25May, 2011

Viajes a Tailandia

Escrito por: miguelglb el 25 May 2011 - URL Permanente

Tailandia es uno de esos destinos que aúnan cultura, historia, naturaleza e impresionantes playas. Es un país en donde puede hacer trekking en las montañas, practicar muay thai o boxeo tailandés, viajar en tuk-tuk o en elefante y hacer canotaje en los ríos. Si por el contrario prefiere un paseo de relax también le ofrecen una serie de posibilidades que no puede desaprovechar.

En el sur del país se encuentran las mejores playas del país. Números resorts para turistas nacionales y extranjeros se pueden encontrar en la costa. Destacamos el Mar de Andamán al sureste del país y la bahía de Phang Nga con las mejores playas.

Un poco de historia:

El reino budista de Sukhothai, fue el primer estado de Tailandia, el cual fue fundado en 1238 y es uno de los principales atractivos de los viajes a Tailandia. Un siglo después, otro reino, el de Ayutthaya comandado por monarca U-Thong ocupa el control de la región.

En el siglo XVI Europa comienza a tener contacto con esta zona. Sin embargo es el único país de la región que no logró ser colonizado. En 1932, se establece una nueva monarquía constitucional debido a una revolución.

A partir de ese hecho gran parte de la cultura Jemer (un reino de Camboya) se exilia a la zona trayendo consigo distintas costumbres que más adelante influenciarían al país. En 1767, la ciudad de Thonburi es fundada como la capital de Tailandia por el rey Taksin el Grande: 15 años después el reinado pasa a manos de Rama I el Grande, de la dinastía Chakri, quien establece a Bangkok como la nueva capital de Tailandia, la cual se mantiene hasta el día de hoy.

Tras superar dicho periodo, diez años más tarde, Tailandia se convierte en una democracia participativa moderna. Sin embargo el 19 de septiembre de 2006, mientras el presidente de ese entonces Thaksin se encontraba en la ciudad de Nueva York, el grupo militarizado del “Consejo para la reforma democrática”, bajo el mando de Sondhi Boonyaratglin toma el poder, terminando brutalmente con 15 años de democracia en el país.

Las Playas

Las islas tailandesas también harán de tu viaje una delicia, visita obligada a las Ilas Phi-Phi y al archipiélago de Kohsamui.

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09Ene, 2011

El Camino Inca

Escrito por: miguelglb el 09 Ene 2011 - URL Permanente

La ruta de Lares es un viaje de 4 días por Perú que nos lleva desde el valle de Lares hasta Machu Pichu. Un itinerario que nos transporta en el tiempo y nos permitirá conocer la historia de esta ancestral civilización, atravesando valles y montañas de una belleza espectacular.

Podemos decir que la ruta verdaderamente comienza a pocos kilómetros de Cuzco, en el valle de Huaran, donde parece que el tiempo se detuvo hace mucho y los habitantes viven como lo hacían hace siglos, en casas construidas de piedra y techos de paja y donde la principal ocupación sigue siendo la cría de ganado.

La segunda jornada del viaje transita por los lagos Sauirococha y Yaruccocha, lugar de paso y hábitat de especies autóctonas como el ibis, gaviotas, gansos, patos andinos y flamencos. A partir de este punto ya hemos superado los 4.300 metros de altitud y disfrutamos de espectaculares vistas que se pierden en el horizonte peruano, rodeados de nubes y enormes montañas. A partir de aquí ya no hay marcha atrás, pues comenzamos el descenso que nos llevará tras dos jornadas más al misterioso Valle Sagrado de los Incas.

La parada nos permite disfrutar de la hospitalidad de los habitantes de esta remota región. Los Haucawasi son habilidosos artesanos textiles y es un lugar perfecto para hacernos con alguna prenda típica de buena lana y vivos colores.

Continuamos la marcha por el sendero original, todavía empedrado, que los Incas construyeron para comunicar el valle de Lares con el Valle Sagrado. Es el tercer día de viaje y ya se empieza a notar el cansancio, el camino se hace más largo y la marcha más lenta. Por la tarde llegamos a Aguas Calientes, una bonita ciudad, muy revitalizada por el turismo, ya que en ella confluyen los distintos caminos Incas y desde la cual parte el último tramo hasta Machu Pichu. Es la primera vez en tres días que nos sentimos de regreso a la civilización y se agradece poder cenar en un restaurante, incluso tomar una copa antes de irnos a dormir.

El último tramo es el más fácil y más transitado, pues lo realizamos en compañía de muchas personas llegadas a Aguas Calientes en tren procedente de Cuzco. El camino se hace fácil y ameno, casi sin darnos cuenta llegamos a nuestro destino y penetramos en la Ciudad Sagrada de los Incas, sin duda la mejor recompensa a nuestro largo viaje.

