26 Oct 2009
El camino del ser humano. PAULO COELHO
En uno de sus raros escritos, el sabio sufí Hafik comenta que el camino del ser humano en la tierra está lleno de contradicciones y desafíos que sólo pueden superarse en la medida en que cada uno admite ser el único responsable de sus decisiones: «Sólo los ignorantes quieren imitar el comportamiento de los otros. Los hombres inteligentes no pierden el tiempo con esto y desarrollan sus habilidades personales; saben que no hay dos hojas iguales en un bosque de cien mil árboles. No existen dos viajes iguales en el mismo Camino».
Gabriel hizo entonces las playas y el lecho de los ríos, pero cuando ya regresaba al cielo llevando el material que había sobrado, el Enemigo –siempre atento para intentar arruinar la obra del Todopoderoso– consiguió hacer un agujero en la bolsa por el que se derramó todo su contenido.
Esto ocurrió en el lugar que hoy conocemos como Arabia, transformando casi toda la región en un inmenso desierto.
Gabriel, desolado, fue a pedirle disculpas al Señor por no haber notado que el Enemigo se le acercaba. Y Dios, en su infinita sabiduría, resolvió compensar al pueblo árabe por el error involuntario de su mensajero.
Creó para ellos un cielo lleno de estrellas, único en el mundo, para que siempre mirasen hacia lo alto.
Creó el turbante, que, bajo el sol del desierto, es mucho más valioso que una corona.
Creó la tienda, que permite que las personas puedan desplazarse de un lugar a otro, descubriendo constantemente nuevos paisajes a su alrededor y sin las desagradables necesidades de mantenimiento que tienen los palacios.
Le enseñó a este pueblo cómo se forja el mejor acero para la espada. Creó el camello. Desarrolló la mejor raza de caballos.
Y le dio algo mucho más precioso que todo lo dicho y lo que falta por decir: la palabra, el verdadero oro de los árabes. Mientras otros pueblos modelaban los metales y las piedras, los pueblos de Arabia aprendían a modelar el verbo.
El poeta pasó a ser sacerdote, juez, médico, jefe de los beduinos. Sus versos tienen poder: pueden traer alegría, tristeza, nostalgia. Pueden desencadenar la venganza y la guerra, unir a los amantes, reproducir el canto de los pájaros.
Y concluye Alejandro Dolina: «Los errores de Dios, como los de los grandes artistas, como los de los verdaderos enamorados, desencadenan tantas reparaciones felices, que cabe desearlos».
PAULO COELHO
20 Sep 2009
Los viejos peregrinos. Joaquin Urgel.
Los viejos peregrinos

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El viejo Camino guarda las huellas de viajeros de capuchón, capellina o ancho sombrero, túnica corta, manto de lana gruesa, sandalias, largo bastón con punta de hierro, zurrón de cuero, calabaza, una o varias conchas y el bordón ayuda de sus cansadas piernas y arma ocasional contra alimañas. Aún se ven monasterios o sus ruinas, paradores inevitables albergues de príncipes de los poderes espirituales o terrenales, siguiendo las mismas sendas abiertas por otras gentes sometidas a su potestad. La naturaleza conserva las cuevas donde se alojaron numerosos peregrinos que hicieron la ruta por no tener cabida en las hospederías monacales y carecer de medios para aposentarse en los mesones de la ciudad donde hacían noche. Las estancias por lo común eran cortas. Desde las cumbres de los Pirineos podían emplear doce jornadas en llegar a Compostela.
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Don Gastón Chat, monje benedictino francés había salido de Olorón hacia Borce siguiendo el curso del río Gave d’Aspe en busca del paso de Somport. Proyectaba pasar unos días de descanso en Jaca aprovechando para cambiar impresiones con otros peregrinos entrados en Aragón por Le Puy y también con aragoneses y catalanes que no daban de lado al saber de aquellos años. En realidad no era un peregrino, hacía un viaje que coincidía con el Camino recogiendo copias de libros para llevarlos a Aviñón. En ella coincidió con don Antolino de Corigliano que desde ese momento iba a ser su compañero. Lo mismo que don Gastón se ocupaba en acumular libros para llevarlos al Monasterio de Montecasino. Acabado el breve reposo abandonaron las tierras de Candanchú y Canfranc, aquellos días cubiertos por la policromía que habían sucedido al deshielo de las nieves. Utilizaron las riveras del río Aragón para entrar en Jaca por la Puerta de San Pedro. Sin detenerse a descansar visitó la Catedral agradeciendo el cobijo que le resguardaba de los vientos fríos que soplaban en el valle. El toque de laudes(i) les sorprendió en la sacristía de la iglesia de Santiago a la que acudían peregrinos en cumplimiento de la obligación de rezar a la hora de maitines y de oír misa a diario. Encargado Don Gastón de oficiar la Misa subió al púlpito para dirigirse a los fieles, en su mayoría peregrina, algunos procedentes de Le Puy.
-Todo lo que veis es un libro escrito por el dedo de Dios. Los hombres que no hacen el Camino admiran los complicados adornos en las fachadas de catedrales y monasterios. Recuerdan algunas escenas de Historia Sagrada o por haberlas escuchado a clérigos, a sus mayores o a quienes han peregrinado antes. Los que no saben leer no entienden las señales talladas en las piedras pero vosotros podéis comprender los avisos que os ayudan en el viaje. Reconocéis en las figuras la existencia de agua en la ruta; sabéis que fieras os aguardan en la espesura; os enteráis de distintos peligros y advertís los lugares de acogida próximos. El inculto solo ve figuras en el libro de piedra pero no sabe descifrarlas. Lo mismo ocurre con el necio y voluptuoso, ve en las criaturas su figura exterior, pero no comprende su importancia. Seguid aprendiendo el significado de todo lo que os rodea porque todo lo que llegue a nuestros sentidos es servir a Dios y aprender lo que vais a necesitar mañana.
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Cumplido el rito acudieron al comedor donde les aguardaba el desayuno preparado por los monjes para los que habían pasado la noche en los pórticos de las iglesias, en los pajares o en las cavernas cuando no tuvieron el recurso de sufragar noche y comida en un mesón ni disponían de un hospital. La austera estancia tenía tres largos tablones elevados sobre el suelo sujetos por numerosas patas. A su lado los bancos eran tablas más estrechas. Estas mesas se situaban en dos laterales y el fondo. En el cenáculo se alzaba un púlpito al que subió don Gastón.
- Nos encontramos en una nueva etapa del largo Camino para venerar las cenizas del Apóstol. Con esto dais un paso gigante para la salvación de vuestras almas, pero la mortificación del cuerpo de estas duras jornadas debe ser seguida de los sacrificios restantes para llegar a Compostela y, aún más, del resto de nuestros días porque la vida es solamente un camino que lleva a Cristo.
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Salieron de Jaca cuando asomaba la aurora en las cumbres de la sierra. Don Gastón quiso visitar el Monasterio de San Juan de la Peña, quedando maravillado por la singular belleza mozárabe y prerrománica que se adentraba en la cueva. Su llegada fue bien recibida por los monjes que le agasajaron en reconocimiento a su sabiduría. Pero las continuas atenciones no fueron bien vistas por el encargado de la enfermería, don Dámaso de Aurillac, fraile encargado del huerto. Bajo su tutela se iniciaba en el arte de la medicina un novicio. En sus instrucciones no faltaban las propiedades curativas de minerales, animales o vegetales, por muy humildes que fueran estas fuentes de las farmacias monacales. El cardo María abundaba en las cercanías del convento. Se usaba con notable éxito en las enfermedades del hígado, aunque también podía aplicarse a los sangrados de nariz u otras hemorragias. Fray Dámaso lo utilizaba en los excesos de la gula lo acompañado del correspondiente ayuno. Su vida transcurría entre oraciones, estudios siembras, riegos y recolección de frutos con destino a la botica del convento o a la cocina. Recogía raíces y hojas curativas cuando vio entrar en el cenobio a don Gastón.
- Muchos son los que se las dan de sabios paseando su orgullo asemejando conocimientos que no tienen y ocultando los que ignoran. Cargan sus mulas con sabiduría ajena para beneficiarse de lo que no conocen haciéndose pasar por verdaderos entendidos en la ciencia.
Don Antolino de Corigliano que venía de Florencia miró al novicio.

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- Don Gastón trata de adquirir conocimientos para esparcirlos. Con el tiempo te darás cuenta de que su labor no es superflua. Y aprende distintas disciplinas porque el saber especializado no facilita auténtico gozo. Más le cuadran a un peregrino que hace el Camino junto a mí.
El novicio aprovechó una pausa del moje francés para enterarse de lo que parecía querer silenciar don Antolino.
- Supongo que el peregrinaje de vuestro compañero de camino se debe a algo más que a la penitencia por la vanidad que le ha proporcionado honores y riquezas. Matar a un hombre, cometer adulterio y apostatar son tres pecados canónicos que se redimen con la peregrinación. Pero esos pecados no se encuentran en vuestras palabras.
- En su tierra dio muerte al marido de la que cometía adulterio con él. Huyendo de la justicia buscó refugio en la fragua de un herrero al que dijo ser perseguido por malquerencias de su Rey. Enamoró a la hija de este hombre bueno consiguiendo de ella sus favores. Con su ayuda logró la confianza total del padre al que logró despojarle de sus bienes abandonando luego a su protector y a su hija. Con el dinero obtenido fue a Montpellier pasando por entendido en Física.
Su naturaleza embustera logró impartir algunas lecciones en la Escuela de Medicina donde su ostentación y el boato llamó la atención de maestros y escolares. Aquellos días la peste hacía estragos y una de las víctimas fue él. Viéndose en trance de muerte pidió confesión. El asombrado religioso le aconsejó la revelación de los desmanes al Obispo. Ante la gravedad de la enfermedad fue absuelto con la penitencia de la peregrinación a Santiago en el caso, casi imposible, de su curación, más la devolución de lo sustraído, la reparación del honor de la joven y su humillación en la Escuela de Montpellier. Ahora peregrina sabiendo que será tratado como pecador hasta que no se postre a los pies de Santiago y le pida la gracia de contraer matrimonio con la doncella agraviada.
La campana advirtió la llegada de la hora sexta(ii). Rezaron el ángelus y Fray Antolino ayudando a recoger en un cesto las plantas y raíces obtenidas durante la mañana le dijo al novicio:
- Escucha a fray Gastón como si leyeras en un libro abierto. Con el paso del tiempo te darás cuenta de que todos los conocimientos son útiles. Pero huye de la especialización. Un conocimiento especializado no produce ningún gozo. El hermano que solo sabe Física, ni Física conoce.
La comida de la comunidad fue vegetariana, no así la de los peregrinos que recibieron sopa y carne asada sobre brasas preparando su cuerpo para el duro trayecto que les aguardaban. Los monjes aprovecharon el tiempo colocando en sus mulas la preciosa carga. Remontando sinuosos senderos coronaron la cumbre donde se alzaba el viejo cenobio convertido en a Abadía de San Salvador de Leyre, águila posada en las alturas desde la que se divisa la copa de los árboles de distintas especies que poblaban sus laderas. Después de copiar una valiosa obra bajaron la cuesta para reincorporarse al Camino. Al pasar por Idacorri Antolino rompió el silencio que debía observar todo peregrino como penitencia al que, como don Gastón no estaba obligado.
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- Por estos caminos bajaban en viejos tiempos los almogáraves procedentes de los altos de la Sierra de Idacorri, con una red de hierro en la cabeza, el cuerpo cubierto con pieles y calzados con abarcas de cuero. Iban armados con espadas pero también llevaban chuzos. Con ellos iban mujeres y niños que acostumbrados a la guerra, atacaban con venablos a invisibles enemigos. En ocasiones vestían de guerreros de su época
Don Antolino escuchaba atentamente la evocación de don Gastón.
