29 Abr 2008

CCS -Un encuentro inesperado-

Escrito por: Angel Pasos el 29 Abr 2008 - URL Permanente

Este post forma parte de una serie de artículos que me han publicado en el (CCS) Centro de Colaboraciones Solidarias, de la ONG “Solidarios para el Desarrollo”.

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Solidarios para el Desarrollo es una organización humanitaria vinculada a la Universidad Complutense de Madrid (España) y el CCS es un servicio de información gratuito que la ONG ofrece a multitud de medios de comunicación de América Latina, EE.UU y España. Merece la pena entrar en su página y leer los excelentes artículos que contiene. http://www.ucm.es/info/solidarios/ccs/inicio.htm

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Un encuentro inesperado

Pedaleaba sobre mi bicicleta por un camino solitario. Los senderos estaban embarrados y el cielo amenazaba lluvia. A un lado del camino había un bosque. Decidí meterme en él. Llegué a un pequeño claro rodeado de espesa vegetación, con unos árboles en medio. El suelo estaba cubierto de hojas secas y el ambiente era húmedo y oscuro. La soledad y el silencio flotaban en el aire. Dejé mi bicicleta a un lado y oí un gruñido a mi espalda, seguido de un bufido corto.

-Lo que quiera que sea es enorme -pensé, mientras me volvía despacio.

Asombrado, contemplé al jabalí más grande que había visto en mi vida. El animal gruñó de nuevo. Era enorme: un mazacote de músculos y huesos que pesaría más de sesenta kilos; probablemente más.

El jabalí me volvió la espalda y se alejó dos pasos. Levanté la mano, casi sin respirar, para hacerle una foto, pero el animal se paró y se volvió. Gruñó y resopló con fuerza. Noté como se tensaba a punto de tomar una decisión. Me quedé quieto, mirando sus ojos diminutos. Su mirada era negra y profunda, poderosa, penetrante, inmensa, ancestral. Era como si todas las épocas del mundo estuvieran allí, contenidas en el fondo de sus ojos. Era algo demasiado hermoso y perfecto.

No sé cuanto tiempo estuvimos así, mirándonos. Estábamos tan cerca que podía ver como se dilataban sus fauces cuando respiraba. No podía apartar mi mirada de sus ojos, insondables, oscuros y profundos. Entonces, sentí una sensación maravillosa, me hundí en el abismo sin luz de sus pupilas y me olvidé de pensar, de vivir, de sentir, y amé a ese animal con toda mi alma, como sólo se puede amar aquello que es infinitamente noble y puro.

De pronto, el animal apartó su mirada de mí. Sacudió la cabeza y soltó un gruñido corto y seco; parecía indignado por mi presencia. Me dio la espalda y se marchó despacio, poderoso y consciente de la fuerza de su ser.

Salí del bosque perplejo y regresé despacio intentando guardar en mi memoria cada detalle de ese encuentro.

Al llegar a mi casa le conté a mi hijo mi aventura y él me preguntó: “¿Tenía colmillos el jabalí?” Ahora que lo pienso, no lo sé. Tan sólo recuerdo su mirada. Una mirada que guardaré en mi alma, como un magnífico tesoro, conmigo, para siempre.

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

pi

pi dijo

No he podido evitar buscar este relato Angel ...

Ayer cuando nos lo contabas yo flipaba, pero al leerlo ahora, he sentido ese gruñido ...

Suerte tuviste Angel, mucha suerte creo yo ...

1bsico.

pi.-

Angel Pasos dijo

Hola Pi, la verdad es que fue un verdadero encuentro inesperado. Ahora, al ver tu comentario, lo he leído de nuevo y lo he recordado con toda claridad. Fue bonito ese encuentro, aunque un poco estresante.

Un abrazo.

raravis dijo

suerte tuviste si señor
el jabalí es un animal muy peligroso
montaraz donde los haya
pero he de decir que yo vi uno casi entre la gente en lo smontes del pardo paseandose entre las gentes
todos somos susceptibles de ser domesticados por el amor
hasta los más salvajes

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