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Cuando hablamos de los vikingos vienen a nuestras mentes las im&#225;genes de unos marinos desalmados y sanguinarios saqueadores, capaces de desafiar las tormentas, sin miedo a las grandes distancias y a las interminables singladuras, que a bordo de sus fr&#225;giles barcos a remos y vela cruzaban el Atl&#225;ntico o navegaban por los mares y r&#237;os de la mayor parte del mundo entonces conocido, para hacer comercio unas veces, como colonizadores otras, o para el robo y el pillaje las m&#225;s de ellas. La literatura primero y el cine despu&#233;s se encargaron de difundir estas im&#225;genes, en ocasiones no se ajustan a la realidad, la mayor parte de las veces reflejan una bien ganada reputaci&#243;n de aquellos aventureros, que hace ahora unos 1.000 a&#241;os fueron capaces de llegar a las costas nororientales de Norteam&#233;rica.

El saqueo del monasterio de Lindisfarne, en la costa oriental de la regi&#243;n inglesa de Northumbria, el 8 de junio del 793, marca oficialmente el inicio de la era vikinga. La frase "a furare normannorum libera nos, Domine" (de la furia de los hombres del norte, l&#237;branos, Se&#241;or) recorre toda la cristiandad. Las cr&#243;nicas escritas por los aterrorizados monjes de Lindisfarne y de otros muchos monasterios dieron a los vikingos esa imagen de sanguinarios asesinos dispuestos a conseguir riquezas a sangre y fuego que perdurar&#237;a durante siglos, eclipsando esa otra faceta que los ha situado m&#225;s recientemente en la historia como grandes artistas, navegantes, comerciantes y fundadores de ciudades y estados. 

La denominaci&#243;n "vikingo" no se sabe muy bien de d&#243;nde procede y qu&#233; significa. Los que ahora llamamos vikingos eran un pueblo &#250;nico distribuido por distintas regiones de Escandinavia, compartiendo la misma lengua, los mismos dioses y similares costumbres. Ellos usaban el t&#233;rmino "vikingo" (ir de vikingo) para designar a quienes compon&#237;an una expedici&#243;n mar&#237;tima de saqueo a tierras m&#225;s o menos lejanas, mientras que los pueblos contempor&#225;neos a los vikingos los llamaron de muy diversas maneras: 

Los anglo-sajones..................Daneses (incluso si eran noruegos)
Los &#225;rabes (occidente)..........Mayus (b&#225;rbaros infieles)
Los &#225;rabes (oriente)..............Varegos (del mar Varego / B&#225;ltico)
Los eslavos...........................Rus (remeros)
Los francos...........................Normandos (hombres del norte)
Los germanos.......................Ascomanni (hombres del fresno)
Los irlandeses......................Lochlainach (habitantes del pa&#237;s de los lagos)

Si para el comienzo de la Era vikinga tenemos una fecha exacta (aunque eso no quiera decir que antes no hubiese vikingos ni asaltos), no es tan f&#225;cil precisar el final, aunque suele fijarse alrededor del 1100, cuando el noruego Harald, &#250;ltimo pretendiente vikingo al trono ingl&#233;s, es derrotado en Stamfordbridge. 

Procedentes de Noruega, Suecia y Dinamarca. Ellos y sus descendientes controlaron durante alg&#250;n tiempo la mayor parte de la costa B&#225;ltica, gran parte del interior de Rusia, Normand&#237;a (Francia), Inglaterra, Sicilia, el sur de Italia y parte de Palestina. En el 825 descubrieron Islandia, donde se asentaron en el 875 (aunque ya estaba habitada por monjes irlandeses). Colonizaron Groenlandia en el 985. Algunos creen que los vikingos llegaron al nuevo mundo y exploraron parte de Norteam&#233;rica 500 a&#241;os antes que Col&#243;n.

Comenzaron haciendo incursiones y posteriormente se asentaron a lo largo de la costa oriental del mar B&#225;ltico durante los siglos VI y VII. A finales del siglo VIII, ya realizaban grandes incursiones a trav&#233;s de los r&#237;os de Rusia, estableciendo fortificaciones defensivas. En el siglo IX gobernaban Kiev; y en el 907, una escuadra de 2.000 embarcaciones y 80.000 hombres atac&#243; Constantinopla, aceptando el ventajoso acuerdo comercial que el emperador bizantino les ofreci&#243; a cambio de su retirada. 