Próximamente hablaré de la Ciudad Sagrada, pues se merece un post a parte. Sólo decir que si estáis pensando en visitarla debéis planearlo con antelación, ya que el número de visitas diarias está restringido, lo que hace necesario reservarlo con varios meses de anticipación.

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10Sep, 2010

Ruta en Bici por la Isla Ometepe

Escrito por: miguelglb el 10 Sep 2010 - URL Permanente

La Isla Ometepe es uno de esos lugares especiales a los que uno les coge especial cariño. En este caso no sabría decir el motivo exacto, quizá fue lo muy bien que me trataron sus habitantes durante los días que pasé allí, la fantástica morfología de la isla, definida por sus dos volcanes (los que me conocéis ya sabéis que soy un fanático de los volcanes) o simplemente que mis mejores días en Nicaragua transcurrieron en esa isla. Sea como fuere para mí es un lugar especial que sea ganado de sobra el que le escriba estas pocas líneas.

La Isla:

Con sus 275 km2 Ometepe es la isla más grande del lago Cocibolca. Su población asciende a 35.000 personas y los núcleos de población más importantes son Moyogalpa y Altagracia, que son también los dos puertos principales de acceso a la isla desde las ciudades de Granada, San Carlos y San Jorge.

En el interior se levantan dos volcanes, el Concepción y el Maderas que le dan ese perfil tan característico a Ometepe. El volcán Concepción es el más alto de los dos, con 1.610 metros. En 1883 despertó después de siglos de letargo con una erupción que duró 4 años y arrasó toda la isla. Desde entonces las erupciones se han ido repitiendo, la última en 2005, con una expulsión de cenizas y temblores de tierra de gasta 6,2 grados en la escala de Richter.

El volcán Maderas tiene una altitud de 1.394 metros. Su última erupción tuvo lugar hace más de ocho siglos y hoy en día se le considera extinto. En su cráter se ha formado una pequeña laguna, la Laguna de Maderas. La ascensión a la laguna del volcán Maderas a través de las 4.100 ha de reserva natural es una de las actividades más populares de la isla.

Toda la superficie esta cubierta por un manto de bosque tropical, tanto húmedo como seco además de zonas de bosque nuboso. Alberga numerosas especies animales y peces, como el pez sierra y el famoso tiburón de agua dulce. También sirve de descanso para las aves migratorias que cruzan el país, lo que ha llevado a Ometepe a ser incluida por la UNESCO en la Red Mundial de Reservas de Biosfera.

La Ruta:

Saliendo de la ciudad de Moyogalpa nos encontramos con una carretera pavimentada que rodea el volcán Concepción por su vertiente Norte, pasando por pequeños pueblos como La Primavera o La Flor y por grandes plantaciones de plátanos.

La distancia desde Moyogalpa hasta Altagracias son 24 Km, de ida y otros tantos de vuelta, por lo que no es un trayecto largo. Si deseamos pasar toda una jornada pedaleando es posible continuar más allá de Altagracias, hasta Playa Santo Domingo o el pueblo de Santa Cruz, en las faldas del volcán Maderas, recorriendo una distancia aproximada de 60 ó 70 kilómetros, pero con peores condiciones ya que a partir de Altagracias la carretera se convierte en camino de tierra.

Sea como fuere, el trayecto no tiene una gran dificultad, tiene largas subidas pero sin gran desnivel. Cualquiera con un nivel medio puede realizarlo, pero teniendo en cuenta las condiciones de temperatura y humedad de la zona. Es imperativo llevar buenas provisiones de agua (no menos de 1,5 ó 2 litros por persona). En todo el recorrido se disfrutan de impresionantes paisajes del lago y de los dos volcanes de la isla y encontraremos diferentes lugares en los que hacer una parada e incluso darnos un baño en el lago.

En toda la isla hay una buena infraestructura turística, tanto de hoteles, como restaurantes, bares y centros de actividades. Entre las posibilidades de ocio, además de la ya mencionada subida al volcán podemos destacar los deportes acuáticos, como el Kayak, el windsurf o la vela y el canopy.

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18Jul, 2010

Subida al Cerro Negro

Escrito por: miguelglb el 18 Jul 2010 - URL Permanente

En Nicaragua, en la cordillera volcánica que divide en dos al país y rodeado por sus hermanos mayores, Telica y San Cristóbal, se encuentra el volcán Cerro Negro.

Ya desde la distancia se puede apreciar el contraste entre sus laderas y el entorno que lo rodea, pues en apenas unos metros los árboles y arbustos dejan paso a la tierra volcánica, negra. Las últimas de esas piedras fueron expulsadas en las últimas erupciones de 1995 y 1999. Desde entonces el volcán permanece dormido.

