12 Feb 2008
La decisión
Con la decisión tomada, decidió moverse deprisa, sabía que todavía le surgirían muchas dudas, aunque ya le daba igual, se conocía bien a si misma y sabía que ahora nadie podría hacerle cambiar de opinión.
Compró algo de comida para cenar y se dirigió a casa de Leyre.
Según ésta abrió la puerta le espetó - Está bien Leyre... dime qué pasos son los necesarios - y sin hacer caso de la cara de estupor que puso su amiga, se fue a la cocina a soltar la cena.
- ¡¡¡No me lo puedo creer, Itziar!!!, pensé que si no lo habías decidido en el momento, luego más reposado, tu "sensatez" no te dejaría tomar esta decisión... la risa hizo que se interrumpiera, parece que siempre me sorprendes. Bueno, pues nada, mientras cenamos te lo cuento todos ¿qué has traido? ohhhhhhh... canelones, qué asquerosa... ¿pensabas a caso que si no me dabas de comer algo que me guste mucho no te lo iba a contar?
Ya está, pensó, Itziar, no había nada como habérselo contado a Leyre, como para ser consciente de que su vida acababa de cambiar por completo de rumbo. Su amiga era encantandora, pero una ametralladora hablando y una entusiasta agotadora. Casi deseó haber esperado hasta el día siguiente, pero se recordó que ahora iba a tener muy presente a Leyre en su vida, así que mejor sería que se fuera acostumbrando a esa situación.
Cuando sonó el telefonillo, no estaba preparada para lo que pasó... la primera en entrar fue Mar, luego Sergio y por fin, Claudia con Andrea en brazos...
- Hola tía, ¡¡¡estoy contentísimo de que te vengas con nosotros!!!
- Cállate, Sergio, nos vamos al destierro, no sé porqué estás tan contento, yo no pienso ir, mamá, desde ya te lo digo, yo me pienso quedar con papá
- Como quieras Mar, ya hemos hablado de ello, primero tendrás que hablar con él, si está de acuerdo, por mi, tienes mi bendición
- Joder, mamá, ni que estuvieras intentando librarte de mi
- Mamá, Mar ha dicho una palabrota
- Cállate enano
- Callaros los dos, vais a despertar a vuestra hermana - Itziar, coge a Andrea... o mejor me la llevo a la cama, la rodearé con cojines...
Itziar les miró a todos sin ver, no podía ser, ¡¡¡sólo había perdido a Leyre de vista cinco minutos!!!
- Hola niños, dadme un beso, alguien me puede decir qué es lo que pasa aquí.
- ¿No
- ¡La gran decisión!... ¿la gran decisión?... ¡¿Cómo puedes decir que eso es una gran decisión?!... pero de verdad no te das cuenta, de que vas a perder a todos tus amigos, que quieren que nos vayamos al final del mundo...qué
- Vale, Mar, llevo oyéndote lo mismo desde que mamá nos lo contó... y yo sí me quiero ir... a mis amigos ya los veré cuando venga a ver a papá, si tu no entiendes que mamá necesita este cambio entonces es que eres más tonta de lo que pensaba
- Mira Sergio, niño bonito, ya sé que eres un pelota de mierda, pero huyendo no se solucionan las cosas, quizá pienses que con diez años ya lo sabes todo, pero te diré que si mamá se va, va a perder más que ganar
- Pues mira quien fue a hablar la más vieja del lugar... solo tienes trece años, así que no te las des de mayor, porque no eres más que una niña y...
- Ya basta - Leyre entró por la puerta - Sergio, vete a ayudar a tu madre con Andrea, ha decidido jugar con los cojines en lugar de dormirse, no esparaba a tanta gente para cenar..., y tú - se volvió a Mar - creo que ya lo hemos hablado, cariño, tu padre ha rehecho su vida y tu madre necesita seguir adelante, este siempre fue su sueño, el que abandonó por las circunstancias, ¿no crees que deberías apoyarla un poco? y si no quieres apoyarla, entonces mantente neutral por lo menos.
- Déjala Leyre - dijo Claudia apareciendo en el cuarto de estar y aproximándose a su hija - hoy está imposible, y parece que el que Itziar haya decidido venir también, le ha sentado como un mazazo
- Bueno, menos mal que alguien se acuerda de mi, me podéis contar que pasa. Leyre no te he dejado sola ni un momento, cómo es posible que Claudia llegue ya informada, vamos si se puede saber...
- Claaaaro eres la última en apuntarte pero ya quieres estar al tanto de todo. Que sepas que Leyre me estuvo comentado su plan desde que empezó a estudiarlo y casi a la vez me lo estuve pensando yo, así que madurada toda mi situación he decido participar yo también en este plan de replobación. Además Leyre pensó que tu no te vendrías, después de como reaccionaste cuando te lo contó.
