04 May 2008
A una desconocida que existe
Desperteme de madrugada tanteando a tientas en busca de un espejo, cuando le encontré pise cristales rotos por todo el suelo, más uno de ellos quedó clavado en mi alma, traté de arrancarlo por la fuerza pero cuanto más tiraba de él más profunda era la herida que me causaba. Desistí y traté de volver a dormir más mis ojos fuí incapaz de cerrar porque miraban en los de otra persona. No sé ni cuando ni como me sucedió esto, pero lo que más me hace enloquecer es no saber cuando acabara, pues inquieto me siento como una rocosa y escarpada senda rocosa y escarpada que serpentea sin cesar de trazar surcos que intentan llegar a una cumbre invisible que son las hondas gacelas blancas de tus ojos que jamás me revelaron sentimiento ni padecer alguno y que tan invisible y confinadas se presentaban para mi en este solitario paramo de tierra congelada.
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