Desde el 859 al 862. La m&#225;s larga campa&#241;a de saqueo conocida y fue protagonizada por los "jarls" Bjorn Costilla de Hierro y Hastein. Las costas gallegas, portuguesas y andaluzas volvieron a ser testigos del paso de los vikingos daneses, pero esta vez se adentraron por el Mediterr&#225;neo, haciendo que los habitantes de las islas Baleares, habituadas a lo largo de su historia a todo tipo de piratas meridionales, conocieran tambi&#233;n el terror n&#243;rdico. 

Remontando el r&#237;o Ebro y algunos de sus afluentes, llegaron a Pamplona, donde secuestraron al rey de Navarra, Garc&#237;a I&#241;iguez, por el que consiguieron un buen rescate. Invernaron en la zona francesa de la Camargue y continuaron despu&#233;s hasta la ciudad italiana, ahora inexistente, de Luna, que, posiblemente confundieron con Roma. En el viaje de vuelta, ya hab&#237;an perdido m&#225;s de la mitad de los barcos. 

Las siguientes expediciones se realizaron en distintas oleadas entre 966 y 971, y estaban compuestas por daneses procedentes de Normand&#237;a, donde hab&#237;an ayudado al rey Ricardo Sin Miedo a luchar contra los franceses. La m&#225;s importante fue la del 968, con 100 barcos y unos 8.000 hombres, al mando del "jarl" Gundraed, en tiempos en que los nobles del reino cristiano se desentendieron entre ellos y los vikingos estuvieron durante dos a&#241;os saqueando una y otra vez las costas gallegas, llegando en el 970 a tomar la ciudad de Santiago de Compostela.

Las incursiones vikingas cesaron a finales del siglo X. Dinamarca, Suecia y Noruega se hab&#237;an convertido en reinos, y los reyes dedicaron la mayor parte de sus energ&#237;as al gobierno de sus dominios. Con la expansi&#243;n del Cristianismo, los antiguos valores guerreros de los vikingos se debilitaron hasta desaparecer. Las culturas que hab&#237;an conquistado los absorbieron; y as&#237; los ocupantes y conquistadores de Inglaterra se volvieron ingleses, los normandos franceses, y los varegos rusos.

Hubo otras incursiones posteriores, ya entrados en el siglo XII, que se atribuyen a los habitantes de las islas Orcadas. que continuaron con esta forma de vida cuando los dem&#225;s vikingos ya la hab&#237;an abandonado. 

Sin embargo para ellos no todo fue rapi&#241;a, ya que tambi&#233;n consiguieron grandes logros en el comercio, el arte, la artesan&#237;a, las exploraciones, las colonizaciones, y sobre todo en el desarrollo de la navegaci&#243;n. Las causas que impulsaron a estos pueblos de granjeros independientes en sus tierras y marinos guerreros fuera de ellas, a su expansi&#243;n con grandes exploraciones unidas al saqueo, se debieron posiblemente al exceso de poblaci&#243;n y la escasez de tierras en Escandinavia, su pobreza, la dureza del clima, la necesidad de buscar mercados, su intrepidez y af&#225;n de aventura, la incapacidad de defensa de sus v&#237;ctimas, y su ansia de apoderarse de todo lo que se les pon&#237;a por delante. Eran capaces de aparecer como por arte de magia en las costas, atacar pueblos y aldeas para desvalijarlos, y desaparecer con la misma presteza con que hab&#237;an venido dejando tras de s&#237; la desolaci&#243;n y la muerte. Aunque es dif&#237;cil de establecer qu&#233; grupos fueron responsables de las diferentes acciones, en l&#237;neas generales se puede decir que los suecos actuaron en el B&#225;ltico y en el este de Europa, los noruegos en el Atl&#225;ntico norte y oeste, y los daneses en el sur hasta el Mediterr&#225;neo. 

El comercio dio lugar a las primeras grandes ciudades vikingas, como fueron Ribe y Hedeby, en Dinamarca, y Kaupang, en Noruega. En Suecia adquiri&#243; gran importancia Birka, en una peque&#241;a isla del lago M&#228;lar, y Gotland, en el mar B&#225;ltico. Fuera de Escandinavia, establecieron importantes centros comerciales en York (Inglaterra), Dubl&#237;n (Irlanda), Novgorod (Rusia) y Kiev (Ucrania) y muchos otros creados de forma m&#225;s provisional (una de las cosas que marcaba la estabilidad de un poblado era la residencia de mujeres vikingas). 