-¿Quiénes eran esas gentes a la que describís de forma tan feroz?.
- Eran guerreros que bajaban de las alturas de los Pirineos aragoneses y navarros. Gentes indómitas mandada por su propio caudillo hecha a la fatiga y las privaciones que usaban las armas para ganarse la vida, por eso no tenían un hogar fijo.
- Ir a la guerra debió ser un gran sacrificio, para las mujeres y más aún si sus criaturas se encontraban en el campo de batalla.
Acompañaban a los combatientes en contiendas para ser testigos de sus éxitos o de sus fracasos. Los hijos se familiarizaban con las armas viendo luchar.
- ¿A que reino pertenecían?
- A ninguno realmente. Procedían de sierras que tenían rey pero ellos eran su propio caudillo. Cuando los reyes de Navarra o de Aragón estaban en pie de guerra contra los moros ayudaban a los cristianos. Acabada la contienda buscaban a los árabes hostigándoles con fiereza.
- ¿No respetaban victorias o paces acordadas?.
- No podían respetarlas. Vivían de lo que obtenían en sus saqueos.
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Los descensos hacia los valles aliviaban su cansancio. Los monjes salieron de la vereda para beber agua en un arroyo pero tuvieron que reincorporarse al grupo de peregrinos al ver unos lobos. Felizmente llegaron al fin de la etapa. Amanecía cuando emprendieron la marcha a Berdún cerca de donde el río da sus aguas al Aragón, para seguir hacia Sangüesa y Eunate donde la historia se esconde para dar paso a una olvidada leyenda de templarios y Puente la Reina. Más al oeste de la vertiente norte de los Pirineos otros peregrinos habían descansado en Ostabajos por no tener sitio en San Juan Pie de Puerto. Atravesaron los Pirineos por el puerto de Roncesvalles, deteniéndose solo para rezar en Burguete Se internaron en la sierra de Labia para buscar las aguas del Arga haciendo noche en Pamplona desde donde salieron hacia Puente la Reina reunirse con los de Jaca.
Don Gastón y don Antolino atravesaron la puerta del Monasterio encontrando don Armengol de Balaguer acompañado de don Mauricio de Munilla que en Pamplona habían dejado ecos de su brillante oratoria. Pasaron largas horas de estudio y copia de libros y los de Jaca. Compararon sus textos con los de San Juan Pie de Puerto. Y aún les sobró tiempo para pasear por el claustro.
- Hermano Mauricio, tendrás que buscar tiempo para leer los nuevos libros de Física que hemos traído.
- También los de Teología, y los de otras doctrinas.
Don Antolino deseaba que fuera más despacio para ganar con detenimiento.
- Tampoco es conveniente intentar entender todas las materias. Quien se esfuerce en ello no llegará a ser maestro en nada. Pero don Gastan quería mas amplitud en los conocimientos de diversas materias.
- Hay que conocer todo lo que se pueda. El saber no ocupa lugar y está siempre a nuestra disposición. Hay quien lo acumula únicamente en una especialización, pero haría mejor en conocer distintas disciplinas porque un saber especializado no promociona verdadero gozo.
Blas de Bubierca, el novicio aprendiz, se acercó con un semblante risueño.
- Estoy leyendo a Dioscórides, conocía bien el herbolario indio.
- Conviene leer a los sabios antiguos. Es cierto que el discípulo de hoy sabe más que su maestro de ayer. Pero eso es posible porque ellos también quisieron saber más que sus maestros. Los libros de botánica nos hacen conocer los medios de la naturaleza para curar al hombre. La mano de Dios es más importante. En algún monasterio conservan el cuerpo muerto de un santo en óleo. Este óleo sirve para frotar las partes enfermas que de este modo sanan. Además, el enfermo queda impregnado con las virtudes del santo.
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De madrugada salieron de Puente la Reina. Los que estaban de regreso lucían con orgullo la concha. Desde Alloz se vieron acompañados por nuevos peregrinos a cambio de otros que se quedaron en el Monasterio. Sus
Costumbres, más frugales que las de los benedictinos avalaban la influencia del Cister. En un descanso hecho para vaciar zurrones llenando estómagos, en la ribera del río vieron pasar a dos solitarios caminantes. Uno de ellos usaba un bastón largo en cuyo extremo superior había sujetado un pequeño tronco forrado con tela en el lugar en que apoyaba la axila de tal forma que la pierna lderecha podía ir más descargada. Gracias a ello caminaba aunque con gran lentitud. Su acompañante, ciego se sujetaba con una mano al manto del cojo y con la otra iba pasando las cuentas de un rosario.
El sol se filtraba ente las hojas de los robles. En los troncos de los árboles podían verse cortezas deteriorados por las alimañas. Las ardillas huían de los peregrinos y estos huían de los osos. Don Bernardo perdió la mirada en el vuelo de un buitre. Don Antolino, tomando de la rienda a su mula, se dispuso a seguir el viaje pensando en la fe de dos que iban a Santiago imaginando su curación. El gran numero de hospederías de Estella aliviaron los huesos de los acostumbrados a dormir en los atrios de las iglesias. Los monjes se alojaron en el Hospital de San Lázaro. La abundancia de buen pan, y mejor vino acompañando al excelente pescado y la suculenta carne hicieron olvidar las frugales comidas efectuadas desde su paso por los Pirineos. Cumplieron con los deberes religiosos y cuando se alejaron del canto gregoriano se sentaron en los duros bancos de la fría biblioteca posando sus ojos en los libros que parecían ser el motivo de su existencia. Antes de cenar pudieron tener un momento para comentar temas mundanos surgiendo la conversación sobre la situación provocada por un conde corrupto.
- El conde no solo satisfacía sus vicios carnales si no que gozaba especialmente en relatar los lances de adulterio. El abad recriminó en público sus acciones con engaños le hizo ir al castillo después de desahogar su ira con la palabra hizo colocar sobre sus sienes una corona ardiente que acabó con su vida
- Don Antolino, al conde le queda poco tiempo de vida y sus últimos momentos van a ser trágicos. El martirio del obispo ha agraviado a sus feligreses y entre ellos se fragua la venganza, reprobable en un buen cristiano, pero inherente en el ser humano.
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Pasaron por Viana camino de Logroño viendo pastar al ganado en los prados surgidos entre hayas y romero. Alejados de la muralla del cenobio repararon en una reyerta de pastores por una cuestión de lindes. Todo acabó en un pecado canónico, el homicidio. Su primera visita en Logroño fue a la Iglesia de Santiago el Real, una de las más antiguas en levantarse en honor de Santiago. Escuchaban al cisterciense don Mederico de Kasten que había llegado de tierras de Innsbruck hablando en latín aunque cuando le parecía insertaba las nuevas palabras castellanas o algún vocablo euzquérico Su voz gutural impresionaba a los fieles.
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- Muchos hemos venido de lejanas tierras para hacer penitencia y venerar a Santiago, primer mártir que dejó correr su sangre por su apostolado, los más afortunados han podido alojarse en hospederías y monasterios, otros han dormido en el pórtico de las iglesias, en los pajares o en las cuevas que minan los montes. Por eso quiero pedir a los feligreses de Logroño que procuren dar alojamiento en caridad a los peregrinos que no tienen fortuna. Dios os devolverá ciento por uno el gasto que os causen.
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En un banco vieron a un peregrino arrodillado mirando fijamente al sagrario dando la impresión de estar dialogando con el Santísimo, pero lo que llamó más su atención fue la alargada cara llena de pequeñas cicatrices producto sin duda de una enfermedad pasada. Salieron de Santa María para dirigirse a Nájera desde donde querían subir al Monasterio de San Millán de la Cogolla. Con la capellina cubriendo la cabeza y embozado por el manto se defendía de la lluvia un solitario peregrino al que dieron alcance. Lo poco que dejaba ver en su rostro les recordó al devoto peregrino de la Catedral de Logroño. El río Najerilla recibía la confluencia del Cárdenas. Abandonaron sus riveras para seguir, aguas arriba, el cauce del afluente separándose de la rivera para subir la empinada cuesta. En este duro ascenso se desarrolló una fuerte tormenta. El granizo se sujetaba en los capuchones como si quisiera ocultara las canas de don Gastón. En las cercanías Monasterio de San Millán de Suso(iii) encontraron resguardo en una gruta. Encendieron una hoguera con la antorcha que ardía en el interior de una caverna provista de leña por los previsores monjes del Monasterio para secar las húmedas ropas y calentar sus ateridos cuerpos. Vieron pasar lobos entre los árboles y les vino a la memoria la creencia propia de gentes ignorantes. Don recordó una vieja fábula.
- En una aldea perdida entre los riscos de una montaña dicen que hubo un mozo de trato agradable buen trabajador, amigo de ferias, romerías y otros festejos y mejor cumplidor del descanso dominical y todas las fiestas de guardar, días muy apropiados para retozar con placidez y galanura con las mozas de su aldea y aún con las de otras aldeas cercanas. Tan empeñado estaba en su vicio que acabó deshonrando a una zagala que pastoreaba cerca del prado de su familia. El padre de la pastorcilla le buscó para que reparase la ofensa pero el mozo se dio a la fuga. Irritado por el acontecimiento pidió a Dios que lo transformase en lobo como castigo. El mozo sintió aquella noche una imperiosa necesidad de revolcarse en la maleza. Notando como su cuerpo se convertía en lobo. Escuchó los aullidos de una loba y tras ella fue. Así pasaba las semanas cazando para comer y caminando siempre detrás de las lobas y sus lobeznos. Conocedor de los lugares donde su padre guardaba las ovejas causaba grandes estragos para sobrevivir. El padre asoció las pérdidas producidas con la ausencia del hijo. Al conocer la maldición del vecino agraviado recurrió a una hechicera.
- Lo de siempre. Si la Virgen no lo remedia que lo remedie el demonio.
- La maga confirmó las dudas. Habló de hacerle una sangría pero sin lesiones perdurables porque estas serían permanentes. Armado de un cuchillo buscó al lobo atando un cordero al pié de un pino. Cuando el lobo se abalanzó sobre la presa el aldeano se descolgó de la rama y clavó en el lomo de la fiera la punta del cuchillo. La herida se abrió y la piel del lobo se desprendió del cuerpo de mozo.
- Si de verdad fueran buenos cristianos esas gentes no creerían esas patrañas. Además, las historias del hombre lobo aparecen por todas las aldeas de Europa.
Vieron llegar al peregrino de la cara picada con en el manto muy mojado. Atrajeron la atención del recién llegado haciéndole sitio en la hoguera comenzando un diálogo con él.
- Mi nombre es Benito Dijón. Soy carpintero de Toulouse teniendo por vecina la Iglesia de San Martín de la que dicen tiene los mismos elemento de construcción que la vieja Iglesia de Santiago de Compostela. Ocurrieron trágicos acontecimientos en la ciudad conocidos en la cristiandad entera. Hasta entonces la ciudad era floreciente y las costumbres pacíficas, pero las tropas del Rey de Francia y las disposiciones del Papa se encargaron de alterar el orden.
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Don Mauricio de Munilla había estado en Zaragoza y había conocido a trovadores que se habían amparado en el reino de Aragón huyendo de las persecuciones de Toulouse el comerciante continuó su exposición. Precedieron a la tragedia los actos unos extraños personajes predicando singulares doctrinas que se hacían atractivas por la vida anacoreta que llevaban los precursores. Propagaban ideas sobre la trasmigración del alma a los animales. No mataban a un animal porque podían albergar a un alma en pena en consecuencia no comían carne, ni huevos, ni productos lácteos El pescado les estaba permitido porque se produce sin cópula y tuve la tentación de caer en esas ideas.
Don Gastón Chat escuchaba según su costumbre, pero intervino en lo que más podía molestarle.
