20 Sep 2009

Todos a casa

Escrito por: Pedro Horrillo el 20 Sep 2009 - URL Permanente

Se terminó. Las tres semanas llegaron a su fin y ahora mismo cada uno está ya camino de su casa. Todos contentos por volver, aunque algunos más satisfechos que otros, de eso no hay duda ninguna.
Valverde será de los que más, puesto que ha aprovechado de la mejor forma posible lo que ha sido su oportunidad de oro de ganar por fin una Gran Vuelta. Ni mala suerte ni desmérito de los demás, ha ganado por méritos propios tanto por su parte como por la de su equipo. Es destacable que ha ganado por regularidad, sumando puestos con el añadido de las bonificaciones, pero sin ganar ninguna etapa. Cosa extraña en un corredor con un instinto ganador como el suyo, pero lo que está claro es que desde el coche le han ido templando el nervio día a día, para que no sacase esa vena de clasicómano que es la que le ha dado otros momentos de gloria en su carrera deportiva.
Ahora llega el momento de dejar volar a la imaginación y soñar con ambiciones mayores, veáse el Tour, pero a todos nos pasa que cuando estamos animados vemos las cosas más fáciles de lo que en realidad son. Pues eso. Enhorabuena Bala, y enhorabuena a todos tus compañeros que han hecho que todo haya sido relativamente fácil.
No es el murciano el único ganador del día. Greipel se ha llevado el maillot de los puntos poniendo la guinda al ganar con superioridad en el último sprint, en La Castellana. Cuatro etapas para un corredor que en su equipo permanece oscurecido por la sombra de Cavendish, pero que ha demostrado que no tiene mucho que envidiarle al inglés, sobretodo cuando el equipo trabaja igual de bien con ambos.
Mouncotié se lleva la montaña y se anima gracias a ello a seguir un año más en activo. El Xacobeo gana por equipos habiendo estado presentes en todos los momentos en los que la carrera ha tenido algo que decir. Y Samuel y Evans suben al podio a acompañar al murciano. Samu como siempre, de menos a más y perjudicado por una caída tempranera. Evans, también como siempre, regular y discreto, pero sin fallar en ningún momento; su peor actuación vino precedida de un pinchazo en un mal momento. Pero de todas maneras ninguno de los dos dio la impresión de poder poner en serios apuros a Valverde, o sea, que tampoco han dejado la estela del: “lo que podía haber sido si….”
Gesink y Mosquera, los dos con más espíritu agresivo han sucumbido a la mala suerte. Para mi compañero, hubiese sido ya un éxito subir al podio, o sea que, ha sido una gran pena, pero ha demostrado que tiene un gran futuro por delante. Para el gallego una oportunidad perdida, y a su edad es difícil decir si van a surgir más, sobretodo si tienen un momento de forma tal dulce como el que ha disfrutado estos días.
Y esto ha sido todo, amigos. Siento despedirme de esta forma tan apresurada, pero me obligan mis obligaciones socio-culturales. Me han nombrado jurado de un concurso popular de tortillas en Abadiño, donde resido, y me acaban de llamar para avisarme de que están ya todas en la mesa. Y encima los participantes están hambrientos; ellos han trabajado, yo me la como, y encima les toca esperas. Hasta la próxima, que espero que sea pronto.

