24 Ene 2011
23 Ene 2011
El viejo Gainsbourg ha vuelto.
22 Ene 2011
Pilar Pedraza. Literatura gótica.
Pilar Pedraza
Pilar Pedraza (nacida en Toledo en 1951) es una escritora española. Su obra tiene dos vertientes principales: la narrativa de terror y el ensayo. Desconocida del gran público, es una escritora de culto, cuyo peculiar feminismo sadiano recuerda a la controvertida pensadora norteamericana Camille Paglia y a la novelista británica Angela Carter.
Biografía
Tras doctorarse en Historia en Valencia, desde 1982 ejerce como profesora de Historia del Arte en la universidad de esta ciudad. Durante un tiempo, fue asesora de cultura de la Generalidad Valenciana. A lo largo de su trayectoria, compagina la docencia y la investigación con la creación literaria.
Obra
Narrativa
Los cuentos y novelas de Pilar Pedraza presentan personajes y ambientes inquietantes, en los que la presencia siniestra de lo sobrenatural (muertos que retornan a la vida, demonios, objetos encantados) se asocia a la locura, la muerte y el placer sadomasoquista. Esta temática, que domina su primera novela, Las joyas de la serpiente (1984), sufre una estilización paulatina en posteriores entregas. En La perra de Alejandría (2003) Pedraza nos ofrece una versión peculiar de la historia de Hipatia (Melanta, en la novela), a la que presenta como víctima de la confrontación entre el culto de Dioniso y el de Cristo, liderado por el obispo Críspulo (trasunto de Cirilo de Alejandría).
Ensayo
La labor investigadora de Pedraza se centra en tres campos: el arte y la sociedad del Renacimiento y el Barroco, el Cine y la misoginia. En la trilogía formada por La bella, enigma y pesadilla (1991), Máquinas de amar. Secretos del Cuerpo Artificial (1998) y Espectra. Descenso a las criptas de la literatura y el cine (2004), Premio Ignotus 2005, explora distintas facetas del miedo y la fascinación que provoca en el hombre la imagen de la mujer siniestra, vista como seductora letal, androide sin alma o cadáver que desafía la muerte. Venus barbuda y el eslabón perdido (2009) prosigue esta vía de investigación, abordando esta vez a la mujer barbuda o velluda como freak que transgrede la frontera entre los dos sexos y vincula a la mujer con la animalidad.
Traducción
Es de resaltar su edición y traducción de la obra de Francesco Colonna El Sueño de Polífilo.
Obra
- Narrativa
- Las joyas de la serpiente (1984)
- Necrópolis (cuentos) (1985)
- La fase del rubí (1987)
- Mater Tenebrarum (cuentos) (1987)
- La pequeña pasión (1990)
- El gato encantado (1992)
- Las novias inmóviles (1994)
- Paisaje con reptiles (1996)
- Piel de sátiro (1997)
- Arcano 13, cuentos crueles (2000)
- Fantástico interior: antología de relatos sobre muebles y aposentos (2001)
- La perra de Alejandría (2003)
- El síndrome de Ambrás (2008)
- Ensayo
- Barroco efímero en Valencia (1982)
- Tratado de arquitectura de Antonio Averlino "Filarete" (1990)
- La bella, enigma y pesadilla (1991)
- Federico Fellini (1993)
- Máquinas de presa: la cámara vampira de Carl Th. Dreyer (1996)
- Máquinas de amar. Secretos del Cuerpo Artificial (1998)
- Metrópolis, Fritz Lang: estudio crítico (2000)
- "La mujer pantera": Jacques Tourneur (1942) (2002)
- Espectra. Descenso a las criptas de la literatura y el cine (2004) (reseña)
- Venus barbuda y el eslabón perdido (2009)
- Traducción
- La fuga de Atalanta: alquimia y emblemática (1989)
- Sueño de Polífilo (1999)
Véase también
Enlaces externos
F: De Wikipedia, la enciclopedia libre.
10 Ene 2011
El lenguaje de la basura
REPORTAJE: vida&artes
El lenguaje de la basura
El insulto se ha instalado en la conversación española y convertido en espectáculo - La degradación del trato es la consecuencia de un vocabulario cada vez más desconsiderado con los otros
JUAN CRUZ 09/01/2011
En la última escena de la película La lengua de las mariposas, basada en el relato del mismo nombre de Manuel Rivas, un niño pugna con sus padres y otros vecinos en la búsqueda de insultos cada vez más contundentes contra el maestro, un republicano que en el filme encarna Fernando Fernán-Gómez.
En la última escena de la película La lengua de las mariposas, basada en el relato del mismo nombre de Manuel Rivas, un niño pugna con sus padres y otros vecinos en la búsqueda de insultos cada vez más contundentes contra el maestro, un republicano que en el filme encarna Fernando Fernán-Gómez.
Al muchacho no le llegan los insultos que busca; el maestro al que ahora insultan y apedrean fue quien le enseñó a leer. Luego estalló la guerra y la población se hizo del lado nacional y persiguió al maestro por rojo.
Entonces la vecindad le gritaba rojo, cabrón, mientras los sublevados lo cargaban en los furgones terribles. Entonces el niño encontró en su memoria dos palabras que gritó con todas sus fuerzas:
-¡¡¡Tilonorrinco!!! ¡¡¡Espiditrompa!!!
Él no había aprendido insultos... En realidad tilonorrinco es un bicho raro que habita en Australia y espiditrompa es la lengua de las mariposas... Palabras del maestro.
Los insultos tienen su origen en el desdén o en el odio; como dice el filósofo Emilio Lledó, tienen por objeto "la descalificación del otro, la anulación del prójimo". Es una bofetada, un ninguneo. Y un chantaje.
Insultar es grave, pero la sociedad se está acostumbrando. Acaso porque las palabras pesan menos, o, como dice José Luis Cuerda, el director de aquella película, "porque las palabras se han abaratado". La costumbre del insulto ha arraigado de tal manera que los insultos se televisan; en reality shows y otros programas de tertulias, mujeres y hombres, a veces con estudios, por ejemplo de periodismo, se descalifican entre sí con insultos que emiten gritando. Son, descalificaciones, "intentos", como reitera Lledó, "de anular al otro, chantajes, por tanto".
