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10Sep, 2010

Ruta en Bici por la Isla Ometepe

Escrito por: miguelglb el 10 Sep 2010 - URL Permanente

La Isla Ometepe es uno de esos lugares especiales a los que uno les coge especial cariño. En este caso no sabría decir el motivo exacto, quizá fue lo muy bien que me trataron sus habitantes durante los días que pasé allí, la fantástica morfología de la isla, definida por sus dos volcanes (los que me conocéis ya sabéis que soy un fanático de los volcanes) o simplemente que mis mejores días en Nicaragua transcurrieron en esa isla. Sea como fuere para mí es un lugar especial que sea ganado de sobra el que le escriba estas pocas líneas.

La Isla:

Con sus 275 km2 Ometepe es la isla más grande del lago Cocibolca. Su población asciende a 35.000 personas y los núcleos de población más importantes son Moyogalpa y Altagracia, que son también los dos puertos principales de acceso a la isla desde las ciudades de Granada, San Carlos y San Jorge.

En el interior se levantan dos volcanes, el Concepción y el Maderas que le dan ese perfil tan característico a Ometepe. El volcán Concepción es el más alto de los dos, con 1.610 metros. En 1883 despertó después de siglos de letargo con una erupción que duró 4 años y arrasó toda la isla. Desde entonces las erupciones se han ido repitiendo, la última en 2005, con una expulsión de cenizas y temblores de tierra de gasta 6,2 grados en la escala de Richter.

El volcán Maderas tiene una altitud de 1.394 metros. Su última erupción tuvo lugar hace más de ocho siglos y hoy en día se le considera extinto. En su cráter se ha formado una pequeña laguna, la Laguna de Maderas. La ascensión a la laguna del volcán Maderas a través de las 4.100 ha de reserva natural es una de las actividades más populares de la isla.

Toda la superficie esta cubierta por un manto de bosque tropical, tanto húmedo como seco además de zonas de bosque nuboso. Alberga numerosas especies animales y peces, como el pez sierra y el famoso tiburón de agua dulce. También sirve de descanso para las aves migratorias que cruzan el país, lo que ha llevado a Ometepe a ser incluida por la UNESCO en la Red Mundial de Reservas de Biosfera.

La Ruta:

Saliendo de la ciudad de Moyogalpa nos encontramos con una carretera pavimentada que rodea el volcán Concepción por su vertiente Norte, pasando por pequeños pueblos como La Primavera o La Flor y por grandes plantaciones de plátanos.

La distancia desde Moyogalpa hasta Altagracias son 24 Km, de ida y otros tantos de vuelta, por lo que no es un trayecto largo. Si deseamos pasar toda una jornada pedaleando es posible continuar más allá de Altagracias, hasta Playa Santo Domingo o el pueblo de Santa Cruz, en las faldas del volcán Maderas, recorriendo una distancia aproximada de 60 ó 70 kilómetros, pero con peores condiciones ya que a partir de Altagracias la carretera se convierte en camino de tierra.

Sea como fuere, el trayecto no tiene una gran dificultad, tiene largas subidas pero sin gran desnivel. Cualquiera con un nivel medio puede realizarlo, pero teniendo en cuenta las condiciones de temperatura y humedad de la zona. Es imperativo llevar buenas provisiones de agua (no menos de 1,5 ó 2 litros por persona). En todo el recorrido se disfrutan de impresionantes paisajes del lago y de los dos volcanes de la isla y encontraremos diferentes lugares en los que hacer una parada e incluso darnos un baño en el lago.

En toda la isla hay una buena infraestructura turística, tanto de hoteles, como restaurantes, bares y centros de actividades. Entre las posibilidades de ocio, además de la ya mencionada subida al volcán podemos destacar los deportes acuáticos, como el Kayak, el windsurf o la vela y el canopy.

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18Jul, 2010

Subida al Cerro Negro

Escrito por: miguelglb el 18 Jul 2010 - URL Permanente

En Nicaragua, en la cordillera volcánica que divide en dos al país y rodeado por sus hermanos mayores, Telica y San Cristóbal, se encuentra el volcán Cerro Negro.

Ya desde la distancia se puede apreciar el contraste entre sus laderas y el entorno que lo rodea, pues en apenas unos metros los árboles y arbustos dejan paso a la tierra volcánica, negra. Las últimas de esas piedras fueron expulsadas en las últimas erupciones de 1995 y 1999. Desde entonces el volcán permanece dormido.

No hay señales, ni caminos. Nada invita a querer subir. Las piedras son duras, porosas y se deslizan hacia abajo según las pisas. El terreno es empinado y es necesario ayudarse de las manos para no resbalar. La subida se hace algo difícil en algunos tramos, sobre todo a la mitad y no tienes ninguna referencia para guiarte. Nuestros pasos no dejan rastros en las piedras por lo que el único camino es hacia arriba, sin más, hasta llegar a la cima. En la parte final, casi llegando arriba se empieza a notar un olor como a azufre, suave al principio y más fuerte según nos acercamos.

