11 Jun 2012

El ciervo

Escrito por: Angel Pasos el 11 Jun 2012 - URL Permanente

Aquella tarde yo rodaba por una carretera desierta. Todo estaba en silencio y el paisaje era una maravilla. Laderas de monte bajo, tierras rojas y sembrados de trigo se extendían hasta donde alcanzaba la vista.

Yo me movía en silencio, sumido en mis pensamientos, cuando, por el rabillo del ojo, vi a un ciervo en medio de un sembrado de trigo. No hice ningún gesto; seguí como si no lo hubiera visto, y el ciervo hizo algo curioso: se agachó despacio, como si fuera un ser humano u otro tipo de animal, y se ocultó en el trigo.

Al llegar a su altura, me detuve, dejé la bicicleta a un lado, y me dirigí hacia donde estaba, sin hacer ruido.

El ciervo aguantó oculto hasta el último momento. Sólo nos separaban unos metros y ahora podía verle entre los tallos y las espigas.

Me detuve frente a él e hice un ruido, chascando la lengua contra el paladar.

El ciervo se levantó entonces y salió corriendo.

Le vi alejarse saltando y cuando se perdió entre los árboles, ladera arriba, continué la marcha. Había sido hermoso contemplarlo.

¿Has visto eso? Le pregunté a mi alma. La vida es una historia que se llena de historias a cada instante.

Dos curvas más adelante ya había olvidado mi encuentro con el ciervo. La carretera se extendía derecha hacia el horizonte. No se veía ni un rastro de civilización. Ese animal y yo no volveríamos a vernos nunca más. Él tendría su vida y yo la mía. Los dos lucharíamos por sobrevivir, cada uno del modo que le había tocado. Nuestras vidas habían coincidido en un punto del tiempo, como si dos estrellas sin ninguna posibilidad de cruzarse nunca en el firmamento, por un misterio, hubieran coincidido. Ese animal y yo nos habíamos mirado a los ojos. Nuestras almas se habían tocado. Ahora yo sabía de él y él sabía de mi. No sé muy bien porqué pero sentí que estábamos unidos para siempre.

Aquella noche dormí junto a un río dorado, soñé con cosas turbias -mares encrespados, acantilados negros, vientos terribles que destruían mi mundo-. Me desperté dos veces: los troncos de los árboles gemían. El tiempo había cambiado. En mi sopor las cosas habían perdido para siempre su lugar. ¿Dónde estará mi ciervo? -pensaba yo-. Mi ciervo, con sus ojos enormes y sus patas al viento.

La noche se prolongó de un modo interminable. Debía tener fiebre. Sentí que no tenía un lugar en el mundo, que era un ser perdido en un universo caótico. Sentí un cansancio enorme... Sentí que apenas tenía fuerzas para continuar mi camino. Así pasé la noche, atormentado.

Al día siguiente amaneció un día de sol. Yo me sentía bien. Era como si nada de aquello hubiera sucedido. ¿Lo habré soñado? -le dije a mi corazón-. No supe qué contestarme. Me escocía mucho un ojo. busqué un pequeño espejo en mis alforjas. Tenía un derrame enorme en mi ojo izquierdo. Respiré hondo. Guardé mis cosas, plegué la tienda de campaña y seguí mi viaje. ¿Lo habré soñado? -le dije a mi corazón-. Mientras pedaleaba el ojo me escocía cada vez más.

Me detuve en lo alto de una colina. El mundo se extendía hasta donde alcanzaba yo a imaginar. ¿Has visto eso? -le pregunté a mi alma-, la vida es una historia, que se llena de historias a cada instante. En mis recuerdos apenas podía distinguir entre la imagen de mi ciervo, y la imagen de todos esos mares encrespados.


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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Anónimo

Anónimo dijo

esatas son las historias que me llenan, de tan nimias tan hermosas. Como creer en la gran historia del mundo si nunca se vio un angel (ciervo, mar, instante)

Ali

Ali dijo

Preciosa Ángel. Sin palabras.

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