Si eso fuera pedagogía, "y los medios son pedagogía", eso sería lo que está aprendiendo esta sociedad: que el insulto sale gratis. Juan Marsé, premio Cervantes, dice que lo que se oye en esos programas "se dice para crear crispación"; los moderadores, que están ahí para ejercer ese poder, "parecen recibir órdenes para hacer todo lo contrario", pues cuanto más sube el volumen de la discrepancia más audiencia parece registrarse...
"Si no hay polémica", dice Marsé, "no hay espectáculo". Y es de lo que se trata: el insulto es el espectáculo. José Luis Cuerda reconoce que si lo que se dicen los políticos entre sí, en el Parlamento o en los mítines, se lo dijeran otros poderosos (los banqueros, por ejemplo), "estaríamos en una guerra". Imaginemos, consideraba el cineasta, que el presidente del Santander se sube a una tribuna para afearle al presidente del BBVA cómo está gestionando su banco... "E imaginemos que termina así su parlamento: '¡¡Váyase, señor González!!'. Pues en esos niveles estamos".
Así que los medios, sobre todo los medios audiovisuales, están tejiendo la madeja en la que se ha enredado la sociedad del insulto y del taco, "la sociedad del lenguaje basura", que dice Emilio Lledó. La conversación se interrumpe, alguien da un manotazo en la mesa y grita "¡Vamos al grano!". "El que grita más se lleva el turno, y ese que grita ¡vamos al grano! es apreciado porque es más directo y más sincero; cuanto menos elaborado es el lenguaje, más aprecio parece tener lo que dice". Quien señala a los que gritan "¡vamos al grano!" es otro filósofo, ahora ministro de Educación, Ángel Gabilondo. "Es el mundo al revés: el que habla bien, correctamente, no tiene sitio; el más descuidado, el que grita o insulta tiene una recepción más considerada, como si aquel que cuida su expresión fuera sospechoso de falta de compromiso...".
Lledó dice que "el mal hablado suele ser el mal pensado, el que piensa mal"; pero el mal hablado tiene hoy mucho predicamento, en la vida y en los medios. Álex Grijelmo, presidente de Efe, que ha escrito El Libro de Estilo de este periódico, y además un libro que se titula El estilo del periodista, considera que la impunidad del insulto ha agrandado su presencia en la sociedad. "Y no hay insulto justificable. No es justificable insultar a un cargo público, pues en su sueldo no está el hecho de que pueda ser insultado. Y no se puede insultar a nadie, por principio. En los medios podrías justificar ciertas expresiones descriptivas, aguafiestas, por ejemplo, o lerdo; y la reproducción de insultos dichos en público se puede justificar tan solo por la relevancia de la persona que los ha proferido, el contexto en que se haya dicho, y solo tiene sentido si se entrecomilla..."
El insulto es compañero de la mala palabra, que puede resultar, en sí misma, insultante... Grijelmo ve el taco o el insulto más en los medios audiovisuales que en los medios impresos. Para el taco dicho en los medios, o a destiempo en las intervenciones públicas, o incluso en las conversaciones privadas, tiene una comparación: "Los tacos son como la ropa. No puedes ir con un pijama a una boda ni meterte en la cama con un traje... En un determinado ámbito los tacos funcionan y son útiles. Un médico puede soltar un taco muy eficaz en una conversación informal, pero sentaría muy mal escuchar el mismo taco en un congreso de cirugía...".
Se está produciendo una degeneración del trato, dice Marsé, y se está produciendo una degradación del lenguaje público, añade Grijelmo. Y, por tanto, se está despreciando el significado de las palabras. "Ahora", cuenta Grijelmo, "se dice censura, tortura, nazismo, en circunstancias en que no es correcto decir que alguien ha censurado, o que alguien ha torturado, o que determinada actitud es propia del nazismo. Se dicen esas palabras y quienes las dicen no las pesan". De ese tipo de degradaciones viene lo que Lledó llama el lenguaje basura, basado en el insulto.
Humberto López Morales, el académico de origen cubano que acaba de publicar el libro La andadura del español por el mundo (Premio Isabel de Polanco de Ensayo) se quedó a cuadros un día en que miraba en su casa un programa de la televisión española en el que se incluía una entrevista a un escritor. Él escuchó atónito que el locutor le preguntaba al autor sobre el calificativo "mierda" que le había dedicado un colega. Inmutable, el interpelado se entretuvo en la palabra que le habían arrojado y la conversación giró en torno a la mierda. "En América eso hubiera sido imposible, y es imposible. En España", dice López Morales, que en aquel libro estudia la evolución social del español en el mundo, "se ha degradado la conversación cotidiana, y los medios audiovisuales son el origen y el amplificador de esta situación...". Hace unos días estuvo en un bar elegante escuchando hablar a chicas elegantes de Madrid. "Lo que decían, aquel es un cabrón, lo otro es acojonante, es impensable en América; y eso significa que palabras que fueron tabúes ya han sido objeto de una destabuización, como decimos en sociolingüística...".
"Palabras tradicionalmente proscritas de la conversación, y sobre todo de la conversación en los medios, ocupan el centro de la mesa, y aparecen también por escrito, sin comillitas ni nada", dice López Morales. "Lea usted artículos de gente muy relevante, en la prensa diaria española; verá que traspasan todos los límites, hablando de los políticos, por ejemplo. El insulto, las palabras que lo conforman, parece que ha llegado para quedarse, lo que produce un bajón de calidad del discurso público y, por ende, del discurso privado".
El insulto es una cobardía que pretende dejar al otro indefenso. Es lo que dice José Luis Cuerda. "Un insulto tiene siempre resultados irremediables. Tú insultas a alguien. ¿Cómo te puede responder? La conversación es una cuestión de causa-efecto. Si tú le dices a otro 'hijo de puta', ¿qué esperas que pase luego? Alguna vez he ensayado, cuando me han llamado hijo de puta, a hacer esta consideración: Es imposible que eso te conste. Pero, claro, no siempre puedes reaccionar así...". Cuerda se pregunta cómo se puede aguantar, en el ámbito político, la esquizofrenia de los que insultan por oficio y luego han de convivir. "Esos políticos que se suben al atril, despotrican, y luego bajan y le preguntan al contrincante al que han puesto verde cómo va el hijo con la gripe...".