No hay señales, ni caminos. Nada invita a querer subir. Las piedras son duras, porosas y se deslizan hacia abajo según las pisas. El terreno es empinado y es necesario ayudarse de las manos para no resbalar. La subida se hace algo difícil en algunos tramos, sobre todo a la mitad y no tienes ninguna referencia para guiarte. Nuestros pasos no dejan rastros en las piedras por lo que el único camino es hacia arriba, sin más, hasta llegar a la cima. En la parte final, casi llegando arriba se empieza a notar un olor como a azufre, suave al principio y más fuerte según nos acercamos.

El cráter no es nada espectacular, apenas se distingue de todo lo demás salvo por las pequeñas fumarolas que fluyen al exterior. Todo está en calma, sólo el sonido del fuerte viento y el ruido de algunas rocas que siguen deslizándose ladera abajo rompen el silencio espectral de la cima del volcán. Es el momento de relajarse y descansar unos minutos. Las vistas son espectaculares, justo enfrente puede verse el volcán Telica y detrás el San Cristóbal, ambos mucho mas altos que el Cerro Negro. Desde aquí arriba también vemos el océano Pacífico.

Pero no hay que olvidar que nos encontramos sentados en el cráter de un volcán, dormido si, pero activo. Debajo de nosotros, a miles de metro de profundidad el magma fluye a cientos de grados de presión buscando constantemente un lugar por donde salir. Y si finalmente encuentra esa enorme y vieja tubería vertical hacia el exterior y ésta resulta ser la del Cerro Negro, preferiría que no me encontrara a mi sentado en el borde del cráter mirando ensimismado el océano y las montañas de alrededor. Sería el clásico ejemplo de estar en el lugar inadecuado en el momento inadecuado. Así que llega el momento de empezar el descenso.

Normalmente las bajadas de una montaña suelen ser mucho más rápidas que las subidas, pero en el caso del Cerro Negro las proporciones se disparan. Si para subir empleamos unos 40 ó 50 minutos, la bajada se hace en menos de 10, aunque tampoco conviene hacerla en menos de un minuto si queremos llegar al suelo de una pieza, y doy fe de que se puede. Y es que el Cerro Negro es uno de los pocos volcanes del mundo que pueden bajarse surfeando. El hecho de que las piedras volcánicas no se sustenten unas con otras, y que nos complicó la subida sobremanera, hacen que la bajada sea una autentica gozada y muy divertida, aunque no se disponga de una tabla y nos tengamos que deslizar simplemente sobre nuestras botas. Pero como he dicho hay que tener cuidado, pues la ladera tiene mucha pendiente y si nos cayéramos no podríamos detenernos hasta llegar abajo. Así que con cuidado, respeto y usando de vez en cuando lo que en el argot técnico llamamos técnica del “culling”, es decir, deslizándose con el culete, llegamos sanos y salvos hasta los pies del volcán.

La subida (y la bajada) al Cerro Negro es toda una aventura. No tiene mucha dificultad pero hay que ir con precaución, muy aconsejable ir con guía. Botas y pantalones largos obligatorios para protegerse de las magulladuras. Se debe tener en cuenta también que las piedras volcánicas desprenden mucho polvo, por lo que inevitablemente acabaremos algo sucios. Y por encima de todo tener muy presente que se trata de un volcán activo.

Hasta aqui el relato de hoy. Como siempre espero que os haya gustado y sigais pasando por aqui de vez en cuando.

Saludos

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11May, 2010

El desove de las tortugas

Escrito por: miguelglb el 11 May 2010 - URL Permanente

El Parque Nacional de Tortuguero se encuentra en la costa caribeña de Costa Rica, al Norte, justo en el límite de la frontera con Nicaragua. Para llegar hasta él salimos de San José temprano, hay más de 2 horas en coche hasta la entrada y de ahí casi una hora más por un camino de tierra hasta llegar al embarcadero. Este último tramo transcurre ya dentro de lo que es el Parque Nacional, aunque a ambos lados de la carretera la vista se pierde entre campos de banano, cultivo y fuente principal de riqueza de la zona.

En el embarcadero nos subimos a un bote que nos llevará por los extensos canales del Parque hasta el punto neurálgico del lugar, el pueblecito de Tortuguero. Y es que no hay carreteras en Tortuguero, ni siquiera caminos, todo es jungla y manglares, divididos por los canales que son las únicas vías de comunicación dentro del Parque.