- Está bien, vamos a cenar, y lo hablamos todo.
18 Ene 2008
El Inicio
La memoria le trasladó inmediatamente a aquella tarde. Los recuerdos vinieron de golpe, mientras se lo contaba, pero sorprendentemente, era como si estuviera contando la historia de otra persona. Y resultaba muy lejano, aunque realmente, no había pasado más de un mes.
Itziar se movió incómoda en la silla, ya no sabía como ponerse. La pregunta no se iba de su cabeza y dado que no le estaba dejando trabajar, decidió que lo mejor era liberar su mente y que fuera, lo que tuviera que ser.
El camino se presentaba delante de ella, Itziar tenía tres opciones. Podía quedarse donde estaba, podía retroceder o podía avanzar. Lo importante era entender lo que eso significaba. Retroceder... tampoco era tan malo, había aprendido mucho y aunque al final volviera a su antigua vida siempre sería mucho más sabia. Si se quedaba, significaba que había decidido aceptar su vida tal y como era en ese momento. Tampoco eso era malo. Ella consideraba que su vida en general estaba muy bien. Pero también podía elegir avanzar... y a la hora de elegir se daba cuenta de que lo que más miedo le daba era lo desconocido... miedo, pero también excitación y una atracción irresistible que le arrastraba a dejarlo todo, liarse la manta a la cabeza y hacer lo que el cuerpo le estaba pidiendo.
Sacudió la cabeza, la idea de intentarlo, le bloqueaba otros pensamientos... y si al final iba a tomar una decisión tenía que ser de forma objetiva y después de analizar todos sus pros y contras. Sonó el teléfono... vio que era su amiga, Leyre y decidió no coger el teléfono. Sabía que la llamaba y su silencio en cuanto a la oferta, sería una presión añadida.
Descartó el llamar a sus padres, era lo que le pedía el cuerpo, pero sabía que no podrían escucharla sin más, no podrían evitarlo y le darían su opinión, esa opinión que espera ser seguida, a pesar de no "osar" pedirlo, pero que siempre tiene ese anhelo. No con sus padres tendrían que ser hechos consumados. Fuera la elección que fuera.
El que tenía más papeletas de recibir la llamada era su hermano. Él solo opinaría si ella le decía que quería saber su opinión. Tampoco diría nada en casa de sus padres y quizá le hiciera ver la situación de forma más objetiva. Claro que quizá también las opiniones de su hermano, pudieran estar influidas por su forma de ver la vida. Para él no había nada como una ciudad. Aún así, joder, siempre había un pero, no tenía nada claro si estaba preparada para compartir con nadie sus tribulaciones. Ni si quería oir opiniones, aunque ella misma las hubiera buscado.
Todo se precipitó la semana pasada. Tuvo una bronca increible con su director. Tanto es así que presentó su carta de dimisión. No se la aceptaron, tuvieron muchas reuniones y al final las cosa se quedaron aclaradas, pero con lo que le costó redactar esa carta, removió muchas cosas en su interior. Se dio cuenta de que a pesar de estar contenta en el trabajo, normalmente, contenta con sus amigos, incluso satisfecha con haber sido capaz de mantener la amistad con Julio, después de haber roto su relación, le estaba faltando algo. A veces echaba mucho de menos a su familia, y se planteó volver a su ciudad, cerca de los suyos.
En esa situación estaba cuando apareció Leyre por sorpresa en su despacho. Le contó su proyecto nuevo. Ella estaba entusiasmada. Era todo energía, todo planes nuevos, le brillaban los ojos. De repente se paró y la miró de hito en hito. A tí te pasa algo, le dijo, no me gusta la cara que tienes. O eso o es que te está gustando tanto lo que te estoy diciendo que hasta te estás planteando venirte conmigo, la carcajada fluyó libre, Leyre, ni siquiera se dio cuenta de que había acertado, y siguió diciéndole que ella estaba haciendo el idiota, que se había conformado con la vida y que estaba dejando sus sueños de lado, sin siquiera intentarlo. Qué si se iba con ella, quizá le cambiaría la cara. Que al fin y al cabo, qué era lo que la mantenía allí. Luego sin siquiera darse cuenta de la opción que había abierto en la mente de Itziar, siguió contándole, animada todos los aspectos de su nuevo plan de vida. Era todo un torbellino de ideas, de palabras y de entusiasmo.
