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    <body>&lt;H2 class=title&gt;&lt;A title="Enlace Permanente a EVASIONES" href="http://macpik.wordpress.com/2008/03/02/letras/" rel=bookmark&gt;EVASIONES&lt;/A&gt;&lt;/H2&gt; &lt;DIV class=entrytext&gt; &lt;DIV class=snap_preview&gt; &lt;A href="http://macpik.files.wordpress.com/2008/08/eternal-kiss_edited.jpg"&gt;&lt;IMG class="aligncenter size-full wp-image-699" height=444 alt="" src="http://macpik.files.wordpress.com/2008/08/eternal-kiss_edited.jpg?w=296&amp;amp;h=444" width=296&gt;&lt;/A&gt;

 EVASIONES
(Por Gina Mart&#237;nez-Vargas Aran&#237;bar.)

 Para dejar de pensar cruzo calles y me pierdo en laberintos, entro en librer&#237;as pretendiendo leer algo del autor y el argumento de los libros, acerco la nariz a las vidrieras de los escaparates, luego ando y ando hasta conseguir perderme un poco de mi misma, la evasi&#243;n es la &#250;nica ruta de los solitarios y aburridos, de los abandonados en los aeropuertos y los mudos compungidos, la ruta de los maniatados sin remedio.

 Para no pensar, hago gui&#241;os a los ni&#241;os en los parques y les sonri&#243; con alguna caranto&#241;a, doy migajas piadosas a palomas y al quedarme con sus alas, miro al cielo y elevo una plegaria de altos vuelos; al aterrizar de nuevo, busco un libro de bolsillo y lo prosigo, sin saber y sin leer las historias de otros mundos.

 Para no pensar, voy doblando las esquinas solitarias y ahuyentando despedidas, tomando caf&#233;s como dosis de ternura, voy mirando con deliberaci&#243;n las carteleras de los cines, persiguiendo cada uno de mis pasos en la transparencia mineral de las aceras, escapando de las celdas de barrotes que aprisionan.

 Para no pensar, admiro los colores de las obras de Tiziano, mis ojos se recrean en su Noli me Tangere, para pasar a saludar a las damas de Rubens y luego dejar que me sobrecoja la melancol&#237;a de Caravaggio; al marcharme doy la mano para despedirme de su &#8220;Buenaventura&#8220;, con el parip&#233; de los modales distinguidos, y salgo sin saber hacia donde proseguir la huida.

 Para no pensar, bajo a los andenes presurosa,  llev&#225;ndome el paraguas de borrascas y las aguas de un abril mezquino, tomo los trenes de la tarde gris, oyendo en los aud&#237;fonos del mp3 las canciones tristes de las ilusiones de junio, me persuado de estar lejos, de ir corriendo tras los &#225;rboles al pasar por la ventana, adelanto mi reloj del tiempo y dormito entre las encrucijadas de un enero, de los sue&#241;os rotos.

 Para no pensar, voy leyendo los anuncios de ne&#243;n de la ciudad festiva, me convierto en la voyeur outsider de la noche, bloqueo a mi memoria que amenaza sin tregua con sus oscuros insiders, me quedo en las esquinas de los quioscos de los diarios, como si leyera o esperara a alguien, para descubrir que la tautolog&#237;a de la soledad me puede&#8230;Siempre me estoy yendo,&#8230; para no pensar.

 Barcelona, 02 de marzo de 2008.

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    <body>&lt;A href="http://macpik.files.wordpress.com/2008/08/pf_1247839abrazo-posters.jpg"&gt;&lt;IMG class="aligncenter size-medium wp-image-638" height=300 alt="" src="http://macpik.files.wordpress.com/2008/08/pf_1247839abrazo-posters.jpg?w=230&amp;amp;h=300" width=230&gt;&lt;/A&gt;

 ENCUENTROS AFORTUNADOS
(Por Gina Mart&#237;nez-Vargas Aran&#237;bar.)