- Niegan la humanidad de Jesucristo. Para ellos tampoco la Virgen es real. Dicen que ambos son un mito. Ignoran o interpretan mal lo que dice la Biblia lo escrito en libros profanos. Hasta musulmanes hablan de su existencia real del Hijo de Dios y de la Virgen María y a su modo con respeto.
Benito tenía necesidad de contar su vida.
- Tengo siete hijos, por lo que estaba mal visto por los albigenses. Consideran al matrimonio como algo absurdo y completan esta pecadora idea con la afirmación de la procreación criminal. Producto de la maldad la creación es mala en sí. Dar la vida es hacer la desgracia de una nueva alma. Temía a la gran fuerza que iban adquiriendo. Molestos con la ostentación del clero no poseían bienes por considerarlos parte despreciable de este mundo. Tuve que apostatar porque estaba mal visto por los herejes corriendo peligro mi hacienda y con ello la ruina de mi familia

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La ropa se había secado, incluso la de. Don Bernardo acusaba una pequeña dificultad al respirar producida por el humo. Se pusieron todos en pie y volvieron a la cuesta oyendo a don Antolino.
- San Millán fue un santo varón que despreciando la vida regalada se instaló en una gruta de la sierra que en su honor lleva su nombre. Su vida de eremita fue secundada por muchos anacoretas poblando las cuevas cercanas. Más tarde estas cavernas se convirtieron en capillas y lugares funerarios sirviendo de monasterio más dotado de elementos arquitectónicos visigóticos, prerrománicos y finalmente mozárabes. Nuestros mojes siguieron su costumbre de visitar al abad, la enfermería y la biblioteca encontrando una sorpresa en las distintas lenguas que debieron usar para entenderse con los residentes y alojados. Unos hablaban lenguas euzquéricas y otros el castellano que había encontrado su cuna en el Monasterio. Casi todos los residentes se entendían en latín.
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El viaje a Santo Domingo de la Calzada, donde cantó el gallo después de muerto, fue menos penoso y con mejor tiempo. El canto se produjo por una sentencia injusta. Alguien vistió al juez que se encontraba ante un gallo asado defendiendo la inocencia del castigado. Los argumentos no convencían al corregidor.
- Eso lo creeré cuando cante este gallo.
El gallo se alzó en la bandeja cantando ante el asombro de los que se encontraban en la sala. El condenado fue absuelto. Los monjes continuaron el camino. Benito los abandonó en Berceo para comprar unas sandalias. Los robles les hicieron recordar a la Virgen tallada en madera de cerezo en el cercano Monasterio de Valvanera. Don Antolino conocía bien el Monasterio Benedictino y las riquezas que atesoraba gracias a númerosas donaciones.
- Un fraile me habló de condes y plebeyos, pecadores y fornicadores, donantes de heredades a los monasterios con la esperanza de salvar sus almas.
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Fray Mauricio había visitado Valvanera en busca de libros, remontado el curso del río Najerilla abandonando la ribera. Entre los robles vieron un oso al que vigilaron sin darle mayor importancia porque veían alejarse a la fiera. De todas formas dieron gracias a Dios por haber encontrado al oso de espaldas sintiendo en sus corazones por que gracias a esta y otras fieras hacían el viaje en grupo También las dieron por haber conocido a un apóstata que había vuelto a la fe. El sol lucía después de unas jornadas de ausencia. Regresaron a Santo Domingo de la Calzada. Dieron comida al gallo y la gallina y recibieron el regalo de otro gallo cebado por las manos de un sacristán de la catedral. Bernardo Dijón con sus abarcas nuevas había tomado peligroso atajos. Lo encontraron con la mirada embebida en el gallo que salía y entraba a la sacristía. Estaba preocupado porque a pesar de su fealdad había observado las excesivas atenciones de la criada de la fonda y su costumbre de agacharse frente a él de tal manera que enseñaba sus voluminosos pechos con gran generosidad provocando turbación y deseos que no estaban más permitidos en el Camino que en su ciudad de Toulouse.

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Interrumpieron su sueño a completas(iv) para vadear el río Oja. Se alojaron en el Hospital de San Juan. La espiritualidad se concentraba en la devoción a San Lesmes. Por este Hospital pasaban los que habían salido de Bayona, atravesando el Bidasoa hacia Irún. Encontraron el apoyo del Monasterio de Santiago, en La Carra después llegaron a Vitoria donde descansaron antes de llegar a Armentia para acabar en Miranda de Ebro Les sorprendió a gran abundancia de guerreros vascos que volvían de tierras de moras con esclavos conseguidos en las batallas. Las mulas estaban cargadas con los botines obtenidos. Algunos enseñaron orgullosos labrados candiles, otros llevaban ajorcas de oro. El capitán se jactaba de la bandera roja con cimitarra bordada en oro ganada en batalla
Un alférez iba acompañado de una morilla con la cara tapada por el velo que se hacía admirar por los graciosos movimientos de sus estrechas caderas. Era la hija de un jeque árabe acostumbrada a bailar el agua. (v) Esperaba llegar a Vitoria para bautizarla en la fe cristiana y contraer matrimonio con ella. No tuvo la mima suerte otra esclava de su edad que fue vendida a un viejo usurero, aunque él consideró su acción muy generosa por destinarla al servicio de su nieta.
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A los que no estaban de vuelta les esperaba un desfiladero menos penoso en Pancorbo. Encontrando el viejo Monasterio de Rodilla desde donde fueron a Quintanapalla ya muy cerca de Burgos. Solo los enfermos encontraron alojamiento en el Hospital de San Juan. Rivalizaba con el Hospital del Rey de Burgos regido por la Abadesa del Cister. Las cistercienses contaban con la inestimable ayuda de Amaro, francés que regresando de la peregrinación dedicó su vida a la limpieza de la abadía en favor de los peregrinos. Don Mauricio lo encontró llevando sobre sus hombros a un enfermo y bendijo la buena acción mas tarde le entró la curiosidad.
- En vuestro país no os falta de nada y podéis llevar una vida menos trabajosa. ¿Cómo es que hacéis los menesteres más bajos y acarreáis a los enfermos, pudiendo pagar a quien lo haga por vos?.
- Recordad las palabras de San. Al enfermo hay que cuidarlo como si del propio Cristo Nuestro Señor se tratase.
Entre las peregrinas se encontraba Magdalena de Soltar que venía de Remen joven viuda de un caballero muerto en contienda mantenida con infieles llegados al país en busca de negocios. Hacía el camino pidiendo fuerzas al apóstol para erigir un monasterio femenino como el de Santa Cruz de Seros. Las peregrinas tenían más penitencia que los varones a los que no se les discutía su derecho a visitar la tumba del apóstol. Algún monje hablador, más que orador clamaba en su contra.
- La mujer es el origen de todos los pecados y por ello en la ruta no pueden hacer otra cosa que contaminar las almas de los piadosos viajeros.
Los verdadero oradores admitían el peregrinaje femenino,
El Camino del Apóstol también está abierto a ellas porque es un medio de purificación y quién así habla desconoce el elevado número de santas que lo han recorrido, a las que veneramos y pedimos ayuda en muchas enfermedades. No obstante la rigurosa observación de las normas usos y costumbres de los peregrinos surgió un imprevisto lance de amor. Magdalena de Soltar conoció a Reguardo de Green procedente de Glasto que embarcó en Olivero acompañado de unos alquimistas con destino a Prest. Pensó hacer el Camino. Sus compañeros se repartieron por distintos lugares de Europa buscando ampliar sus conocimientos. Él los adquiría en Santiago. Ante la presencia de Magdalena sintió una inquietud desconocida. Ella por su parte no fue insensible al varón. Como el amor es una enfermedad contagiosa de alto riesgo entre la juventud y de evolución rápida se apoderó de ellos y de sus almas. De las miradas pasaron a las manos y de las manos a la mullida hierba de la ribera del Arlan. Los gemidos de placer de Magdalena se acompañaban del rumor del río aumentado por el murmullo de las hojas de los árboles mecidas por el viento. La luz de la luna les ayudó a colocar en orden la ropa y retirar ramitas de zarza de las ropas para acudir a maitines esperando que en el Císter no hubieran reparado en su ausencia. Así fue.
Cerca de Burgos, en Tardajos, se agregaron dos peregrinos que habían viajado por el mar desde las lejanas islas de Inglaterra con otros cinco que habían caminado por Behobia, Irún, Cegama, Armentia y Vitoria. No habían tenido que detenerse en el hospital por haberse librado de unas fiebres acompañadas por vómitos y diarreas. Llegaban amedrentados por haber sido agredidos por unos forajidos vestidos con trajes de piel sin encurtir buscando el contenido de las alforjas costuras en la ropa que indicasen donde se encontraba escondido el dinero necesario para el viaje. Gracias a un reducido numero de hombres de armas que regresaban de una incursión contra los moros pudieron salir del trance aunque malparados por las heridas sufridas al oponer resistencia y con algún zurrón de menos.
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Don Antolino y don Gastón tomaron el camino que ingleses y vascos habían pasado dirigiéndose los dos con sus cuatro cargadas mulas a su monasterio de origen. Don Mauricio de Munilla y don Armengol de Balaguer continuaron con sus peregrinos. En la entrada de Fromista vieron acercarse a dos mujeres jóvenes vestidas con saya roja, la una azul la otra y corpiños blancos muy ajustados que remarcaban la morbidez de su cuerpo.
Se acercaron a los peregrinos más rezagados. Impulsados por el vigor que presta la juventud, acostumbraban a intentar cazar cuanto pudiera servirles de sustento que siempre compartían con los compañeros de viaje preferentemente con las peregrinas si, por necesidad de defensa, se encontraban en el grupo alabándolas como la mujer que mejor guisaba de todos los países que habían recorrido desde que habían salido del suyo.
- Muy cansados venís pero nosotras disponemos de un lecho para descansar después de una cena en la que no faltará el buen vino.
- ¿Esto lo ofrecéis por caridad?
- ¿Quién habla de caridad?. La caridad no da para nuestro sustento ni el mercader nos regala la ropa. Habréis de dejarnos algún dinero y si, por casualidad, lleváis guardada alguna joya bienvenida sea por que nos recordará vuestra hermosura.
A las palabras acompañaban caricias deshonestas sobre sus senos que cesaron al coger las manos de los peregrinos para acercarlas a los cordones amarillos que cerraban la apertura de la vestidura. Cuando estas mujeres creían haber obtenido sus propósitos unos lugareños se abalanzaron sobre ellas.
- Malas mujerzuelas Lleváis picos pardos en las sayas cumpliendo lo dispuesto para que se os distinga de las mujeres honradas del reino pero no cumplís la prohibición de comprometer a los peregrinos. Y vosotros que hacéis el Camino, Dios sabe por que pecados, debéis observar la castidad a las que os obliga el peregrinaje.
- ¡Por la Santa Virgen del Camino que os equivocáis!. Solo les estábamos informando del peligro que corren con los lobos.
- Más peligro corren con las zorras, y sobre todo si caminan sobre dos piernas como las vuestras.
- Más zorra es tu mujer que tiene un lunar rojo en la tetilla izquierda y un capricho en forma de pera en la pantorrilla derecha para que lo vea Pero Mingo en la paridera que tienes en el Alto del Oso. Pregúntale a ella y, si no te miente, verás que además de hacer lo que nosotras lo regala.
Esos defectos eran de nacimiento producto de unos antojos que tuvo su madre en el embarazo y las comadronas se habían encargado de contarlo por el pueblo. Como cosa conocida no molestaron estas palabras en demasía, pero el desparpajo de las mujeres levantó su ira.
- Deja de hablar así porque, encima de la paliza que te voy a dar, la Iglesia te excomulgará y la Justicia te cortará las narices, como está escrito y te expondrán a la vergüenza pública.