El viaje en bote dura aproximadamente dos horas, pero es un trayecto especialmente bonito por la belleza del paisaje y por ser la primera toma de contacto del visitante con el Parque. Sin necesidad de afinar mucho la vista se pueden apreciar los primeros ejemplares de monos cariblancos trepando por los árboles. Aves, reptiles y los inmensos árboles que rodean el canal parecen darnos la bienvenida a su casa. No hay duda de que estamos ante uno de los santuarios naturales más interesantes en los viajes a Costa Rica . Pero no hay que confiarse, Tortuguero es un parque totalmente salvaje, inhabitado en las zonas alejadas del pueblo y de los recintos hoteleros. Para una persona extraviada sería imposible sobrevivir en él.

Si bien es posible encontrar algún hotelito en el propio pueblo, la mayoría del alojamiento para turistas se encuentra en los hoteles esparcidos por los canales que lo rodean. Los hoteles aquí tienen casi todas las comodidades necesarias para pasar un par de días. Las habitaciones son tipo lodge, cabañitas individuales comunicadas entre sí y con la zona común del hotel, el restaurante, la piscina, el bar y el embarcadero propio de cada hotel. Hay un servicio de taxis que se puede contratar en el hotel para desplazarse libremente del hotel hasta el pueblo. También es fácil encontrar gente dispuesta en el embarcadero del pueblo a llevarnos de regreso al hotel por unas monedas.

El pueblo de Tortuguero es muy humilde y la gente muy pobre. Viven fundamentalmente del turismo. Hay pocos bares y restaurantes y alguna que otra tienda de souvenirs. Pero el principal atractivo del pueblo y de todo el Parque Nacional esta en sus playas, no por su arena blanca y aguas cristalinas, que no lo son, sino por ser uno de los principales escenarios del desove de la tortuga Verde y la Baula de todo el mundo.

La excursión hay que contratarla en el hotel y se hace por la noche. En el grupo vamos unas 15 personas y el guía lo deja muy claro. Estrictamente prohibido llevar cámaras ni linternas. La zona esta controlada por guardias y personal del Parque toda la noche. Si sorprendieran a cualquier integrante del grupo con una cámara de fotos o una linterna expulsarían a todo el grupo de vuelta al hotel. Aparte de esta norma hay otras como que ellos nos dicen por donde podemos ir y por donde no. Hay más grupos de otros hoteles y nos tienen que coordinar a todos para no provocar aglomeraciones.

Por fin tras más de media hora esperando el momento nos avisan de la zona a la que podemos ir. Encabezados por el guía que, éste si lleva una linterna especial de una tenue luz color violeta, vemos a la tortuga. El momento es sobrecogedor, todos estamos emocionados observando al animal, más grande que un futbolín, cómo deposita decenas de huevos en el agujero que durante media hora, la misma media hora que estuvimos esperando en el linde de la playa, ha excavado en la arena. Todos estamos en silencio, las normas es que no podemos hacer ningún ruido, pero nadie parece querer comentar nada, estamos hipnotizados, tal vez recordando las explicaciones del guía sobre que las tortugas que están hoy depositando los huevos son las mismas que cincuenta o cien años atrás nacieron en estas mismas playas, tal vez estamos intentando comprender que las tortugas que dentro de unos meses nacerán de estos huevos volverán una y otra vez durante toda su vida a desovar en estas mismas playas.

Con la excursión de anoche bien ha merecido la pena el viaje hasta aquí. Pero Tortuguero ofrece también otras actividades. Quizás junto con la excursión nocturna a la playa de las tortugas, la otra más interesante sea el Tour en bote por los canales del Parque, ya no por los principales que son anchos y profundos, sino por los angostos y poco profundo canales interiores, donde se puede ver el fondo y si nos bajáramos del bote el agua nos llegaría por la cintura. Es en esta parte donde se puede observar bien y de cerca algunos de los habitantes más ilustres del Parque como las aves, los monos, serpientes y con suerte caimanes. En esta ocasión si la tuvimos y un pequeño caimán, de no más de metro y medio de largo se paró en la orilla, a menos de dos metros del bote. En ese momento es inevitable acordarse de las pequeñas balsas que usan algunos habitantes del pueblo para moverse por estos mismos canales y no levantan ni un palmo del agua.

Esta claro que Tortuguero es un mundo aparte, aislado del ajetreo exterior, donde el tiempo lo marca la naturaleza. El mismo aislamiento que ha permitido que generación tras generación este pequeño reducto haya permanecido inexpugnable, victorioso al imparable progreso de la sociedad costarricense. Y es que conviene recordar que Costa Rica no sólo es el país con más territorio protegido por leyes medioambientales, sino que también es y con mucha diferencia el país más próspero de todo Centroamérica.

Datos útiles:

Para ir a Tortuguero lo mejor es contratar todo junto, el hotel y el traslado en bote. La mayoría de los paquetes también incluyen las excursiones y el traslado de ida y vuelta a San José. La excursión nocturna a la playa de las tortugas se suele contratar aparte.