El acueducto de Toledo

Escrito por: Pedro Horrillo el 20 Sep 2009 - URL Permanente

Vaya empanada mental que me acabo de hacer. Hoy, al ver el recorrido de la contrarreloj, me he acordado de la etapa que hicimos en Toledo en la Vuelta del año pasado. Parte del itinerario de hoy era el mismo; si no me equivoco, la llegada era unos centenares de metros antes de la del año pasado, en la que ganó Bettini y Valverde fue segundo o tercero. Y una de las subidas me ha parecido la misma carretera que hacíamos el año pasado para bajar hasta el Tajo; aunque hoy la hacían en dirección contraria, en sentido ascendente. Recuerdo que Gesink tuvo un pinchazo en el tramo final y que tuvimos que ayudarle a reintegrarse en ese repecho de tres carriles de anchura que hoy constituía la última dificultad del recorrido. Y viendo las imágenes, no se porqué –quizá por lo singular de la arquitectura de aquel lugar- me venía a la cabeza el hotel en el que nos alojamos aquel día, un parador con excepcionales vistas sobre la ciudad. Claro, he recordado, si tengo incluso una foto que hice con el teléfono desde la terraza de la habitación. La he buscado y ahí estaba, una foto de poca calidad pero la suficiente como para ver al detalle el jardín del hotel con su piscina con el fondo de la ciudad monumental presidida por ¡un impresionante acueducto!. No puede ser, un acueducto calcado al de Segovia…menudo resbalón de neuronas.
Resulta que no, que aquel día nada más terminar la etapa nos dirigimos a la estación de tren camino de Lleida, creo recordar. Al día siguiente era día de descanso, y esa tarde era tarde de traslado. Y aunque la foto y el acueducto existen, de Toledo nada de nada. Aquello era Segovia y el día era otro, ese día que ganó Arroyo por delante de Kirienka, aunque quizá bien mirado, ganó más Kirienka que su rival; por algo son ahora compañeros.
En fin, que vaya empanada. Me puedo excusar con algo incontestable: desde mi accidente, con el golpe que cogí en la cabeza, hay cosas que no recuerdo. Seguro además que no será la última vez que la utilice. Pero aquí, entre amigos, confieso que esto no tiene nada que ver, que he mezclado recuerdos y me he hecho una “paja” mental de la que solo he salido cuando he comenzado a teclear este post.
Vuelvo a Toledo, a la carrera, y me disculpo por el equívoco. Al final Millar ha ganado la etapa, desmontando el tópico de que las últimas cronos de las grandes vueltas no son para especialistas, sino para los de la general que son los que llegan con fuerzas. Millar ha conseguido la tercera victoria para un equipo, el Garmin, que ha ganado en terrenos diferentes: una al sprint, otra en montaña y otra en contra el crono –ya el póker hubiese sido una en escapada, como la que estuvo cerca de lograr Maaskant el otro día-. Evans se ha alzado al podio final con merecimiento desbancando a un Basso que, estando siempre ahí, no ha brillado en ningún momento, a pesar del impresionante trabajo del modélico Smyzd. Samuel ha demostrado que ha llegado muy entero al final, y ha defendido ejemplarmente su segunda plaza, aunque sin poner en apuros al líder. Un líder, Valverde, que se ha limitado a cumplir el trámite con el mismo espíritu con el que ha corrido estas tres semanas: ser regular, constante, y no dando exhibiciones no vaya a haber que pagarlas. Y mi compañero Gesink, y Mosquera, bastante han hecho con terminar para asegurarse la sexta y la quinta plaza, respectivamente.
Y yo bastante he hecho con ver esa foto en mi teléfono, porque si no la llego a mirar, lo mismo escribo un artículo hablando de las excepcionales vistas de aquella terraza-mirador en la que estuvimos de tertulia aquella noche mi compañero Ardila y yo, mientras –no se si gracias a la claridad de la luna, o a la iluminación nocturna- mirábamos embelesados el acueducto de Toledo.

19 Sep 2009

Esclavo de su personaje

Escrito por: Pedro Horrillo el 19 Sep 2009 - URL Permanente

A ver, ¿he sido yo el único que ha visto en Samuel un esclavo de su propio personaje?. Yo pregunto, y el que quiera responder que responda, pero espero que haya al menos uno que piense como yo para así sentirme al menos comprendido.
Yo me imagino por ejemplo a….voy a buscar un ejemplo claro…a Chiquito de la Calzada. Va el hombre un día cualquiera y sale a dar un paseo por la mañana con su perro; el animal busca un objeto donde apoyar una de sus patas traseras y se pone a evacuar los residuos del reparador sueño nocturno, al igual que nosotros o su dueño hacemos cada una de las mañanas. Y entonces pasa un transeúnte a su lado, observa la escena y comienza a reírse con todas sus ganas: ¡Ese Chiquito, que bueno!¡Y encima con ese “fistro” de perro, eso es lo mejor!, piensa en su fuero interno ese observador. Y luego le dirige la palabra al humorista mientras trata de imitar con poca gracia el andar titubeante que popularizo el susodicho: ¡Eh, ese Chiquito, buenos días!. Y el pobre Chiquito, después de responder educadamente al saludo sigue tranquilamente con su rutina sabiendo que es el precio que tiene que pagar por la fama. Y que aunque ese día no se haya levantado especialmente inspirado, en cierta medida es esclavo de su personaje y debería actuar con un mínimo de gracia.
Así le he visto yo ayer a Samu. Que si llueve va a atacar bajando; que si es uno de los que mejor baja del pelotón internacional; que si es su oportunidad de poner en aprietos al líder o en el peor de los casos de descolgar a Gesink y auparse al segundo puesto de la general; que si se la juega al todo o nada aún puede conseguir la Vuelta. Y el hombre, o sea Samuel Sánchez, que no se ha levantado especialmente inspirado y que ha sufrido apuros para aguantar el ritmo del polaco en la subida, allí que se lanza como un poseso en los últimos metros de la subida para encarar el descenso en cabeza y cumpliendo con su oficio –como decía Extremoduro-, realizar un frenético recital de cómo mantenerse erguido sobre dos ruedas cuando la lógica indica que alguna de ellas, sino las dos, pierda la verticalidad y obligue al corredor a caer derrotado sobre el asfalto. Como me he liado: a bajar como un loco obligando a que Valverde, en un ejercicio de cordura, le deje marchar en solitario.
Eso es lo que yo vi, a Samuel esclavo de su personaje tratando de descolgar a un Valverde que daba la impresión de no pasar ningún apuro ante tal situación; y que incluso, tomándole la delantera en varias curvas mal trazadas, dejó entrever que en caso de necesidad, podía interpretar él mismo el papel de su oponente. Es decir, que a veces parecía que era Valverde el que no quería descolgar a Samuel para no usurpar el protagonismo de su rival.
No obstante Samuel consiguió el objetivo de desbancar a Gesink del segundo escalón del podio, pero eso no fue tanto mérito suyo como del destino. Un destino que quiso que mi compañero se machacase la rodilla hace un par de días, y que la factura de esa caída le llegase de manera cruel en el último puerto de la carrera. Amargo final para el holandés que no se merecía tal suerte.
Y el que si se la merecía, la suerte digo, era Cobo, más que nada por batallador. Me alegro por él. Arrancó en el momento justo sabiendo que por detrás bastante tarea tenían en vigilarse entre ellos. Y las fuerzas le aguantaron hasta la misma línea de meta, tal y como era el objetivo, y le regaló una victoria a un equipo necesitado de ellas.
Y Valverde, también esclavo de su propio personaje subió al podio de nuevo a recoger un maillot oro que aún no es definitivo, pero que casi, porque aunque mañana llueva en Toledo, nadie parece capacitado para quitárselo.