 Es cierto que conforme avanzan los a&#241;os la sabidur&#237;a aumenta, no lo he dicho, ni inventado yo, pero es esa especie de respuestas que vamos teniendo a lo largo de esta vida, las que de alguna manera parecen ir respondi&#233;ndose por s&#237; mismas, una especie de comprobaci&#243;n y prerrogativa que nos otorga la vida. Si antes ten&#237;amos la pregunta cuya interrogante parec&#237;a llegar hasta el infinito por el ansia misma de saber su &lt;EM&gt;por qu&#233;&lt;/EM&gt;, despu&#233;s de ya no aspirar nada y ni siquiera anhelarlo, de pronto, despu&#233;s de los a&#241;os, se asoma esa luz y llega una s&#250;bita comprensi&#243;n, una gran verdad que alcanzamos a vislumbrar.

 Si en la Biblia, Jes&#250;s nos deja patente que el Amor lo es todo y sin amor no somos nada. En nuestro trajinar por esta vida, un d&#237;a y otro, vivimos por vivir, nos relacionamos, salimos con amores, pero ninguna experiencia es tan significativa como aquella de encontrarnos con &#8220;el amor de nuestra vida&#8221;, curiosa expresi&#243;n, que por fortuna no se queda fuera de nuestra epidermis, sino que alcanza a cambiar por completo toda nuestra existencia, y la visi&#243;n m&#225;s profunda de nuestra vida, en consonancia con un algo que abarca mucho m&#225;s all&#225; de nosotros y lo es todo, lo inconmensurable, que es capaz de emocionarnos, tocando la fibra mas sensible de nuestro ser, uni&#233;ndonos casi con hilos invisibles al Universo, la luna y las estrellas, convirti&#233;ndonos en ese ser c&#243;smico que palpita y siente al un&#237;sono de un todo integrado, capaz de cobrar vida y raz&#243;n de ser. Ese algo que adem&#225;s nos transmite felicidad, un estado de gracia, que nos confiere un halo de belleza, armon&#237;a y frenes&#237;, que al parecer no son elementos normales de este mundo mal sano, contaminado e injusto, con el cual nos hallamos a diario en nuestros noticieros y acostumbramos a ver con un cierto rasgo &#8220;masoca&#8221; y hasta de deliberada satisfacci&#243;n, en nuestras horas de relax, vaya manera de pasar el tiempo. Que triste destino el nuestro.

 Si Dios existe sin haberlo visto, al parecer el amor existe si creemos en &#233;l, pero no basta con creer &#250;nicamente en el, puesto que siendo algo subjetivo, cada cual alberga su propia idea de lo que es, quiz&#225;s la &#250;nica certeza de esta experiencia con categor&#237;a de v&#225;lida sea el encuentro con &#8220;un gran amor&#8221;.

 Creo en cierto g&#233;nero de amores diversos, por ejemplo el que Don Quijote de la Mancha profesa por Dulcinea del Toboso, esta ligado a un proceso muy racional, a una fidelidad de caballero, a una cierta lealtad, producto de sus propias elucubraciones; no as&#237; el de Gustavo Adolfo B&#233;cquer, que es m&#225;s bien un amor t&#237;pico y sentimental, pero en este caso enmarcado en la clasificaci&#243;n de plat&#243;nico e irrealizado, capaz de hacer sufrir de verdad las m&#225;s grandes torturas, diferente en cierta medida al gran amor que se profesaran Abelardo y Eloisa, cuya pasi&#243;n f&#237;sica es innegable, y los posteriores intentos de &#233;l por sublimar esa pasi&#243;n hasta el grado de una exaltaci&#243;n con tintes espirituales, por una tr&#225;gica e impuesta imposibilidad de realizarse, que rodea sus propias circunstancias.

 De cualquier modo, el hallazgo &#250;nico que admite una marcada diferencia a todas las dem&#225;s es y ser&#225; por siempre el encuentro con nuestro &#8220;gran amor&#8221;, sublime don al que no todo el g&#233;nero humano tiene la gracia de acceder. Morirse despu&#233;s de tal gracia y despu&#233;s de haber sido tocado por su influjo, podr&#237;a ser el mayor y m&#225;s grande aprendizaje de un mortal, que ha sido transformado hacia el conocimiento de una gran verdad: el Amor. Despu&#233;s de cuya experiencia suprema y a falta de tan excelsa motivaci&#243;n , ya nada puede ser igual en nuestra vida, y a&#250;n peor, ya nada significar&#225; lo mismo, todo lo dem&#225;s estar&#225; desprovisto de ese contenido y ser&#225; vac&#237;o, gris, insustancial y carente de ese &#8220;todo&#8221; que le imprime el Amor.