Hay que tener en cuenta que el periodo de desove de las tortugas empieza en mayo – junio y termina en septiembre – octubre, siendo julio y agosto los meses de mayor intensidad.

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07Abr, 2010

Atravesando el Amazonas

Escrito por: miguelglb el 07 Abr 2010 - URL Permanente

Seguramente la palabra Amazonas sea una de las mejor grabadas en el imaginario de cualquier viajero. Su nombre proviene de la mitología griega y se cree fue dado a esta región por el explorador Francisco de Orellana en honor a la ferocidad con que las mujeres de algunas etnias se resistieron a la conquista española. Cierto o no, se trata sin duda de una palabra sugerente, que evoca lo bello, salvaje y exótico de esta fantástica selva.

Todo en el Amazonas parece estar hecho a lo grande. Es la selva tropical más grande del mundo. Atraviesa las fronteras de Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana y Guayana Francesa. En total son más de seis millones de kilómetros cuadrados de superficie, lo que equivale a seis veces el tamaño de España. El río Amazonas es también el más largo del mundo con sus casi 7.000 kilómetros de longitud. Nace en los Andes peruanos y muere en la costa atlántica de Brasil. Se calcula que el 20% de todas las especies de aves y plantas del planeta están representadas en el Amazonas. Ahí es nada.

En cuanto al viaje de hoy quizás me haya excedido un poco con el título de este relato, pues con esas magnitudes una persona debería emplear varios meses de su vida para atravesar el Amazonas. Hay un tipo llamado Ed Stafford que lleva 730 días recorriéndolo a pie y en solitario, y todavía no ha acabado. Otro equipo consiguió navegar con balsas todo el río Amazonas en 153 días, sin duda todo un reto y una aventura. Pero de esas expediciones hablaré en otro momento. Hoy traigo una excursión un poco más modesta, concretamente de una pequeña travesía por el Amazonas peruano, pero que no desmerece en absoluto a los espíritus más osados y que también cuenta con su dosis de aventura.

Nuestra excursión comienza en la ciudad de Pucallpa, uno de los pequeños reductos de civilización en medio de la selva peruana. Situada a 780 kilómetros de Lima se puede acceder por carretera (poco recomendable) o por avión. Desde Pucallpa partiremos en barco por el río Ucayali hacia la ciudad de Iquitos, pasando por los pequeños pueblos y comunidades indígenas situadas en sus márgenes. En total son 990 kilómetros de recorrido en barco a través de la selva amazónica.

Como todo, hoy en día hay varias maneras de plantearse este viaje. La ruta Pucallpa – Iquitos forma parte de un circuito mucho más extenso que realizan importantes compañías de cruceros por el Amazonas. Por lo tanto esta travesía es posible hacerla a bordo de bonitos barcos con camarotes y baños particulares, aire acondicionado y todo tipo de comodidades. O bien podemos decantarnos por viajar en las pequeñas lanchas que hacen las veces de transporte público.

Yo personalmente me decanto por un punto intermedio. Existen navieras dedicadas al transporte de turistas, que son más caras que el transporte público local y permiten conservar el espíritu de aventura de los auténticos viajes a Perú . No hay camarotes individuales, sino con literas para varias personas, los baños son comunes y por lo general disponen de aire acondicionado en las zonas comunitarias. Lo bueno de estos barcos es que viajas con gente de todas partes, mochileros en su mayoría, con quienes compartir las largas horas de travesía. Además tienen un plus de seguridad con respecto al transporte público que no debemos obviar.

La duración del viaje también depende del tipo de embarcación y va desde los tres días de los transportes locales a los cinco o seis de los cruceros turísticos. En cuanto al precio, un billete en transporte público cuesta unos 35 dólares con hamaca para dormir y comida incluida, mientras que un billete en clase turista, con litera en camarote compartido y pensión completa a bordo cuesta de 200 a 400 dólares en función de la naviera y de la temporada.

Una vez nos hemos acomodado y hemos inspeccionado el barco nos situamos en lo que se convertirá en el cuartel general de todos los que viajamos a bordo, el bar. Unos para charlar y conocer gente, otros para tomar un refresco o comerse un bocadillo y todos sin excepción para disfrutar del aire acondicionado nos reunimos durante prácticamente todo el viaje en el pequeño bar del barco. Lo cierto es que hay tiempo para hacer de todo; relajarse, leer, poner en orden todas las notas de viaje y sobre todo para hablar. Hace ya tiempo que descubrí que una de las mejores formas de conocer gente es alrededor de una baraja. Para mi es todo un misterio, pero lo cierto es que la experiencia dice que si posees una baraja de cartas, enseguida encuentras gente con la que pasar el rato. En algunos casos ni siquiera hay que jugar, basta con que la baraja este a la vista, en el centro de la mesa, para que nos sentemos a beber y a charlar durante horas y horas. Incomprensible.