18 Sep 2009

Fútbol y ciclismo

Escrito por: Pedro Horrillo el 18 Sep 2009 - URL Permanente

No era mi intención, pero hoy estoy batiendo un récord. De todos los post publicados en este blog y de los artículos que he escrito en el pasado, este es el que más tarde se ha escrito. Adjunto los motivos por los que estoy aquí tecleando de madrugada.

Hoy he conocido el Campo de San Mamés, o La Catedral como les gusta llamarlo a los bilbaínos. Y no es que de repente me haya vuelto futbolero, que va, sino que he tenido que saldar una deuda que yo no sabía que tenía pendiente hasta que me la hicieron ver la semana pasada: ¿cómo se puede ser “bizkaitarra” y no haber pisado nunca San Mamés?. Tu rodilla no se si la arreglaré, me dijo Josean Lekue, jefe de los servicios médicos del Athletic de Bilbao, pero para lo otro tengo solución. Y sí, razón tenía, mi rodilla aún dará guerra durante mucho tiempo, pero la deuda ya está saldada. Gracias Josean.

O sea que vengo ahora mismo de presenciar un partido de la UEFA entre el Athletic de Bilbao y el Austria de Viena saldado con victoria roji-blanca por 3-0. Mi ignorancia en cuestiones futbolísticas es total, incluso diría yo que premeditada, pero le debo algo a ese deporte cuando pienso que yo llegue al ciclismo gracias a él. Tendría yo 14 o 15 años cuando me lesioné en un partido de fútbol. Yo jugaba de portero, esa era mi vocación y creo que no lo hacía del todo mal, pero cuando las cosas se ponían mal sacaban al portero suplente y me colocaban de defensa. Más que por talento por cabezonería, porque cuando a mí me decían que cubriese a un delantero ponía tanto empeño en ello que le amargaba la vida al pobre al que le tocase. El caso es que ya no recuerdo cómo, pero un día me lesioné, y como resultado me tuvieron que hacer una artroscopia en la rodilla izquierda –casualidad, la misma que 20 años después me está dando guerra- en la que me extirparon el menisco interno y externo. Como terapia el médico me recomendó andar en bici, le fui cogiendo el gusto, y de aquellos polvos estos lodos, como se suele decir.

Voy con la etapa de Ávila, que es lo que debería. Ha ganado un tal Philip Deignan, irlandés del Cervélo, un corredor que, como hoy el Austria de Viena, me sonaba de nombre pero nada más. Bueno sí, de Deignan me sonaba que antes corría en el AG2R francés, poco más. Le ha ganado al checo Kreuziger, otro que como decía de mi compañero Boom, nació con la clase instalada de serie. De todas formas, al igual que he pensado hoy del equipo austriaco, si estaba ahí por algo sería. Y es que la fuga buena se formó en la subida a Mijares, así que si el irlandés estaba en esa fuga ya era motivo para tenerle en cuenta. Y más viendo quienes le acompañaban en la aventura, en su mayoría buenos escaladores y algún que otro todo-terreno, como Gilbert.

El espectáculo ha estado en la fuga, porque por detrás el Caisse D`Epargne ha puesto una “marcheta” con Chente e Imanol, suficientemente dura como para aplacar los ánimos de los valientes. Subieron el inédito Alto del Collado Mediano, pero lo único que se puede decir de esa corta subida de duras pendientes es eso, que lo subieron y nada más. Y en la meta Mosquera y Gesink han perdido un segundo con respecto a Samuel, Evans y el líder Valverde, lo que no es una gran pérdida teniendo en cuenta el golpe que se pegaron el día anterior. Veremos mañana de lo que son capaces estos dos.

Y nada más por hoy, que mientras bostezo pienso que he debido de dejar la inspiración en la grada de San Mamés viendo con sorpresa como una centenar de Ultras austriacos calentaban una y otra vez al personal bilbaíno con cánticos de “Y viva España”. Por cierto, lo mismo que pensaría Deignan si hubiese oído hoy el pasodoble de Manolo Escobar. En eso también coincidía con los austriacos.