 Por tanto, sint&#225;monos afortunados a&#250;n habiendo perdido finalmente a un gran amor, porque en definitiva ya nuestra mirada nunca volver&#225; a ser la misma, porque como dir&#237;a Voltaire &#8220;el amor empieza en los ojos&#8221; y no hay un gran amor que no se haya revelado a nuestra mirada. Metaf&#243;ricamente tambi&#233;n la visi&#243;n del mundo habr&#225; cambiado para siempre en nosotros despu&#233;s de nuestro conocimiento del Amor, siempre habr&#225; un antes y un despu&#233;s.

 Definitivamente los que hemos sobrevivido a la p&#233;rdida de un gran amor y hemos vuelto a sonre&#237;r, podemos decir que a&#250;n hay vida despu&#233;s de un gran amor.

 Barcelona, 6 de mayo de 2006.

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    <body>ELEG&#205;A DE LOS DESCONOCIDOS
(Manuel Scorza)

 Ya no nos conocemos, ya no nos entendemos,
&#191;qu&#233; pasa?.
&#161;Oh, desconocida!.
Nuestro amor como los &#225;rboles daba p&#225;jaros.
&#191;Qu&#233; est&#225; pasando?
Azules &#233;ramos. &#191;Qu&#233; ha pasado?.
El viento del mar desesperado
agita pa&#241;uelos de musgo en las esquinas,
me voy.

 Pa&#241;uelos de llorar: mejor me voy.

 Al atardecer los p&#225;jaros tambi&#233;n se van,
Viajan a las torres buscando picos tiernos,

 A los reptiles, yo
al fondo del agua a vivir ardiendo.

 Porque para esta sed el agua est&#225; vac&#237;a,
vac&#237;a est&#225; el agua para mi coraz&#243;n.








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    <title>ELEG&#205;A DE LOS DESCONOCIDOS</title>
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    <body>&lt;A title=gide.jpg href="http://macpik.wordpress.com/files/2008/01/gide.jpg" mce_href="http://macpik.wordpress.com/files/2008/01/gide.jpg"&gt;&lt;IMG alt=gide.jpg src="http://macpik.wordpress.com/files/2008/01/gide.thumbnail.jpg" mce_src="http://macpik.wordpress.com/files/2008/01/gide.thumbnail.jpg"&gt;&lt;/A&gt;

 UN AMOR DIFERENTE
Sobre el Diario Intimo: "Et Nunc Manet in Te"

(Por: Gina Mart&#237;nez-Vargas Aran&#237;bar)

He querido escribir este art&#237;culo, porque a pesar del tiempo de haber le&#237;do "Et Nunc Manet in Te" diario &#237;ntimo de Andr&#233; Gide, me dej&#243; pensando en las muchas f&#243;rmulas y resoluciones que para el amor, nos reinventamos los humanos, porque dentro de su crudeza, gran sordidez y ser descarnadamente inc&#243;modo para la sociedad francesa de entonces, ha quedado vagando en mi mente, por lo que fuera un gran esc&#225;ndalo cuando vio la luz en 1924.

Si bien es cierto, nuestra estrechez de miras y nuestras sociedades pacatas, escrupulosas y no exentas de una gran mojigater&#237;a, habr&#225;n tenido que influir a no dudarlo, como para que un muchacho homosexual como And&#233; Gide, tuviera que casarse con una mujer. &#201;l dice que am&#243; a su prima Madelaine Rondeaux desde la adolescencia, que su amor por ella era diferente. No estando dentro de sus &#237;ntimas causas y razones para llevar a cabo semejante desprop&#243;sito, llegar a casarse con ella, para jam&#225;s consumar dicho matrimonio, se me antoja ya no tan extra&#241;o viniendo de alguien cuya tendencia era clara; pienso en su ego&#237;smo en relaci&#243;n a Madelaine o en su enga&#241;o premeditado. Entonces era preciso poder pasar de la censura, evitar las murmuraciones de la comuna de Roque-Baignard en Normand&#237;a, posiblemente donde Gide llego a ser alcalde; todo ello, para esconder una identidad, que a todas luces llegar&#237;a a salir despu&#233;s.