De esta manera pasan los días a bordo del barco. No se hace un viaje largo en absoluto. El paisaje alrededor es espectacular, las noches son espléndidas y permiten escuchar los sonidos de la selva en todo su esplendor. Lo normal es hacer varias paradas en los pueblos más importantes de la ruta como Contamana, Tierra Blanca o Requena, donde podemos bajarnos a estirar las piernas y comprar algunos víveres (los refrescos y bocadillos del bar no son precisamente baratos). Antes de llegar a la ciudad de Iquitos, el Ucayali y el río Marañón se funden en uno solo para formar el nacimiento del Amazonas

Iquitos es una ciudad alegre, con un marcado carácter indígena. Es la capital de la región de Loreto, en la zona nororiental del país. Esta situada a tan sólo 4º al sur del ecuador, por lo que el clima es muy cálido y húmedo durante todo el año. La ciudad se encuentra rodeada de gran cantidad de ríos y canales que constituyen la principal vía de comunicación para sus residentes. En cuanto al alojamiento existen varios hoteles y hostales repartidos por la ciudad, pero quizás la mejor opción sea alguno de los albergues situados a las afueras, a orillas de los ríos, que permiten un mayor contacto con la naturaleza. La ciudad ofrece varios atractivos, como el mercado, el malecón o la Casa de Hierro, diseñada por el arquitecto francés Gustave Eiffel y traída por partes desde Europa. Hay empresas de ecoturismo que nos ofrecen excursiones por la selva y actividades en las lagunas de Oronococha y Quistococha, situadas a pocos kilómetros de la ciudad.

Tras nuestra estancia en Iquitos podemos regresar a Lima en avión. Lan y Star Perú ofrecen vuelos diarios desde 150 dólares. O si disponemos de ganas y más días de viaje podemos continuar río arriba hasta la ciudad de Yurimaguas. Pero esa ya es otra historia.

Consejos:

La seguridad es un concepto básico en este tipo de viajes. El dinero, pasaporte y demás objetos de valor deben estar con nosotros todo el tiempo y no en el camarote. Para ello siempre es bueno llevar una pequeña mochila o riñonera.

A estas latitudes el calor se hace a veces insoportable. Debemos tener especial cuidado con la insolación y la deshidratación. Una gorra, crema solar, ropa ligera, mucha agua y un pequeño abanico serán nuestros mejores aliados (ojo a esos pequeños ventiladores de bolsillo, vale que no queda muy aventurero, pero durante la noche nos alegraremos de tener uno a mano). Antimosquitos, capa de agua o chubasquero, chanclas para pasear por el barco y biodramina no deben faltar tampoco en nuestro equipaje.

Hasta aqui el relato de hoy. Espero que os haya gustado o por lo menos que hayais pasado un buen rato. Aquellos que querais nos vemos la semana que viene con una nueva entrega.

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31Mar, 2010

Subida al volcán Pacaya

Escrito por: miguelglb el 31 Mar 2010 - URL Permanente

Hoy, 31 de marzo inauguramos oficialmente la serie de relatos en Viajes XXI. No ha sido nada fácil elegir el tema con el que estrenar el Blog, pues tengo claro que lo más importante es crear expectativas para los siguientes relatos, cosa que tras varias relecturas no tengo demasiado claro haber conseguido. Vosotros diréis.

El caso es que para comenzar he decidido hablar de una excursión muy especial. Fue en el año 2007, en Guatemala. Se trató concretamente de una excursión nocturna al volcán Pacaya, que puedo asegurar pondría los pelos de punta a los más avezados aventureros.

El volcán Pacaya es, junto con el Arenal de Costa Rica y el Masaya de Nicaragua, uno de los más activos de toda la cordillera volcánica que recorre Centroamérica de Norte a Sur. Es decir que este volcán esta expulsando lava las 24 horas del día los 365 días del año. Las fumarolas son visibles en varios kilómetros a la redonda y los temblores pueden sentirse a menudo en las poblaciones cercanas.

Pese al evidente peligro, las autoridades guatemaltecas no tienen prohibido el acceso al volcán, de hecho lo fomentan y lo cobran. No hay agencia en todo el país que no ofrezca entre sus servicios esta excursión. La única conclusión razonable es que a nadie le importa demasiado que el volcán pueda hartarse de tanto turista y en un momento dado decida barrerlos a todos de sus laderas, con una de esas explosiones que salen en todas las noticias.