El ministril acompañó sus palabras con el chuzo. Ellas aprovecharon la confusión para huir en la espesura del bosque donde por más que buscaron no las pudieron encontrar. Solventado el incidente entraron en el recinto de la ermita de Santiago partiendo la comitiva hacia el Monasterio de San Martín de Fromista donde llegaron a la población desde el Alto del Otero.
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Agradecían la llanura del terreno tan distinta de los barrancos y desfiladeros. Carrión de los Condes vigilaba su capitalidad en Tierra de Campos desde un altozano. Guardaba como joya espiritual el Monasterio de San ZoiIo, uno de los más importantes de la orden de Cluny. Don Armengol, ayudado por don Mauricio, trasladó a los heridos al Hospital de San Zoilo que guardaba las reliquias de este Santo y las de San Felices traídas desde Córdoba. Ayudó en la cura de los heridos a los que aplicaron hipérico muy usado en toda clase de heridas marchando después a la Iglesia de Santa María del Camino. En la misma calle se encontraban el Hospital y la Iglesia de Santiago agobiados por el fuerte calor. Deseaban refugiarse en alguno de los numerosos mesones por el asfixiante calor que les hacia humedecer la ropa que debían llevar como hábito de viaje. Los peregrinos pudieron alojarse con relativa comodidad aunque en esta ocasión sufragaron los gastos cada vez más elevados y luchando contra la concupiscencia de
09 Sep 2009
Los nietos de la Guerra. Frgmento de borrador. Joaquín Urgel. com
Historia de Cristina
La niñez de Cristina transcurrió en un hogar aparentemente feliz protegida siempre por un padre que atendía a todos sus caprichos. Su niñez trascurría con la monotonía de las agujas del reloj. Todos los domingos a misa. El resto de la semana miedo a ser castigada por Dios ante cualquier desacato a la autoridad materna.
En este ambiente desarrolló una personalidad "egocéntrica" buscando la proximidad de niños, preferentemente, niñas que la agasajaran y satisficieran sus caprichos.
En el Colegio de monjas encontró nuevas relaciones que fueron forjando una personalidad alejada de una madre posesiva aprendiendo a desarrollar como un número más del grupo el sentimiento del deber entre el que no se encontraba la obediencia la madre y a alguna monja que tuviera la osadía de dirigirse a ella como lo haría su progenitora.
En los continuos encuentros con compañeras y adultos adquirió la noción de autoestima que pasado el tiempo se convirtió en un problema en sus relaciones familiares y sociales. Para protegerse de las censuras se inició en el arte de no exteriorizar sus sentimientos refugiándose en su interioridad.
Buscaba siempre la protección absoluta de alguien que la ayudara a conseguir sus deseos. En el seno familia se identificó con la figura del padre, que por su parte, como primogénita, ocupó un puesto de preferencia sobre sus hermanos.
Se fue distanciando de una madre que pretendía educarla en el parcelado mundo sexista. Entre una mujer “decente” y un hombre debía haber un muro de siete metros de altura. En estas circunstancias dentro de su cerebro fue fraguando un complejo de Electra que la acompañó durante su tormentosa vida.
En sus relaciones se unía de forma pasajera a quien le produjera el placer de sentirse mimada como mujercita cambiando inesperadamente de afectos, juguetes y juegos.
Con las personas de su entorno actuaba fríamente sin importarle herir sentimientos. La crueldad que iba naciendo en ella le hacía seguir su vida sin apreciar el dolor que levantaba en aquellas personas que habían estado a su lado en momentos difíciles.
Su imaginación no se apartaba nunca de los efectos casi alucinatorios de su inquieta manera de pensar. En sus horas de soledad creaba un mundo artificial de fiestas de alcoba en las que era acariciada y poseída por un amigo al que conocía en el mundo real.
Con el paso del tiempo su razonamiento era cada vez más objetivo y racional. En su cabeza el presente fabricaba teorías de cuanto la rodeaba. A partir de hipótesis deductivas razonaba de manera hipotética obteniendo deducciones que la llevaban a conclusiones que contradecían su experiencia.
Soñaba con los ojos abiertos con príncipes azules que la despertaban besando sus labios del sopor de su vida aburrida.
Los hábitos fraguados mantuvieron una lucha agudizada por la pérdida de la infancia sin llegar a la situación de la edad adulta.
Conforme su cuerpo se desarrollaba adquiría nuevos conocimientos. La idea religiosa inculcada era más bien una percepción romántica de ángeles tocando trompetas y diablos flatulentos. Continuaba con sus actividades acudiendo a campamentos para enseñar el catecismo o formando parte de alguna organización religiosa intentando expandir la fe cristiana.
Adquirió conocimientos sobre ideas políticas. Simpatizaba con los partidos que basaban su fuerza en el mejor reparto de la economía y mayor libertad de todo tipo. La algarada de unos estudiante franceses clamó tan fuerte que traspasó fronteras. Ni siquiera la férrea censura de prensa del país logró silenciarla. Exigían un cambio radical de sociedad, la desaparición del Estado Totalitario. No respondían a ningún principio perseguían la culminación de una realidad que se manifestaba en distintos países en consonancia con los alborotos estudiantiles en el París de mayo del 68 provocado por exigencia de jóvenes estudiantes. La tormentosa revuelta había comenzado por la exigencia estudiantil de permitir poder estar juntos una chica y un chico en la misma habitación de las Residencia de estudiantes.
Cristina, en su admiración por los estudiantes franceses, comenzó a coquetear con ideas políticas escogiendo las izquierdas a las que concedía el privilegio de ser las auténticas defensoras de la libertad absoluta.
A los cambios psíquicos se sumaban los corporales. Su cambiante humor pasaba del enfurecimiento a una intensa felicidad.
Aprendió que la linea de separación entre el amor y el odio es muy sutil. Se desarrolló una animadversión intensa a todas las personas que intentaran controlarla. Comenzó a soñar con un porvenir libre basado en el ejercicio de su carrera.
Logró identificarse con los personajes que dedicaban sus vidas a la ayuda de los menesterosos. Deseaba ser rica para invertir su dinero en obras de caridad a la que pronto comenzó a llamarla solidaridad.
La familia que deseaba fundar debía ser abundante en hijos. Consideraba necesario que el hombre que se uniese no sería el antiguo patriarca. Buscaba otro esquema familiar distinto al que la había rodeado desde su nacimiento.
En esta época aparecieron sus primeras apetencias sexuales. Comenzó a dar importancia a su cuerpo fijando su atención en la morfología que la diferenciaba de los esporádicos amigos. En ocasiones había observado una indefinida sensación ante en roce casual en sus incipientes pechos o cara interna de muslos.
Se convenció de no perdería nada por inocentes juegos sexuales. No consideraba malo el sexo. Pensaba que las relaciones entre hombre y mujer constituían un misterio que la hacía temblar. A través de conversaciones mantenidas con mujercitas de su edad se fue enterando de los distintos tipos de relaciones sexuales. Un día una de ellas le habló de que había sido besada en la boca por un amigo de su hermano. Le sorprendió un cosquilleo entre las zonas que la identificaban como mujer.
En la radio escuchaba las repetitivas noticias. Maltrato de género, guerras, injusticias sociales, hambre en países tercermundístas y un largo etcétera que herían su susceptibilidad. El ambiente que la rodeaba modeló su carácter rebelde contra una sociedad injusta.
En sus charlas entre adolescentes incluyeron a algún amigo ocasional tocaron temas del cambio que presagiaba la Transición política. Las conversaciones acaban por tocar los temas eroticos. En cualquier reunión de amigos era posible obtener material pornográfico que se leía dentro de una confortable clandestinidad.
Más reflexiva y analítica se sintió capacitada para orientar su vida. Frenando la fantasía la época de aprendizaje ante el futuro se abría ante sus ojos.
Su ansia de justicia la empujaba a sueños de misionera católica.
Continuará
Sentía una rebeldía profunda hacia una sociedad hipócrita que lamentaba la miseria de países remotos sin actuar en su favor. Surgió en su cerebro la noción de lo bueno y de lo malo. Como resultado fue pensar en matricularse en la carrera de Medicina.
Le molestaba las continuas reprimendas maternales por los vestidos. Se hacía odiosa con los comentarios hacia sus amistades y repugnante vigilando el horario de entradas y salidas.
Llegó a sentir una franca enemistad con su madre sintiéndose frustrada e insatisfecha por el trato recibido. Intentó, sin éxito, llevarla en el sentido que ella deseaba. Cada paso dado para adquirir la libertad era una extenuante batalla. Deseaba libertad de horario, de elección de ropa, modelo de peinado horarios de entrada y salida de su casa y un largo etcétera. Se rodeó de nuevas amistades con distintas ideas y experiencias habidas antes de su encuentro.
En realidad se encontraba descontrolada con unas emociones sin orientación sobre la manera de reaccionar ante situaciones inesperadas. No encontraba lógica las normas de su adolescencia. Le parecían absurdas y por lo tanto de obligatorio incumplimiento.
Acudió con mucha ilusión a la fiesta de fin de curso. Era un buen día para lograr satisfacer plenamente sus impulsos reprimidos.
Pensando que la virginidad era un estado imperfecto en el que una mujer no había tenido relación sexual con un hombre. Escogió un traje vaporoso de discretos colores.
Imaginaba los dedos de Gustavo dibujando corazones en su escote para resbalar entre sus pechos coronados por dos claveles reventones endurecidos.
Comenzó la fiesta en un ambiente cordial. Entre risas, ostras, bombones y chocolate sus ansias de sexo iban aumentando. No sentía atracción por el baile lo que la animó a buscar un lugar discreto donde se retiró con Gustavo que la llevaba por la cintura sintiendo en un momento la dulce presión de la mano masculina sobre la nalga.
Tomando asiento pidió vodka. Aunque temía a las bebidas alcohólicas lo tomó porque podía elevar más sus sentimientos placenteros. Vodka con naranja por aquello de que no dejaba olor en el aliento.
No pasó mucho tiempo cuando las manos de su acompañante se posaron en sus pechos sintiendo el aliento de Gustavo en su cuello.
Se dejaron llevar por sus sentimientos explorando cada uno la anatomía del otro. Interrumpió su intercambio de caricias el molesto sonido de la alarma que avisaba que el local se había detectado fuego.
Tenía el concepto de que una mujer virgen era una mujer limpia de polvo y paja. Algunas de sus compañeras estaban limpias de polvo pero ninguna lo era de paja. Una de ellas era una experta que se ufanaba de su precocidad con sus primos. Aseguraban que una virgen es una niña de tres años que ha hecho el amor muy poquitas veces.
Subió al autobús ocupando asiento junto a Gustavo. Pasando puentes y coronando puertos se había hecho de noche ajenos a paisajes y compañeros. La sensación de las manos en su cuerpo ocupaba todo el espacio de su cerebro. Vio a Luisa besar a Fernándo mirando los ojos de Gustavo.
La luna llena lucía su galas de plata alumbrando a los pasajeros del autobús. El lenguaje de los adolescentes es incomprensible para los adultos. Dejaron de hablar con la boca para encontrar una nueva manera de comunicación con sus lenguas. Gerardo comenzó dialogar con el tacto. Ella sintió un ligero estremecimiento. Sobrepuesta del sobresalto dirigió su mano al lugar donde más abultaba el pantalón de Gustavo.
Ya era muy tarde el ardor se había calmado. Se separaron sus para dormir.
Despertaron con el movimiento de los viajeros que se estaban apeando del autobús. Se alisó la falda y se agregó a los que salían. Se encontró en la barra de un bar con un café en la mano.
La tutora les dijo que tenían una hora de descanso aconsejando que para desentumecerse. Les aconsejó un paseo por el bosque ajardinado que se encontraba detrás de la gasolinera.
Cogió la mano de Gerardo para llevarlo a la alameda.