Si los diarios &#237;ntimos son escritos con la secreta raz&#243;n de ser dados a conocer al mundo alg&#250;n d&#237;a, con la anuencia de su creador, el "Corydon" (Si el grano no muere) y "Et Nunc Manet in Te", no lo son menos; all&#237; Gide dese&#243; liberarse de sus miedos, dese&#243; redimirse de cualquier culpa y desaz&#243;n y contarlo todo, quitarse esa loza pesada de sus sentimientos de culpabilidad o deshonra, emocionarnos si cabe, habl&#225;ndonos de su gran amor por Madeleine o hacernos part&#237;cipes de lo veraces de sus sentimientos por ella, como fuere, no pudo evitar plasmar su tormentosa relaci&#243;n con ella, su beligerancia, sus infidelidades tanto con hombres como con mujeres. Tambi&#233;n cabe preguntarse otras cuestiones &#233;ticas, si el amor por ella era tan grande y sublime, &#191;Por qu&#233; priv&#243; a Madelaine de tener descendencia?, y en cambio, tuvo a su &#250;nica hija Catherine con otra mujer. Si Madelaine lo amaba tal y como nos lo relata &#233;l mismo, porque infligirle tantos dolores. El Diario es cruel, descarnadamente doloroso, una historia de amor en toda regla, bajo las infernales se&#241;as de una vida libre y disoluta de su autor, a quien ni sus &#237;ntimas y dulces confesiones de amor por Madeleine parecen librar de ser juzgado, por la posteridad.

Sin embargo Gide confiesa: "C&#243;mo hubiese podido yo persuadirla de que ning&#250;n rostro femenino, ninguna mirada, ninguna sonrisa, ning&#250;n gesto, ninguna inflexi&#243;n de voz, ninguna gracia pod&#237;an enamorarme tanto como las suyas?. Pues entonces, &#191;por qu&#233; le daba de ello, tan precaria prueba?". En otro pasaje de su diario, Gide parece echar acusaciones sobre el yerro de un m&#233;dico con quien tuvo a bien consultar su caso poco antes de contraer matrimonio con Madelaine cuando narra: "Poco antes de mi matrimonio con Madelaine hab&#237;a resuelto, pues franquearme con un m&#233;dico, especialista de cierta fama, al que comet&#237; la imprudencia de consultar. Escuch&#243; sonriendo la confesi&#243;n que le hice, tan c&#237;nicamente completa como era posible, y me dijo luego: "Dice usted que, sin embargo, ama a una muchacha; y que vacila en casarse con ella, conociendo sus propios gustos...C&#225;sese. C&#225;sese sin ning&#250;n temor. Y pronto reconocer&#225; que todo lo dem&#225;s s&#243;lo existe en su imaginaci&#243;n. Me produce usted el efecto de un hambriento que, hasta ahora, se empe&#241;ar&#225; en alimentarse de pepinillos.&#8212;Cito exactamente sus palabras; &#161;como que tengo raz&#243;n para no olvidarlas!&#8212; Cuando est&#233; usted casado, no tardar&#225; en comprender lo que es el instinto natural, y espont&#225;neamente volver&#225; a &#233;l." Lo que no tarde en comprender, es hasta qu&#233; punto se equivocaba el te&#243;rico...El amor me exaltaba, es verdad; pero a despecho de lo que hab&#237;a predicho el m&#233;dico, no trajo en absoluto, con el matrimonio, una normalizaci&#243;n de mis deseos. A lo sumo obten&#237;a de mi la castidad, en un costoso esfuerzo que solo serv&#237;a para mayor desgarramiento. Coraz&#243;n y sentidos me descuartizaban.".