Todo eso lo sabía de antemano y sin embargo ahí estaba yo, a las seis de la tarde, cuando el sol empieza a ponerse, esperando a subirme a la furgoneta que nos llevaría hasta el centro de visitantes en los pies del volcán.

En mi caso partimos desde La Antigua, una preciosa ciudad colonial situada a 45 minutos en coche de la Capital. También se puede llegar al volcán desde otros puntos del país como Ciudad de Guatemala o Panajachel. El hecho de hacer la excursión por la noche obedece a varios motivos. El principal es encontrarse con menos personas durante la excursión, que es de agradecer, y disfrutar de una temperatura más agradable para realizar una ascensión de una hora y media o dos horas (ojo que en la cumbre hace bastante fresco). También hay que considerar que es una de las pocas excursiones nocturnas que se pueden hacer en el país, por lo que podemos reservarnos la mañana para otros menesteres. En todo caso la decisión es a gusto de cada cual.

La subida se puede dividir en dos tramos; el primero por un sendero de tierra cuidado y con indicaciones y el segundo por donde al guía le parezca bien, siempre en dirección a la cumbre y caminando sobre piedras volcánicas.

Como decía, el primero de estos tramos no tiene demasiada historia. Es una ascensión normal de más o menos dos horas con un desnivel medio, apto para casi todo el mundo. Parte desde el centro de visitantes y lleva hasta bien avanzada la cumbre. Lo único a lo que hay que prestar atención es a no tropezarse con ninguna piedra o peldaño si vamos por la noche. En cualquier caso es una ascensión bonita, con un envidiable cielo estrellado sobre nuestras cabezas y aderezada con los temblores y el inconfundible olor a azufre que nos acompañan durante toda la excursión.

Cuando comienza realmente el desafío es una vez abandonado el sendero. De ahí en adelante dependemos totalmente del guía. No hay camino ni indicaciones, en ocasiones el color negro oscuro del terreno se confunde con la noche, provocando una desesperante desorientación. Das por seguro que si estuvieras sólo no saldrías de allí hasta el amanecer.

La subida se torna mucho más complicada que antes. Caminamos apoyándonos directamente en las rocas volcánicas. En este punto es posible escuchar el rugido de los ríos de lava que se intuyen más adelante, un resplandor rojizo es proyectado por el polvillo que flota en el aire y se empieza a sentir el calor, todavía leve, en la cara. Los nervios están a flor de piel y no ayuda a calmarlos las explicaciones del guía a cerca de que las piedras que ahora pisamos son las que fueron expulsadas por el volcán la semana anterior. En ese momento entiendes por qué no hay camino, la ruta se define cada día en función de por dónde no se han abierto nuevos ríos de lava.

Todo eso queda en segundo plano en el momento que ves la lava por primera vez. Ahí mismo delante de ti aparecen los ríos de lava, a apenas unos pocos metros. No lo puedes creer, sabías que verías lava, pero no tan cerca. Debes girar de vez en cuando la cabeza para no abrasarte la piel y los ojos. Es un espectáculo impresionante. La media hora que permaneces ahí, sentado, mirando la lava en silencio, parece que es sólo un segundo. Te quedarías ahí toda la noche si pudieras, sin moverte. Hasta que el guía dice que tampoco conviene dormirse en los laureles ahí arriba, que en cualquier momento puede abrirse el terreno bajo nuestros pies, apareciendo un nuevo río de lava. Todos le damos la razón y empezamos el descenso, no sin antes hacer una última virguería. Rozando la estupidez colectiva todos nos acercamos a uno de los ríos para meter el bastón de madera del guía en la lava y ver cómo se deshace al instante. Total ya que estábamos ahí no íbamos a perder la oportunidad.

Cuando comienza el descenso aun estás intentando grabar en tu memoria el espectáculo vivido. En mi caso particular también me estaba maldiciendo por no haber llevado una cámara de fotos, claro, pensé yo al hacer la maleta, de noche no va a salir nada a más de dos metros de distancia. A ver quien me va a creer ahora lo que ha pasado!

En esas andaba yo pensando hasta que llegamos abajo de nuevo. Ni me dí cuenta que alguien del grupo tropezó durante la bajada, ya en el sendero de tierra, y casi se deja los dientes en el camino. Y suerte que no fui yo, porque bajaba tan despreocupado, ensimismado en mis pensamientos, que no me hubiera extrañado en absoluto.

A la una de la madrugada ya estaba metiéndome en la cama. Tras seis horas y pico de excursión y fuertes emociones casi no me da tiempo ni a quitarse las botas antes de caer dormido.

Datos útiles:

Nombre: Subida al Volcán Pacaya.