Hasta estas ciudades llegaban comerciantes procedentes de tierra lejanas para intercambiar sus elementos m&#225;s preciados: pa&#241;o fris&#243;n, seda china, joyas y monedas de oro y plata, vino, sal y especias; a cambio se llevaban pieles n&#243;rdicas de zorro, armi&#241;o, oso, lobo, lince o castor, marfil de morsa, con el que se hac&#237;an tallas religiosas, cera, con la que se fabricaban velas, pescado seco, que alimentaba los d&#237;as de cuaresma, brea para calafatear barcos y hierro para hacer armas y herramientas. Y todo tipo de artesan&#237;as en cer&#225;mica, esteatita, madera o hueso. Y no olvidemos a los esclavos, elementos comunes en todos los mercados de la &#233;poca. En las excavaciones de la ciudad sueca de H&#235;lgo se ha encontrado algo tan ex&#243;tico como un buda del siglo VI procedente del norte de la India. 

El patr&#243;n de valor m&#225;s preciado y estable era la plata, la mayor&#237;a procedente de las minas &#225;rabes, ya fuera en bruto o en forma de joyas y, sobre todo, monedas. Los vikingos no tuvieron moneda propia antes del 975, cuando se acu&#241;aron las primeras en Dinamarca, aunque en peque&#241;as cantidades; prefer&#237;an adquirir las de los pueblos mediterr&#225;neos, europeos y sobre todo &#225;rabes no por su valor monetario si no por su peso en oro o plata, de ah&#237; que se hayan encontrado muchas de ellas partidas o que muchas fueran fundidas para hacer joyas. Para pesar la plata, los mercaderes llevaban consigo peque&#241;as balanzas desmontables, que pod&#237;an ser guardadas, junto con las pesas, en una caja de bronce despu&#233;s de ser plegadas. En Escandinavia se llevan contabilizadas m&#225;s de cien mil monedas, y se siguen descubriendo m&#225;s cada vez que sale a la luz una nueva tumba en alg&#250;n lugar, especialmente en Suecia, donde se han encontrado m&#225;s monedas inglesas antiguas que en la misma Inglaterra, y especialmente en Gotland, donde han salido a la luz decenas de miles de monedas &#225;rabes. 

Los vikingos suecos, sobre todo los gotlandeses, ya hab&#237;an abierto las rutas comerciales del este, incluso antes del comienzo de la era vikinga, llegando hasta Constantinopla, Jerusalem y Bagdad (muchas piedras r&#250;nicas de Gotland de siglo IX recuerdan la muerte de viajeros que llegaron a estos lugares); para ello remontaron los r&#237;os rusos y arrastraron sus barcos por tierra cuando hizo falta, como en casos de r&#225;pidos o simplemente cuando se acababa el r&#237;o y ten&#237;an que llegar hasta otro que corriese en sentido contrario. 

Despu&#233;s, pr&#225;cticamente tuvieron la exclusiva sobre estas tierras, ya que los noruegos y daneses prefirieron viajar en direcci&#243;n contraria: los noruegos navegaron sobre todo por mar abierto, llegando a las islas Feroe, Shetland, Orcadas, Irlanda; m&#225;s tarde a Islandia y desde all&#237; a Groenlandia; por su parte, los daneses prefirieron establecerse principalmente en tierras francesas (Normand&#237;a) e inglesas (Danelang). 

Pr&#225;cticamente todos los pueblos y territorios cercanos a los vikingos estaban divididos y en continuas luchas internas: post-celtas, anglo-sajones, eslavos y los reinos en que se fragment&#243; el imperio de Carlomagno tras su muerte. La falta de estabilidad facilit&#243; la entrada de los vikingos tanto en las expediciones de saqueo como en las de colonizaci&#243;n. El estallido migratorio llev&#243; a muchos colonos n&#243;rdicos a asentarse tanto en tierras conquistadas a la fuerza como en islas deshabitadas. 

La vida y las andanzas de los vikingos llegaron hasta nosotros gracias a las &#171;Sagas&#187;, que eran narraciones de sus haza&#241;as con m&#225;s contenido &#233;pico que rigor hist&#243;rico, transmitidas oralmente hasta finales del siglo XII en que fueron recogidas en textos escritos. Se tienen noticias de la aparici&#243;n de estos guerreros en las costas inglesas all&#225; por el a&#241;o 750.