La falda de la montaña ofrecía un lugar para esparcimiento de los viajeros. En la abrupta pendiente se abría a la boca de una cueva que llenó sus ilusiones de discreción. Sin dar importancia a los murciélagos que dormían una noche cuajadas de estrellas las dos parejas se abrazaron presintiendo el deseado momento que les igualaría con los adultos. La mano de Gerardo ascendía bajo la falda de Luisa mientras esta besaba su pecho.
Cristina se debatía entre las ideas inculcadas por madre y el espíritu rebelde de su adolescencia. Pudo más su deseo de acariciar y de ser acariciada entrando a la cueva para intercambiar apasionados besos
Cristina era virgen porque ningún hombre había roto su virginidad pero no deseaba llegar virgen al matrimonio.
Le vino el recuerdo de su madre y en su mente se despidió de la educación maternal:
- Adiós mamá, adiós, quédate con tu castidad que mi cuerpo es solo mío.
No entraba en sus cálculos seguir la aburrida vida de abstención que habían sufrido las mujeres de su familia. Le habían enseñado que la castidad era una virtud para gobernar y moderar el deseo del placer sexual según educación recibida. Tenía pocos deseos de integrarla a su personalidad. Sabía que no es una negación de la sexualidad. Su pensamiento le repetía:
Pensaba en su derecho a disfrutar del placer sexual. La virginidad ya no estaba de moda. Se había acabado la represión. No iba a tolerar valores religiosos ni familiares custodiaran su himen con rollos macabeos. Curioso honor en la que semejante testigo íntimo de pureza era conocido por las tazas publicas o privadas de los inodoros.
Notaba en su cuerpo el efecto de sus hormonas cuando escuchó una voz que avisaba:
- Volved al autobús se ha acabado el descanso.
El verano lo pasó en su pueblo rodeada de gente que velaba por su virginidad. Paseaba con muchachos y muchachas de su edad. En ocasiones se perdían en las profundidades del mar de hayas buscando el cobijo de una vieja casa en las que habían guardado un viejo tocadiscos que usaban de orquesta. Al son de una música de moda sus amigos bailaban buscando una suave presión que los uniera.
18 Ago 2009
Cristina y la virginidad. Joaquín Urgel.
El despertar de Cristina
Fragmento del borrador de mi
libro Los Nietos de la Guerra
La niñez de Cristina transcurrió en un hogar aparentemente feliz protegida siempre por un padre que atendía a todos sus caprichos. Su niñez trascurría con la monotonía de las agujas del reloj. Todos los domingos a misa. El resto de la semana miedo a ser castigada por Dios ante cualquier desacato a la autoridad materna.
En este ambiente desarrolló una personalidad egocéntrica buscando la cercanía de niños, preferentemente, niñas que la agasajaran y satisficieran sus caprichos. En un Colegio de monjas encontró nuevas relaciones que fueron forjando una personalidad alejada de una madre posesiva aprendiendo a desarrollar como un número más del grupo el sentimiento del deber entre el que no se encontraba la obediencia la madre y a alguna monja que tuviera la osadía de dirigirse a ella como lo haría su progenitora. En los continuos encuentros con compañeras y adultos adquirió la noción de autoestima. Pasado el tiempo convirtió en un problema us relaciones familiares y sociales. Para protegerse de las censuras se inició en el arte de no exteriorizar sentimientos refugiándose en su interioridad.
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Buscaba siempre la protección absoluta de alguien que la ayudara a conseguir sus deseos. En el seno familia se identificó con la figura del padre, que por su parte, como primogénita, ocupó un puesto preferencial sobre sus hermanos.
Se fue distanciando de una madre que pretendía educarla en el parcelado mundo sexista. Entre una mujer “decente” y un hombre debía haber un muro de siete metros. En estas circunstancias dentro de su cerebro fue fraguando un complejo de Electra que la acompañó durante su tormentosa vida.
En sus relaciones se unía de forma pasajera a quien le produjera el placer de sentirse mimada como mujercita cambiando con rapidez de afectos, juguetes y juegos. Con las personas de su entorno actuaba fríamente sin importarle herir sentimientos.
La crueldad que iba naciendo en ella le hacía seguir su vida sin apreciar el dolor que levantaba en aquellas personas que habían estado a su lado en momentos difíciles.
Su imaginación no se apartaba nunca de los efectos casi alucinatorios de su inquieta manera de pensar. En sus horas de soledad creaba un mundo artificial de fiestas de alcoba en las que era acariciada y poseída por un amigo al que conocía en el mundo real.
Con el paso del tiempo su razonamiento era cada vez más complejo y racional. En su cabeza el presente fabricaba teorías de cuanto la rodeaba. A partir de hipótesis deductivas razonaba a su manera hipotética obteniendo deducciones que la llevaban a conclusiones que contradecían su experiencia.

vivirmexico.com/.../
Soñaba con los ojos abiertos con príncipes azules que la despertaban besando sus labios del sopor de su vida aburrida.
Los hábitos fraguados mantuvieron una lucha agudizada por el deseo de perder la infancia y el miedo de llegar a la situación de la edad adulta.
Conforme su cuerpo se desarrollaba adquiría nuevos conocimientos. La idea religiosa inculcada era más bien una percepción romántica de ángeles tocando con trompetas música placentera y diablos flatulentos que venían a recojer su alma.
Acudía a campamentos de organizaciones religiosas para enseñar el catecismo.
Adquirió conocimientos sobre ideas políticas. Simpatizaba con los partidos que basaban su fuerza en el mejor reparto de la economía y mayor libertad de todo tipo.
La algarada de unos estudiante franceses sorprendió sus diez y ocho primaveras. Clamó tan fuerte que traspasó fronteras. Ni siquiera la férrea censura de prensa del país logró silenciarla. Exigían un cambio radical de sociedad, la desaparición del Estado Totalitario. No respondían a ningún principio perseguían la culminación de una realidad que se manifestaba en distintos países en consonancia con los alborotos estudiantiles en el París de mayo del 68 provocado por exigencia de jóvenes estudiantes. La tormentosa revuelta había comenzado por la exigencia estudiantil de permitir poder estar juntos una chica y un chico en la misma habitación de las Residencia de estudiantes.
Cristina, en su admiración por los estudiantes franceses, comenzó a coquetear con ideas políticas escogiendo las izquierdas a las que concedía el privilegio de ser las auténticas defensoras de la libertad absoluta.
A los cambios psíquicos se sumaban los corporales. Su cambiante humor pasaba del enfurecimiento a una intensa felicidad.

www.nuevotiempo.org/.../
Aprendió que la linea de separación entre el amor y el odio es muy sutil. Desarrolló una animadversión intensa a todas las personas que intentaran controlarla. Comenzó a soñar con un porvenir libre basado en el ejercicio de su carrera.
Logró identificarse con los personajes que dedicaban sus vidas a la ayuda de los menesterosos. Deseaba ser rica para invertir su dinero en obras de caridad a la que pronto comenzó a llamarla solidaridad.
La familia que deseaba fundar debía ser abundante en hijos. Consideraba necesario que el hombre que se uniese no sería el antiguo patriarca. Buscaba otro esquema familiar distinto al que la había rodeado desde su nacimiento. Apareció su primer impulso sexual. Comenzó a fijarse en su cuerpo femenino dando importancia a la morfología que la diferenciaba de los esporádicos amigos. En ocasiones había observado una indefinida sensación ante en roce casual en sus incipientes pechos o cara interna de muslos. Se convenció de no perdería nada por inocentes juegos sexuales. No consideraba malo el sexo. Pensaba que las relaciones entre hombre y mujer constituían un misterio que la hacía temblar.
A través de conversaciones mantenidas con mujercitas de su edad se fue enterando de los distintos tipos de relaciones sexuales.

espais.ua.es/files/
Un día una de ellas le habló de que había sido besada en la boca por un amigo de su hermano. Mientras escuchaba notó una extraña atracción que la impulsaba a acercarse a Elvira. Lo hizo colocando una mano sobre su muslo. Elvira no rechazó la caricia. Poco después se unieron sus bocas para separarse al entrar las madres para llevarlas a la feria.
En la radio escuchaba las repetitivas noticias. Maltrato de género, guerras, injusticias sociales, hambre en países tercermundístas y un largo etcétera que herían su susceptibilidad. El ambiente que la rodeaba modeló su carácter rebelde contra una sociedad injusta.
En las conversaciones entre adolescentes incluyeron a algún amigo ocasional tocaron temas del cambio que presagiaba la Transición política. Las conversaciones acaban por tocar temas eróticos. En cualquier reunión de amigos era posible obtener material pornográfico que se leía dentro de una confortable clandestinidad.
Más reflexiva y analítica se sintió capacitada para orientar su vida. Frenando la fantasía la época de aprendizaje ante el futuro se abría ante sus ojos. El sentimiento de justicia la empujaba a sueños de misionera católica. Sentía una rebeldía profunda hacia una sociedad hipócrita que lamentaba la miseria de países remotos. Surgió en su cerebro la noción de lo bueno y de lo malo. Como resultado fue pensar en matricularse en la carrera de Medicina.

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Le molestaba las continuas reprimendas maternales por los vestidos. Se hacía odiosa con los comentarios hacia sus amistades y repugnante vigilando el horario de entradas y salidas. Llegó a sentir una franca enemistad con su madre sintiéndose frustrada e insatisfecha por el trato recibido. Intentó, sin éxito, llevarla en el sentido que ella deseaba. Cada paso dado para adquirir la libertad era una extenuante batalla. Deseaba libertad de horario, de elección de ropa, modelo de peinado horarios de entrada y salida de su casa y un largo etcétera. Se rodeó de nuevas amistades con distintas ideas y experiencias habidas antes de su encuentro.
En realidad se encontraba descontrolada con unas emociones sin orientación sobre la manera de reaccionar ante situaciones inesperadas. No encontraba lógica las normas que regían en su adolescencia. Le parecían absurdas y por lo tanto de obligatorio incumplimiento.
Acudió con gran ilusión a la fiesta de fin de curso. Era un buen día para lograr satisfacer plenamente sus impulsos reprimidos. Pensaba que la virginidad era un estado imperfecto en el que una mujer no había tenido relación sexual con un hombre. Escogió un traje vaporoso de discretos colores.

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Imaginaba los dedos de Gustavo dibujando corazones en su escote para resbalar entre sus pechos coronados por dos claveles reventones endurecidos. Deseaba aprender a dar y a recibir placer.
Comenzó la fiesta en un ambiente cordial. Entre risas, ostras y bombones sus ansias de sexo iban aumentando. No sentía atracción por el baile por lo tanto buscó un lugar discreto en el que se retiró con Gustavo que la llevaba por la cintura sintiendo en un momento la dulce presión descendente la mano masculina que llegó a su la nalga.
Aunque temía a las bebidas alcohólicas tomó vodka con naranja y hielo picado porque podía elevar más sus sentimientos placenteros y su aliento no acusaría el olor a la brbida. Las manos de su acompañante se posaron en sus pechos sintiendo la boca de Gustavo en su cuello. Se dejaron llevar por sus sentimientos explorando cada uno la anatomía del otro.
Interrumpió su intercambio de caricias el molesto sonido de la alarma que avisaba que el local se había detectado fuego.
Tenía el concepto de que una mujer virgen era una mujer limpia de polvo y paja. Algunas de sus compañeras estaban limpias solamente de polvo. Su amiga y cinfidente, Elvira, era una experta que se ufanaba de su precoz pérdida de viginidad con un primo. Le convenció de que una joven virgen era una niña de tres años que había hecho el amor muy poquitas veces.
Subió al autobús ocupando asiento junto a Gustavo. Pasando puentes y coronando puertos se había hecho de noche ajenos a paisajes y compañeros. La sensación de unas manos de varón en su cuerpo ocupaba todo el espacio de su cerebro. Vio a Luisa besar a Fernándo mirando los ojos de su compañero de viaje Gustavo. La luna llena lucía su galas de plata alumbrando a los pasajeros del autobús. Dejaron de hablar con los labios para encontrar una nueva manera de comunicación con sus lenguas. Gerardo agregó un minucioso diálogo con el tacto. Cristina sintió un ligero estremecimiento. Sobrepuesta del sobresalto dirigió su mano al lugar donde más abultaba el pantalón de Gustavo.
