13 Nov 2008
Desapariciones y duelo
Los familiares de personas desaparecidas experimentan el duelo de manera diferente de quienes lloran la muerte de seres queridos. Por lo general, en el caso de personas desaparecidas, no se realiza una adecuada ceremonia para dar el último adiós. Muchos profesionales de la salud mental han observado que si los familiares optan por aceptar la muerte de la persona desaparecida, sienten que la están "matando" [2]
. O pueden tener fantasías de que su ser querido está viviendo en algún lugar lejano y que no vuelve a casa porque no le está permitido, o que está en prisión. Por ejemplo, durante la campaña de Anfal en Kurdistán (1987-1989), tuvieron lugar ejecuciones y desapariciones masivas de varias decenas de miles de no combatientes (incluidos niños y mujeres). En otros casos, se dio muerte a todos los habitantes de algunos poblados. La gente sabía de historias sobre pelotones de ejecución. Aún así, se mantenían ciertas esperanzas sobre la base de rumores según los cuales, nacionales kurdos estaban retenidos en centros secretos en el desierto para futuras negociaciones, y combatientes de la guerrilla kurdos eran sometidos a la esclavitud [3]. De todos modos, las esperanzas de los familiares de encontrar a sus seres queridos con vida no pueden ser consideradas totalmente irrealistas, porque muchos kurdos han encontrado asilo en otros países [4].
Las personas que no cuentan con la posibilidad de llorar a su ser querido fallecido pueden no ser capaces de realizar efectivamente el duelo y pueden sufrir la detención del proceso de duelo o reacciones atípicas [5]. La incredulidad continua acerca de la muerte de un ser querido impide a las personas iniciar el proceso de duelo normal e implica un riesgo elevado de duelo complicado. Se ha observado que los familiares de personas desaparecidas tienen más ansiedad y trastornos por estrés postraumático (TEPT) [6] que los familiares de personas fallecidas [7]. Pueden padecer insomnio, pensamientos con imágenes de los muertos, períodos imprevisibles de ira, ansiedad, culpa del sobreviviente, paralización de emociones y retraimiento respecto de los demás. Estos síntomas son típicos del duelo crónico e irresuelto, así como del TEPT [8].
[1] Shari Eppel, Amani Trust Zimbabwe, "Healing the dead to transform the living: Exhumation and reburial in Zimbabwe", Regional and Human Rights´Contexts and DNA, Universidad de California, Berkeley, 26-27 de abril de 2001.
[2] Boehlein, op.cit. (nota 8), pp. 765-772; D. Becker et al., "Therapy with victims of political repression in Chile: The challenge of social repatriation", Journal of Social Issues, vol. 46, n° 3, 1990, pp. 133-149.
[3] Human Rights Watch, op.cit. (nota 12), p. 337.
[4] ACNUR, "Background paper on Iraqi refugees and asylum seekers", Centro de Documentación sobre Refugiados del ACNUR, Ginebra, noviembre de 1994.
[5] Becker et al., op.cit. (nota 16), pp. 133-149.
[6] Los criterios para diagnosticar el trastorno por estrés postraumático (TEPT) son: 1) exposición a un acontecimiento extremo, fuera de las experiencias humanas normales; 2) reexperimentación persistente del acontecimiento traumático; 3) evitación persistente de estímulos asociados a la experiencia traumática y embotamiento de la reactividad general del individuo; y 4) síntomas persistentes de aumento del estado de alerta. Al menos dos de los síntomas siguientes: dificultad para conciliar el sueño, irritabilidad, ataques de ira, problemas de concentración o hipervigilancia. Manual para la investigación y documentación eficaces de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, Protocolo de Estambul, remitido al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 9 de agosto de 1999.
[7] Boehnlein, op.cit. (nota 8), pp. 765-772; Entrevistas de Libby Tata Arcel con sobrevivientes de la guerra entre Bosnia y Croacia, datos no publicados, IRCT Dinamarca (de aquí en adelante, entrevistas del IRCT); G. Quirk y L. Casco, "Stress disorders of families of the disappeared: A controlled study in Honduras", Soc. Sci. Med., vol. 39, n° 12, 1994, pp. 1675-1679.
[8] Boehnlein, op.cit. (nota 8), pp. 765-772.
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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Caminito dijo
Horrible y dolorosísimo el tema de las desapariciones. Tremenda la canción!!
Un abrazo, Hiri.
José Ignacio Izquierdo Gallardo dijo
Buen artículo. Un tema escabroso y duro.
Saludos
Valdemar Canaris dijo
Tener a un ser querido en ese limbo de los desaparecidos debe ser terrible. Pobres los que tengan que pasar por ahí.
Felicidades por el post,
Valdemar Canaris
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