Los vikingos realizaron todas estas haza&#241;as gracias a sus barcos ligeros y muy marineros, con los que llegaron a ser unos expertos en el arte de navegar. Para ellos sus barcos tuvieron en el Atl&#225;ntico norte la misma importancia que en su momento hab&#237;an tenido para los fenicios los suyos en el Mediterr&#225;neo. Eran naves de madera, abiertas, sin cubiertas, de borda baja y escaso calado, ligeras y veloces. De los barcos vikingos se dispone de amplia informaci&#243;n gracias al tapiz de Bayeux, a los trabajos realizados en piedra, y a los restos arqueol&#243;gicos encontrados a finales del siglo XIX y en el siglo XX, procedentes en muchas ocasiones de enterramientos funerarios en los que los buques eran utilizados como ata&#250;des o sarc&#243;fagos de personajes notables. Entre los trabajos en piedra destacan las esculturas de la isla de Gotland, en el B&#225;ltico, que muestran barcos de vela con sus tripulaciones. De los restos arqueol&#243;gicos se puede citar la &#171;Nave de Kvalsund&#187;, posiblemente del siglo VII, encontrada en 1920, de 18,3 metros de eslora, 3 metros de manga, proa y popa id&#233;nticas apuntando hacia el cielo, y 10 remos por banda. La &#171;Nave de Oseberg&#187;, encontrada en 1903 y fechada hacia el 800, tiene 21 metros de eslora, unos 5 de manga, m&#225;stil de 13 metros, 15 remos por banda, con proa y popa id&#233;nticas rematadas por elegantes espirales. Tambi&#233;n destaca el &#171;Drakar de Gokstad&#187;, encontrado en 1880 al excavar un t&#250;mulo funerario; del 900 aproximadamente, tiene 23 metros de eslora, 5 de manga, un palo de m&#225;s de 12 metros, y 16 remos por banda.

Aunque estos marinos surcaron las aguas de una gran parte del mundo conocido y ampliaron enormemente sus zonas de influencia, su presencia y protagonismo en la historia fueron muy cortos, ya que carec&#237;an de los suficientes recursos humanos y materiales para mantener algo parecido a un imperio, y tampoco pose&#237;an la experiencia, ni la vocaci&#243;n, ni la necesaria uni&#243;n entre ellos para hacerse con el control de las grandes &#225;reas que exploraban. Por otra parte, eran f&#225;cilmente asimilados por los pueblos donde se asentaban, y perd&#237;an r&#225;pidamente su identidad. De todas formas, aquellos pueblos intr&#233;pidos merecen toda nuestra admiraci&#243;n, ya que aunque muchos de sus viajes no ten&#237;an una finalidad precisamente altruista, nadie puede poner en duda su valor y nadie puede quitarles sus m&#233;ritos, ya que a bordo de sus peque&#241;os barcos fueron capaces de operar desde el norte de Europa al norte de &#193;frica, y desde el mar Caspio hasta las costas de Norteam&#233;rica, a donde llegaron casi cinco siglos antes que Col&#243;n. 

El saqueo de Lindisfarne supuso la entrada en la historia de los vikingos, pero se supone que los vikingos ya llevaban muchos a&#241;os haciendo este tipo de asaltos a otros monasterios y poblaciones costeras, cuyos habitantes no tuvieron la oportunidad ni los conocimientos suficientes para dejar constancia escrita de ello. 

Los barcos de guerra, ligeros y r&#225;pidos, capaces de navegar por aguas poco profundas, llegaban hasta las mismas playas o riberas de los r&#237;os, donde los guerreros inmediatamente saltaban a tierra con las armas preparadas y dando gritos estentoreos - que debieron suponer algo as&#237; como lo que hoy en d&#237;a llamamos guerra sicol&#243;gica -. Estos ataques fulminantes, llamados strandhugg, se basaban en el efecto sorpresa, tomando r&#225;pidamente y por al fuerza bruta lo que encontraban valioso, matando a todo aqu&#233;l que se interpusiese en su camino, incendiando las casas y desapareciendo con la misma rapidez que hab&#237;an llegado. Aunque en ning&#250;n momento sirva de justificaci&#243;n, es preciso decir que en aquellos tiempos los vikingos no eran ni mucho menos los &#250;nicos que se dedicaban a este tipo de actividades. 

