16 Feb 2012

La noche del catorce de febrero

Escrito por: Angel Pasos el 16 Feb 2012 - URL Permanente

Fue la noche del catorce de febrero del año dos mil doce. Hacía más de un año que no sabía nada de ti, pero esa noche nos encontramos de nuevo. Eras la misma; nada había cambiado. Yo te quería igual, tú seguías enfadada. Caminamos por una avenida junto a un río, bajamos o subimos por unas escaleras, cruzamos la Plaza Mayor.

Eran tal vez las tres o las cuatro de la madrugada, y sin embargo, había alguna gente aún en la plaza. Todos iban disfrazados con máscaras y trajes de carnaval, como en Venecia. Flotaba en el aire un ambiente especial, una luz especial, como de hoguera. Era un ambiente en calma, de puestos, de artesanos. Yo curioseaba bajo uno de los toldos, bolsitas de cuero de colores, piedras preciosas, pendientes, pulseras, y otras cosas por el estilo. Tú ibas algo más adelante.

De vez en cuando te observaba de espaldas. Llevabas unos pantalones rojos de gasa muy liviana, tejidos con un hilo dorado. Eran anchos como los de Sherezade, y unas botas de color negro a juego con tu ropa. Tenías el pelo largo. A veces intercambiábamos palabras que yo ya no recuerdo. Tú estabas enfadada, como siempre. Probablemente me echabas algo en cara.

Me llevaste a una casa, no recuerdo porqué. Subimos unas escaleras y entramos en una habitación. Tenía un ventanal muy grande por donde entraba la luz del sol del mediodía -ahora ya era mediodía-, y el techo era muy alto. Todo estaba desordenado, igual que estuvo siempre, y aquí y allá distinguía tus cosas. Allí había dos camas sin hacer, desiertas, desechas y olvidadas. Detrás de ellas había una estantería con muchos objetos diferentes. Entre ellos destacaban unas cuantas corbatas de colores. Ver aquellas corbatas me hizo daño. De pronto comprendí que aquella habitación ahora era tu casa.

Ya no consigo recordar casi nada de lo que sucedió después. Las cosas se mezclaron y ya no te recuerdo. Probablemente me quedé perdido, solo y triste. Hundido y acabado, como me pasa siempre.

No nos fue nada bien aquella noche, tú no estabas contenta. No recuerdo porqué. Probablemente yo te había fallado.

Ahora que, por fin, ha amanecido, lo único que soy capaz de recordar, es que, a pesar del triste desenlace de ese encuentro, le di gracias a Dios por haber estado contigo, tal vez sólo por un instante, de nuevo, en ese sueño.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Érina Zaitut dijo

Un sueño expreso y claro, tanto como la enojada realidad en la que ella vivía...

hacía tiempo que no te leía.

saludos

Érina Zaitut dijo

Un sueño expreso y claro, tanto como el enojo que ella nunca abandonó.
Hay sueños que vaticinan lo que sucedará, solo que no sabemos leer y entender sus mensajes.

un saludo

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