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EL REINO MENGUANTE
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"Saliendo del mercado me quedé platicando con mi comadre Josefina frente a la casa abandonada y entonces salió una calaca que nos quiso agarrar y sólo por la protección de la Virgencita de Zapopan pudimos escapar del espectro y Nuestra Señora nos curó también del espanto que nos quedó por unos días. Damos gracias con el presente retablillo"
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Francisco Flecha Andrés
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EL REINO MENGUANTE
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Lo cierto es que Juan Antonio, natural de Zambroncinos y conductor de autobuses de "La Paramesa, SL", que hacía a diario la línea León-Valcabado, con domicilio en la calle Tres Mitras de la capital, casado con Celestina y padre feliz de tres hijos (dos niñas y un niño) y que los domingos y festivos, cuando libraba, solía completar sueldo y jornada con alguna excursión del Inserso a Portugal, El Escorial, Salamanca o Santiago, era, dicho sea con todo el respeto para él y sus...
Francisco Flecha Andrés
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EL REINO MENGUANTE
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Hay personas a las que, cualquier clasificación en la que queramos enmarcarlas, se quedan siempre estrechas.
Algo así pasa con Martín Favelis, el maestro Favelis, miembro tantas veces destacado en esta comunidad, cuyas viñetas me sirven con frecuencia como inspiradoras de alguno de estos "textículos" con que castigo en este blog. Decir de él que es "humorista gráfico" es decir tan poca cosa que parece una injusticia.
Pues bien, el amigo Favelis acaba de pub...
Francisco Flecha Andrés
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EL REINO MENGUANTE
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Con permiso de Favelis
Polvoredo, o sea, Pepín el de Polvoredo colgó la sotana y, con ella, aquella vocación de salvar almas que venía sosteniendo, con orgullo de su madre, desde que supo decir las primeras palabras. Tomó tan heroica decisión la víspera de volver al seminario, la última tarde de septiembre del verano en que descubrió la flojera de rodillas y el sofoco repentino al cruzarse en la calle con Cristina, la vecina que, de pronto, se había hecho muj...
Francisco Flecha Andrés
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EL REINO MENGUANTE
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No te equivoques, amor,
no te equivoques.
Que la naturaleza
no es la fuerza desalmada
que lanza furia y terror
contra los pobres.
No te equivoques.
Los pobres ya estaban ahí
viviendo en casas de lata,
sufriendo en sus propias carnes
la injusticia
y el hambre centenaria
causada
por vecinos de aquí al lado,
testigos de la desgracia
desde sus teles
de plasma.
Que no te equivoques, amor,
que no es la Tierra
quien mata.
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Francisco Flecha Andrés
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EL REINO MENGUANTE
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Se llamaba Luisa. La llamaban "la zarata" y forma parte del paisaje de mi infancia en Palazuelo como el resto de cosas y lugares con que pueblo los recuerdos: el molino de Carancha, la casa del señorito, el reguero bajo o las negrillas centenarias a la puerta de la iglesia.
A mis ojos de niño, al encontrarla en la iglesia, en el caño de la plaza, en la tienda de "la guapa", era una mujer como otras tantas, de esa edad imprecisa que tiene...
Francisco Flecha Andrés
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EL REINO MENGUANTE
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Con permiso de Favelis
Cuando era joven
gritaba:
¡Libertad!
De hombre
luché por la justicia
Ahora os pido
amigos,
ya lo veis,
sólo la paz
(Construida,
eso sí,
con justicia
y libertad).
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Francisco Flecha Andrés
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EL REINO MENGUANTE
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En el Hogar del Transeunte ha terminado la cena que los alojados han consumido en silencio, como siempre.
Hoy tenía pretensiones de gran lujo: Consomé al Jerez, langostinos con salsa mayonesa, muslo de pollo con patatas, melocotón en almibar, polvorones y sidra achampanada.
Es Nochebuena también en esta casa. Se han apagado las luces a las once. Media hora más tarde que los días de diario.
A la doce, María la portuguesa, de origen caboverdiano, se ha puesto de parto y, en ...
Francisco Flecha Andrés
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EL REINO MENGUANTE
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Te recuerdo, Víctor,
compañero Víctor Jara
que hoy vuelves a la conciencia
como entonces,
como siempre,
abrazado a tu guitarra
como un arma de combate
(guitarra trabajadora
con el corazón de tierra
y con olor a primavera).
Que sepas
que está tardando en caer
aquella lluvia del Sur,
que las tierras despojadas
de Juan y María,
de Pedro y José
siguen sin desalambrar,
que Amanda
sigue yendo
a encontrarse con Manuel
cada mañana.
Que sepas todo esto,
compañe...
Francisco Flecha Andrés
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EL REINO MENGUANTE
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Versión narrada
Versión escrita
Las cosas cambiaron de repente cuando murió el viejo general que, a fuerza de sangre, de miedo y de silencio, había sometido a cien años de teror y dictadura a aquellas lejanas tierras desoladas por la ira contenida tras la última guerra fratricida.
Hasta el arrogante coronel que había actuado, con orgullo y libremente, como perro de presa en aquella orgía despiadada de la sangre, se recicló, de repente,en entusiasta defensor de liberta...
Francisco Flecha Andrés
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