17 Sep 2009

Orhi y el último kilómetro

Escrito por: Pedro Horrillo el 17 Sep 2009 - URL Permanente

Me he perdido en el directo el mejor kilómetro de esta Vuelta a España. Que fíjate si son kilómetros, tres mil y pico deben de ser, y va mi hijo, y le da por apagar la tele en el que luego ha sido el mejor. Ni que lo supiese.

Y es que mi hijo pequeño ha cogido la manía de apagar el botón de encendido de la tele. Se lo toma como un juego. Se acerca corriendo a la pantalla, le da al botón, y te mira desafiante con la sonrisa en la cara. Yo le digo que no con la cabeza, muy mal, no, no, no… y el repite el gesto con bastante más gracia que yo. A veces incluso repite la escena, con la ventaja de que la vuelve a encender, pero no es más que para poder seguir con la diversión. Ese es el juego.

Hoy estaba yo viendo la etapa y en los últimos 20 kilómetros lo habrá hecho 4 o 5 veces. Entonces no me importaba demasiado; 5 en fuga con una ventaja que podía ser buena, pero que no parecía inquietar a los del pelotón. La diferencia con la escapada iba bajando levemente, pero los kilómetros hasta Talavera se iban consumiendo y todo parecía indicar que las opciones de los fugados eran cada vez mayores. En la pancarta de 10 a meta he visto claro que, salvo que comenzasen a racanearse entre ellos, llegaban. Y entonces a falta de unos 4 kilómetros se han comenzado a vigilar. Uf, les van a coger en pleno sprint, he pensado. Pero entonces he visto arrancar con fuerza a Maaskant y, conociéndole al holandés y sabiendo como es capaz de gastárselas, me he dado cuenta de que me equivocaba, y de que ya teníamos vencedor de la etapa. Pero entonces, justo antes de la rotonda anterior al último kilómetro, ha aparecido de la nada el francés, del que no tenía ninguna referencia, y ha llegado a su rueda con mucha facilidad. Vaya, a ver si va a haber sorpresa.

Han pasado en dúo el triángulo rojo, y justo entonces es cuando Orhi –mi hijo pequeño- ha hecho de las suyas. No, no, no… le he dicho; no, no, no… ha dicho él con su cabecita. Y entre que las agujetas de mi pierna no me han dejado actuar con rapidez, y que la tele ha tardado un rato en volver a dar señal, resulta que cuando la imagen ha vuelto he visto como Roux cruzaba la meta por delante de la avanzadilla del pelotón. Como no ha levantado los brazos, en ese mismo instante me he preguntado por Maaskant: ¿habrá ganado?. Pero en milésimas de segundo le he visto al francés levantando el brazo izquierdo en un gesto inequívoco de victoria, y ahí me he dado cuenta de que algo grande me he perdido.

Luego he buscado en Internet el video de ese último kilómetro, y he podido al fin disfrutarlo en toda su intensidad. Maaskant se ha apartado levemente con idea de vigilar a su oponente, y éste ha arrancado un sprint largo, largísimo, eterno teniendo en cuenta la fatiga que deberían de llevar en ese momento en las piernas. El holandés ha intentado cogerle la rueda, pero era tal la potencia de su rival, que se ha tenido que conformar con ver cómo ésta se le iba alejando irremisiblemente. Soberbio, a lo Cancellara. Así que apunto ese nombre, Anthony Roux en mi libreta imaginaria de grandes momentos del ciclismo actual. Así se hace, si señor, no me quito el sombrero porque no lo tengo, pero si lo tuviese, además de quitármelo se lo regalaría.

