08 Dic 2007
El Dios de la montaña

Henry David Thoreau dijo una vez: “fui a vivir al bosque porque quería vivir despierto, enfrentarme a los hechos esenciales de la vida y aprender lo necesario para no verme obligado, cuando estuviera postrado en mi lecho de muerte, a reconocer que no había vivido”.
Esta frase retumba en mi cabeza mientras asciendo por un bosque camino de un collado en la montaña. Unos pasos más adelante está Jorge, mi hijo mayor.
La soledad y el silencio nos rodea. Sólo se oye el rumor del viento en las ramas de los árboles. El cielo se oscurece y unas nubes oscuras aparecen sobre las crestas de roca de las montañas. Huele a humedad y a campo; es un olor intenso, fresco, que me trae a la memoria infinidad de momentos perfectos.

Una vez en lo alto del collado ascendemos a una arista de piedra desde donde se ve un paisaje espectacular. Un mar de nubes por debajo y alguna que otra cima asomando entre ellas, como una isla. Es un momento atemporal, eterno, un instante perfecto. Siento de un modo increíblemente intenso que estoy aquí, ahora.
Pienso en que , justo en este momento de mi vida, en que ya mi camino no va a ninguna parte, es cuando realmente está empezado mi verdadero viaje y soy feliz con esa sensación. Siento que ahora ya sé lo que debo buscar. Ahora, después de tantos años, por fin he encontrado mi rumbo y mi camino.
Se ha levantado un fuerte viento; nos estamos helando y mi hijo me dice que tenemos que bajar. Le observo y pienso en que hoy, por vez primera, percibo que él a tomado ya el relevo. Le pido que me espere mientras cruzo la estrecha arista colgado de las manos y con los pies apoyados en la pared. Debajo de mi cuerpo percibo esa maravillosa sensación de vacío que tanto me embriagaba en el pasado.
Desciendo de la arista a regañadientes. Quisiera permanecer en ese lugar barrido por el viento eternamente. Allí, sobre las nubes, formando parte de toda esa perfecta eternidad.

Mientras le sigo por un estrecho corredor de piedra pienso en que debo trabajar en aprender, crecer, en transformarme. Continuar desarrollando una forma mucho más sabia y más profunda de percibir la vida. Llegar a ser capaz de vivir cada momento con toda su riqueza y sus matices. Debo aprender a vivir en mis sentidos. Debo aprender a vivir en esa intensidad.
El Buda dijo que todo su mensaje podía referirse en una sola frase: “No existe nada como “yo”, “mi” o “lo mío” a lo que aferrarse. También quiero grabarme a fuego esas palabras, porque ahí está la clave de toda la experiencia.

Pasan las horas y descendemos por un estrecho valle encajonado entre inmensas paredes de piedra. Cruzamos bosques de ensueño, atravesamos riachuelos de agua trasparente y helada. Crecen árboles inmensos entre las piedras y algunas cabras montesas nos observan encaramadas entre las rocas. Sobre nosotros, a gran altura vuelan en círculo algunos buitres, y cuando paramos, un par de ellos bajan a observarnos desde muy poca altura. Su vuelo es elegante y silencioso. Todo rebosa perfección.