Así Itziar, no podía pensar más que en lo que le había contado su amiga, no podía dejar de imaginarse haciendo lo mismo. Le apetecía sentir esa pasión, le aterraba dejarlo todo e irse a la aventura, pero a la vez se sentía como una mosca que no puede evitar acercarse a la luz aunque se quemara. Además, tal y como se sentía no podía dejar de tomar una decisión pronto, porque sino le iba a estallar la cabeza, pero sabía que si no lo hacía ahora, dejaría que la vida, el fluir de los días, tomaría la decisión por ella, que no sería otra que quedarse como estaba. ¿Se lo podía permitir? Luego, cuando fuera a ver a Leyre, ¿no se "culparía" de no haber tomado una decisión activa?. Como no podía concentrarse, no podía tomar una decisión rodeada de gente, así que salió corriendo, casi ni se dio cuenta de que le hablaban a su paso, cogió el coche y condujo sin rumbo, su subconsciente la llevó a las montañas cercanas, allí se sentó en una piedra, miró el paisaje sin verlo y por fin, tomó una decisión.
16 Ene 2008
... en el mismo capítulo
Se instaló un silencio incómodo entre ambos del que ambos se dieron cuenta, pero que ninguno sabía como terminar.
Tampoco tardaron mucho, al entrar en la casa, el calor les inundó. Itziar en ese momento se dio cuenta de que estaba casi temblando. Miguel la miró un segundo y le señaló el cuarto de baño, tendiéndole la mochila.
- ¿Quieres tostadas? te voy a preparar un café bien caliente, porque parece que lo necesitas.
- Gracias - cualquiera le decía en ese momento que ella no era de mucho café, qué más bien le gustaba el nesquick y con la leche fría a poder ser, desnatada. - Si, si eres tan amable te agradecería un par de tostadas.
- ¿Las quieres con mantequilla?
- ¿cómo las tomas tú?
- Bueno, yo las tomo al estilo catalán. Las tuesto, les restriego ajo, les pongo aceite y les restriego tomate y con un poquito de sal.
Algo brilló en los ojos de Itziar, algo fugaz que casi se reflejó en una sonrisa que pudo contener a tiempo. Miguel, la observó, intrigado, casi estuvo a punto de preguntar, pero espero a que ella le respondiera.
Itziar, se había quedado pensativa, Miguel no le había podido describir mejor la tostada de sus sueños, en ese momento ni ducha ni nada, solo quería desayunar. Se dio cuenta de que no le había respondido, con tanto intentar esconder sus pensamientos, esos pensamientos traicioneros... (pero vamos a ver... desde cuando una tostada iba a significar que era el hombre de su vida, hasta a ella le pareció ridículo, pero el pensamiento le saltó traicionero, según le escuchaba).
- Para mi perfectas así, muchas gracias
Se giró y se fue al baño. Se dio una ducha con el agua casi hirbiendo a ver si entraba en calor. Se vistió y a los diez minutos ya había terminado. Miguel se sorprendió, esperaba que tardara más. Le fascinó ver su cara recién lavada, con las mejillas arreboladas, por el vapor.
Sin decir nada le pasó el café y el plato con las tostadas. También le dio una tortilla francesa. Itziar no hizo ningún comentario - como siguiera comiendo así, se iba a poner como una bola, pero eso no es algo que pensara sentada delante de un plato.
Por fin Itziar se atrevió a preguntarle cómo se llamaba. Se disculpó, porque había llegado muy cansada y la verdad es que estaba tan impaciente por ver la casa que cuando el día anterior le había dado las llaves, casi no se había fijado en nada más.
Miguel le preguntó entonces si se había enterado de las "condiciones" y ella respondió que sí, que las condiciones era algo que ya sabían previamente antes de tomar la decisión. Eso le sorprendió y le preguntó que por qué estaba hablando en plural.
Ella le miró de hito en hito y le dijo que porque sus amigas estarían a punto de llegar, que ella había sido la avanzadilla.
Él le hizo una pregunta en silencio e Itziar se dispuso a contarle, cómo era que ahora estaban allí los dos desayunando en aquella casa de pueblo, perdidos en las montañas aragonesas.
13 Ene 2008
Casi casi por el principio...
Cuando Itziar abrió los ojos estaba desorientada. Había demasiada luz, su cama era demasiado dura. De repente, se dio cuenta y exclamó: "¡lo he hecho! ¡estoy aquí!", ella misma no se lo podía creer, por fin estaba allí. Atrás se habían quedado los miedos, las indecisiones. La familia y los amigos, todos opinando sobre su propia vida. Todos sabiendo mejor que ella, qué era lo mejor para ella. Y la verdad, es que ella no lo discutía, puede que sus opiniones tengan más base de realidad, pero como les terminó diciendo, mi vida es mía y si no hago esto sé que me arrepentiré toda mi vida. Así que, lo voy a hacer y si me estrello, ya me levantaré. Y ante estas palabras, todos se quedaron callados. El único que dijo algo más fue su hermano, que le dijo, pues nada, nena, adelante y suerte, yo estoy para lo que tú necesites. Así que no hay nada como como un hermano, para levantar la moral en el momento en que más enfadada, triste, emocionada, insegura, segura, estaba.
