07 Abr 2010

Atravesando el Amazonas

Escrito por: miguelglb el 07 Abr 2010 - URL Permanente

Seguramente la palabra Amazonas sea una de las mejor grabadas en el imaginario de cualquier viajero. Su nombre proviene de la mitología griega y se cree fue dado a esta región por el explorador Francisco de Orellana en honor a la ferocidad con que las mujeres de algunas etnias se resistieron a la conquista española. Cierto o no, se trata sin duda de una palabra sugerente, que evoca lo bello, salvaje y exótico de esta fantástica selva.

Todo en el Amazonas parece estar hecho a lo grande. Es la selva tropical más grande del mundo. Atraviesa las fronteras de Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana y Guayana Francesa. En total son más de seis millones de kilómetros cuadrados de superficie, lo que equivale a seis veces el tamaño de España. El río Amazonas es también el más largo del mundo con sus casi 7.000 kilómetros de longitud. Nace en los Andes peruanos y muere en la costa atlántica de Brasil. Se calcula que el 20% de todas las especies de aves y plantas del planeta están representadas en el Amazonas. Ahí es nada.

En cuanto al viaje de hoy quizás me haya excedido un poco con el título de este relato, pues con esas magnitudes una persona debería emplear varios meses de su vida para atravesar el Amazonas. Hay un tipo llamado Ed Stafford que lleva 730 días recorriéndolo a pie y en solitario, y todavía no ha acabado. Otro equipo consiguió navegar con balsas todo el río Amazonas en 153 días, sin duda todo un reto y una aventura. Pero de esas expediciones hablaré en otro momento. Hoy traigo una excursión un poco más modesta, concretamente de una pequeña travesía por el Amazonas peruano, pero que no desmerece en absoluto a los espíritus más osados y que también cuenta con su dosis de aventura.

Nuestra excursión comienza en la ciudad de Pucallpa, uno de los pequeños reductos de civilización en medio de la selva peruana. Situada a 780 kilómetros de Lima se puede acceder por carretera (poco recomendable) o por avión. Desde Pucallpa partiremos en barco por el río Ucayali hacia la ciudad de Iquitos, pasando por los pequeños pueblos y comunidades indígenas situadas en sus márgenes. En total son 990 kilómetros de recorrido en barco a través de la selva amazónica.

Como todo, hoy en día hay varias maneras de plantearse este viaje. La ruta Pucallpa – Iquitos forma parte de un circuito mucho más extenso que realizan importantes compañías de cruceros por el Amazonas. Por lo tanto esta travesía es posible hacerla a bordo de bonitos barcos con camarotes y baños particulares, aire acondicionado y todo tipo de comodidades. O bien podemos decantarnos por viajar en las pequeñas lanchas que hacen las veces de transporte público.

Yo personalmente me decanto por un punto intermedio. Existen navieras dedicadas al transporte de turistas, que son más caras que el transporte público local y permiten conservar el espíritu de aventura de los auténticos viajes a Perú . No hay camarotes individuales, sino con literas para varias personas, los baños son comunes y por lo general disponen de aire acondicionado en las zonas comunitarias. Lo bueno de estos barcos es que viajas con gente de todas partes, mochileros en su mayoría, con quienes compartir las largas horas de travesía. Además tienen un plus de seguridad con respecto al transporte público que no debemos obviar.

La duración del viaje también depende del tipo de embarcación y va desde los tres días de los transportes locales a los cinco o seis de los cruceros turísticos. En cuanto al precio, un billete en transporte público cuesta unos 35 dólares con hamaca para dormir y comida incluida, mientras que un billete en clase turista, con litera en camarote compartido y pensión completa a bordo cuesta de 200 a 400 dólares en función de la naviera y de la temporada.

Una vez nos hemos acomodado y hemos inspeccionado el barco nos situamos en lo que se convertirá en el cuartel general de todos los que viajamos a bordo, el bar. Unos para charlar y conocer gente, otros para tomar un refresco o comerse un bocadillo y todos sin excepción para disfrutar del aire acondicionado nos reunimos durante prácticamente todo el viaje en el pequeño bar del barco. Lo cierto es que hay tiempo para hacer de todo; relajarse, leer, poner en orden todas las notas de viaje y sobre todo para hablar. Hace ya tiempo que descubrí que una de las mejores formas de conocer gente es alrededor de una baraja. Para mi es todo un misterio, pero lo cierto es que la experiencia dice que si posees una baraja de cartas, enseguida encuentras gente con la que pasar el rato. En algunos casos ni siquiera hay que jugar, basta con que la baraja este a la vista, en el centro de la mesa, para que nos sentemos a beber y a charlar durante horas y horas. Incomprensible.

De esta manera pasan los días a bordo del barco. No se hace un viaje largo en absoluto. El paisaje alrededor es espectacular, las noches son espléndidas y permiten escuchar los sonidos de la selva en todo su esplendor. Lo normal es hacer varias paradas en los pueblos más importantes de la ruta como Contamana, Tierra Blanca o Requena, donde podemos bajarnos a estirar las piernas y comprar algunos víveres (los refrescos y bocadillos del bar no son precisamente baratos). Antes de llegar a la ciudad de Iquitos, el Ucayali y el río Marañón se funden en uno solo para formar el nacimiento del Amazonas

Iquitos es una ciudad alegre, con un marcado carácter indígena. Es la capital de la región de Loreto, en la zona nororiental del país. Esta situada a tan sólo 4º al sur del ecuador, por lo que el clima es muy cálido y húmedo durante todo el año. La ciudad se encuentra rodeada de gran cantidad de ríos y canales que constituyen la principal vía de comunicación para sus residentes. En cuanto al alojamiento existen varios hoteles y hostales repartidos por la ciudad, pero quizás la mejor opción sea alguno de los albergues situados a las afueras, a orillas de los ríos, que permiten un mayor contacto con la naturaleza. La ciudad ofrece varios atractivos, como el mercado, el malecón o la Casa de Hierro, diseñada por el arquitecto francés Gustave Eiffel y traída por partes desde Europa. Hay empresas de ecoturismo que nos ofrecen excursiones por la selva y actividades en las lagunas de Oronococha y Quistococha, situadas a pocos kilómetros de la ciudad.

Tras nuestra estancia en Iquitos podemos regresar a Lima en avión. Lan y Star Perú ofrecen vuelos diarios desde 150 dólares. O si disponemos de ganas y más días de viaje podemos continuar río arriba hasta la ciudad de Yurimaguas. Pero esa ya es otra historia.

Consejos:

La seguridad es un concepto básico en este tipo de viajes. El dinero, pasaporte y demás objetos de valor deben estar con nosotros todo el tiempo y no en el camarote. Para ello siempre es bueno llevar una pequeña mochila o riñonera.

A estas latitudes el calor se hace a veces insoportable. Debemos tener especial cuidado con la insolación y la deshidratación. Una gorra, crema solar, ropa ligera, mucha agua y un pequeño abanico serán nuestros mejores aliados (ojo a esos pequeños ventiladores de bolsillo, vale que no queda muy aventurero, pero durante la noche nos alegraremos de tener uno a mano). Antimosquitos, capa de agua o chubasquero, chanclas para pasear por el barco y biodramina no deben faltar tampoco en nuestro equipaje.

Hasta aqui el relato de hoy. Espero que os haya gustado o por lo menos que hayais pasado un buen rato. Aquellos que querais nos vemos la semana que viene con una nueva entrega.

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1 comentario Escribe tu comentario

Fer

Fer dijo

Por desgracia el Amazonas está en peligro con la nueva ley de desforestación

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