El insulto ya es una institución amparada por la tele, sobre todo. Ahora enchufas el aparato, buscas determinados diales, y si te has situado ante la pantalla con ganas de bronca la tienes. Marsé cree que "si no hay polémica no hay espectáculo"; Alicia Gómez Montano, la directora de Informe Semanal, de Televisión Española, está de acuerdo; ella ve con espanto cómo algunos compañeros (y otros intrusos) prolongan o excitan los insultos, entre ellos mismos o entre sus invitados. Eso invierte las reglas del oficio "tal como nos lo enseñaron; teníamos que ser respetuosos con la ética, nos teníamos que basar en la dialéctica y en la retórica, teníamos que cuidar el lenguaje, había que respetar a todo el mundo, a los anónimos y a los protagonistas... En lugar de eso, asistimos a esos sms defectuosos de la comunicación, estos mensajes cortos y eficaces que tienen el efecto de paralizar a los insultados".
Los espectadores, incitados por esa cadena de basura (por decirlo como lo define Emilio Lledó), "tienden a repetir lo que oyen. Y ahí tenemos el lío armado". Montano nos pide que nos fijemos en lo que algunas cadenas de la TDT "hacen con Leire Pajín, cuyas declaraciones ralentizan para que sean más evidentes esos morritos de los que ha hablado cierto alcalde...".
Marsé cree que algunos moderadores de programas en los que unos y otros pugnan por hablar más alto reciben indicaciones para que el griterío sea mayor. "Muchos hechiceros de la información", añade Montano, "saben que valen lo que insultan o lo que gritan; y saben que tienen el tiempo tasado. Gritan e insultan para hacer ese tiempo más rentable".
Nuria Espert, la actriz, contempla el panorama con "una preocupación creciente. La conversación se ha degradado de una manera alarmante, va camino de una vulgarización fatal... Como si hablar bien fuera de presuntuosos". Ahora ya no valen los límites de la vida privada, tampoco los que impone la privacidad de los políticos, "se han bajado tantos escalones... Los políticos, para ser más cercanos, se han aligerado su equipaje verbal; deben creer que no es rentable hablar bien, y deben ser conscientes, como algunos comunicadores, de que la zafiedad y la pobreza de pensamiento les acerca al electorado. Qué deben pensar que es el electorado".
En La lengua de las mariposas el niño que le grita al maestro arroja por fin una piedra, el insulto máximo. A veces las piedras son menos contundentes que las palabras, incluso que la palabra tilonorrinco si esta se dice para insultar al otro.
"La socialización de la estupidez"
El insulto, tal como se produce en los medios, y tal como lo vive la población, dice Juan Marsé, "es una degradación del trato". "Es una catástrofe que viene de los medios, y que busca la crispación".
Emilio Lledó ve en todo esto un peligro enorme, "porque estamos ante la socialización de la estupidez y de la vulgaridad". Lo más grave en su opinión es "que la sociedad se acostumbre al insulto como una violencia que puede asumir, sin entender que es un fomento de la agresividad, un desgarro que en sí mismo produce desgarro. Una desgracia, pues, además, no tiene gracia".
Para el filósofo, "el mal hablado termina siendo un mal pensado,... Esa insultería representa una sociedad que se piensa mal a sí misma. Cuando uno se ensucia se lava las manos, pero cuando se ensucia el cerebro solo se puede lavar la sociedad con la educación, con el buen uso de la lengua, que por eso se llama lengua materna y no lengua madrastra, con mi respeto para esas mamadres de las que escribía Neruda...".
La calumnia es más traidora, dice Lledó, "el insulto es más bestial. Se dice para aniquilar al otro, es una enfermedad social. Ahora que los humos se quieren prohibir, fijémonos en los humos del insulto, esas palabras pringosas que se quedan en la cabeza y que ni quisiera se evaporan, como los humos del tabaco... La mente se habitúa al insulto, y este se queda en la inteligencia, es un mal que acaba enfermándonos. El lenguaje tiene también su basura, y esta se está incrustando. Del mismo modo que no aceptamos la corrupción, no debemos aceptar tampoco el insulto. Para limitar los daños solo existen la educación, la escuela, no fomentar el humo del insulto porque el cerebro no se puede lavar como las manos".
"Morritos" y "tontos de los cojones"
- Lo que dijo el alcalde de Getafe, Pedro Castro, socialista, de los seguidores del Partido Popular: "El dinero de las pensiones no es de la Comunidad de Madrid, del PP, se lo transfiere el Estado. Lo que le decimos [a la Comunidad] es: 'Coño, da una paga complementaria para los mayores'. ¿Por qué la Junta de Andalucía lo puede hacer y no la Comunidad de Madrid? ¿Y por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?".
- Lo que dijo el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, del PP, acerca de Leire Pajín, entonces recién nombrada ministra de Sanidad del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: "Es una chica preparadísima, hábil y discreta. Va a repartir condones a diestro y siniestro por donde quiera que vaya y va a ser la alegría de la huerta. Cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir".
- Así se refirió el alcalde de Leioa (Vizcaya), Eneko Arruebarrena, del PNV, al lehendakari Patxi López: "¿Alguien se ha dado cuenta de cómo se pronuncia el acrónimo de Patxi López lehendakari? Pelele: toda una definición del personaje", afirmó.
14 Dic 2010
ONETTI

"Montevideo. Verano de 1973. En el jardín de su casa uruguaya, calle Bompland, 598.
Una almohada en la cabeza de este viejito y... ¡chau!... con la seguridad de haber llegado al fin, de que no tengo nada, ni hoy ni mañana. Absolutamente nada. Desnudo. No pueden quitarme nada aparte de la vida. Y la vida ya no es más que esto; el paso de fracciones de tiempo, una y otra, como el ruido de un reloj, el agua que corre, moneda que se cuenta, tan poca cosa, nada".
('Un posible Onetti').
07 Dic 2010
Las 16 secreciones necesarias para la vida

La mayoría provocan repulsa y son objeto de tabúes, pero sin ellos nuestro cuerpo difícilmente sobreviviría. Nos referimos a los humores, un grupo insólito de secreciones, fluidos, líquidos y mucosidades.
Nuestro cuerpo está literalmente plagado de aperturas que nos permiten respirar, escuchar, ver, refrigeramos, ingerir nutrientes, expulsar, residuos, reproducirnos y amamantar a los vástagos.
