11 Mar 2008

CCS -Las voces del bosque-

Escrito por: Angel Pasos el 11 Mar 2008 - URL Permanente

Este post forma parte de una serie de artículos que me han publicado en el (CCS) Centro de Colaboraciones Solidarias, de la ONG “Solidarios para el Desarrollo”.

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Solidarios para el Desarrollo es una organización humanitaria vinculada a la Universidad Complutense de Madrid (España) y el CCS es un servicio de información gratuito que la ONG ofrece a multitud de medios de comunicación de América Latina, EE.UU y España. Merece la pena entrar en su página y leer los excelentes artículos que contiene. http://www.ucm.es/info/solidarios/ccs/inicio.htm

Las voces del bosque

Un banco de nubes, llegado desde el sur, se ha apoderado del cielo. La oscuridad nos sorprende en medio del campo. Mi bicicleta calla y yo me limito a dar pedales. Cae agua nieve y se ha levantado un viento frío. Algunas ráfagas hacen que tenga que agarrarme fuerte al manillar para no caer. El viento me estremece y avanzo entre la ventisca, la oscuridad y mis dudas: “¿Por qué hago esto?”

A veces, oigo como un lamento y tengo la sensación de que me siguen, pero vuelvo la cabeza y no veo a nadie: tan sólo oscuridad. Presto atención. Sí; es el viento que gime entre los árboles del bosque; como si muchas voces hablaran a la vez. Se diría un murmullo de conversaciones que se entrecruzan. Escucho, pero no consigo entender lo que dicen.

Pasa el tiempo y la soledad pesa en mi corazón como la muerte, pero continúo. Ya se hace demasiado tarde; el sol se ha puesto hace rato y el día se apaga como concluye todo, de modo inesperado, extraño.

Ahora, todo se reduce a seguir. Avanzar a través de la noche y del frío, de la soledad y del silencio aterido. Seguir, sin perder la esperanza de llegar a algún sitio. Avanzar sin perder el empuje; convencido de que todo este esfuerzo sirve para algo. También resistir, porque hay un tiempo para todo lo que es importante, aunque, a veces, lo que importa es comprender que todo se reduce a resistir. A tener la fuerza y el coraje para resistir cuanto sea necesario.

El viento arrecia y el bosque se ha llena de gemidos. Mi bicicleta dice que son las voces de los que ya no tienen voz, las voces de los que nunca fueron escuchados, las voces de los arrebatados en vida, que en las noches de viento se juntan y le cuentan a todo el que pasa, su dolor y su mensaje. La historia de todo lo que pasó.

-Pero ¿cual es su historia y a qué mensaje se refieren? –pregunto a mi bicicleta.

-Eso tendremos que averiguarlo – responde.

El viento sopla cada vez más fuerte. Una rama se desgaja de un árbol y se desploma, casi sin hacer ruido. Me sobresalto y miro, justo detrás de ella, emergiendo del agua del río, contemplo los restos de un búnker olvidado de la última guerra que padecimos.

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