Los agravios mutuos entre Madelaine y Gide eran constantes, siempre perpetrados de una forma sutil y premeditada. Si acaso el gran amor que alg&#250;n d&#237;a los uniera, hab&#237;a quedado reflejado en las hermosas cartas y correspondencia que el escritor intercambiara con Madelaine desde muy temprana edad y en ellas deseaba &#233;l mismo perpetuara su genio, su talento para la escritura, ya con los conflictos constantes y la mutua complacencia en da&#241;arse el uno al otro, tal fin no fue posible, priv&#225;ndonos para siempre de conocer el interesante intercambio epistolar que mantuvieran en su primera juventud, lo cual fue en extremo doloroso para ambos. "Madelaine ha destruido todas mis cartas. Acaba de hacerme esa confesi&#243;n que me abruma, me ha dicho que lo hizo inmediatamente despu&#233;s de mi partida para Inglaterra. &#161;Oh!, muy bien, s&#233; que sufri&#243; atrozmente por mi viaje con Marc; pero, &#191;por qu&#233; ten&#237;a que vengarse en el pasado?...Es lo mejor de mi que desaparece; y que ya no servir&#225; de contrapeso a lo peor. Durante m&#225;s de treinta a&#241;os le hab&#237;a dado yo &#8212;y le daba todav&#237;a&#8212; lo mejor de mi mismo...Ya nada me importa, me habr&#237;a matado sin esfuerzo...Tomo aspirina para tratar de dormir. Pero el dolor me despierta en mitad de la noche y creo enloquecer. "Era lo m&#225;s precioso que ten&#237;a en el mundo" me dijo ella. "Cuando despu&#233;s de tu partida, me encontr&#233; a solas en el caser&#243;n que abandonabas, sin nadie en quien apoyarme, sin saber ya qu&#233; hacer ni c&#243;mo vivir...comenc&#233; por pensar que s&#243;lo morir me restaba. S&#237; realmente cre&#237; que mi coraz&#243;n cesaba de latir, que me mor&#237;a. Antes de destruirlas las rele&#237; todas, una a una...Y fue entonces cuando agreg&#243;: "Era lo m&#225;s precioso que ten&#237;a en el mundo".

Fueron muchos los "castigos" con que Madelaine atorment&#243; a Andr&#233; Gide, ella le impuso sus perentorias condiciones de un modo t&#225;cito, para intentar enmendara su camino o siguiera los designios de una vida diferente, que el esp&#237;ritu del escritor excesivamente libre anhelaba proseguir, no sin carga, desgarro y debilidad, asunto que fue marcando de grietas, distancias y silencios sus vidas. A pesar de ello Gide jam&#225;s dej&#243; de expresar su amor por ella. "Nunca des&#233;e nada distinto a su amor, a su aprobaci&#243;n, a su estimaci&#243;n. Y desde que me quit&#243; todo esto, he vivido en una especie de oprobio en el que el bien ha perdido su recompensa y la maldad su fealdad, y hasta su aguij&#243;n el dolor..."

El pasaje de las manos de Madelaine es en extremo conmovedor, eran unas manos que Gide amaba y admiraba por su belleza, manos que Madelaine empez&#243; a maltratar para herir a Gide, cultivando el jard&#237;n y realizando mil cosas incre&#237;bles para da&#241;arlas o afearlas. Tambi&#233;n se encarg&#243; de ir regalando a cualquiera las joyas m&#225;s significativas que Gide le obsequiara, y ella hizo en detrimento de su amor, por impotencia, por creer que ya no pod&#237;an suponer nada para &#233;l, asuntos que resultaban dolorosamente penosos para el escritor y dej&#243; plasmado en su diario &#237;ntimo, como un testimonio de sus vidas y su amor.

Barcelona, 27 enero 2008



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EN BUSCA DE PROUST
(Por Gina Mart&#237;nez-Vargas Aran&#237;bar)

Hace exactamente 21 a&#241;os que escrib&#237; este art&#237;culo que se public&#243; en el diario "La Industria" de la ciudad de Trujillo, Per&#250;. Era un 22 de noviembre de 1987. Algunas alusiones son relativas a ese a&#241;o y &#233;poca. Por entonces hab&#237;a deseado encontrarme fervientemente con Marcel Proust, al parecer lleg&#243; a mi vida y se qued&#243; conmigo para siempre.

Desde mi primer encuentro con Proust qued&#233; impresionada. Llen&#243; de pronto las expectativas que precedieron a la motivaci&#243;n con la que iba premunida a encontrarlo. Le&#237; con fruici&#243;n y deleite, mas de una vez su producci&#243;n y admir&#233; sinceramente al m&#225;s destacado y excepcional novelista del siglo XX, como lo diera en llamar en 1978 la influyente revista colombiana "Cromos", clasific&#225;ndolo en una encuesta como el n&#250;mero uno entre diez connotados escritores de este siglo.

