrajándose como una corteza de barro en el desierto.
Muchas veces me he arrepentido de no tener crema hidratante a mano. Y en el miembro no vendría nada mal.
Aunque ella me lo hidrata más allá de lo que la cosmética comercializa.
He subido al polvoriento tejado de la casa, la lluvia se llevará la porquería acumulada en el suelo y dará paz a mi piel. Me he estirado desnudo entre pequeñas hormigas que huyen del agua. Con mi pene erecto, venoso y agresivo por una sequía que se ha hecho eterna a lo largo de semanas y meses.
Las lluvias marcan una de mis cientos de temporadas de celo por ella.
Tengo miedo que la dilatación del pijo rasgue el prepucio, tengo una necesidad casi suicida por follarla otra vez.
Y que las hormigas se me metan por el culo es una idea que no me gusta. No quiero que me entre nada por el ano. El esfínter es salida y única dirección.
La espero con una ansiedad desesperante, aguantando el ímpetu de masturbarme, dejando los ojos abiertos a las gotas que se estrellan contra ellos y me ciegan.
Las gafas de nadador no hubieran molestado. No hubiera necesitado una gran inversión y le hubiera dado un aire fetichista a la sesión de sexo que me espera con mi reina.
Parece que lloro; pero solo quiero follarla.
Otra vez…
La lluvia da alivio a mi rostro, incluso cuando se desliza por mis labios: el agua reciente sabe a la suciedad que flota en el aire.
No importa; luego beberé directamente de su piel.
Y la mierda ajena, lo de alrededor no importará.
Me pregunto si mi picha hará el efecto de pararrayos, no me gustaría. Creo que sería indigno morir con la verga carbonizada.
Llegará aquí arriba, se sentará en mi vientre y se clavará en mí envolviendo mi carne dura con su coño viscoso, sedoso y resbaladizo. Empapado… Como si ella fuera cálida lluvia oleosa y sempiterna.
Decididamente se me va a rasgar la piel que cubre el pijo con toda esta presión. La evolución no fue muy lista y no tuvo en cuenta que nacería un hombre como yo con tantas ganas de metérsela a su mujer. El prepucio debería ser más holgado. Pienso en los judíos y la circuncisión; pero resulta traumática, es mi pellejo y lo quiero.
He de hacer algo, pero temo tocarme y eyacular fuera de ella.
Me tiene tan caliente que las gotas de agua se evaporan al contacto con la polla levantando pequeñas nubes de vapor.
Me haría muy popular en una sauna femenina.
Mis músculos se relajan, soy gelatina temblorosa bajo la lluvia. Y lo único firme es la verga que cabecea en mi pubis. Desearía tocarme ahora mismo, cerrar el puño con fuerza para subir y bajarlo con violencia. Rasgar mi puto prepucio y que sangre la polla.
Intento relajarme y dejo que la orina corra por mi vientre y se meta cálida entre los testículos y las nalgas, me gusta el contraste de la lluvia fresca con los meados.
Me limito a tirar de la piel y descubrir el glande púrpura como la casulla de un sacerdote en rito de penitencia; el meato está obscenamente abierto como lo están los labios que ansían la boca amada y deseada.
Espera la lengua que lo saciará de placer.
Me imagino metido en ella, su tanga negro transparentando la palidez de su monte de Venus rasurado, el roce del hilo a lo largo del pene en la cópula…
Saboreo entre mis dientes los pezones endurecidos, clavo los dedos maltratando sus masivos y pesados pechos.
Areolas ovales que deseo cubrir con mi leche, con mi semen ardiendo.
Es tan cálido su coño como sus labios tallados en un rostro hermoso y anguloso de grandes ojos oscuros, de una melena rizada que recibe mi semen cuando ella así lo dispone.
Estoy abandonado a su voluntad.
La lluvia hará cascadas en sus pezones y beberé y me ahogaré en ellos mientras la follo. El agua inundará la cópula y hará chapoteos obscenos sexo contra sexo.
Y como en un altar ante la Virgen María observándome con Jesús mamando de su teta, elevaré la pelvis para meterle la polla en la boca y me la devore con sus dedos acariciando mis cojones. Excitándome el ano.
Y así ante la lluvia me denigro y me formo. Me embrutezco de anhelo. Me convierto en macho en celo. Ante las nubes que limpian el aire y dan alivio a mi cuerpo y mente, soy un hombre follando la nada, el aire. El espacio que ocupará ella.
Espero el momento sublime de eyacular, cuando blasfemo ante mi caída al pozo de la irracionalidad, en el que el placer es la vertiginosa aceleración.
Los rayos cada vez se acercan más… No quisiera, pero tal vez me ponga un condón hasta que llegue. El látex es un buen aislante ¿no?
Su boca succionando mi alma a través del pijo próximo a estallar, su coño estrangulándome el bálano, aplastándolo con las contracciones de placer de su vientre.
Sintiéndome cabalgado como un toro en el rodeo.
Quiero ser como las nubes en lo profundo de su coño y llover dentro de ella.
Que se ponga en pie y de su raja gotee mi semen dejando cráteres de leche en el polvo del suelo. Barro blanco…
Lluvia de semen entre sus muslos.
Yo soy una nube que llora por ella, que descarga en ella.
Ese rayo ha caído muy cerca. Bueno… Soy osado y atrevido, peligro es mi apellido.
Soy empático con el clima, y ardo con el calor del puto sol, me hago gris con las hojas crujientes del otoño, mi pene se lubrica en la calidez de la primavera. Y en invierno desato mi furia y mis tormentas.
Me gustaría ser rayo letal y mantener así un radio de varios kilómetros entre nosotros y los humanos.
Yo solo me debo a ella, y cuando la espero, soy fenómeno atmosférico zarandeado por las caprichosas presiones y anticiclones del planeta.
Con ella empieza y acaba el día. Por ella soy primavera, verano, otoño e invierno.
Un erecto fenómeno meteorológico, es lo que soy cuando la espero, cuando la follo.
Un pararrayos pornográfico que hiere a todos los vecinos con su obscenidad.
Porque la amo y no importa mi ridículo.
Joder con ese rayo… Al final me va a freír los cojones.