16 Sep 2009

Mejor estoy en casa

Escrito por: Pedro Horrillo el 16 Sep 2009 - URL Permanente

Si el “déjà vu” es el sentimiento de ya haber vivido antes algo nuevo, lo que yo sentí ayer al ver el resumen de la etapa no era esto. Era mucho más, era una certeza; la etapa de ayer la viví yo hace algo más de un año –recuerdo que era uno de los primeros días de La Vuelta-. El mismo recorrido, Córdoba-Puertollano, con el mismo sol brillando sobre los mismo campos igual de secos. La misma escapada, el mismo adormecimiento del pelotón y la misma caída. Tan solo dos diferencias sustanciales que más tarde recordaré.
Hace un año, como ayer, salíamos de Córdoba en dirección Norte, subiendo por tercera vez a la misma montaña del día anterior. De salida los sprinters y sus compañeros se situaron en cabeza de pelotón para ralentizar la marcha. Sin decir nada, su actitud era significativa: para qué vais a atacar si vamos a tirar a por vosotros, ¿no veis que hoy vamos a llegar al sprint?. Y así, unos con miedo a atacar, otros con miedo a que atacasen –yo formaba parte de estos últimos- coronamos el puerto en “entente cordiale” dejando que los implicados en la guerra por la montaña se repartiesen los puntos entre ellos, al igual que ayer. Y acto seguido, salió en solitario el valiente de la jornada. Todos contentos, él por el protagonismo, nosotros por la cómoda situación de carrera. En ambos casos fue un “Andalucía”. El año pasado “El Malagueta”, todo un clásico –y maestro- del oficio; este año Rosendo, uno de sus mejores alumnos.
Con la fuga ya cuajada, nos dedicamos a rodar con tranquilidad aprovechando para nuestras cosas y sabiendo que la última hora sería violenta. Ayer por ejemplo, seguro que alguno tuvo la oportunidad de charlar con algún otro por vez primera, pensando eso de “joder, si llevamos más de dos semanas aquí codo con codo y ni siquiera nos hemos saludado”. El terreno, llano según el perfil, “pestoso” según las piernas, recordaba que la etapa no era tan fácil como parecía.
Pasaron Los Pedroches camino de la llanura manchega, y vieron a cientos de aficionados con pancartas rojas reivindicando la estación del tren. Yo en mi artículo del año pasado hable de ellos, y unos días después recibí un mensaje de uno de ellos agradeciéndome la publicidad gratuita por su causa. Allí estaban de nuevo ellos, por lo que se deduce que la estación sigue sin aparecer. Animo amigos, que el que la sigue la consigue.
Y así, con Rosendo en solitario, o con Malagueta, lo mismo da, pasaron cuatro horas y el pelotón comenzó a lanzarse de manera exponencial. Y entramos en los últimos kilómetros, entraron ellos mejor dicho, y oliendo ya la meta se le dio caza al escapado. Y una vez en las calles de Puertollano saltaron de nuevo las bicicletas por el aire. Exactamente en el mismo lugar del año pasado, tiene su gracia, pero con distintos protagonistas; y ahí afortunadamente para mí, llega la diferencia entre un año y otro.
Este año fue Julian Dean el primero en caer, el año pasado creo que fue Vaitkus, aunque quizá fuese otro, mis neuronas no dan para más. El caso es que el efecto dominó afectó a otros ciclistas que en el momento menos pensado se vieron con sus huesos en el asfalto. Y yo este año no estaba entre ellos, aunque del año pasado no puedo decir lo mismo. Y con el pelotón roto por la caída, los primeros enfilaron la recta del sprint desbocados. Hace un año ganó Benatti, este año solo pudo ser tercero ante la fortaleza de Greipel. Pero eso es meramente anecdótico, aunque constituye la otra gran diferencia. Lo relevante para mí es que hace un año yo crucé aquella meta aún aturdido por el golpe; recuerdo que no me hice apenas nada, pero que nada más levantarme tuve que volver a sentarme en el suelo porque se me quedó la vista completamente en blanco. Pero este año he esquivado la caída inteligentemente, el cupo ya lo tengo cubierto. Así que en el fondo hoy me he alegrado de no estar por allí, porque de haber estado, ya me puedo imaginar dónde. Y para terminar como el año pasado, mejor estoy en casa, de eso no hay ninguna duda. Hasta mañana.

15 Sep 2009

Lars y Walter

Escrito por: Pedro Horrillo el 15 Sep 2009 - URL Permanente

Esta noche debería estar brindando en Córdoba, y no aquí en el sofá, pero si pienso en las palizas que tendría en el cuerpo después de dos semanas de carrera, y más aún después del tríptico andaluz, quizá me conforme con lo que he tenido de cena en casa. Ni tarta ni champagne. Aquí un yogurt y un vaso de agua, y a dormir tranquilo, que mañana no hay etapa.
Mañana leeremos un mentira a medias que irá acompañada del juego que da el apellido de mi compañero. Boom, explosión en Córdoba, y cosas por el estilo. Pero no, Boom no ha nacido ayer como ciclista, solo hace falta mirar brevemente su palmarés para darse cuenta de ello. Lo de ayer es un eco de una explosión primigenia que ya hace años que se produjo. Boom es talento en estado puro. Ya sea sobre la bici de ciclocross, sobre la cabra de contrarreloj o sobre cualquier artefacto que tenga dos ruedas. Calidad altamente contrastada. Hablar de clase en él es algo redundante, puesto que no hay que rodar más que un momento a su lado para constatar que este chaval, aparte de percha, tiene algo que impone.
Ayer se presentó en sociedad, pero entre los buenos aficionados, seguro que a nadie le ha sorprendido la exhibición del holandés. A mí lo que me ha sorprendido es que se haya estrenado a lo grande en su primera grande; es decir, no tanto el hecho de que haya ganado sino el cómo. Y el cuándo y el dónde: en la etapa de Córdoba, que todos sabemos que cuenta con una subida selectiva como es el puerto de San Jerónimo, y ya metidos en la tercera semana de carrera, con lo que ello conlleva de desgaste acumulado. Muy bien, Lars, sigues rompiendo moldes, y no quiero ni pensar cuántos te quedan por romper.
Porque resolver una escapada numerosa nunca es fácil, y menos aún si eres el único representante de tu equipo cuando hay otros que llevan compañeros. Pero si como ayer el terreno es selectivo, y es más cuestión de fuerzas que de corazón, ahí no hay ambición que valga. El que puede va para adelante y el que no, bastante tiene con sobrevivir.
Y yo ayer vi a un corredor excesivo. Que subía en solitario como si le fuese la vida en ello. Que una vez en el alto, en el duro terreno de toboganes que precedía a la bajada, lanzaba la bici con ambición como si la fatiga fuese una palabra sin significado. Y que ya bajando, trazaba la curvas a plena velocidad de un modo tan natural que hacía olvidar que el peligro estuviese por ahí escondido. Pletórico.
La última vez que estuve con él, allá por Marzo, cogía un vuelo al día siguiente para Brasil. Se iba de vacaciones después de la intensa temporada de ciclocross. Yo al de unos días me iba a la Tirreno-Adriático, ya metido de lleno en el torbellino de las clásicas de primavera. Medio año después y en su primera temporada entre los grandes, hemos podido comprobar que aprovechó bien aquel descanso.
Yo ahora me acuerdo de otro Boom, no de Lars sino de Walter. He visto fotos en Internet de Walter con las manos en la cabeza y el gesto preocupado. Era en una etapa del Giro en la que Walter iba como mecánico en el segundo coche del Rabobank. Un corredor de los suyos, no hace falta decir quién, se acababa de precipitar por un barranco y el equipo de rescate se afanaba en dar con él. La incertidumbre de lo que había sido de él en ese momento era total, pero viendo el precipicio nadie esperaba buenas noticias. Walter Boom, el mecánico y Jan Boven, el director, se llevaron las manos a la cabeza en un momento determinado, y un fotógrafo inmortalizo ese momento para el recuerdo.
Y espero que ayer hiciese lo mismo Walter, pero que una sonrisa inundase en ese momento su cara, no como la vez anterior. Un padre viendo como su hijo gana su primera etapa en una grande, eso no ocurre todos los días. Enhorabuena Lars y enhorabuena Walter, y espero que esta alegría te haga olvidar otras penas que quedaron en el camino. Apriétale a Lars que todavía vendrán más, ya lo sabes tú bien.

