07 Jun 2012
El mundo de los otros
¿En qué momento las cosas dejaron de ir bien? La memoria es un vaso vacío, una casa, una cama y un mundo vacíos. La memoria.
Derrotas a las tres de la madrugada. Ella huyó. Después de aquel desastre fue como si ya no supiéramos amar. Ahora el hombre no es nada.
Recuerdo aquellos tiempos: entonces yo creía en el cielo. Lo buscaba por todas partes, en los cuadros colgados de los museos, en el sol, en su rostro, en la hierba, en el cuerpo de cada mujer, en las alcantarillas de ese submundo absurdo, violento, de cualquier ciudad desconocida, siempre con la intuición a punto -el rostro de una mujer que se pierde al doblar una esquina. ¿Será ella?-, decía.
¿En qué momento las cosas dejaron de ir bien? Tal vez fuera un detalle pequeño, apenas perceptible, el que desencadenó el cataclismo, una piedra que echó a rodar ladera abajo, no sé. No recuerdo que ha sido del cielo.
Sólo la habitación de noche, la casa vacía, la cama vacía... El cuerpo que llama al cuerpo, a través de las horas, a través del silencio. Ella me hacía especial.
Pero ahora no hay cuerpo. Sólo vacío.
Vacío y soledad: la soledad de un nuevo mundo absurdo creado desde la nada. Un mundo que ya no habita nadie. Un universo lento, arrasado por la desesperanza, donde cada objeto perdido en la memoria tiene su sitio exacto, donde cada recuerdo encuentra su dosis de dolor, donde cada detalle encuentra una forma particular de llamar a la muerte por su nombre secreto.
Yo creía que existía un mundo, un cielo, una esperanza, que existía la luna, que algún día sería capaz de comprender el orden escondido de las cosas. Pero vino el dolor, y todo se llenó de tinta negra.
Ella huyó, y un día comprendí que sólo existe un mundo, el mundo de los otros, que matan tu deseo de vivir con cada gesto.
¿En qué momento las cosas dejaron de ir bien entre nosotros? ¿Quién quemó nuestras alas?
Nuestras alas, tan blancas...
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POLVO SUDOR Y CARDOS
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1 comentario · Escribe aquí tu comentario
Anónimo dijo
me retrotraes al mundo infinito de puntos suspendidos...suspensivos
es como leer a Bergsson, o visitar al Bergman postrer y ultimo
un abrazo, suena la tetera (donde un angel sin alas?)
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