Cada una de estas aberturas ofrece a los microbios la posibilidad de colarse en el organismo y causas un desaguisado que puede ser letal. Es por ello por lo que no hay una sola entrada corporal, desde la boca hasta un poro en la piel, que no esté debidamente protegida por algún mecanismo de defensa.
Gran parte de los humores de nuestro organismo participan en este cometido. El constante lavado de los ojos por las gotas de lágrimas, cargadas de anticuerpos y productos lubricantes, limpia de gérmenes y partículas la delicada superficie ocular. La saliva que continuamente baña la boca mata algunos microbios, como las bacterias que forman la placa bacteriana y el sarro, y conduce hacia el estómago a otros indeseables, que son achicharrados por los ácidos del estómago. Y unas glándulas situadas en el interior de los oídos segregan cerumen, una sustancia oleosa con acción bactericida.
Todos los conductos respiratorios están tapizados por mucosas que humedecen, lubrican y previenen el ataque de los agentes infecciosos. Mediante una serie de pelos microscópicos llamados cilios, que realizan constantemente un molimiento de barrido, estos mocos son renovados constantemente con el fin único de mantener viva su eficacia.
En ocasiones, las glándulas mucosas trabajan a destajo si amenaza algún peligro. Por ejemplo, la irritación de la nariz o los bronquios por un virus provoca una descarga copiosa de mucosidad que con frecuencia atora las vías respiratorias. Los mocos también son expulsados de forma violenta por medio del estornudo. Aunque éste es un arma de doble filo: hay científicos que sostienen que algunos de ellos constituyen un ardid ideado por los agentes viriles para dispersarse.
La tos, que opera bajo un estricto control del cerebro, también es un mecanismo eficiente para expulsar del cuerpo los microorganismos y partículas indeseables.
El aparato digestivo cuenta con sus defensas especiales. Aunque no seamos conscientes, el encargado de la digestión vigila estrechamente todo lo que nos llevamos a la boca. Si un alimento contaminado por un microbio o una toxina logra superar las barreras de la saliva y las mucosas del primer tramo del tracto digestivo, unos receptores en el estómago pueden dar la voz de alerta. Si esto ocurre, el cerebro activa los mecanismos de las náuseas y el vómito. Este último expulsa la toxina antes de que siga absorbiéndose.
Los problemas en el otro extremo del aparato digestivo se resuelven de una forma muy distinta. En situación normal, los desechos alimenticios son eliminados en forma de heces, que contienen un elevado número de bacterias. Ahora bien, ante una infección e intoxicación, se produce la diarrea un mecanismo de defensa que a veces se trata de interrumpir sin que se sepa lo que esto puede acarrear para la salud del organismo. Los científicos han comprobado que la administración de antidiarreicos prolonga el tiempo de rehabilitación de los pacientes, debido a. que estos fármacos sólo están encaminados a atajar un mecanismo de defensa natural.
Por último, el aparato reproductor, tanto masculino como femenino, cuenta con auténticas murallas contra los patógenos, aunque en el caso de la mujer la batalla contra los. microbios es más problemática, debido a que tienen una abertura distinta. No obstante, el tracto reproductor femenino posee numerosas defensas, como es la mucosa cervical. Dotada de luna poderosa facultad antimicrobiana, esta secreción mucosa se desplaza constantemente desde la cavidad abdominal hasta el exterior. La menstruación también constituye una forma útil de sanear los conductos femeninos.
La pus
La pus es un humor espeso de aspecto opaco que aparece en la superficie de las heridas, abscesos y superficies ulceradas infectadas. Está constituido básicamente por una mezcla aleatoria de suero, células del sistema inmune vivas y muertas, y bacterias responsables de la supuración.
En realidad, la pus no es otra cosa que el legado de una brutal batalla entre los linfocitos o glóbulos blancos y una agente patógeno. La detección de éste en el organismo hace que las células inmunológicas del organismo se pongan en pie de guerra. Entre los linfocitos que acuden al campo de batalla cabe destacar los neutrófilos y los macrófagos, que atacan y destruyen las bacterias, los virus y otros agentes.
Su forma de operar es muy agresiva, ya que practican la fagocitosis, es decir, la ingestión celular del agente invasivo. Ahora bien, casi todos los neutrófilos y muchos, si no la mayor parte, de los macrófagos mueren finalmente. Tras varios días, aparece una cavidad en el tejido inflamado que contiene diferentes cantidades de tejido necrótico, linfocitos muertos y líquido tisular. Tras desaparecer la infección, la fracción celular de la pus se autolisa y es reabsorbida por los tejidos vecinos.
La leche
Durante el embarazo, la hormona prolactina, que es secretada por la hipófisis de la madre, estimula la secreción de leche en las glándulas mamarias. Ahora bien, la acción de otras dos hormonas -los estrógenos y la progesterona- limita su producción a unos pocos mililitros antes de nacer el bebé: el líquido que fluye por el pezón recibe el nombre de calostro.
Después del alumbramiento, la concentración de las dos hormonas inhibidoras cae en picada y, gracias a la intervención de la hormona oxitocina, se produce lo que se conoce como subida de la leche: ésta es impulsada desde los alvéolos mamarios hasta los conductos galactóforos, que desembocan en los pezones.
La leche materna es el alimento ideal para el bebé. Además de proporcionar los nutrientes necesarios de la forma más fácil de digerir, contiene anticuerpos y glóbulos blancos que protegen al bebé de las infecciones. Además, cambia favorablemente el pH de las heces y la composición de la flora intestinal del pequeño.
El sudor
La piel humana contiene unos tres millones de glándulas sudoríparas, que se encargan de producir el sudor y transportarlo a la superficie mediante conductos. Existen dos tipos de glándulas sudoríparas: las ecrinas, que permiten refrigerar el cuerpo, y las apocrinas, que nos confieren, el olor personal. Estas últimas también son las responsables de la producción de feromonas, sustancias que influyen en la atracción sexual.
