21 Jun 2012
Cuando termina la noche
“…Cuando termina la noche y empieza a clarear el nuevo día, vienes a mi recuerdo. Tú regresas a mí desde tu hogar lejano, más allá de las olas y del invierno. ¿Dónde estarás ahora? ¿Qué perdido lugar de este planeta pisarán tus pies? Recuerdo aquellos días enfermos, los últimos que estuviste conmigo. Tú estabas de paso por la tierra, y eras como el viento que llegaba por la tarde a nuestra casa. Pasado el momento del amor, ya no querías vivir eternamente. No querías vivir, y un día te fuiste,
Entonces se nubló mi mundo, me atacaron los pájaros, y los peces del mar eran mis enemigos. Tú no querías irte, pero tampoco podías permanecer conmigo. Yo luché como si fuera otra persona, alguien mejor, más fuerte, pero todo fue inútil; te perdí. No pude salvarte del destino…”
Amanece en la capital del sol. Pequeños pájaros negros vuelan desordenadamente de un lado a otro. Han pasado los años y yo ya no recuerdo como he llegado aquí. Estoy sentado en la terraza de un bar que aún no ha abierto. A mi alrededor, descolocadas, se encuentran las sillas y las mesas. Llevo puesta una camisa blanca abierta por el cuello y unos pantalones negros que seguramente vayan a juego con una chaqueta que no sé donde está. Ni rastro tampoco de la corbata.
Pero yo ya no me pregunto como he llegado aquí, a este lugar sin nombre de una ciudad desconocida que se caracteriza porque siempre hace sol, porque no llueve nunca, porque sus habitantes no salen hasta después del mediodía.
Todo resulta tan extraño... Tú te has ido. Eso es lo único real. Me levanto. Camino hacia el final del día. El mundo está en silencio. Ahora hay gente alrededor. Cruzan la calle. Televisiones de plasma vomitan las noticias en los escaparates. Su mundo está podrido de veneno. Los rostros de la gente no tienen vida. Todo es veneno. Ahora no recuerdo el nombre de esta ciudad. “Bienvenido a la capital del sol”, dice un cartel.
Me voy de este lugar. Solo en mi soledad ya no recuerdo ni el nombre con el que tú me llamabas aquel día.
Mañana será igual: cualquier terraza al sol, antes de que amanezca, y empiece el simulacro de otra vida.
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POLVO SUDOR Y CARDOS
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