Hoy al conmemorarse los 65 a&#241;os de su muerte. Justo es rememorar como homenaje al hombre que habiendo disfrutado de una vida pl&#225;cida y mundana se sintiera v&#237;ctima de su propia angustia y de aquella d&#233;bil constituci&#243;n enfermiza, que lo apart&#243; m&#225;s tarde del com&#250;n de las gentes, con ese estigma morboso propio de los artistas que van dejando en su obra, su propia vida pre&#241;ada de luces y de sombras.
Al escritor, por destacarse en &#233;l el genio sui generis, como pocos que brillaron en el firmamento de las letras.

SU VIDA Y PROYECCI&#211;N

Marcel Proust nace en Par&#237;s el a&#241;o 1871. Fue hijo del m&#233;dico Adrien Proust, quien ocupaba una importante posici&#243;n en el Ministerio de Salud. Su madre Madame Weil, perteneci&#243; a una familia acomodada de jud&#237;os franceses.

Marcel Proust padeci&#243; de asma desde su infancia. Se cree que este mal tuvo en &#233;l causas psicosom&#225;ticas, as&#237; como su manifiesta hipersensibilidad.
La imagen materna fue un elemento preponderante en su existencia, hasta el extremo de creerse que fue un ser incapaz de amar a ninguna otra mujer, hecho que m&#225;s tarde lo llevara al conflicto de personalidad.

Proust llev&#243; una vida pl&#225;cida y burguesa, cerca de Chartes. En su casa de campo de Illiers, a la sombra de una tradicional vida francesa de provincia, de cuya &#233;poca conserv&#243; los peculiares matices que volcar&#237;a m&#225;s tarde en sus escritos. A Illiers, la encubri&#243; con el nombre ficticio de Combray y en su obra "En Busca del Tiempo Perdido", expresa un marcado arraigo hacia su infancia, la cual prolonga no exenta de placer en sus escritos, lindante no obstante, con morbosos y profundos sentimientos de angustia y desamparo y una larga cadena de sucesos de su vida adulta, descritos con una prosa barroca y un gran despliegue de im&#225;genes-recuerdo con transposiciones novelescas; la finura de su an&#225;lisis, no exento de un epicureismo amanerado, &#237;ntimo y subjetivo, con evocaciones on&#237;ricas, mezcla de dolores tortuosos y belleza de sensaciones asociadas a elementos simb&#243;licos, caprichosos y argumentales.

La extensi&#243;n de su obra, es para el autor como una mirada vuelta hacia atr&#225;s con a&#241;oranza a contemplar su vida y vuelta a vivir en todos sus matices, como aquel que se sumerge en la claridad del subconsciente para interpretar el significado de su propia existencia, sus s&#237;mbolos, sus verdades, sus mutaciones heterog&#233;neas, para "volver a encontrar" aquello que inevitablemente el tiempo pretende desvanecer. Es pues excepcional el lenguaje nuevo que utiliza, la s&#237;ntesis, las met&#225;foras y la sintaxis retorcida en una prosa que hace el deleite del lector, incitando a descubrir el sentido rec&#243;ndito de las cosas y la vida. Una mirada vuelta, plagada de nostalgia, de raptos de enso&#241;aci&#243;n que atrapan una sustancia vol&#225;til y fugitiva, que se resuelve en un filosofar, monol&#243;gico, personal y subjetivo que transmite e inevitablemente trasunta a seguirlo hacia un universo sutilmente elaborado por el esfuerzo de la memorizaci&#243;n, cuyos hilos van formando una urdimbre admirable de sucesos que se concatenan magistralmente.

Se remite a circunstancias biogr&#225;ficas, sus propias evoluciones y al mundo &#237;ntimo y social al que estuvo unido, sus placeres, sus deslumbramientos, que superan la narraci&#243;n de lo cotidiano, sugieren en cambio un acercamiento hacia lo po&#233;tico, en un lenguaje rico y armonioso. Proust se revela como un escritor de lo rec&#243;ndito, va profundamente al psicoan&#225;lisis cuando describe aspectos y man&#237;as de sus personajes, lo hace como al descuido a&#250;n en circunstancias banales, sin negligir el lenguaje sutil y depurado de un artista. Es posible que con la habilidad de su pluma haya logrado metamorfosear ciertos aspectos de la realidad autobiogr&#225;fica, puesto que su naturaleza era la de un hombre idealista de fecunda imaginaci&#243;n.