Mi hijo se ríe de mí cuando le digo por centésima vez: ¿te das cuenta? ¡Estamos viendo prodigios! Y así, entre risas y bromas vamos descendiendo lentamente del cielo, de las nubes, del mundo del Dios de la montaña. Bajamos paso a paso a ese otro mundo, el mundo de los hombres. Un mundo en el que es mucho más difícil encontrar un lugar en el que ser feliz, pero un mundo también interesante y lleno de desafíos para el que tiene el coraje de luchar por aprender.
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POLVO SUDOR Y CARDOS
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22 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Odys Guankenobis dijo
Esta entrada es preciosa, llena de sentimiento y elevada -quizá por estar forjada en las alturas?- reflexión, pero si he de quedarme con algo, me quedo con la segunda foto. Auténtica, de verdad. Un saludo.
Blueve dijo
Que maravilla de paisajes, tocar el cielo con la puntita de los dedos, acariciar esas nubes de algodón, precioso post, gracias por regalarme esta maravilla, es fácil desarrollar los sentidos en ese paraje que invita a la reflexión. Un abrazo.
José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo
Enormes comentarios para expresar un sentimiento. Las fotos demuestran que encontraste el paraiso. Un abrazo.
Angel Pasos dijo
Hola amigos, hola Blueve: gracias a vosotros por vuestros comentarios. Me alegro que os haya gustado el artículo. A lo mejor escribo una segunda parte porque tengo más fotos que están muy bien.
Un abrazo.
blasftome dijo
Angel: Bonito "post", sobre todo porque tu hijo está en el medio de tu filosofía, de tu viaje, de tus reflexiones, de tus decisiones,..... Y sólo por eso, tal vez sea algo más.
sailingalea dijo
me ha encantado la felicidad que destilan tus palabras: como persona, como padre, como caminante, como parte de un todo
las fotos: la guinda para una riquísima tarta
gracias por alegrar un domingo!!!!!!!!!!!
Angel Pasos dijo
Hola blasftome: gracias por tu comentario; tienes razón, mi hijo en medio de mi filosofía. Eso hizo del día algo muy especial.
Un abrazo.
Hola sailingalea: me alegro que te haya gustado. Tus comentarios siempre me alegran a mi también.
Un abrazo
kovalam90 dijo
El texto mágnifico, como siempre. Las fotos preciosas. Y las reflexiones... las reflexiones son como para no olvidar
hurano dijo
Joooo, que sitio más guapo. Qué suerte tener un cielo tan al alcance.
Y yo que pensaba que no existía...que era un mito.
Ahora ya lo he visto en fotos.
No sé cuantos años tendrá tu hijo, pero el mío de 9 está a punto de empezar a sentir el polvo, el sudor y algunos cardos que no se encuentran en el carril bici por el que discurre su caminar "ciclístico"
finger39 dijo
Me ha gustado mucho ...!! Hay un haiku que dice : " Cuando llegues a la cima de montaña fria sigue subiendo "
jose-carlos-ga-fajardo dijo
Buen post, buenas fotos y gran corazón. Te acabo de leer en la revista Fusión. Lo copio para que lo saboreen tus amigos:Transformarse y crecer
Ángel Pasos
Ayer salimos a dar una vuelta muy tranquila, quería pensar con calma. Nos dirigimos hacia el campo y busqué un pequeño camino solitario que discurre junto a unos barrancos. Hacía un calor asfixiante. Todo tenía un color extraño; la atmósfera estaba cargada de polvo y parecía que en cualquier momento se iba a desatar una de esas típicas tormentas de verano. La sensación de bochorno era abrumadora y las gotas de sudor resbalaban desde mi frente, a lo largo del rostro, hasta la punta de mi nariz, y desde allí caían al suelo a un ritmo exagerado.
Intentaba concentrarme, entrar en mi interior, olvidarme del mundo, perderme en el ritmo de mi respiración y resistir.
La gente no comprende todo ese aspecto fascinante que se esconde tras la resistencia. Recuerdo ahora una frase que decía: "¿quién dijo vencer? Resistir es todo".
Muy poca gente entiende esto, como tampoco entienden por qué algunas personas necesitan subir más alto, bucear más profundo, llegar más lejos; corriendo, andando, en una silla de ruedas o sobre una bicicleta.
Ahora que ya vamos entrando en años, creo que tengo la respuesta. Hay algo de búsqueda instintiva, algo de espiritualidad en el esfuerzo.