El sudor, que está compuesto principalmente por agua y cloruro sódico (sal), ayuda a mantener frío el cuerpo. Por esto las personas sudan más cuando hace calor. La cantidad de líquido que se pierde por medio de la sudoración es muy variable; depende del ejercicio físico, la temperatura ambiental y el estado psíquico del individuo (las personas sudan más cuando están estresadas o nerviosas). Normalmente, el volumen del sudor es de 100 mililitros al día, aunque durante el ejercicio físico intenso y a temperaturas elevadas la pérdida de agua a través de la piel se eleva en ocasiones hasta dos litros por hora. Se estima que un hombre exuda 18,000 litros durante toda su vida y una mujer 20,000.
Las lágrimas
Las lágrimas son un líquido transparente y salino que baña la superficie del ojo para mantenerla constantemente húmeda. Además, contienen anticuerpos, sustancias inmunológicas que ayudan a prevenir las infecciones oculares. Cada día, las glándulas lagrimales, que se localizan cerca del ángulo externo del ojo, producen nmedia de 30 mililitros de lágrimas. Estas alcanzan la superficie ocular por medio de unos pequeños conductos que acaban en los párpados. El movimiento intermitente de esta especie de cortinillas ayuda a extender la humedad sobre la superficie del ojo. El drenaje de las lágrimas ocurre a través del conducto nasolagrimal, un canal que desemboca en la nariz.
Un componente importante de la película lagrimal son los denominados lípidos meibomianos, una secreción de color amarillo o blanquecino producida por las glándulas de Meibomio de los párpados. Estos lípidos tienden a acumularse en los bordes de los ojos. Al secarse, forman las legañas.
La caspa
Asociada a la dermatitis seborreica, una inflamación de las capas superficiales de la piel, la caspa no es otra cosa que la descamación seca o grasienta del cuero cabelludo, a veces con picores pero sin pérdida de pelo. En los casos más graves aparecen pápulas amarillentas o rojizas a lo largo de la raya del pelo, detrás de las orejas, sobre las cejas, en la región nasal y en el pecho.
La causa exacta de la dermatitis seborreica se desconoce, y podría tener un origen distinto en bebés y adultos. En los primeros, la aparición de caspa estaría asociada a alteraciones hormonales, ya que el problema surge en la infancia y desaparece en la pubertad. Recientemente, los dermatólogos han descubierto que el desencadenante de esta dermatitis podría ser la levadura Pityrosporum ovale, uno de los microbios residentes en el cuero cabelludo. En las personas con caspa, la capa córnea de la piel aparece alterada. La eliminación de células maduras y queratinizadas sucede en grupos compactos que forman pelotillas de color blanco o amarillento.
La saliva
Hay tres tipos de glándulas salivales que producen saliva: las parótidas, las submandibulares y las sublinguales. No obstante, existen numerosas glándulas accesorias y pequeñas en la membrana mucosa que tapiza la boca y la lengua que, junto con las tres primeras, producen a diario entre 800 y 1,500 mililitros de saliva. Esta contiene dos tipos de secreciones proteicas: una serosa rica en ptialina, enzima que interviene en la digestión de los almidones, y otra mucosa, que contiene mucina, mucosidad que cumple funciones de lubricación y protección de la superficie bucal. Así es, la mucosidad impide que los tejidos bucales se ulceren y aborta la proliferación de bacterias y otros gérmenes, lo que de paso sirve para evitar la caries dental.
Por otro lado, nuestra saliva, que tiene un pH de 6 a 7, es muy rica en iones de potasio y bicarbonato.
La cera en las orejas
También conocida por los médicos como cerumen, la cerilla de los oídos es una sustancia de naturaleza aceitosa que es secretada por las glándulas del epitelio que recubren el conducto auditivo externo y los folículos pilosos. Su función es básicamente protectora, ya que atrapa los microorganismos, el polvo y otras partículas que pueden dañar las estructuras del oído. También atrapa las células muertas del epitelio auditivo. Así pues, la idea popular de que el cerumen es sinónimo de suciedad no es del todo exacta, pues constituye un eficiente, aunque rudimentario, sistema de auto limpieza.
La cerilla se acumula en masas cilíndricas, duras y parduscas que, en determinadas circunstancias, obstruyen el canal auditivo y causan dolor, picor y una pérdida temporal de la audición. En estos casos, el médico retira el tapón de cera irrigando el canal con agua caliente. Esto no es factible cuando el tímpano está perforado o infectado.
El sarro
La acumulación de bacterias es una de las causas principales de dolencias periodentales, que inflaman y destruyen irreversiblemente las estructuras que rodean y sostienen las piezas dentales, como encías, huesos y capa exterior de la raíz del diente. El cepillado incorrecto, por ejemplo, permite que los gérmenes proliferen en la base externa de los dientes, a nivel de las encías, y se depositen en una película blanda y viscosa. Ahora bien, si la placa dental permanece más de 72 horas en la dentadura, se solidifica y forma el sarro. Este puede causar una inflamación dolorosa y sangrante de las encías que se conoce como gingivitis. Si ésta no se ataja a tiempo con una buena higiene bucodental, existe el peligro de que la placa invada las estructuras que sostienen el diente. Aparece entonces la periodontitis o piorrea, que sí requiere un tratamiento médico.
El acné
A la edad de dos años, las glándulas sebáceas de la dermis comienzan a funcionar. Anexas a los folículos pilosos, estas glándulas acinosas secretan un líquido oleoso, llamado sebo, que fluye a través de los mencionados folículos y lubrica la piel. Además, algunos de los ácidos grasos y otras sustancias que componen el sebo otorgan a las personas su olor característico.
Durante la pubertad, la mayor producción de hormonas masculinas o andrógenos en ambos sexos desencadena una producción excesiva de sebo. Este se oxida y forma un taponamiento ennegrecido en el poro de la piel. Aparecen entonces las espinillas o granos sebáceos. Para empeorar la cosa, en esta acumulación de grasa y células muertas proliferan bacterias, como la Propionibacterium acnes, que transforma las grasas en compuestos irritantes y favorece la formación de pústulas. Estamos entonces ante la ineludible firma del antiestético acné, el trastorno más común de la piel, pues afecta a 3 de cada 4 adolescentes.
Los lubricantes del sexo
Durante la estimulación sexual, los órganos sexuales masculinos y femeninos se lubrican, para de este modo facilitar la cópula y aumentar la sensación de placer. Sin una lubricación satisfactoria, el acto sexual se torna casi imposible, ya que provoca, sobre todo en el pene, sensaciones de rascado y dolor.