14 Sep 2009

Palmas por el 'show'

Escrito por: Pedro Horrillo el 14 Sep 2009 - URL Permanente

No quiero convertir esto es una especie de diario personal en el que poder contar cosas del tipo:” me levanté a la hora de siempre, me duché, y para no complicarme la vida, me puse la misma ropa del día anterior, excepción hecha de la interior. Por la tarde he ido al cine, pero como la película no me ha gustado prefiero ni mencionar ni el título, aunque tampoco era lo bastante infame como para no recomendarla”.

No, podéis estar tranquilos que no es ese mi estilo. No obstante, me gustaría dar un dato sobre el cómo, el cuándo y el dónde vi la etapa de ayer. Estaba en Cabárcerno, en el Parque de la Naturaleza pasando el día con mi familia. Como la pantalla del GPS del coche es también televisor, sintonicé el canal en el que retransmitían La Vuelta y me puse a escucharlo –con el vehículo en marcha se pierde la imagen pero no el sonido-. Y como coincidió que a las cinco de la tarde comenzaba el espectáculo de los leones marinos, aproveché la excusa de que uno de mis hijos dormía en el asiento trasero, para quedarme allí sentado en su custodia. Si alzaba la vista al frente veía a Cunego subiendo como un ángel por las duras rampas de la subida de meta. Si miraba atrás veía a mi hijo echando la siesta completamente abstraído de todo –ellos pueden-. Y si miraba a mi izquierda, veía a unas 200 o 300 personas (soy muy malo haciendo cálculos de multitudes, sobretodo si no van en bici) disfrutando del show. Y por debajo de ellos, aunque yo no podía verlos, dos leones marinos amenizaban la agradable tarde. No sabría decir cuál de los “shows” fue más interesante, pues yo solo vi uno, pero me quedé bastante satisfecho.

Yo vi el de La Pandera, el de Mosquera y el de Gesink –los dos de siempre- que fueron los que más atacaron. Vi el ritmo infernal que puso Szmyd preparando el ataque de Basso; un ataque que no vi no por falta de atención, sino porque que ni siquiera se produjo. Y vi como Valverde cedió un metro y otro y otro más, y miró hacia atrás buscando a un “Purito” que en aquel momento no estaba ni lo suficientemente lejos ni lo esperanzadoramente cerca como para salvar al murciano. Y también vi a Samuel cediendo, y después recuperando, y más tarde siendo de nuevo una amenaza para “El Bala”. Y pude ver otras muchas más cosas que me gustaron. Es decir, que tal y como esperaba, estuvo entretenido el “show”.

Por ejemplo el trabajo de Tankink, Rabuñal y Alan Pérez. Estos tres venían como despojos de la fuga buena del día, la misma de la que salió el ganador de la etapa. Pero una vez desposeídos de su opción de ganar la etapa, cada uno de ellos hizo lo que pudo por ayudar a su líder. Tankink tiró unos metros de Gesink mientras este trataba de auparse al liderato en el momento de crisis de Valverde. Rabuñal hizo lo mismo con Mosquera en la desesperada –y valiente- lucha del gallego por recortar el tiempo cedido en la caída de los primeros días. Y Pérez se intercaló entre el grupo de Valverde y Samuel tratando de que su líder tuviese un poco de respiro después del esfuerzo que había hecho para reintegrarse con ellos. Bravo por los tres.