Mientras miraba el cielo azul se dio cuenta de que tenía el saco todo retorcido y que casi no se podía mover. También observó el sitio en el que decidió dormir la noche anterior. Tenía un árbol cerca y al fondo...se oía un ruido. Eso le hizo que pudiéndose mover o no, salir casi corriendo del saco, darse cuenta de que hacía muchíiiiisimo frío y salir corriendo al baño y "rezando" para que por lo menos, eso funcionara. Todavía se maravilló de la casa le había tocado, luego se maravilló más de que hiciera aun, más frío dentro que fuera.
Cuando salió, ya con menos urgencia, se encontró que al lado de sus cosas estaba el hombre que le había dado la llave de la casa el día anterior. En un momento su cerebro se puso a mil. ¿Qué quería? ¿Por qué ella estaba en pijama, con las zapatillas de deporte sin atar, con el pelo alborotado, con la cara de recién levantada y el tipo ese, estaba allí, tan arreglado, abrigado, con pinta de haber dormido no solo bien, sino que cómodamente y de haber tomado un desayuno reconstrituyente y sobre todo, un café calentito? y claro siendo como ella era, seguro que todos estos pensamientos se reflejaron en su cara, porque aquel hombre sonrio, con una media sonrisa que a ella se les antojó, encantandora y muy enigmática.
Antes de que su imaginación pudiera ir más allá, volvió a escuchar su voz, esa voz que tanto le había impresionado la tarde anterior y que ahora mismo se dio cuenta de que había soñado con ella, vamos, que... se estaba poniendo como un tomate, así que mucho mejor, centrarse en lo que le estaba diciendo.
- Venía a ver, si necesitaba algo.
- La verdad necesitaría que hubiera aparecido dentro de media hora, cuando ya estuviera arreglada.
- Teniendo en cuenta de que no tiene usted agua caliente, también venía a ofrecerle, si quería arreglarse en casa - se quedé valorando como se sentiría en el cuarto de baño de un desconocido, luego que él desde ayer por la tarde ERA su vecino y que además, eso de lavarse con agua fría cuando la temperatura que hacía era de un par de grados y según lo pensaba se oyó decir a sí misma - Pues muchas gracias... ¿podemos tutearnos?
A Miguel se les pasó una sombra que desapareció casi inmediatamente.
- Claro, por mi no hay problema. ¿Vamos?
Miguel observó a Itziar, mientras ésta recogía el neceser y una pequeña bolsa, preguntándose, qué le habia llevado a ofrecer su casa. Pensó rápidamente, si tenía el cuarto de baño, lo suficientemente recogido y al final llegó a la conclusión de que sí. Todavía no se podía creer que la hubiera invitado. Si ayer, cuando cerró su puerta detrás de ella, supo que mejor sería mantenerse lo más alejado posible. Pero esa mañana, no había podido resistirse en acercarse a ver qué tal estaba. La casa estaba fría y la mujer había aparecido ¡andando!. Lo de repoblar los pueblos era un buen proyecto, pero ¿qué se creerían que es el campo, estos de la ciudad?. Ni siquiera sabía qué es lo que iba a hacer esta mujer. Sabía que se habían apuntado cinco familias. Pero no tenía claro cuales serían las "ocupaciones". Así el pueblo crecería a ocho familias. Eso sí, de todas las casas que estaban a su disposición, se sorprendió mucho que hubieran escogido de las más destartaladas. De las cuales, la que era casi una ruina era la que en este momento estaba delante de él. Por su mente, cruzó la idea, de lo que podrían llegar a hacer para estropear una casa tan "de su pueblo". Pensó que quizá habría que haber puesto normas para que se mantuviera el estilo del pueblo, pero le tuvieron cierto miedo a que entonces no se apuntara nadie. Y no sabía qué era peor, que el pueblo se muriera o que le pasara como a Pico Yermo que ahora, lo habían convertido en una especie de urbanización, modernizado, con unas casas "horribles".
Itziar estaba allí parada, mirando fíjamente al hombre, no recordaba su nombre y ahora le daba cierto corte preguntar. Él la estaba mirando, pero ella tenía la impresión de que sus pensamientos estaban muy lejos. No sabía si moverse o esperar tranquilamente a que volviera de sus ensoñamientos, aunque el frío, estaba empezando a decidir por ella.
De repente el hombre se acercó mucho, tanto que le cogió la mochila y ella no pudo ni protestar y moviendo la cabeza le indicó que le siguiera (qué simpático y educado, se enfurriñó ella) pero le siguió.
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