En las fases tempranas de la excitación femenina, los impulsos nerviosos llamados parasimpáticos, además de promover la erección del clítoris, hacen que las denominadas glándulas de Bartholin, situadas debajo de los labios menores, secreten moco. Este juega un papel importante en la lubricación durante el coito, aunque también participa el epitelio vaginal, que produce grandes cantidades de mucosidad. En el hombre, la lubricación del pene corre a cargo de las glándulas uretrales y bulbouretrales (glándulas de Cowper), que secretan moco. Este fluye a través de la uretra durante el coito y colabora en la lubricación de la vagina.
Los mocos
Todas las vías respiratorias, desde las fosas nasales a los bronquios, se mantienen húmedas por una capa de moco que reviste completamente su superficie. Este líquido pegajoso se segrega en parte por las denominadas células caliciformes aisladas, que están situadas en el revestimiento epitelial, y en parte por las pequeñas glándulas submucosas.
Además de mantener húmedas las vías respiratorias, los mocos atrapan los microbios, el polen y otras partículas extrañas del aire inspirado. Un ejército de cilios, especies de escobillas que emergen del epitelio respiratorio, baten sin interrupción con el fin de que el moco fluya lentamente, a una velocidad de 1 cm/s, desde la nariz y los bronquios hacia la faringe. Después, la masa mucosa es deglutida o expulsada al exterior mediante la tos.
El excremento
Por término medio, una persona defeca al día aproximadamente 150 gramos de heces, el producto final de la digestión. La conversión del quimo -sustancia espesa y cremosa que resulta de la acción del ácido clorhídrico sobre los alimentos en el estómago- en excremento tiene lugar en el intestino grueso, concretamente a nivel del colon. Los millones de bacterias instaladas en este tramo intestinal producen vitaminas K y B, y gases como hidrógeno, anhídrido carbónico, metano y sulfuro de hidrógeno. Estos últimos son los responsables de las flatulencias.
Normalmente, los excrementos están formados por tres cuartas partes de agua y una cuarta parte por materia sólida. Esta, a su vez, contiene una gran variedad de elementos. Por ejemplo, un resto sólido de 100 gramos está compuesto por 30 gramos de bacterias muertas, de 10 a 20 gramos de grasas y una misma cantidad de materia inorgánica, 3 gramos de proteínas y 30 gramos de productos no digeridos, restos de pigmento biliar y células epiteliales desprendidas.
El color café de las heces se debe a un par de sustancias que derivan de la bilirrubina. Nos referimos a la urobilina y la estercobilina.
La menstruación
A l final del ciclo menstrual y a falta de implantación del huevo, la secreción de estrógenos y progesterona cae en picada, ocasionando una cascada de acontecimientos que desembocan en la menstruación o regla. El primer efecto de la reducción hormonal es que la tortuosa red de vasos sanguíneos que riegan las mucosas del endometrio experimenta un prolongado espasmo. Este priva brutalmente a la mucosa de irrigación sanguínea, lo que provoca su necrosis y desprendimiento.
La masa de tejido descamado y de la sangre que acaba de acumularse después de la relajación del espasmo, inician las contracciones del útero, que expulsan el contenido uterino. Durante la menstruación 3 normal se pierden de 50 a 100 mililitros de sangre, o sea, el equivalente a medio vaso por término medio. En la mayoría de los casos, el líquido menstrual no forma coágulos, ya que junto con el material necrótico endometrial se libera fibrolisina, enzima que disuelve los coágulos y licua la sangre.
El vómito
La expulsión violenta del contenido del estómago a través de la boca se denomina vómito. Se trata de una de las formas más llamativas por las que el organismo elimina las sustancias que considera tóxicas o nocivas, así como alimentos en mal estado. También constituyen un estímulo especialmente potente para el vómito la irritación o la inflamación del estómago, del intestino o de la vesícula biliar.
Tanto el vómito como la náusea -sensación desagradable en el abdomen que con frecuencia concluye con lo primero- están causados por la activación del denominado centro bilateral del vómito, que se localiza en una estructura del cerebro denominada bulbo raquídeo. Este desencadena las reacciones motoras automáticas necesarias para provocar el acto del vómito. En su primera fase, se produce una serie de movimientos antiperistálticos que hacen que la comida acumulada en regiones intestinales tan alejadas como el íleon retroceda hasta el duodeno y el estómago. La contracción de éstos, junto a la relajación parcial del esfínter esofágico inferior, permite que el contenido gastrointestinal pase al esófago. Lo que ocurre a continuación es casi inevitable: se abre el esfínter esofágico superior, se cierra la glotis, se eleva el paladar blando, para cerrar el acceso a la nariz y, por fin, una fuerte contracción hacia abajo del diafragma y de los músculos abdominales expulsa con violencia el vómito.
El semen
Cada testículo humano está compuesto por hasta 900 túbulos seminísferos en espiral, cada uno de más de .05 metros, en los que se forman los espermatozoides. Antes de ser eyaculadas durante el acto sexual, estas células móviles viajan por diferentes conductos para ser bañadas en un líquido especial conocido como semen. El 10 % de éste está compuesto por esperma.
El resto es un líquido procedente de la vesícula seminal (aproximadamente el 60%) y la glándula prostática (aproximadamente el 30%). Esta última secreta un fluido poco denso y lechoso que contiene calcio, iones citrato, y fosfato, enzimas de coagulación y profibrinolisina.
Por su parte, cada vesícula seminal, un tubo tortuoso, lobulado y revestido de un epitelio secretor, impregna los espermatozoides con un material mucoso rico en ácido cítrico, fructuosa y otras sustancias nutritivas, así como en prostaglandinas y fibrinógeno. Este forma un débil coágulo que mantiene el semen en las regiones profundas de la vagina, a la altura de la cérvix.