En sus obras expresa lisonjas ditir&#225;mbicas a personajes por los cuales sinti&#243; genuina admiraci&#243;n, los que se encuentran discretamente encubiertos por otros nombres, tal es el caso del ex poeta parnasiano Anatole Thibaut mas conocido como Anatole France y una mezcla de Alphonse Darlu en la figura de su Bergotte, otras tantas veces se complace en finas iron&#237;as ante las debilidades de sus personajes, como en el caso de Swann o las maneras afectadas de alguna noble dama francesa, audaz y extravagante.

La figura de Gilbert Swann fue inspirada en su primer amor Marie de Barnardaki, cuyos devaneos est&#225;n prodigiosamente escritos en su novela "A la Sombra de Las Muchachas en Flor".

Los recuerdos de su ni&#241;ez adquieren relevante importancia y los recuerdos de su madre no lo abandonan jam&#225;s, su apego morboso a &#233;sta, sus luchas y nostalgias interiores al tener que prescindir de su presencia, que &#233;l mismo describir&#237;a en un pasaje: "Y despu&#233;s de cenar, &#161;ay!, ten&#237;a que separarme de mam&#225;, que se quedaba hablando con los otros, en el jard&#237;n, si hac&#237;a buen tiempo, o en la salida donde todos se refugiaban si el tiempo era malo. Todos menos mi abuela, que opinaba que "en el campo es una pena estarse encerrado" y sosten&#237;a constantes discusiones con mi padre, los d&#237;as que llov&#237;a mucho, porque me mandaba a leer a mi cuarto...". Su madre constitu&#237;a una gran parte de aquel universo que lo envolv&#237;a hasta el extremo de no poder conciliar el sue&#241;o si antes su madre no le hab&#237;a dado el beso de las buenas noches. El narra: "pero fui yo la &#250;nica persona en casa para quien la visita de Swann lleg&#243; a ser objeto de una penosa preocupaci&#243;n y es que las noches en que hab&#237;a alg&#250;n extra&#241;o, aunque s&#243;lo fuera el se&#241;or Swann, mam&#225; no sub&#237;a a mi cuarto. Yo no me sentaba a cenar a la mesa...ten&#237;a que subir a acostarme, ese beso precioso y fr&#225;gil que de costumbre mam&#225; me confiaba cuando yo estaba ya en la cama, hab&#237;a que transportarlo entonces desde el comedor a mi alcoba y guardarle todo el rato que tardara en desnudarme, sin que se quebrara su dulzor, sin que su virtud vol&#225;til se difundiera y se evaporara y justamente aquellas noches en que yo deseaba recibirle..."

Las circunstancias de muertes (su padre en 1900, su madre en 1905 y su abuela) demuestran etapas importantes en su vida; unido a estos otros hechos, se denota una sensaci&#243;n de p&#233;rdida (en las relaciones amorosas). Son sus escritos constantes filosof&#237;as en torno a la vida misma. La muerte de su madre lo toc&#243; profundamente, desde entonces decidi&#243; permanecer encerrado voluntariamente en su habitaci&#243;n, la cual tapiza con l&#225;minas de corcho en las paredes para no ser perturbado por ning&#250;n ruido. Esta permanencia solitaria lo lleva a aflorar todo un c&#250;mulo de vivencias que ir&#225; plasmando posteriormente en su monumental obra: "En Busca del Tiempo Perdido", ya para esto habr&#237;a de superar sus frustrantes ideas de estar desprovisto de talento para escribir una buena obra. &#201;l dir&#237;a: "Me parec&#237;a entonces que exist&#237;a como los dem&#225;s humanos, que al igual que ellos envejecer&#237;a y morir&#237;a y que entre los hombres pertenec&#237;a yo a aquel g&#233;nero de los que no tienen disposiciones para escribir y deseo razonado, renunciaba por siempre a la literatura. Aquel sentimiento inmediato, que yo ten&#237;a del vac&#237;o de mi pensamiento, prevalec&#237;a contra todas las palabras halag&#252;e&#241;as que me pudieran prodigar...Sent&#237; con m&#225;s pena que nunca carecer de disposiciones para escribir y tener que renunciar para siempre a ser un escritor famoso. La pena que sent&#237;a mientras me quedaba solo, so&#241;ando a un lado del camino, era tan fuerte, que para no padecerla, mi alma espont&#225;neamente, por una especie de inhibici&#243;n ante el dolor dejaba por completo de pensar en versos y en novelas, en un porvenir po&#233;tico que mi falta de talento me vedaba esperar". Pero no obstante aquella idea, ya despu&#233;s de los 40 a&#241;os de edad, alcanz&#243; renombre con su producci&#243;n cumbre: "En Busca del Tiempo Perdido".