Detrás de cualquier forma de resistencia se esconde un aspecto esencial de nuestro ser, el ansia de trascendencia, algo que nos eleva y nos hace más sabios, más libres y mejores.
El que lucha se siente vivo, y el que se siente vivo conserva la esperanza.
El que practica un deporte de resistencia trabaja para hacer de sí mismo algo mejor, más noble y más profundo. En ese proceso, sin darse apenas cuenta, aprende a servir a los demás, porque pone a prueba su espíritu, su fuerza y su carácter.
Hay algo de búsqueda instintiva, algo de espiritualidad en el esfuerzo
Así, uno empieza corriendo, montando en bicicleta, o luchando, sobre una silla de ruedas, contra un destino fatal. Se esfuerza por una causa justa -luchar por salvar una parte de su existencia- y se olvida de su seguridad. Deja a un lado su vida cómoda y se esfuerza cada maldito día por luchar.
De pronto, de un modo misterioso, ese hombre solitario, cambia su vida en favor de la vida de los demás, se implica con todo su corazón y paga un alto precio. Un precio en forma de renuncia. Renuncia a las cosas amables de la vida. Renuncia a su comodidad. Dedica su vida a resistir con los abandonados -a veces el abandonado es uno mismo-, enseña con su ejemplo a no rendirse ante la adversidad, y así, sin darse apenas cuenta, acaba convirtiéndose en un ser para la resistencia. Alguien que en su búsqueda extraña y solitaria, entrega lo mejor de su alma a los demás. Un hombre, una mujer, un sueño, alguien que es necesario, imprescindible, para que el resto de la humanidad pueda creer. §
Angel Pasos
Fusión, diciembre 2007
jose-carlos-ga-fajardo dijo
Un día, tu hijo se coló en este blog y nos hizo reír sobre quién ganó a quién en una paseo en bici.
¡Ánimo chaval, cuéntanos cómo es el buscador de la montaña fría... en una excursión a la misma? Puede ser como un Rambo, un destroyer todoterreno... pero os queremos igual. A tu madre y a la he conocido el otro día en mi casa y compruebo que sobrevive. Un beso, T.
JC
Mariajo dijo
Querido y siempre presente Ángel, tanto el texto como las fotos son un precioso regalo. Comparto el sentir de los otros amigos que han dejado sus post. Ya no sabría decir algo a la misma "altura", pero tú lo sabes. Un beso
Angel Pasos dijo
Kovalam: me alegro que te haya gustado el texto y las reflexiones. Un abrazo
Hola hurano: este día venía conmigo mi hijo mayor y tiene 25 años. Con cuatro años ya escaló alguna vía de verdad conmigo en plan juego. Ahora él tira de mí en los pasos duros.
finger39: me gusta mucho ese haiku. Desde que lo leí me cautivó. He pensado en él muchas veces.
Un abrazo.
Angel Pasos dijo
Jose Carlos: me ha hecho mucha ilusión que me hayan publicado en la revista, pero es sólo vanidad. Me hace más ilusión ver tu comentario y el de Mariajo.
El niño que venía conmigo no es el enano (Ángel pequeño) -el de la bici-, sino el mayor (que tiene 25 años) -mucho más operativo para subirse a las piedras porque es como el Yeti.
Un abrazo.
Angel Pasos dijo
Mariajo: está claro que tengo que poner montañas para que aparezcas por aquí.
Un abrazo inmenso.
johnny dijo
Bueno, sin comentarios. Me has dejado en la calma de tus palabras. Y eso que estaba con ese estress de después de un viaje duro. Un abrazo.
Angel Pasos dijo
Hola johnny: la calma. ¡Que bien suenan esas palabras! Todo un misterio eso de encontrar la calma.
Deberíamos escribir algo sobre eso. ¿O ya lo hemos hecho? Da igual, repetiremos.
Un abrazo.
mariajo dijo
Ángel, me he permitido enviar a mis amigos amantes de las cumbres uno de tus preciosos textos como felicitación de navidad, por supuesto con tu firma. Ha sido un éxito espectacular... Todos esperan que publiques pronto esas experiencias que nos conmueven. Subimos juntos. Un beso grande, Mariajo
Angel Pasos dijo
Hola mariajo: ¡Que buena idea! Me encanta. Un abrazo.
igoarinon dijo
Gracias, Angel! estas reflexiones tuyas me han ayudado a salir de MI huracan!, ese que amenaza con destruirlo todo a su paso.
Te leo, me quedo absorta, subo a la montana, aspiro el perfume de la tierra, palpo las rocas y les robo su energia que me anclara de nuevo a la tierra, al ahora.
Un abrazo, amigo
Angel Pasos dijo
Hola igoarinon: si te han ayudado estas palabras ¡bien por ellas! Regresa a tus sentidos y sé feliz con toda el alma; olvídate de todo lo demás.
Un abrazo.
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