La orina
Una persona adulta micciona entre una y ocho veces al día, y vierte en total un promedio de 1.5 litros de orina. Controlado por las neuronas del tronco cerebral, el deseo de orinar se produce cuando la vejiga –el depósito corporal donde se acumula, alcanza un volumen de 250 mililitros, aunque se puede retrasar voluntariamente hasta medio litro. Más que un desecho, la orina es un fluido que contiene sustancias del cuerpo eliminadas porque en ese momento no las necesita. Fabricado en los glomérulos de los riñones, este líquido está constituido por agua en un 95%, urea en un 2.5% y una mezcla residual de minerales, hormonas, enzimas y pigmentos. Estos son, precisamente, los principales responsables del color de la orina. No hay que olvidar que éste, dependiendo de su concentración, puede ser desde incoloro, hasta amarillo oscuro. En este caso, el tono es debido a la presencia de unas sustancias colorantes llamadas cromógenos, como la urobilina, una sustancia derivada de la bilirrubina.
21 Nov 2010
Un siglo sin Tolstoi
Sábado 20/ 11/ 2010 Actualizado 05:37h.
Un siglo sin Tolstoi
20 NOV 2010 17:37
Daniel Utrilla Corresponsal de EL MUNDO en Moscú.
El 22 de diciembre de 1858 una osa mordió a León Tolstoi en la cara. Más allá del escalofriante suceso (¡qué cerca estuvo el mejor cerebro de la literatura de hibernar en el estómago de un oso pardo!), llama la atención la poca importancia que el joven Tolstoi concede en su diario a este insólito episodio, que aconteció durante una cacería en la región de Vyshni Volochok.

"Fui a cazar osos, el día 21 maté uno; el 22 otro me mordió". Ya está. Y lo dice como de pasada, como quien consigna la picadura de un mosquito en la nariz. Uno tiene la sensación de que sólo el ataque sorpresa de una manada de morsas habría animado al joven escritor a consignar al menos un par de párrafos en su diario. En el resto del diario no hay rastro del plantígrado, más perdido que Mitrofán en una destilería.
El 1 de enero de 1859 Tolstoi, de cuya muerte se cumplen hoy cien años y que por entonces contaba 30, apunta en su diario: "Todavía me duele la cabeza", y en una nota al pie el traductor sugiere que el origen de la encefalea se debe a la citada mordedura de la osa; pero ¿sería ese realmente ese es el motivo? Lo dudo. Probablemente fuera una herida más profunda, un zarpazo en el alma, lo que le comía la cabeza y no la osa (por entonces Tolstoi andaba enredado con una campesina de Yasnaia Poliana).
Valle Inclán solía contar que el brazo que le faltaba se lo había comido un león cuando en realidad le fue amputado tras una pelea de café. Si llega a atacarle la osa de Tolstoi (o la osa del madroño al menos), el gallego genial habría escrito una trilogía ilustrada. Sin embargo, Tolstoi se limitó a consignar la mordedura de la osa con la misma emoción que un dolor de muelas.
El escritor ruso acumuló vivencias épicas (combatió en el Cáucaso y en Sebastopol) pero su vida interior bulló aún con más fuerza. Como buen ruso, Tolstoi se comía la vida a mordiscos (igual que la osa) pero a la vez gustaba de comerse la olla. Tolstoi fue un hombre de vitalidad carnívora y alma rumiante. Vivía con los pies en la tierra pero a la vez en las nubes, cazando preferiblemente las Osas del firmamento. Era mitad acción, mitad cavilación. Sobre todo a partir de los años 70 del siglo XIX, cuando escribe 'Anna Karenina' donde el coprotagonista de la novela, Konstantin Levin, se convierte en su alter ego mientras busca a Dios ras de suelo, convencido de que el bien moral sólo puede echar raíces en el campo, alejado de las tentaciones urbanas entre sus ocho mil manzanos que tenía plantados en aqiel paraíso terrenal de Yasnaia Poliana. "No todos somos iguales, Konstantin Dimitrich. Hay unos que no viven más que para llenar la panza, y otros que piensan en Dios y en su alma", le espeta un campesino a Levin, revelándole con el ello el sentido de la vida que llevaba buscando durante más de novecientas páginas.

Cuando le mordió la osa en la cara, Tolstoi aún no se había convertido en el monstruo literario que llegaría a ser en unos años, y que cerró el final de su biografía con un rugido más elocuente que el felino de la Goldywn Mayer: "En el mundo hay tantos Leones, y ustedes sólo piensan en un León". Eso fue lo que le dijo en su lecho de muerte a su médico eslovaco de cabecera, Dusan Makovitski, en la habitación del jefe de la estación ferroviaria del poblado de Astapovo donde Rusia recuerda hoy a su autor más universal en el centenario de su muerte. Hoy arranca el siglo II después de Tolstoi.
Hace cien años los corresponsales se subían como macacos a los árboles de Yasnaia Poliana para ver por última vez al 'Rey León' de las letras. Ni cortos ni perezosos (aunque colgados de la ramas parecían ciertamente perezosos) los periodistas se encaramaban a los pinos y abedules para ver, anotar, fotografiar e inmortalizar el entierro multitudinario del genio inmortal en el claro azul de Yasnaia Poliana (llamado así por el color de las flores nomeolvides), en la región de Tula, a 200 kilómetros de Moscú.
La foto que refleja aquel periodismo arborícola se conserva aún hoy en la casa del jefe de estación de Astapovo, donde hace un siglo murió Tolstoi aquejado por pulmonía tras huir desesperado de su casa de Yasnaia Poliana, epicentro de su universo natal, matrionial y narrativo.
La multitud que arropó su cadáver durante su traslado en tren desde Astapovo a Yasnaia Poliana (130 kilómetros), se arracimó en torno a su tumba, un sencillo túmulo en el claro del bosque donde Tolstoi jugaba de pequeño a buscar la ramita verde que contenía el secreto de la felicidad.

"Que me entierren [...] como se entierra a los pobres. Que no se coloquen flores ni coronas, ni se pronuncien discursos. Que no se publique la noticia de mi muerte en la prensa y que no se escriban artículos necrológicos", escribió Tolstoi en su diario. Pedía demasiado el genio de la literatura.
Era noviembre pero incluso la nieve caía tímida, como no atreviéndose a dibujar epitafios sobre la sencilla tumba del autor de 'Guerra y Paz'. La muerte de Tolstoi por pulmonía doble dejó fría a Rusia en el umbral de aquel invierno de 1910.
