****
Vine temblando toda en la lluvia de escalofrios. Nadie me vió aunque todos me miraban y no vieron como los ciegos navegando en la luz. Siguo temblando, en la muchedumbre de los ciegos. Estoy temblando.
Vine temblando toda en la lluvia de escalofrios. Nadie me vió aunque todos me miraban y no vieron como los ciegos navegando en la luz. Siguo temblando, en la muchedumbre de los ciegos. Estoy temblando.
Cada día necesitaba más sangre para satisfechar mis todas malditos instinctos, inevitable enfermedad de morir por mis propios deseos y pasiones que sobre todo destrollan. Destrollan dando a luz la vida sin una gotita del racionalismo que no se sabe que es. Cada día esperaba que viniera, con desesperación y rencor. Pero nunca en mi vida lo he visto. Siguo espoerando a no se qué o quién.
Habla de: deseo
Nunca te he visto tan profundo sumergido en la ilusión casi ideal llamada a mi nombre. Hannah no significa nada más que compasión. Es solo palabra que atrae la vista de los pelegrinos quiénes andan a la Tierra Prometida dónde no hay nada, excepto a las palabras de la pena y del lamento. No te prometí nada, ni dí una palabra que pudiera encerrarte en mi jaúla.
50 kilogramas de la carne Los peores son los sueños que no existen, toda la magía que no podemos tocar al mirar a lo oscuro. Cuando la mente deja de funcionar como lo tiene que hacer, los demonios se despiertan y en toda sus plenitud muestran que todo que eres es algo de 50 kilogramas de la carne. Tierra prometida Nunca te he visto tan profundo sumergido en la ilusión casi ideal llamada a mi nombre. Hannah no significa nada más que compasión. Es solo palabra que atrae l...
En la sombra de las yerbas ensordecedor achanton de Dios y las monjas, apodado el Marques de las laputas evocaba mil memorias y sentimientos para siempre olvidados. Cuando fuimos ninos nos gustaba jugar a ser cura. En el dormitorio de nuestros padres hubo altar tan grande como todas promesas de dios. Mama siempre ha echado a llorar como si fuera verdadera catolica y tuviera limpio corazon, como si fuera libre del tiempo, del andrajoso varon que nos dio la vida.
El collar de las aceitunas Desde que tengo memoria mis sueños son mi única historia, llena de teatro cuál el collar de las aceitunas me desnuda cuando nadie lo ve. Tres flores en mi corazón solian soñar con la libertad. Es algo más mítico que la biblioteca de los ratones. ¡Es teatro!`- gritaba muchas veces. No sé que quería confesar al mundo. Probablemente nada. Como siempre. Todavía no he visto tu pecho sumergido en mi sangre. Todavía no he muerto. Coconicatl El amor...
1 Omnia sunt hominum tenui pendentia filo. ¿Pero que más puedo pedir al cielo si los dioses me han dado sus bendición? ¿Qué más te puedo contar mientras tú ganastes todos los tresores del mundo? Siempre he sabido una cosa: Verba volant. La vida es muy corta y fragil como el recuerdo de la mariposa en tu cabeza que está a punto de morir para siempre.
Hazanas del gran Maxtla un dia dejaron de significar algo mas que las palabras sin significado. El dia de su muerte no era nada especial. El viento sobresalia en el pelo de las mujeres como siempre satisfechas y descaradas. A su ultima mirada nadie la vio. El hazanador murio sin temor, en un altar de la ciudad Texcoco, sacrificado en el nombre del Gran Nezahualcoyatl.
Habla de: maxtla, sacrificado, altar, muerte, mexico
Escuché´sus pasos. Al acercar a su jardín, ví como los pasos estaban más y más materiales, mientras cuando nada cambió´su sitio. Flores y gatos estaban admirando las aceitunas en el patio y la luna estaba durmiendo. Solo las mariposas se sentian que algo especial tuviera que pasar. Le dijé: Adios. Aunque nunca te he visto.
© Diario EL PAÍS S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 337 8200
© Prisacom S.A. - Ribera del Sena, S/N - Edificio APOT - Madrid [España] - Tel. 91 353 7900