El &#233;xito obtenido en Lindisfarne (y seguramente otros lugares) origin&#243; que se repitieran este tipo de ataques a&#241;o tras a&#241;o por todas las costas europeas. Las expediciones de saqueo se organizaban durante el verano, cuando las condiciones metereol&#243;gicas permit&#237;an largos viajes por los mares n&#243;rdicos; a&#250;n as&#237;, la vida en el alta mar pod&#237;a ser muy dura cuando no hac&#237;an navegaci&#243;n costera, como era el caso de los noruegos cuando iban hacia las islas atl&#225;nticas, sobre todo cuando el viento no soplaba y deb&#237;an usar los remos, con una dieta exclusiva a base de carne y pescado secos y, al no haber camarotes ni bodega, permaneciendo todo el tiempo a la intemperie; pero sab&#237;an que despu&#233;s de pocos d&#237;as de relativas fatigas y penalidades, volver&#237;an a sus casas con las manos llenas de abundantes riquezas que les proporcionar&#237;an bienestar y, tal vez lo m&#225;s importante, honor y gloria que supondr&#237;a prestigio social.
En las asambleas locales de primavera se anunciaban las expediciones que iban a organizarse para la temporada estival; es f&#225;cil imaginar el nerviosismo y la impaciencia provocada por la inacci&#243;n invernal y la falta de luz y calor. Antes de partir, la tripulaci&#243;n hac&#237;a el juramento solemne de obedecer al jefe hasta regresar del viaje y se decid&#237;a el reparto del bot&#237;n, que sol&#237;a ser la mitad para el que organizaba el viaje, suministrando barcos y v&#237;veres (al fin y al cabo, esto tambi&#233;n era un viaje de negocios), y la otra mitad a repartir a partes iguales entre los participantes, incluido el jefe de la expedici&#243;n. 

Los hallazgos arqueol&#243;gicos han demostrado que la t&#237;pica imagen del vikingo tocado con un casco cornudo que puede verse en la mayor&#237;a de los actuales festivales es falsa; parece ser que esa idea tan extendida procede de las primeras representaciones de las &#243;peras de Wagner, cuyo dise&#241;ador tal vez se bas&#243; en cierta iconograf&#237;a presente en antiguos cuernos para beber de oro muy anteriores a la era vikinga, encontrados al sur de la pen&#237;nsula danesa de Jutlandia en los siglos XVII y XVIII, que muestran ciertas figuras, que podr&#237;an representar alg&#250;n tipo de ritual cham&#225;nico, tocadas con largos cuernos. Estos cuernos de oro adquirieron cierta celebridad en 1802, cuando fueron robados del Tesoro Real y fundidos. Los que se exhiben actualmente en el Museo Nacional son r&#233;plicas de aquellos. 

Conocemos bien sus armas, ya que se han encontrado abundantemente en las tumbas, pues, hasta la llegada del cristianismo, era habitual enterrar a los vikingos junto con su armamento personal. Estas armas vikingas eran: 

= hacha de guerra, bastante pesada y con mango largo. Pod&#237;a llegar a metro y medio de longitud y sol&#237;a tener la hoja labrada con filigranas. Tambi&#233;n hab&#237;a otras hachas de guerra m&#225;s ligeras hechas para ser arrojadas.
= arco y flechas: el arco era de madera de tejo y, seg&#250;n cuentan algunas sagas, las mejores cuerdas eran las hechas con cabellos de mujer trenzados.
= lanza o venablo, usada tanto como arma arrojadiza o en la lucha cuerpo a cuerpo.
= cuchillo, que pod&#237;a servir tanto para comer como para matar.
= espada, larga y de doble filo; era el objeto personal m&#225;s valioso para un vikingo, al que daban nombre propio; tanto la empu&#241;adura como los pomos sol&#237;an estar profusamente decorados con oro, plata y cobre, sobre todo las de los ricos, que se mandaban hacer lujosas espadas que mostrasen su fortuna. 

Los guerreros no llevaban uniforme y ten&#237;an que armarse y vestirse por sus propios medios. El atuendo defensivo b&#225;sico consist&#237;a en: 

= chaqueta de cuero o una cota de malla, seg&#250;n las posibilidades econ&#243;micas.
= casco c&#243;nico de cuero - algunos de metal -, que sol&#237;a llevar una protecci&#243;n para la nariz. Por supuesto, no ten&#237;an cuernos, que les hubieran entorpecido los movimientos del combate. 