Ya era muy tarde el ardor comenzaba a apagarse con el sueño. Se separaron sus para dormir. Despertaron con el movimiento de los viajeros que se estaban apeando del autobús. Se alisó la falda y se agregó a los que salían. Se encontró en la barra de un bar con un café en la mano.
La tutora advirtió que tenían una hora de descanso que para relajarse. Les aconsejó un paseo por el bosque ajardinado que se encontraba detrás de la gasolinera.
Cogió la mano de Gerardo para llevarlo a la alameda. La falda de la montaña ofrecía un lugar para esparcimiento de los viajeros. En la abrupta pendiente se abría la boca de una cueva que llenó sus ilusiones de cobijarse en un lugar discreto. Sin dar importancia a los murciélagos que dormían una noche cuajada de estrellas la pareja se abrazó presintiendo el deseado momento que les igualaría a los adultos. La mano de Gerardo ascendía bajo su falda.
Cristina era virgen porque ningún hombre había roto su virginidad pero deseaba llegar virgen al matrimonio.
Le vino el recuerdo de su madre y en su mente se despidió de la educación maternal.
- Adiós mamá, adiós, quédate con tu castidad que mi cuerpo es solo mío.
No entraba en sus cálculos seguir la aburrida vida de abstención que habían sufrido las mujeres de su familia. Le habían enseñado que la castidad era una virtud para gobernar y moderar el deseo del placer sexual según educación recibida. Tenía pocos deseos de integrarla a su personalidad. Sabía que la virginidad es una negación a la sexualidad.
Pensaba en su derecho a disfrutar del placer sexual. La virginidad ya no estaba de moda. Se había acabado la represión. No iba a tolerar valores religiosos ni familiares custodiaran su himen con rollos macabeos. Curioso honor en la que semejante testigo íntimo de pureza era conocido por las tazas publicas o privadas de los inodoros. Notaba en su cuerpo el efecto de sus hormonas cuando escuchó una voz que ordenaba:
- Volved al autobús se ha acabado el descanso.
El verano lo pasó en su pueblo rodeada de gente que velaba por su virginidad. Paseaba con muchachos y muchachas de su edad. En ocasiones se perdían en las profundidades del mar de hayas buscando el cobijo de una vieja casa en las que habían guardado un viejo tocadiscos que usaban de orquesta. Al son de una música de moda sus amigos bailaban buscando una suave presión que los uniera sin necesidad de muerte para separarse.
13 Jul 2009
Va de juzgados. Joaquin Urgel
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www.villasalcarrenas.org/
El médico de Romanones me pidió que le ayudara a hacer una autopsia. Como el Comandante de puesto de la Guardia Civil quería estar presente mi colega se vengó haciéndole tomar una taza de café sin esperar a que se enfriase. A juzgar por la cara del guardia debía debió quemarle la garganta. Cada vez que Donato disecaba un órgano ponía la víscera delante de su cara que el inoportuno testigo apartaba disgustado.
“La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto”.
Llegó la despedida camino de una iglesia fortaleza rodeada de pequeñas casas blancas. La cercanía a Brihuega me vino bien para estudiara fondo las cuestiones judiciales.
Quedaron en la casa algunos enseres. Dejé abonado el piso el piso mientras recogía el resto de unos enseres. El propietario consideró oportuno retirarlos a otro edificio. Como yo tenía ganas de jarana denuncié al propietario por allanamiento de morada. El juez debía estar aburrido y el juicio era más aburrido que un serial de televisión.
Me animé más cuando el juez decidió un careo. Estudié la estrategia a seguir para que aquello no pareciera un velatorio. El juez continuaba con su cara inexpresiva. Parecía un rectángulo con nariz. Me vino a la cabeza la blanca doble del dominó.
El denunciado comenzó a hablar
-¿Me permite usted que yo que soy el reo le haga una pregunta. ?
-Hágala.
No recuerdo en que consistía la pregunta pero iba al Juzgado a ver como funcionan estos tribunales por lo tanto contesté en consonancia con mis fines.
-Su Señoría: ¿Tengo obligación de contestar. ?
Los ojos del juez adquirieron un tamaño excepcional. Como el resto del rostro seguía igual me pareció que estaba viendo la blanca dos.
-No tiene obligación pero le aconsejo que lo haga.
-Cuando se dirija a un Juez tratele de Su Señoría. Usted no en el reo, es el acusado. Y por último a usted ¿Qué le importa?. La cara del juez dejó de ser una ficha de dominó. En esos momentos parecía la de un municipal con la libreta de multas.
-Si sigue por ese camino le expidiento.
Una cosa es ir al juzgado como quien va al cine y otra es enfrentarse a una sanción.
Se acabó la función y mis paseos por el Jardín de la Alcarria
Madrid debe la Capitalidad de España a las viruelas. Joaquin Urgel.
Estas históricas viruelas afectaron después de su boda a Isabel de Valois que a sus trece años cambió su novio el Serenísimo Señor Carlos, heredero de Su Majestad Felipe II, por su egregio padre el Rey. A don Carlos no le hizo ninguna gracia a pesar de que recibió como compensación el Toisón de oro. Doña, Isabel se aburrió en la boda porque los asistentes eran personas mayores empeñadas en prohibirle todo lo que les gusta a las niñas. Encima su madre no hacía otra cosa que escribir preguntando si había tenido la regla. Felipe, por su parte la trataba como a una hija. La desgracia se cebó en ella en forma de viruelas. Se impuso el aislamiento, la cuarentena y para alivio de la Reina Niña llegó la Cuaresma. El desconsuelo se debió porque, a falta de niñas y caballos organizaron torneos. - www.toledo-virtual.com/.../ Con su naricita pegada a un cristal de la ventana recordaba cuando hacía pasar envidia a sus camareras montando a la francesa y pasar de profesores de latín. La esperanza en la libertad es el único consuelo de los que se encuentran enclaustrados en una habitación cerrada por muchos tapices y pianos que ostente. El miércoles de ceniza la Iglesia decretó ayunos abstinencias y cese de festejos en todo el reino. La Niña sacó se asomó a la ventana viendo, con alivio, regresar a los caballeros a su lugar de origen con las caras sonrientes porque cesaban los gastos producidos por la cuarentena para intentar distraer a su Reinecita. Como su exnovio estaba enfadado con el Duque de Alba y los otros niños no iban a jugar con ella asistía a aburridas sesiones de Estado mirando, con envidia, cuadros en los que aparecían otros niños o caballos, que eran su gran pasión, estropeado su lomo con algún pariente de su forzado esposo. Aunque no prestaba atención a sus palabras un día escuchó que su marido proyectaba situar la capital de sus reinos en la ciudad Imperial de Toledo. Recordando su enfermedad y el tostón de los torneos, antecedentes de los futuros seriales televisivos, brotaron sus lágrimas. El Rey se acongojó preguntando por el origen de su tristeza. Ella contestó que Toledo no. Don Felipe le propuso Madrid. Ella sonrió y aceptó gustosa. - www.artehistoria.jcyl.es/.
Madrid tenía un viejo Alcázar que poseía todo lo que puede desear una niña, con librerías que escondían puertas que comunicaban con otras salas en las que se encontraba encantada huyendo de las camareras de palacio que cuando no estaban hablando de bodas importantes, se dedicaban a enseñarle el protocolo castellano, más aburrido que el francés. Su marido escuchó su deseo y dispuso que la Villa se convirtiera en Corte venciendo el desacuerdo toledano con la promesa de dragar el Tajo para dotar a la vieja Ciudad Imperial con un puerto de mar. Se interesó en ello el rey portugués que recorrió el Tajo haciendo turismo en una barca. La promesa no se cumplió, pero Madrid pasó a ser Villa y Corte hasta ahora con el disgusto de catalanes y vascos, que aún no se han acostumbrado. La promesa no se cumplió, pero Madrid pasó a ser Villa y Corte hasta ahora con el disgusto de catalanes y vascos que aún no se han acostumbrado. A pesar de ellos Madrid sigue siendo capital de España gracias a las viruelas de una Niña.
yaelle31.files.wordpress.com/.../


DON QUIJOTE CABALGA DE NUEVO. Joaquin Urgel
A Maricarmen de su Don Quijote de andar por Murcia
DON QUIJOTE CABALGA
DE NUEVO

ellibrodegeno.files.wordpress.com/
El negro de la noche estrellada se desdibujaba en el horizonte. Aun no seria ni la del alba, cuando por la carretera se veía salir del pueblo a Don
Habían acordado que por las aldeas y lugares mas transitados sería Don Rafael de la Alcarria el caballero, porque en los anales de la caballería jamás se vio cabalgando al escudero mientras el hidalgo le sigue a pie. En los despoblados seria al revés. Durante interminables minutos no hubo nada memorable.
En el horizonte la franja violácea que anunciaba un nuevo día había cambiado a un azul puarísima. Tras la ventana del caserío pudieron ver una figura femenina peinándose enfrente de un espejo. Sintieron ruidos en su estómago recordando que se encontraban en ayunas.
Sin pensarlo dos veces Don Rafael de la Alcarria se dirigió al escudero.
-Mi buen Sancho golpea la aldaba para que abran la puerta de ésta venta con la que hemos topado que la salud del cuerpo se fragua en la oficina del estómago. El vuestro es de forma de gaita gallega, superior en tamaño al del carnero que diviso acosando a su hembra.
-
-Mida bien sus palabras porque si vos sois
-
Don Rafael de la Alcarria yo soy su fiel
-
escudero Justo. Así me pusieron el nombre
-
porque al nacer entraba muy justo en la
-
canasta que iba a servirme de yacija que
-
aunque pobre por necesidad me enorgullece
-
por ser mi primer lugar de descanso.
Vuesa merced nació en tal alta cuna que diríase que más que cuna es azotea. Más no por eso piense vuesa merced que aunque con las alforjas vacías no soy buen cristiano con el orgullo de ser hombre de bien.
En cuestión del carnero no está acosando a su hembra, si no ramoneando en la jara que nace junto a la piedra.
- Cálmate, amigo Justo, que justas son tus palabras.
Abrióse la puerta por obra de la mujer que llevaba un paño en la mano.
- ¿Que horas son estas para turbar mi soledad?Decidme agora quienes sois, de donde venís y a donde vais, que es menester que yo me entere de vuestra demanda antes de permitiros la entrada.
-Soy Don Rafael de la Alcarria que tiene por señora a Doña Carmen de Mataespesa por la que he salido dispuesto a derrotar a los que no reconozcan su sin par belleza. Vengo acompañado de mi fiel escudero Justo que retaco de cuerpo es grande en los servicios que me presta. Solicitamos de vos nos acojáis en vuestro afamado mesón y nos permitáis yantar pues nuestros fatigados cuerpos precisan de descanso y algo de comida.
-Señora tenemos hambre porque en las prisas de mi amo y señor no hemos desayunado.
-Pasad agora mesmo, pero antes de desayunar el larguirucho de la vara ha de abonar la consumición satisfaciendo mi apetito provocado por la falta de varón. Mientras tú regordete mío vas dando de comer al asno.
Ante la deshonesta proposición Don Rafael se volvió hacia su escudero.
-Ved en lo que acaban las apariencias engañosas, mi fiel escudero creíamos entrar en una venta y nos encontramos en la puerta de un burdel. ¡Vade retro, Satanás!. Jamás yaceré con mujer alguna porque debo reservarme para la sin par Doña Carmen de Mataespesa.
Fatigados y desilusionados llegaron a la aldea de Sombras del Manzanar. En la plaza se encontraban dos mozuelas delgadas luciendo en su cara numerosos granos.