Lugares de partida: Fundamentalmente Ciudad de Guatemala, La Antigua y Panajachel.

Duración: 6 horas aproximadamente. (incluyendo 2 horas y media de coche)

Precio: Depende de la agencia, pero sobre 20 ó 30 dólares por persona (incluyendo tasa de acceso al volcán)

Qué llevar: Buenas botas, linterna, botella de agua (no menos de 1 litro), una sudadera por lo menos para la cima y chubasquero por si llueve.

Dificultad: Es una excursión apta para cualquiera, teniendo en cuenta que es una ascensión de hora y media que requiere cierta forma física. El tema de la seguridad lo dejo al sentido común de cada cual. En las agencias te aseguran que no hay peligro pero una vez arriba tú mismo ves que no es así, incluso el guía reconoce que la seguridad en un volcán como este es un tema puramente al azar.

Bueno pues hasta aquí el relato de hoy. Esta claro que en próximas entregas tengo que cortarme un poco y enrollarme menos. En ésta, por ser la primera me he emocionado y dejado llevar, pero la siguiente será un poco más escueta. Lo prometo.

En todo caso espero que lo hayáis disfrutado y volváis a pasar por aquí de vez en cuando.

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31Mar, 2010

Bienvenidos a Viajes XXI

Escrito por: miguelglb el 31 Mar 2010 - URL Permanente

Permítanme que me presente. Mi nombre es Miguel García y me dedico a viajar.

Vale no es del todo cierto, pero suena bien, verdad? Seguro que a muchos nos gustaría poder decirlo así de rotundo, con orgullo y sin que suene a broma. Yo, de profesión viajero a tiempo completo. Hoy estoy en Madrid, el fin de semana voy a Praga y la semana que viene me voy de excursión por el Amazonas. Así que no me llames para cenar porque tengo un horario complicado.

El caso es que no me dedico a viajar. Pero puedo jurar que lo he intentado por todos los medios, intentando convencer a unos y otros, yendo de aquí para allá con mis proyectos y mis sueños en la mochila y llamando a todas las puertas que he encontrado por el camino.

Una vez estuve tres días pegado como una lapa a un viajero profesional de verdad, de los de bolsa Panama Jack y cuadernillo de notas. Coincidimos en el momento y lugar adecuado, pues una fuerte tormenta nos dejo completamente aislados en el hotel. No viajaba conmigo y yo no le conocía de nada pero cuando le vi le cacé al vuelo. Allí estaba, en el bar del hotel con un libro y un notebook encima de la mesa, parecía el único que no tenía prisas por salir de allí y regresar a la civilización. Durante esos tres días y tras muchas horas de conversación se multiplicaron de forma exponencial mis deseos de dedicarme a esta profesión y aprendí un montón de cosas y trucos para conseguirlo. O eso creía yo.

El caso es que finalmente no me dedico a viajar, por lo menos no como yo quisiera, soy algo así como viajero a tiempo parcial o temporero. Quizá es que lo que yo buscaba no existe, o a lo mejor es que sólo esta al alcance de unos pocos. Pero sigo soñando con ello. La culpa la tienen los cientos de ejemplares del National Geographic amontonados en mi casa, tanto los que he leído como los que no. También tienen su buena parte de culpa el joven Jim Hawkins, el profesor Lidenbrock, el inigualable Phileas Fogg, el resentido Capitán Nemo y muchos otros que sin compasión alguna me hicieron soñar de niño con otros mundos, con lugares por descubrir y apasionantes aventuras que vivir.

No he encontrado nada de lo que imaginé de niño. Lo que me ha llevado a la inevitable conclusión de que los libros mienten.

Dejando atrás mi pequeño desengaño lo cierto es que si he vivido algunas aventuras. He descubierto que todavía quedan lugares recónditos apartados de los circuitos turísticos. Todavía quedan tribus indígenas y zonas vírgenes que no conocen la civilización. También hay héroes, y eso ha sido un gran descubrimiento. Vale que no son héroes al uso, de los que aparecen en las novelas, y no se parecen en nada a los de las películas. Pero son héroes a su manera, héroes del siglo XXI.

A todos ellos les dedico cada palabra que escribo en este blog. También a los que como yo alguna vez han soñado, sueñan, con mundos lejanos y paraísos perdidos. Y a los que soñaron alguna vez pero no se atrevieron a buscarlos o el destino no les dio la oportunidad.

Todos sois más que bienvenidos a este rincón. Supongo que si habéis llegado hasta aquí no os importará continuar un poco más. Os invito a que leáis alguno de los relatos del blog, donde cada semana intentaré llevaros lo más lejos posible y descubriros algunos de esos lugares que verdaderamente merecen la pena ser visitados.

Bienvenidos

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