Proust con el af&#225;n de agradar a su padre se matricula en Derecho y Ciencias Pol&#237;ticas, carrera que no prosigui&#243;. Dada su buena posici&#243;n econ&#243;mica no lleg&#243; a ejercer ninguna profesi&#243;n.

Un dolor en la garganta al volver a casa luego de asistir a la &#250;ltima "soir&#233;e" en casa de los Beaumont, se complic&#243; con un fuerte resfriado. Celeste, quien se hac&#237;a cargo de &#233;l, busc&#243; al doctor Bize, no se crey&#243; nada grave. M&#225;s tarde Proust desafiando la fiebre sali&#243; a la calle.
Hacia el 10 de noviembre Proust contrajo neumon&#237;a y un 18 de noviembre de 1922 se apagaba su vida, siendo asistido en sus &#250;ltimos momentos por su hermano Robert, el doctor Bize y Celeste Albaret.

Proust nos deja la estela fulgurante de su genio volcada en su bien lograda y prolija producci&#243;n el perfume de una &#233;poca que se perpet&#250;a tan lozana y fresca a los 65 a&#241;os de su desaparici&#243;n.

SUS OBRAS

Las personas que describe en sus obras forman parte de una sociedad burguesa francesa, que hoy en d&#237;a puede otorg&#225;rseles consideraciones protot&#237;picas de aquella &#233;poca arraigada a finales del Siglo XIX y a principios del Siglo XX.

Sus experiencias personales y conflictivas las compil&#243; en su obra maestra titulada en franc&#233;s. "A la Recherche Du Temps Perdu", compuesta de siete vol&#250;menes que fue escribiendo en sus a&#241;os de encierro voluntario, donde fue sufriendo al mismo tiempo los accesos de un asma que padeci&#243; desde ni&#241;o. All&#237; sentado en su cama, dedica horas y horas a escribir sus novelas, invirtiendo incluso las horas y el tiempo, puesto que escrib&#237;a de noche para dormir de d&#237;a.

La primera de la serie: "Por el Camino de Swann", la cual aparecer&#237;a desde 1906. El 3 de septiembre, Proust empieza a publicarla por entregas en "Le F&#237;garo", luego de corregir en febrero el manuscrito, Gallimard lo rechaza, pero gracias a Grasset, es publicado en 1912. En 1917 redacta "El Tiempo Recobrado", la que no ver&#237;a la luz sino despu&#233;s de su muerte. Hacia finales de 1918 su segunda novela "A la Sombra de las Muchachas en Flor" es publicada por Gallimard, el 21 de diciembre de ese mismo a&#241;o, esta novela es galardonada con el Premio Goncourt de novela.
El 25 de octubre de 1920 se publica su tercera novela "El Mundo de Guermantes".

El 02 de mayo de 1921 publica "Sodoma y Gomorra", su cuarto volumen en el cual aborda por primera vez el controvertido tema de la homosexualidad. Este mismo a&#241;o escribe "La Prisionera" y "La Fugitiva", las que serian publicadas p&#243;stumas, la primera en 1923 y la segunda en 1925. En 1927 se public&#243; su obra in&#233;dita y p&#243;stuma "El Tiempo Recobrado".

OTRAS OBRAS

"Los Placeres y los D&#237;as" (1896, ensayos), "Imitaciones Miscel&#225;neas" (1919), "Cr&#243;nicas" (p&#243;stuma, 1927), "Jean Santeuil" (P&#243;stuma 1952, novela autobiogr&#225;fica), "contra Saint Beuve" (p&#243;stuma 1954, ensayos). La publicaci&#243;n de su correspondencia completa se ha realizado en 1970.

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