-Fermosas doncellas deslumbrados por vuestra beldad os suplicamos nos orientéis hacia el mesón de este famoso castillo, pues hemos de aplacar la sed y el hambre que nos ha producido el largo caminar en busca de aventuras.
Alarmáronse las zagalas y dieron un paso atrás. Mas, les pareció que los forasteros no daban muestras de ser peligrosos y con una gran carcajada señalaron con el dedo el rotulo de una bebida refrescante.
- Ahí les darán una bebida que humedece la garganta y hacen mas ligeros los pies y hasta las manos. Y si no que se lo pregunten a Doroteo que la mezcla con ginebra. Lo aprendió en la mili.
En la taberna tomaron asiento en una banqueta de tres pies, junto a una renegrida mesa de madera.
-¡Mesonero!
El tabernero salió de la cocina con un delantal de color impreciso secándose las manos en un mugriento trapo.
-Los señores dirán
-Fazednos la merced de traer dos picheles de vino aloque, acompañados de duelos con quebrantos. Y aun puede agregar alguna afamada fruta del lugar que nos refresque ayudándonos a fazer la digestión.
El tabernero se rascó la cabeza midiendo la capacidad del bolsillo de los orates y le pareció por su porte y la calidad de las vestimentas era superior a su mollera.
-Los picheles me se han acabado hoy mesmo, duelos no faltan por estos contornos y en cuanto a los quebrantos solo hay los que da Hacienda pero si a los caballeros les parece bien todo se soluciona con un vino rosado del contorno y unos huevos fritos con chorizo de confianza, pues es de matanza casera. De fruta tengo un melón, que me saque de la cabeza colgar para que no se pudriese en el suelo y ahora se encuentra en su mejor sazón.
Encontraron hidalgo y escudero buenas maneras en lo expuesto.
-Sea bienvenido el rosado. Así mesmo los huevos y el chorizo que aunque sea basto alimento, más propio de rufianes, bueno ha de ser proviniendo de tan renombrada matanza. Y por eso mismo nuestros estómagos lo apreciaran como si de la más delicada de las viandas se tratase.
Y en lo relativo al melón, que bueno ha de ser, en saliendo de vuestra cabeza, no estaría de más que le añadáis lonchas de jamón. -Añadió Justo-.
Habiendo concluido el yantar pidieron un cubo de agua en la que diluyeron unos polvos antisépticos que debían arrojar sobre las mataduras del pollino. Al llegar al árbol, al que habían sujetado al borrico, les sorprendió su ausencia. Las muchachas se encontraban en el atrio de la iglesia con una sonrisa enigmática que emulaba a la de la Gioconda. Los aventureros comprendieron que eran objeto de chanza.
-Fementidas villanas, que no fermosas ni doncellas sois, como nos en un principio creímos, devolvednos nuestro jumento que precisamos para el duro caminar por la polvorosa deshaciendo entuertos y remediando agravios. De no fazerlo prestamente sufriréis un castigo adecuado a vuestro sexo y edad.
-¡Anda mi madre! Y ¿qué nos piensa hacer?
-Os tomaremos, sin más miramientos, por la cintura y os colocaremos sobre nuestras rodillas. Después alzaremos vuestras sayas, mas que para acariciaros, para azotaros en las nalgas con la vara que llevamos para estos menesteres. Y a Doroteo, que por su catadura de borracho debe ser el mirón que se encuentra en la solana, lo trataremos más rigurosamente por ser, aparentemente varón, si cae en la osadía de acudir en vuestra ayuda.
Las chiquillas, asustadas, corrieron a abrir la puerta del corral. Doroteo bajó bramando por lo oído pensando que eran locos peligrosos.
A la plaza llegaba un coche buscando una sombra. Don Rafael de la Alcarria abandonó la trifulca que estaba a punto de estallar con Doroteo y se dirigió sal recién llegado, que no era otro que el médico.
-¡Gran felonía la vuestra! ¿Ha leído vuesa merced que en algún libro de Caballería andante aparezcan tan infernales artefactos, cuando el valeroso caballero se dispone a entrar en noble lid con los soldados que envía el sultán a estos cristianos reinos?
El médico contestó:
-Yo no veo soldados, sino un rebaño de ovejas que entra en este momento y a dos chiquillas que si traviesas son también os ocurrió vos cuando teníais su edad. En cuanto a Teodoro no le irritéis que es la mejor persona del pueblo, pero tocándole la vena no entiende de caballería andante y es capaz de tocaros la chola y no precisamente como arrumaco.
Dicho esto el galeno acudió a casa de Doroteo donde se encontraba la abuela con un cólico de riñón.
Volvía al pueblo recordando a los caballeros cuando los vio recostados en un carrasco. Apeándose del coche tomo la bota que colgaba en una rama seca dándole un tiento con placer.
-De medico, suegra y mujer, todo lo has de temer, amigo Justo, que aunque seas mi cuñado, has de aprender las enseñanzas de las prodigiosas aventuras que nos esperan en la noble empresa que hemos emprendido.
-Buena bota mejor vino, pero sacad la alforja sólida compañía que este precioso liquida mejorara su buena acción en aparejado con sólido.
-Vos veredes, fiel escudero, al matasanos, hambriento y sediento, ocupado en recorrer leguas con ese endiablado artefacto, obra, sin duda de algún diabólico mago, que camina sin bridas, ni estribos, relinchando de tan extraña manera que hace levantar el vuelo de los estorninos y ahuyenta a las ardillas que se apostan en estos elevados pinos.
Sancho miró en busca de pinos y al no hallarlos contestó:
-Yo no veo pinos, sino carrascos, ni tampoco ardillas que son ratas de campo que corren por el suelo.
-Ved la necedad a la que os lleva la simple presencia del facultativo que se codea con magos y astrólogos. Ya no sabéis distinguir entre erguidos pinos y achaparrados carrascos.
-Pues aunque vos los llaméis pinos, carrascos son, pero no por ello haya riña, que por mi no lo va a haber. Contesto el galeno, ocupado en atrapar un moscardón que volaba sobre su frente.
-Y aun observad como acosa a un débil insecto. Por matar mata a las moscas, que matar es su gran pasión.
- Eso ya lo advirtió Quevedo.
Arguyo el doctor.
-Mas observo que en esta verídica historia estáis escribiendo el nombre de todos los protagonistas menos el vuestro ¿Os avergonzáis de él?
-Me enorgullece. Es Joaquín que significa el que sabe.
Continuó la conversación mezclando arcaicas palabras con neologismos que, quizás, incluya la Real Academia Española en su diccionario dentro de los próximos cincuenta años, cuando se conviertan en vocablos pretéritos.
Al entrar en el pueblo el medico se encontraba alegre. Las mozas paseaban en pequeños rebaños temerosas de que los zagales les dieran un pellizco. Los imberbes las miraban pensando en la oveja que querían apartar.
Benigno, el Padre Velocidades, leía su Breviario y pensaba, sobre el medico, Ángel y sus respectivas mujeres, voló una paloma blanca exclaustrada para posarse en un alero. Estaba esperando a su pareja con la que también paseaba a esas horas. Evacuó sobre el bonete. Por la Cuesta de la Fuente Cagá bajaba Don Quijote de la Alcarria.
-Perdóna a la paloma Señor, por que no sabe lo que hace. Dijo el aprendiz a santo limpiando el cubrecabezas.
05 Jul 2009
LOS ANTIUNIONISTAS. Joaquin Urgel
LOS ANTIUNIONISTAS
NOTICIAS MÉDICAS
1967
Es admirable la cantidad de compañeros que nos advierten que a ellos las cosas colegiales les traen sin cuidado.
Dos argumentos sorprendentes justifican su indiferencia. Unos dicen: “Bueno, yo no entiendo de política colegial.” Otros contestan: “A mi lo den todo hecho”
Y ambos se salen con la suya. Los primeros porque como no siente interés siguen sin entender la política colegial, sólo entienden de normas para obtener una plaza, y si a mano lo tienen, aprenden, que ya es difícil, a burlar decorosamente las normas establecidas para mejorar su puesto de trabajo. Los segundos, porque como todo lo que está sin hacer hay que hacerlo, naturalmente acaban por encontrarlo hecho.
Sospecho que esta deliberada indiferencia va unida a los genes de nuestra raza, genes negativos que nos hacen llegar con retraso y a remolque. Siempre los hemos padecido y los seguiremos padeciendo. Otra manifestación de nuestro abandono es la disculpa. “Yo no sé hablar.” “Yo no sé escribir.” Esta declaración esta fuera de lugar y, además, quien la hace se contradice a sí mismo. Si no saben escribir ¿Cómo es que aprobaron el bachillerato? Y si no saben hablar, ¿Cómo han pasado tantos exámenes orales?.
Más grave es la cuestión si quien dice esto ostenta el título de doctor, con su tesis y todo. El doctorado, aparte de convertirlo oficialmente en un hombre docto, es decir, en persona que a cuenta de estudios ha logrado más conocimientos que los comunes u ordinarios, confiere un título que se puede traducir por persona que enseña una ciencia o arte. Por lo tanto, el doctor jamás podrá escudarse ni en desconocimiento de temas ni en dificultades de la palabra oral o escrita.
La mayoría de los médicos han deseado durante muchos años la conversión democrática de la organización colegial. Sepan, pues, que la democracia supera en obligaciones y deberes a los privilegios y derechos que impone.
El principal deber de un médico que dice ser, colegialmente, demócrata es interesarse por todos y cada uno de los problemas que los médicos tenemos planteados, aún cuando no correspondan a nuestro “modus vivendi”. Queda claro, por tanto, que es una obligación del médico joven participar e intervenir en los problemas que el médico veterano tiene planteados; igualmente, el veterano debe conocer las inquietudes del médico joven, aportando soluciones para encauzar de una manera sustancial los primeros pasos en la profesión igualmente ocurre con todos los problemas, que deben enfocarse por todos los médicos, les afecte o no el problema individualmente.
Sabido es que todos podemos contribuir a hacer de España una nación honrada y respetable, cuando todos los españoles nos unimos a un quehacer común, por encima de las ideas o de los credos.
Este postulado tiene plena vigencia para la actividad colegial. Es licito soñar con una Medicina grande y libre, cuando todos los médicos españoles nos empeñamos en la tarea de conseguir una medicina acorde con la época que nos toca vivir. Esto sin romanticismos ni sueños utópicos.
Es raro el individualismo que existe entre las personas que ostentan nuestro título universitario. También es raro que los colegiados de cualquier provincia desconozcan los problemas de su propia provincia. Pero lo que agrava más este estado de cosas es el desconocimiento total que los colegiados y los mismos Colegios pueden tener del momento médico en otras provincias. Si hubiera algún compañero que intentara hacer un esquema de la situación colegial y profesional española, se encontraría con un panorama tan curioso que citaría los reinos de taifa.
Otro de nuestros males que afectan a la vida colegial es común a los inhibidos y a los activos. Son los anti. Son los que tal cosa no les gusta y lo propagan a los cuatro vientos. Pero no les gusta porque su gestión se debe a don Ángel y don Luis, fueran don angelistas o don luisistas, sino todo lo contrario. Porque son anti. Simplemente anti. Antialgo, anti lo que sea.
A pesar de la recta intención puede haber otros antiunionistas. Son los desvirtuadores de argumentos. No se ruborizan al pensar que pudiera ocurrir que muchos lectores les saquen los colores a la cara al manejar argumentos que constituyen verdades a medias, verdades que no son oportunas por carecer de conexión con los temas tratados verdades que no son verdades, sino mentiras graves, no por maldad de ellas, sino por su difusión rápida y masiva.
