09 Nov 2008

TURISMO RURAL / LA RUTA. VILLAMEDIANA (PALENCIA)

Escrito por: hirimotu2 el 09 Nov 2008 - URL Permanente

TURISMO RURAL / LA RUTA. VILLAMEDIANA (PALENCIA)
Esta villa retraída pone el contrapunto al universo de la película escogida para representar a España en los Oscar. Pero no es este su único pedazo de gloria. Un noble gongorino y temerario había inmortalizado tres siglos atrás su renombre
El consulado de Obaba

ERNESTO ESCAPA
Villamediana comba su caserío por el cuenco de un vallejo que se derrama desde el monte Astudillo. En realidad este asentamiento retirado del Pisuerga lo escogieron los huidizos mozárabes, que gustaban de recluirse en parajes con poco tránsito. Para ello renunciaban a la prosperidad de la vega fluvial y a los beneficios del peaje...
... escogiendo la tranquilidad de un rincón a la vez inadvertido y abrigado. Un lugar todavía hoy recóndito, al que sólo se llega a propósito. Abajo, junto al río, está el pago de La Encomienda, recorrido por el canal de Villalaco, también bautizado como de Alfonso XIII. Fue solar habitado por una villa romana de la que hay testimonios cerámicos y se conserva una estela en el Museo de Palencia.

La casona con su fuente pregona todavía hoy la fertilidad de la ribera. Pero no fueron los temerosos mozárabes los únicos que prefirieron el retraído valle del Ausó para aliviar sus daños y reconstruir sus vidas. A mediados de los ochenta se instaló en una casa del barrio alto de Villamediana un treintañero Joseba Irazu obsesionado por recuperar los trazos del paraíso. Seguía el rastro de un jesuita exclaustrado y traía en el macuto una novela urbana y un poemario de lejana cartografía firmados con el seudónimo de Bernardo Atxaga.

El resultado de su estancia fue un libro coral transitado por múltiples voces que iba a suponer el primer reconocimiento peninsular de un autor en euskera. Obabakoak recibió el Premio Nacional de Narrativa en 1989.
Después de múltiples ediciones y de un éxito resonante, que lo convirtió en pieza fundacional de la nueva literatura vasca, su universo creativo fue trasladado al cine por Montxo Armendáriz. La peli representará al cine español en la próxima edición de los Oscar.

UN CONDE GANDUL Y DISOLUTO

El libro, traducido por el propio Atxaga al castellano, alberga en su interior el homenaje al pueblo de Villamediana, que constituye una estupenda bitácora para descifrar bastantes de sus secretos y algunos de sus enigmas.

Una geografía poblada de páramos boscosos que traen de cabeza a los cazadores del bar Nagasaki; un escenario surcado por un arroyo sin agua pero con una tragedia a sus espaldas que todavía agita la memoria de la gente; una villa habitada por la sombra de un conde gandul y disoluto y dominada por las sutiles espadañas de su iglesia de Santa Columba.

Guia
COMO LLEGAR
A Villamadiana se accede desde la autovía de Castilla, en un desvío señalizado entre Magaz y Torquemada.
DONDE COMER
En Torquemada, El Rompeolas (979 800 127) es un clásico de la gastronomía tradicional. También Carazo (979 800 134). En la autovía, Las Lagunas (979 800 406).
TURISMO RURAL
En Reinoso de Cerrato, la Casa del Escultor (979 741 539). En Villalobón, El Mesón (979 726 687). En Astudillo, Casa San Pedro (979 822 483) y San Vitores (979 822 090).

Monolito de la inundación.


Silueta de la iglesia de Santa Colomba que preside la localidad palentina de Villamediana. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA

Villamediana tiene un acceso directo desde la autovía, entre Magaz y Torquemada. Por el camino, que el viajero recorre imantado por la estatura de su iglesia renacentista, se ofrecen a la izquierda dos chozos pastoriles, puestos a buen recaudo por un arreglo reciente.

Antes de entrar al pueblo echa el primer freno la carretera de Valdeolmillos a Torquemada, que es como una ronda de sosiego que sustituyera a la cerca derruida. A la derecha, sobre el cerro que ocupó en su día el telégrafo de espejos, se levanta la arboladura de antenas de un destacamento de transmisiones. Esta loma horadada de oquedades y cuevas separa el valle de Villamediana de Valdesalce, donde está el santuario que concentra la devoción de la comarca.

El postigo de la Esclavina preside la entrada de Villamediana. Es un portillo de la vieja muralla que realza la ermita de la Virgen situada encima. Una amplia escalera lateral da acceso a la capilla. Repite el modelo del Ojo de la Virgen de Dueñas y su emplazamiento ha servido para conservar este mínimo vestigio de la cerca que todavía en el diecinueve abrazaba el caserío de la villa.

El plano de Villamediana agrupa sus cuatro barrios en varias calles longitudinales a este lado del arroyo enladrillado y en el laberinto que se derrama desde la atalaya de la iglesia. Tras el postigo de la Esclavina discurren las calles del obispo Almaraz y la calle Mayor, esta ya peraltada en la ladera. Al lado de la panadería se aprecia todavía el conjunto de casas segregadas que perteneció al conde.

Ahí estuvo la residencia señorial de aquel poeta gongorino que se jugó el pellejo en sátiras a la corte y galanteos a la reina. Juan de Tassis y Peralta sería enterrado en San Agustín de Valladolid después de recibir una estocada tan certera que lo desangró por completo.

Nunca se supo si el asesino, que se esfumó para siempre, actuaba por cuenta del rey, celoso de su cortejo a la reina, de sus compañeros de sodomía, asustados por la inmediata declaración de Tassis ante el Tribunal que los juzgaba, o de alguna de las muchas víctimas de sus sarcasmos.

RECINTO VEGETAL

Pero antes de demorarse en el callejeo, conviene ascender a la atalaya de Santa Columba. De camino, un parquecito realza la prestancia de la fuente de doble ojo de 1683. Luego, es posible seguir hasta la eminencia de la iglesia por el camino de las bodegas o bien a través de la escalera de piedra que se hizo en 1786, defendida en sus accesos por dos trampas de hierro que impedían el paso de los animales al culto.

La iglesia actual sustituyó a otra anterior mozárabe y se levantó en el trece con añadidos y reformas en los dos siglos siguientes. Un atrio de siete huecos, que se antepone a la portada gótica, fue desnaturalizado al situarse encima la sala capitular. El retablo mayor es la joya de este templo y ha alimentado la codicia de los robos. El barrio de la iglesia atesora en su pendiente los rincones con más sabor.

Tras el ábside emergen los muñones del barrio que Atxaga llamó de las casas muertas. Calles de ortigas, muros vencidos y bodegas clausuradas, algunas con viejos trillos adaptados como puertas. Por el centro del pueblo discurre el arroyo subterráneo bajo un tupido paseo de plátanos. Junto al ayuntamiento un monolito recuerda la tragedia de las inundaciones de 1898 con la relación de sus veinte víctimas.

La plaza es un recinto vegetal cuya floresta apenas permite ver las casas por debajo del voladizo de las solanas. En la esquina de Obispo Almaraz hacia el ensanche de la plaza, un amplio soportal con columnas de piedra atestigua la hechura monumental de Villamediana.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

m.p.moreno

m.p.moreno dijo

Divertido, alegre, dicharachero, culto ...; me encanta como escribes! Buscaba datos de Villamediana y he disfrutado leyendo esto.

Pedro

Pedro dijo

Nunca, nunca podría yo hacer un descripción de mi pueblo

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