Iconoclasta

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10 Abr 2013

Inhumanidad

Escrito por: Iconoclasta el 10 Abr 2013 - URL Permanente

Lamo su cuerpo como el león bebe sediento en la charca.

Arrancaría su piel con los dientes para envolver mi inconsolable pene con ese deseo impregnado.

Succiono sus pezones como la cría de un perro las mamas de su madre, buscando vida.

Laceraría sus pechos para beber su sangre. Para untarme de ella y vivir también.

Más…

Hundo la lengua en su coño como ningún otro animal lo hace, hasta que vomito y lo anego con el vértigo de mi deseo.

La penetro como no hay parangón en la naturaleza, hasta fundirme en ella, hasta que reviento mis cojones.

Hasta sentir sus intestinos…

Me meto en ella y me apresa, me retiene, anula mi voluntad y la percepción de mi propia vida.

Eyaculo y se me vacía el cerebro y lo que quede de mi razón.

Solo parezco una bestia en su superficie, cuando me hundo en ella no soy del planeta.

No soy nada conocido, ni posible.

Y ella, esa mala puta, es la creadora de mi inhumanidad.

Mi Reina de Coños.

La odio porque la amo contra mí mismo.

La odio porque la adoro y me hace cosa, algo que desconozco.

La amo y la jodo. Qué ironía…

Hasta aplastar mis testículos.

Hasta que salga sangre entre mi semen.

Iconoclasta

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Sobre este blog

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Iconoclasta: La provocación en estado puro

Soy un cuenta cosas que escribe a veces con fortuna, que tiene suerte.
Y esto no me gusta, no me gusta el tiempo y lugar en el que vivo, sin embargo, me aguanto.
Me jodo, más concretamente.
Buen sexo.

<img src="http://resources.safecreative.org/user/1002070122612/label/standard-male-72" alt="Safe Creative #1002070122612" />

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El amor que todo lo confunde

Es una novela corta, un thriller de un psicópata casado con una deficiente mental.
Como siempre, al más puro estilo iconoclasta y con las escenas tan explícitas como han podido ser posibles.
Es un relato que hiere la sensibilidad y para mayores de edad.
Está disponible en libro de tapa dura o descarga de archivo para su lectura en el ordenador.
Alguna vez tenía que dar rienda suelta a mi vanidad...
Lo encontraréis y podréis ojear en lulu.com: http://www.lulu.com/content/3341065

Buen sexo.
Iconoclasta

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