El cráter no es nada espectacular, apenas se distingue de todo lo demás salvo por las pequeñas fumarolas que fluyen al exterior. Todo está en calma, sólo el sonido del fuerte viento y el ruido de algunas rocas que siguen deslizándose ladera abajo rompen el silencio espectral de la cima del volcán. Es el momento de relajarse y descansar unos minutos. Las vistas son espectaculares, justo enfrente puede verse el volcán Telica y detrás el San Cristóbal, ambos mucho mas altos que el Cerro Negro. Desde aquí arriba también vemos el océano Pacífico.

Pero no hay que olvidar que nos encontramos sentados en el cráter de un volcán, dormido si, pero activo. Debajo de nosotros, a miles de metro de profundidad el magma fluye a cientos de grados de presión buscando constantemente un lugar por donde salir. Y si finalmente encuentra esa enorme y vieja tubería vertical hacia el exterior y ésta resulta ser la del Cerro Negro, preferiría que no me encontrara a mi sentado en el borde del cráter mirando ensimismado el océano y las montañas de alrededor. Sería el clásico ejemplo de estar en el lugar inadecuado en el momento inadecuado. Así que llega el momento de empezar el descenso.

Normalmente las bajadas de una montaña suelen ser mucho más rápidas que las subidas, pero en el caso del Cerro Negro las proporciones se disparan. Si para subir empleamos unos 40 ó 50 minutos, la bajada se hace en menos de 10, aunque tampoco conviene hacerla en menos de un minuto si queremos llegar al suelo de una pieza, y doy fe de que se puede. Y es que el Cerro Negro es uno de los pocos volcanes del mundo que pueden bajarse surfeando. El hecho de que las piedras volcánicas no se sustenten unas con otras, y que nos complicó la subida sobremanera, hacen que la bajada sea una autentica gozada y muy divertida, aunque no se disponga de una tabla y nos tengamos que deslizar simplemente sobre nuestras botas. Pero como he dicho hay que tener cuidado, pues la ladera tiene mucha pendiente y si nos cayéramos no podríamos detenernos hasta llegar abajo. Así que con cuidado, respeto y usando de vez en cuando lo que en el argot técnico llamamos técnica del “culling”, es decir, deslizándose con el culete, llegamos sanos y salvos hasta los pies del volcán.

La subida (y la bajada) al Cerro Negro es toda una aventura. No tiene mucha dificultad pero hay que ir con precaución, muy aconsejable ir con guía. Botas y pantalones largos obligatorios para protegerse de las magulladuras. Se debe tener en cuenta también que las piedras volcánicas desprenden mucho polvo, por lo que inevitablemente acabaremos algo sucios. Y por encima de todo tener muy presente que se trata de un volcán activo.

Hasta aqui el relato de hoy. Como siempre espero que os haya gustado y sigais pasando por aqui de vez en cuando.

Saludos

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31Mar, 2010

Subida al volcán Pacaya

Escrito por: miguelglb el 31 Mar 2010 - URL Permanente

Hoy, 31 de marzo inauguramos oficialmente la serie de relatos en Viajes XXI. No ha sido nada fácil elegir el tema con el que estrenar el Blog, pues tengo claro que lo más importante es crear expectativas para los siguientes relatos, cosa que tras varias relecturas no tengo demasiado claro haber conseguido. Vosotros diréis.

El caso es que para comenzar he decidido hablar de una excursión muy especial. Fue en el año 2007, en Guatemala. Se trató concretamente de una excursión nocturna al volcán Pacaya, que puedo asegurar pondría los pelos de punta a los más avezados aventureros.

El volcán Pacaya es, junto con el Arenal de Costa Rica y el Masaya de Nicaragua, uno de los más activos de toda la cordillera volcánica que recorre Centroamérica de Norte a Sur. Es decir que este volcán esta expulsando lava las 24 horas del día los 365 días del año. Las fumarolas son visibles en varios kilómetros a la redonda y los temblores pueden sentirse a menudo en las poblaciones cercanas.

Pese al evidente peligro, las autoridades guatemaltecas no tienen prohibido el acceso al volcán, de hecho lo fomentan y lo cobran. No hay agencia en todo el país que no ofrezca entre sus servicios esta excursión. La única conclusión razonable es que a nadie le importa demasiado que el volcán pueda hartarse de tanto turista y en un momento dado decida barrerlos a todos de sus laderas, con una de esas explosiones que salen en todas las noticias.

Todo eso lo sabía de antemano y sin embargo ahí estaba yo, a las seis de la tarde, cuando el sol empieza a ponerse, esperando a subirme a la furgoneta que nos llevaría hasta el centro de visitantes en los pies del volcán.

En mi caso partimos desde La Antigua, una preciosa ciudad colonial situada a 45 minutos en coche de la Capital. También se puede llegar al volcán desde otros puntos del país como Ciudad de Guatemala o Panajachel. El hecho de hacer la excursión por la noche obedece a varios motivos. El principal es encontrarse con menos personas durante la excursión, que es de agradecer, y disfrutar de una temperatura más agradable para realizar una ascensión de una hora y media o dos horas (ojo que en la cumbre hace bastante fresco). También hay que considerar que es una de las pocas excursiones nocturnas que se pueden hacer en el país, por lo que podemos reservarnos la mañana para otros menesteres. En todo caso la decisión es a gusto de cada cual.