= broquel o escudo redondo de madera, pintados por fuera, ribeteados de cuero y con un refuerzo central de hierro, con un asa para sujetarlo por la parte posterior. En los drakkar, se colocaban por fuera de la borda. Hab&#237;a otros, m&#225;s usados en Inglaterra, alargados y triangulares.

Siguiendo el paradigma de la &#233;tica del h&#233;roe, seg&#250;n la cual la muerte ideal es la que sobreviene en plena batalla, los guerreros vikingos se enfrentaban a sus enemigos con una audacia y un valor sin l&#237;mites, ya que de la gloria del combate depend&#237;an su honor y su reputaci&#243;n. En los barcos, los mejores guerreros, los m&#225;s temerarios, se colocaban en la proa. 

Hab&#237;a un grupo especial de guerreros profesionales, llamados berserkers, que iban vestidos con piel de oso o lobo y se les cre&#237;a inmunes al dolor y a las heridas de las armas. Posiblemente formaban parte de una especie de secta englobada dentro de un culto a Od&#237;n que consum&#237;a ciertos hongos alucin&#243;genos, aparte de reunir una serie de atributos sicol&#243;gicos cercanos a lo que hoy llamamos sicopat&#237;a y epilepsia. Antes del enfrentamiento, los berserkers entraban en trance, lo que les induc&#237;a a combatir feroz e incansablemente durante horas e incluso d&#237;as. Ten&#237;an la curiosa costumbre de dar aullidos y mordiscos a sus escudos o de despojarse de sus ropas seg&#250;n avanzaba a la lucha. Cuando esta terminaba, quedaban totalmente extenuados y algunos llegaban a morir de agotamiento sin haber recibido ninguna herida mortal. Es de suponer que ninguno llegaba a viejo. 

Como estos individuos sol&#237;an ser extremadamente violentos y pendencieros, adem&#225;s de que a veces llegaban a caer en trance involuntariamente y no hab&#237;a manera de controlarlos, en las temporadas pac&#237;ficas ten&#237;an que vivir en los bosques, separados de la gente normal, ya que su vida era la acci&#243;n y el combate, como ocurre con ciertos veteranos de las guerras actuales (algunos de estos tambi&#233;n sometidos a los efectos de ciertas drogas mezcladas con la comida para infundirles valor). Algunos retaban p&#250;blicamente a propietarios de granjas con el &#250;nico objeto de vencerlos en el duelo y quedarse con todo, incluida la familia. El retado no pod&#237;a negarse, ya que en ello le iba el mantener su honor y buen nombre, elementos muy preciados por los vikingos. 

Los vikingos construyeron diversos tipos de embarcaciones seg&#250;n cual fuese su utilizaci&#243;n y qu&#233; tipo de aguas tendr&#237;an que surcar, aunque el modelo b&#225;sico era el mismo para todas. 

Esencialmente hab&#237;a dos clases de barcos: los de guerra y los de transporte. 

= Los drakkar, usados en las incursiones guerreras, ya que eran las naves m&#225;s r&#225;pidas y manejables; con su poco calado, pod&#237;an navegar por aguas poco profundas.
= Los kn&#246;rr, usados para el comercio o la colonizaci&#243;n, eran m&#225;s lentos, pero al ser mayores, dispon&#237;an de espacio en el centro para almacenar mercanc&#237;as y animales.
= Hab&#237;a otras variantes menores como las barcas de remos que se llevaban en las naves, similares a las barcazas usadas para pescar o para atravesar aguas tranquilas. 

La proa y la popa eran iguales; as&#237;, en caso de precisar maniobrar hacia atr&#225;s, s&#243;lo ten&#237;an que remar en sentido contrario. La quilla era la parte m&#225;s importante, para la cual eleg&#237;an una encina del tama&#241;o adecuado, ya que ten&#237;a que ser de una sola pieza; estaba hecha de forma que la nave s&#243;lo precisaba un metro de agua para navegar; as&#237; pod&#237;an introducirse por lugares donde ninguna otra nave pod&#237;a hacerlo o desembarcar en cualquier playa. El tim&#243;n estaba en popa a estribor sujeto con una correa de cuero. 