Mi hijo se despertó cuando Basso cruzaba la meta, así que aún tuvimos tiempo de ver el salto de despedida de los leones marinos y como pedían el aplauso al público haciendo ellos mismo palmas con las aletas. Y yo aplaudí satisfecho dando las gracias por el espectáculo, pero sin confesarles que no era a ellos a quién aplaudía, sino a aquellos que en ese mismo momento estaban quitándose la arenilla de las orejas en lo más alto de La Pandera, a bastantes kilómetros de allí.

12 Sep 2009

Fuji y el Festival del Mar

Escrito por: Pedro Horrillo el 12 Sep 2009 - URL Permanente

Me pongo a escribir, y me atrapa una pequeña duda existencial. No se si esto es un blog personal, o es un blog sobre la Vuelta a España. No lo tengo del todo claro. Es cierto que tengo total libertad para contar lo que quiera y opinar de lo que me apetezca, pero se supone que viendo que este espacio está incluido en el seguimiento de la Vuelta a España por parte de El País, debería hacer cierto análisis de lo ocurrido.

Ahora bien, no me parece muy lícito ponerme ahora a desmenuzar lo acontecido durante la etapa cuando no he visto nada de lo ocurrido. Nada, absolutamente nada. Y las únicas noticias que he tenido de la Vuelta han sido cuando ya oscureciendo, he recibido una llamada de un amigo, Igor Antón, que quería más que nada saludarme y charlar un rato. Le he podido atender brevemente, escapando de mis obligaciones como padre, y me ha contado a grandes rasgos lo que ha sucedido en la etapa. Gracias Fuji, por la llamada primero, por los ánimos después, y finalmente por la información.

Yo hoy he tenido un día familiar. He estado todo el día de excursión en Santander disfrutando –y sufriendo también, porque menudo día guerrero han tenido- a mis dos pequeños, acompañado de mis suegros, mi mujer y de una pareja de amigos que han venido a visitarnos. Aquí se celebraba el Festival del Mar, y en el puerto atracados hemos podido ver una concentración de veleros de lo más curiosa. Y a la tarde hemos podido incluso subir a la cubierta de varios de ellos para verlos con mayor detalle. Hemos subido al “Mir” ruso, de 95 metros de eslora, al “Europa” holandés de 45 metros –he oído que el timonel de este barco es granadino, y entonces me he acordado de que hoy La Vuelta andaba por Sierra Nevada, aunque lo que me he preguntado es que de dónde le habrá venido la vocación a ese hombre siendo de allí-, al “Thalassa” holandés de 39 metros, y al buque de Salvamento Marítimo “María de Maeztu”, de 43 metros y que para mi hijo mayor era el barco de los bomberos, mientras que los otros eran simples barcos piratas. Ha sido una día agradable, pero confieso que ahora mismo estoy agotado, seguramente como estarán los que han terminado hoy la etapa en las faldas del Pico Veleta. No creo estar más cansado que ellos, pobres, pero estaré parecido, que todo un día danzando con mis limitaciones tampoco es nada fácil.

Y por lo que me ha dicho Fuji, me he perdido una bonita etapa. Eso era lo esperado, aunque también ayer, pero hoy ha debido haber más espectáculo. Una pena. Fuji me ha telegrafiado lo siguiente: ha habido una escapada de 30, en la que me he metido yo y dos más de los míos y tres de los tuyos; nos hemos ido nada más salir y Monachil ha puesto a cada uno en su sitio; Mouncotié ha hecho una subida soberbia, y ha ganado merecidamente, menudo corredor –eso me lo ha dicho él, pero estoy completamente de acuerdo-; yo cuando me he quedado he tratado de echarle un cable a Samu, que ha sufrido pero ha salvado la papeleta bastante bien; y en la general no ha habido muchos cambios: Danielson ha perdido bastante tiempo, Mosquera ha recuperado algo, Evans ha pinchado y ha perdido tiempo, y el tuyo (Gesink) ha llegado con El Bala (Valverde), pero El Bala ha cogido bonificación.

Y yo añado que bien por ti, Fuji, que después del leñazo que te pegaste el año pasado ya es mucho estar así de combativo, aunque el físico no te responda como antaño. Tranquilo que el año que viene volverás a ser tú mismo, paciencia. Y enhorabuena a Moncoutié, uno de los pocos franceses que caen bien en el pelotón, seguramente por su humildad aparte de su evidente calidad. Y lo de Gesink era lo esperado, porque preparó en Tour allí arriba, y se conocía la subida al mínimo detalle; no ganará esta Vuelta –ojala lo haga- pero ganará alguna otra, eso seguro. Poco más que añadir.