La subida se puede dividir en dos tramos; el primero por un sendero de tierra cuidado y con indicaciones y el segundo por donde al guía le parezca bien, siempre en dirección a la cumbre y caminando sobre piedras volcánicas.

Como decía, el primero de estos tramos no tiene demasiada historia. Es una ascensión normal de más o menos dos horas con un desnivel medio, apto para casi todo el mundo. Parte desde el centro de visitantes y lleva hasta bien avanzada la cumbre. Lo único a lo que hay que prestar atención es a no tropezarse con ninguna piedra o peldaño si vamos por la noche. En cualquier caso es una ascensión bonita, con un envidiable cielo estrellado sobre nuestras cabezas y aderezada con los temblores y el inconfundible olor a azufre que nos acompañan durante toda la excursión.

Cuando comienza realmente el desafío es una vez abandonado el sendero. De ahí en adelante dependemos totalmente del guía. No hay camino ni indicaciones, en ocasiones el color negro oscuro del terreno se confunde con la noche, provocando una desesperante desorientación. Das por seguro que si estuvieras sólo no saldrías de allí hasta el amanecer.

La subida se torna mucho más complicada que antes. Caminamos apoyándonos directamente en las rocas volcánicas. En este punto es posible escuchar el rugido de los ríos de lava que se intuyen más adelante, un resplandor rojizo es proyectado por el polvillo que flota en el aire y se empieza a sentir el calor, todavía leve, en la cara. Los nervios están a flor de piel y no ayuda a calmarlos las explicaciones del guía a cerca de que las piedras que ahora pisamos son las que fueron expulsadas por el volcán la semana anterior. En ese momento entiendes por qué no hay camino, la ruta se define cada día en función de por dónde no se han abierto nuevos ríos de lava.

Todo eso queda en segundo plano en el momento que ves la lava por primera vez. Ahí mismo delante de ti aparecen los ríos de lava, a apenas unos pocos metros. No lo puedes creer, sabías que verías lava, pero no tan cerca. Debes girar de vez en cuando la cabeza para no abrasarte la piel y los ojos. Es un espectáculo impresionante. La media hora que permaneces ahí, sentado, mirando la lava en silencio, parece que es sólo un segundo. Te quedarías ahí toda la noche si pudieras, sin moverte. Hasta que el guía dice que tampoco conviene dormirse en los laureles ahí arriba, que en cualquier momento puede abrirse el terreno bajo nuestros pies, apareciendo un nuevo río de lava. Todos le damos la razón y empezamos el descenso, no sin antes hacer una última virguería. Rozando la estupidez colectiva todos nos acercamos a uno de los ríos para meter el bastón de madera del guía en la lava y ver cómo se deshace al instante. Total ya que estábamos ahí no íbamos a perder la oportunidad.

Cuando comienza el descenso aun estás intentando grabar en tu memoria el espectáculo vivido. En mi caso particular también me estaba maldiciendo por no haber llevado una cámara de fotos, claro, pensé yo al hacer la maleta, de noche no va a salir nada a más de dos metros de distancia. A ver quien me va a creer ahora lo que ha pasado!

En esas andaba yo pensando hasta que llegamos abajo de nuevo. Ni me dí cuenta que alguien del grupo tropezó durante la bajada, ya en el sendero de tierra, y casi se deja los dientes en el camino. Y suerte que no fui yo, porque bajaba tan despreocupado, ensimismado en mis pensamientos, que no me hubiera extrañado en absoluto.

A la una de la madrugada ya estaba metiéndome en la cama. Tras seis horas y pico de excursión y fuertes emociones casi no me da tiempo ni a quitarse las botas antes de caer dormido.

Datos útiles:

Nombre: Subida al Volcán Pacaya.

Lugares de partida: Fundamentalmente Ciudad de Guatemala, La Antigua y Panajachel.

Duración: 6 horas aproximadamente. (incluyendo 2 horas y media de coche)

Precio: Depende de la agencia, pero sobre 20 ó 30 dólares por persona (incluyendo tasa de acceso al volcán)

Qué llevar: Buenas botas, linterna, botella de agua (no menos de 1 litro), una sudadera por lo menos para la cima y chubasquero por si llueve.

Dificultad: Es una excursión apta para cualquiera, teniendo en cuenta que es una ascensión de hora y media que requiere cierta forma física. El tema de la seguridad lo dejo al sentido común de cada cual. En las agencias te aseguran que no hay peligro pero una vez arriba tú mismo ves que no es así, incluso el guía reconoce que la seguridad en un volcán como este es un tema puramente al azar.

Bueno pues hasta aquí el relato de hoy. Esta claro que en próximas entregas tengo que cortarme un poco y enrollarme menos. En ésta, por ser la primera me he emocionado y dejado llevar, pero la siguiente será un poco más escueta. Lo prometo.

En todo caso espero que lo hayáis disfrutado y volváis a pasar por aquí de vez en cuando.

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