Los drakkars ten&#237;a un m&#225;stil abatible y una vela rectangular, pero cuando no hab&#237;a viento o la situaci&#243;n lo requer&#237;a, sobre todo al maniobrar en aguas costeras y al adentrarse por los r&#237;os, eran impulsados a remo por los propios guerreros, que lo hac&#237;an por turnos. Dependiendo del tama&#241;o, la nave pod&#237;a necesitar entre 20 y 50 remeros. Como no hab&#237;a demasiado espacio para equipajes o mercanc&#237;as, cada vikingo deb&#237;a llevar su propio arc&#243;n, donde guardaba sus pertenencias y, sobre todo, el bot&#237;n fruto de los saqueos; tambi&#233;n le serv&#237;a como asiento cuando le tocaba remar. 

Los drakkar barcos de guerra ligeros y r&#225;pidos, capaces de navegar por aguas poco profundas, llegaban hasta las mismas playas o riberas de los r&#237;os, donde los vikingos inmediatamente saltaban a tierra con las armas preparadas y dando gritos estent&#243;reos -que debieron suponer algo as&#237; como lo que hoy en d&#237;a llamamos guerra sicol&#243;gica-. Estos ataques fulminantes, llamados strandh&#246;gg, se basaban en el efecto sorpresa, tomando r&#225;pidamente y por al fuerza bruta lo que encontraban valioso, matando a todo aqu&#233;l que se interpusiese en su camino, incendiando las casas y desapareciendo con la misma rapidez que hab&#237;an llegado. 

Los kn&#246;rr eran m&#225;s robustos y menos maniobrables, pero pod&#237;an transportar mucha mercanc&#237;a y necesitaban menos gente para manejarlos. Los mercaderes los llevaban cargados de arcones, toneles, hatos de pieles y los dem&#225;s bultos que constitu&#237;an sus mercanc&#237;as. Tambi&#233;n en ellos iban los grupos familiares completos durante los viajes de colonizaci&#243;n; incluso pod&#237;an llevar, en una plataforma central hundida, los animales de la granja, &#250;tiles de cocina, herramientas, as&#237; como todo lo necesario para comenzar una nueva vida: semillas, forraje, alimentos y hasta madera para construir la casa, si sab&#237;an que en el lugar de destino escaseaba, como era el caso de Groenlandia. 

La enorme flexibilidad y resistencia de los delgados tablones de los barcos vikingos se deb&#237;an a que la madera era cortada con hacha y nunca con sierra, siguiendo las l&#237;neas radiales del &#225;rbol, consiguiendo tablones muy delgados que iban superpuestos unos sobre otros en forma de tingladillo y remachados con clavos de hierro. Los barcos eran as&#237; ligeros y maniobrables, con la posibilidad a&#241;adida de poder ser transportados por tierra cuando la ocasi&#243;n lo requiriese, como fue en el caso del remonte de los r&#237;os rusos. 

Los vikingos fueron grandes navegantes que heredaron ese arte tras ser desarrollado a lo largo de generaciones; sus antepasados ya surcaban expertamente las aguas del norte debido a que los numerosos r&#237;os, lagos, islas y fiordos de esas tierra propiciaron el transporte a trav&#233;s del agua mejor que por una tierra atestada de grandes monta&#241;as, espesos bosques o pantanos infectos. 

Los navegantes de su &#233;poca se guiaban b&#225;sicamente por las estrellas; pero, teniendo en cuenta que los vikingos viajaban, por motivos meteorol&#243;gicos, en verano y que las noches blancas del norte e incluso la habitual nubosidad impiden la observaci&#243;n del cielo, tuvieron que desarrollar otros sistemas para navegar, como interpretar la forma y direcci&#243;n de las olas, la temperatura y humedad de los vientos, las distintas sutiles tonalidades del agua, la direcci&#243;n de las aves migratorias, la presencia de aves marinas o ciertos tipos de peces; adem&#225;s, los expertos timoneles se aprend&#237;an de memoria el perfil de las costas. Las viejas sagas cuentan acerca de la utilizaci&#243;n de cuervos: si, al soltarlos, regresaban pronto era se&#241;al de que no hab&#237;a tierra en las cercan&#237;as; si no regresaban, se segu&#237;a su vuelo con la seguridad de encontrar tierra en esa direcci&#243;n. Tambi&#233;n en alguna saga se habla de la piedra solar; esta piedra se supone que era calcita, que se puede encontrar en una isla del fiordo de Oslo y que tiene la propiedad de polarizar la luz, por lo que era &#250;til en los d&#237;as nublados, cuando cambiaba levemente de color justo por el lado donde estaba el sol 
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