Si que podría hablar de La Ragua, un puerto que subí allá por el 96 en una excursión cicloturista ya fuera de temporada. Fui con un amigo (Igor Miner) a recorrer el Sur de España en bicicleta, con alforjas, sin dinero, pero lo más importante, con una desbordante ilusión. Bajando La Ragua por donde ellos subían hoy (por la cara de Las Alpujarras) nos paramos a coger prestado un poco de comida –robar no es el verbo teniendo en cuenta el hambre que teníamos-, uvas de mesa que estaban recolectando en aquella época. Recuerdo el sabor de aquellas uvas calientes, recuerdo los granos que tuvimos que aguantar varios días por comerlas sin ni siquiera limpiarlas. Y recuerdo como disfrutamos el paisaje y las gentes de “La Alpujarra”, y me dan pena los corredores, que hoy han pasado por allí sin ni siquiera oler nada de todo esto, ni las uvas ni el placer de estar sentado en una sombra viendo como pasa el tiempo. Al menos no tendrán que soportar la urticaria, que fue bastante molesta pero que hoy se recuerda con cariño, con nostalgia incluso. A ver si mañana no me pierdo la Pandera, ya contaré.

De vuelta a la Vuelta

Escrito por: Pedro Horrillo el 12 Sep 2009 - URL Permanente

Ya estamos todos de vuelta. Se acabaron los días de descanso, las convalecencias, las vacaciones y todo eso que pueda sonar a confortable. Estamos de Vuelta, y esto no se parará hasta que lleguemos a Madrid, que es el final en lo que concierne a este caso. Iba a escribir que esto no parará hasta que lleguemos al final, pero me ha recordado a esos que nos animan en los puertos diciendo: ¡ánimo, venga que termina arriba! Y como en ese caso no me suele hacer mucha gracia, pues he preferido poner Madrid. Espero que aclarado quede.

Yo hoy tengo una opinión como espectador, pero estoy convencido de que si estuviera donde debería estar, es decir en la Vuelta, mi opinión sería bien diferente. Incluso diría que radicalmente opuesta.

Como espectador me ha parecido una etapa sosa y descafeinada, en la que el espectáculo ha sido menor del esperado. Un día menos para Madrid, y una oportunidad más semi-desperdiciada para los –pocos- que optan a subir a lo más alto del podio. No totalmente, porque movimiento ha habido entre los favoritos, pero esperaba mucho más de desgaste por la dureza del terreno por el que transitaban. Esperaba ver las espadas en alto ya desde la primera subida a Velefique, esperaba tácticas agresivas en la subida a Calar Alto, y esperaba que después de todo esto, Mosquera o Gesink (o ambos dos) pegasen el hachazo en la primera rampa de la última subida. Tan sólo acerté en el nombre de estos dos protagonistas, cosa que tampoco tiene mucho mérito; del resto no vimos nada. Claro que entiendo que el equipo de Valverde puso el ritmo que mejor les venía para tener todo bajo un cierto orden; y que si ese ritmo no debía ser muy exigente, pues mejor que mejor para todos ellos. Ganó Hesjedal, superviviente de la fuga del día con la avanzadilla del pelotón, encarnada en los dos que he dicho antes, pisándole los talones. Debería haber ganado David García, pero tuvo que precipitar su ataque final por la cercanía de los dos perseguidores, y se quedó sin gas antes de lo debido.

Claro que si yo mismo leyera estas líneas que acabo de escribir ahora mismo, después de haber hecho la etapa de ayer sobre la bicicleta, diría, tras leer el nombre del autor: pero este listo… ¿qué se ha creído?....va a haber que regalarle una bicicleta para que sepa de lo que habla. Y luego pensaría: más de 4000 metros de desnivel, que se dicen pronto, pero que nadie hace el cálculo del número de pedaladas que implican, la cantidad de minutos moviendo resistencia, oponiéndose a la fuerza de la gravedad. Eso después de casi dos semanas de esfuerzo y en perspectiva de lo que aún tenemos por delante. Y todavía habrá alguien que se crea con derecho a exigirnos que echemos la bilis por el esfuerzo: vagos, que os damos un día de descanso y nos lo pagáis de esta manera. Y ya lanzados, seguro que algún otro nos pedirá que mañana haya zafarrancho en La Ragua, como si fuera poco con subir Monachil y continuar hasta Sierra Nevada. ¿Ya hay alguno de éstos que sepa de lo que habla?

Las cosas se ven diferentes desde casa, así es, uno enciende la 'tele' y quiere diversión, que para echar siestas, también se pueden echar con la 'tele' apagada. Yo suelo aprovechar los momentos en los que nada pasa para hacer labores domésticas, ayer por ejemplo tuve tiempo para hacer unas cuantas. Pero en el pelotón, un no-escalador como yo piensa de manera diametralmente opuesta: A ver si vamos de paseo hasta la última subida, que una vez allí ya da todo igual. A ver si la fuga se hace rápido, y en el caso de que me meta en ella, a ver si hay entendimiento y ponemos un ritmo asequible. Y a ver si ya encima hay mucha suerte y los del pelotón nos dejan hacer, y podemos incluso rascar algo, aunque ya eso es mucho pedir, me he excedido hoy con los “a ver si”.

Y ya puestos, como despedida, dejaré otro más: A ver si mañana vemos una etapa más interesante, que si no me borro.

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