Así encuentro como punto de apoyo el tema de los ascendientes en disputa sobre temas de nuestra sociedad médica. Alguien saca a colación que su padre y abuelo fueron médicos por nombramiento, porque en su época no había oposiciones. Verdad a medias, porque en aquellos años existían, al menos, las oposiciones a cátedras. Otros me dicen que defienden su postura porque su padre era pescador o bien cargador de muelle. Y yo en público les pregunto: ¿Y que tienen que ver estos dignísimos padres, que como les dije en mi contestación privada, enorgullecen no sólo a su familia, si no ha todos los médicos que tengan un autentico sentido social y cristiano en la vida? Otros nos cuentan su gran mentira, que, dicha como lo hacen nos hace canturrear irreprimiblemente la música infantil: “Ahora que vamos despacio.....”
Grave cosa que ocupa y preocupa a muchos es la existencia de estos compañeros que con una inconsciencia encantadora hacen que nuestra profesión se encuentre fuera del lugar que le corresponde. Porque, amigos míos, fuera de esta manía de desconocer la política colegial o de intervenir en ella el partidismo de nuestros compañeros, son todos ellos unos caballeros sumamente bien preparados en el terreno científico, de una talla moral, pública y privada, que difícilmente iguala cualquier otro profesión, y magníficos padres de familia, lo cual es la base de una sociedad sana. Y si algún lector me lanza a la cara la excepción, a esta rotunda manifestación, me veré obligado a recordarle que Jesucristo escogió a los doce Apóstoles entre los mejores hombres de su tiempo, y uno de ellos fue un traidor. ¿Cómo no va haber entre nosotros un Judas? Pero no es Judas el autor de nuestros males, sino la falta de nuestros apóstoles en número y calidad de precisos.
J. P. URGEL.- Guadalajara.
Hace 42 años publique en Noticias Médicas este artículo cuando la palabra democracia estaba muy mal vista.
30 Jun 2009
El azabache vivo se llama Zulema. Joaquín Urgel
Bajo mis bonsaís.
El azabache vivo se llama Zulema.
Joaquín Urgel
Sentado esperando ver la luz del amanecer o buscando la sombra del sol vespertino bajo mis frondosos bonsáis dejo libre mi imaginación que se ausenta de un mundo cruel en el que ya no espera ninguna mujer alborozada mi vuelta.
Hoy ha sido un día gozoso con un poco de sal y pulgarada de acíbar. He salido a la calle. En el velador de la churrería he desayunnado porras con azúcar recuerdo los churros de Villacastín. Es un maravilloso alimento que están estudiando su forma que industrializar. Dios quiera que no lo logren, perderían su encanto como lo han perdido las magdalenas y las playas de la costa a cuenta de la masificación que es el germen de la desaparición.
Aburrido de estos vulgares pensamientos me ha devuelto la alegría el paso de una esbelta negra como el azabache de una belleza sin par. Ha vuelto a mi memoria Zulema, apasionada compañera de estudios que durmió con todos mis compañeros de internado en Dermatología menos conmigo. Llorando su rechazo hice confidente de mi desdicha a Don Gerardo. Comprendió mi malestar comunicándome que él tampoco había logrado llevarla al huerto. Vimos pasar al playboy de los donceles que compartía nuestros trabajos sobre el cáncer de mama en los cangrejos y le hicimos confesar sus experiencia con la espectacular y apetecida hembra.
Como ejemplar español se dispuso a contar lo que siempre queda en secreto. Nos enteramos de una estancia en el teatro donde no pudieron hacer nada por tener en la butaca posterior a su madre con sus amigas. Constituían una compañía de un grupo llamado Ejército de Mujeres Luchadoras Contra la Impureza y ocupaban toda la fila. Se perdieron la función mirando sus manos por si era necesaria su movilización.
En ocasiones abandonaban al guardia para mirar a un señor con bigotes y gomina en el pelo suspirando mientras sus ojos se tornaban soñadores. Todo un clásico en los gustos femeninos de su generación.
Salieron para cenar en un lujoso restaurante donde el pidió comida afrodisíaca porque había que estar en forma. Ella prefirió pescado blanco con nombre francés en el menú. Cuando se come fuera de casa el francés culinario es un ingrediente que aromatiza el sabor de una chuleta sin hueso. Salió revolucionado para llevarla a la más sensual y elegante sala de baile donde podría sentir el mórbido cuerpo junto a su robusto pecho al compás de un baile cuerpo a cuerpo. No hay que olvidar que Napoleón, que era un emigrante de Córcega con bicornio, dijo que el baile era un abrazo público que se efectuaba al son del menos ,molesto de los ruidos. (Si no lo dijo lo pensó.)
Zulema le miró con dulzura y le pidió que quitara la mano de sus nalgas porque en la pista se encontraba el secretario del embajador de su país, amigo de su padre.
Se sentaron para cambiar impresiones, al parecer era lo único que podían intercambiar, y él playboy le propuso una excitante noche de catre. Ella se levantó y sin pagar la cuenta salió a la calle para tomar un taxi que la dejara en la puerta de su hotel.
Alarmados por la nueva confesión ampliamos nuestra investigación y ninguno de los que la habían seducido había logrado recostarla en la piltra.
Abandono mis recuerdos color ceniza de la larga cuaresma que me aguardaba para fijarme en los letreros de una superficie comercial que se encuentra ante mí. Entro en ellos apoyado en un bastón que uso. Arrastro los pies por el suelo como si en verdad fuera un invalido.
En realidad si quiero soy muy ágil pero en los tiempos que corren en los que todo el mundo miente es mejor seguirles el juego. La imperiosa manía de sentirse superior ante alguien hace parar a los automovilistas pudiendo al cruzar las calzadas crear un caos en el tráfico sin que la Policía Municipal te ponga una multa. Lo más que hacen es preguntarme cariñosamente el porqué has salido solo a la calle.
Recordando programas estúpidos de distintas cadenas de televisión entro en el local. Tengo ganas de comprobar la reacción de la gente. Ante ircunstancias que se salen de lo cotidiano. A la altura de los cajeros en la fila de clientes le doy un bastonazo en las nalgas a la penúltima que se encuentra agachada vaciando su carrito. Ella indignada le da un bofetón al joven que se encuentra detrás. Él sorprendido joven se lleva la mano a la cara.
Interviene el marido, la cajera y un fontanero que acude a echar agua al fuego. El vigilante de los grandes almacenes corre en dirección contraria para no verse involucrado en un asunto que no considera de su competencia. Tropieza con una mujer con burca negro y saya blanca. Rebota y derriba una pirámide de cervezas. El moro celoso invoca a Alá.
Estoy descubriendo que con el taco de goma dura de mi bastón puedo aflorar el gen de la estupidez del género humano. Esto me hacer acercarme a la sección de informática recordando una refriega donde logré desestabilizar a una gran cantidad de internautas manejándolas como muñecos de guiñol haciéndome pasar por negro de Polinesia en fase de celo. Cervatilla y vigilante se lamían mutuamente las heridas. Lo tomaron en serio y solicitaron a la ONU el envío de una fragata de tripulación femenina.
Solicito del correspondiente hombre invisible, todos los hipermercado tienen hombres invisibles al frente de los modernos puestos de estos nuevos zocos, que pongan una cámara oculta dentro de mi caja de caudales. En realidad está tan vacía que solo tiene telas de araña. Mi interés es averiguar si las arañas son mamíferos. La única empleada que había me ruega que espere un poco para consultar sobre mi demanda.
Temiendo que se trata de una estratagema para llamar a los que ponen las camisas de fuerza he asentido pero cuando se encuentra a mis espaldas le sujeto el tobillo con el puño del bastón derecho. Cae de bruces al el suelo. Me alejo de los infernales artefactos. Empotrado en un hueco discreto contemplo como acuden dos caballeros que la levantan haciendola sentarse sobre una fotocopiadora que empieza a escupir imágenes de un biquini colocado en su sitio.
El novio que se ha acercado para pedirle dinero cree que el honor de su amada se encuentra donde él pone las manos retira a todos los curiosos pidiéndoles que los papeles los tiren en la papelera.
La escena empieza a ser aburrida. Voy con cara acongojada a pedir una corona fúnebre para la mujer de un abogado del que no conozco nada más que la placa de su despacho. Después me he enterado de que era soltero. La florista me dice que no tenían coronas fúnebres. Todo un alivio porque me molesta aflojar la pasta.
En la sección de frutas he cogido una manzana y se la he regalado a un niño de unos cuatro años que se encontraba solo. El vigilante dolorido por su caída le pregunta por su madre a la que recrimina por dar al niño productos sin ser previamente abonados. Después de cumplir con su obligación se han intercambian los números de teléfono. Es más fácil correr el peligro de hacer un hermanito que enfrentarse con los grandes almacenes.
A estas horas supongo que he logrado desestabilizar a más de un muñeco mecánico este me lleva entrar en la cafetería. Veo al psiquiatra que cree que me trata una depresión que no tengo. Pido un botellín de agua mineral y copa de ginebra que dejo caer en la falda ajustada de una señora. Al pedirle perdón se me saltan las lágrimas. Me perdona enseñándome sus dientes de marfil y el canalillo.
Mi psiquiatra ve la escena y se acerca interesándose de lo que ocurre. Mi psiquiatra no sabe si estoy como una cabra o es que me gusta divertirme.
Le digo que llamarle a voces es de mala educación y no me da la gana de ir hasta donde él está. Es un despistado y a lo mejor no me ve. Nos enfrascamos en una conversación sobre la locura que impera entre los que se consideran cuerdos.
Es la hora de regar los bonsáis. Lectores os dejo porque son los verdaderos artífices de mi longevidad y más fieles que mi perra Katiusca que me abandonó para irse a la cama con Don Leo, el veterinario que le puso una inyección cuando su corazón amenazaba con pararse. Ya no practican la fidelidad ni los antiguos mejores amigos del hombre.
13 Jun 2009
"Nada deja mi paso por la tierra. Olga Chams Eljach,
"Nada deja mi paso por la tierra.
En el momento del callado viaje
he de llevar lo que al nacer me traje:
el rostro en paz y el corazón en guerra.
Ninguna voz repetirá la mía
de nostálgico ardor y fiel asombro.
La voz estremecida con que nombro
el mar, la rosa, la melancolía.
No volverán mis ojos renacidos
de la noche a la vida siempre ilesa,
a beber como un vino la belleza
de los mágicos cielos encendidos.
Esta sangre sedienta de hermosura
por otras venas no será cobrada.
No habrá manos que tomen, de pasada,
la viva antorcha que en mis manos dura.
Ni frente que mi sueño mutilado
recoja y cumpla victoriosamente.
Conjuga mi existir tiempo presente
sin futuro después de su pasado.
Término de mí misma, me rodeo
con el anillo cegador del canto.
Vana marea de pasión y llanto
en mí naufraga cuanto miro y creo.
A nadie doy mi soledad. Conmigo
vuelve a la orilla del pavor, ignota.
Mido en silencio la final derrota.
Tiemblo del día. Pero no lo digo".
Reseña biográfica
Olga Chams Eljach, poeta colombiana nacida en Barranquilla en 1921, es hija de padres oriundos de Líbano, Medio Oriente.
Desde 1937, cuando le publicaron sus primeros poemas en la revista Vanidades de La Habana, la poeta adoptó el seudónimo de Meira Delmar.
Estudió en el Conservatorio Pedro Biava de su ciudad natal, en el cual fue luego profesora de Historia del Arte y Literatura, materias que había cursado en Roma.
La Universidad del Atlántico le confirió el doctorado Honoris Causa en Letras, es miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua y dirigió por muchos años la Biblioteca Pública del Atlántico.
Su poesía, caracterizada por una dulce sensualidad, está contenida en los siguientes libros:
«Alba del olvido», «Sitio del amor», «Verdad del sueño», «Secreta isla», «Reencuentro», «Laud memorioso», «Huésped sin sombra», «Alguien pasa» y «Viaje al ayer», entre otros.
Falleció en Marzo de 2009. ©
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