En su deliciosa obra 'El viaje' (Anagrama, 2001) el escritor mexicano Sergio Pitol asegura que "uno de los momentos más líricos" de su vida fue su encuentro en Moscú (donde fue consejero cultural) con Viktor Shklovski, un escritor octogenario que en 1910 estudiaba en San Petersburgo cuando fue testigo del silencio majestuoso y sagrado ("como si el mundo se hubiera detenido") que sobrevino con la muerte de Tolstoi en las calles, donde los negocios cerraban y los coches de caballos de detenían; un silencio que vino seguido por "una multitud desolada que lloraba", huérfana porque "su Padre" la había abandonado. La procesión no fue por dentro. "Las iglesias habían cerrado las puertas para que nadie entrara en ellas; a Tolstoi lo habían excomulgado muchos años atrás . Pero la multitud las rodeaba, las ahogaba, las convertía en algo trivial ante el roble que había caído, la tierra había muerto y Rusia lloraba", transcribe Pitol las palabras de Shklovsko. Mucho tiempo después Pitol sintió en su pecho una réplica de aquel terremoto emocional cuando repetía aquellas palabras ante sus alumnos: "No pude terminarlas. Se me nublaron los ojos, se me rompió la voz y tuve que sacar el pañuelo y fingir que me sonaba, carraspear, echándole la culpa a un resfrío, a una alergia, porque me parecía grotesco anunciarles que había muerto el escrito ruso y ponerme a llorar".
El escritor Maxim Gorki reconoce en sus recuerdos (Nortesur, 2009) que la muerte de Tolstoi lo dejó tocado. "He roto en un llanto iracundo y angustioso", reconoce antes de proseguir con su lamento: "Siento una orfandad total, escribo y lloro, nunca antes en mi vida había llorado tan amarga e inconsolablemente. No sé si le amaba, ¿pero acaso importa si era amor u odio lo que sentía hacia él?".

En Moscú, donde estos días se proyecta la película norteamericana 'La última estación' sobre los últimos días de Tolstoi (interpretado por un enorme Christopher Plummer) he visto a moscovitas moqueantes que lloraban emocionados ante la muerte recreada del escritor y que aplaudían emocionados al final de la película. No sé por qué, pero me cuesta imaginar una reacción similar en un cine de Madrid ante una película biográfica sobre Miguel de Cervantes. Quizá porque en Rusia el escritor siempre fue además de novelista guía moral, "maestro de vida" o "buscador de la verdad", como algunos entusiastas escribieron en 1910 en el empapelado de la habitación donde murió Tolstoi y que aún hoy pueden apreciarse.
Transcurridos sus primeros cien años de soledad en el claro azul del bosque de Yasnaia Poliana, Tolstoi sigue vivo. Un siglo después de la muerte de este autor troncal de la historia de la literatura universal seguimos enredados en el follaje de sus hojas (180.000 páginas manuscritas) como aquellos periodistas que presenciaron su entierro a vista de ardilla hace hoy cien años.
A pocos metros de su humilde parcela ultraterrena (ultraterruña) se levanta su casa, donde nació, escribió y compartió 48 de matrimonio con Sofia Andreyevna, cuyas intrigas para cambiar la letra de su testamento (Tolstoi quería legar al pueblo los derechos de sus obras) precipitaron su fuga y su muerte. A diferencia de los héroes clásicos de la épica homérica (tradición a la que George Steiner unce 'Guerra y Paz'), Tolstoi no regresó a casa al final de su odisea vital, sino que huyó de ella.

Por la alameda y los senderos que conducen hasta su casa, los animales salen hoy al encuentro del visitante como en orden de fábula: un caballo blanco, una oca, un perro labrador, un erizo seguido de cerca por un gato... A las cinco de la mañana del 10 de noviembre de 2010 por este mismo lugar surgió de repente León Tolstoi, que rasgó el telón de la noche con el el haz de su linterna, y alcanzó la caballeriza con mirada febril.
Durante el camino se extravió y perdió el gorro. Estaba nervioso. Aquella casa era todo su universo, y pese a sus puntuales viajes de juventud por el extranjero (conoció a Charles Dickens en Londres), en su alejamiento final de Yasnaia Poliana debió de sentirse tan solo y exhultante como Yuri Gagarin, el primer cosmonauta de la historia, cuando despegó en la nave Vostok el 12 de abril de 1961.
"Despertó al cochero y le pidió únicamente aparejar al caballo", explica Nina Nikitina, jefa de investigación del museo de Yasnaia Poliana, en la casa Volkonski (donde vivió el abuelo del escritor). Frente a ella se levantan hoy las cuadras de donde Tolstoi escapó a caballo como un Don Qujiote trasnochado camino del sur. Le quedaban diez días de vida. Su médico Makovitski y su hija menor Alexandra fueron sus escuderos.
Cuando el viejo León decidió escapar de su leonera (el desorden del escritorio fue su hábitat natural y fuente de inspiración) lo hizo impelido tanto por sus constantes trifulcas con Sofia en torno al testamento, como por el ambiente opresivo formado por su hijos ociosos, periodistas y discípulos encabezados por Vladimir Chertkov, su editor y más fiel amigo del que Sofía sentía celos.

En los últimos meses a Tolstoi se le atravesaron todas las comidillas familiares de Yasnaia Poliana, incluida la tarta de hojaldre con sabor limón que Sofía preparaba como símbolo de unidad familiar, un postre demasiado burgués para Tolstoi con el que temía atragantarse. La receta de aquel postre se ha conservado, y hoy los visitantes pueden degustarlo en el pequeño café que hay frente a las dos torrecilla de entrada de Yasnaia Poliana. "No nos sale igual", reconoce con humildad Nikitina.

"A sus 82 años Tolstoi tenía aún muchas cosas inacabadas, muchas ideas, pensamientos, que el quería plasmar en papel, pero aquella atmósfera no le permitía trabajar, y por eso tomó la decisión de huir", explica Vladimir Tolstoi, tataranieto del autor y director de Yasnaia Poliana desde 1994.
"Me es enormemente difícil vivir en esta casa de locos", escribió Tolstoi pocos días antes de su partida, que consumó un día después de oír a Sofía hurgar como un ratoncito entre sus papeles en busca de su testamento.
Nikitina añade una chispa irracional a la ignición (largamente larvada) que motivó el vuelo del león y que entusiasmará a los cabalistas: su obsesión por el número 28: precisamente ese fue el día de octubre que escapó de Yasnaia Poliana (según el calendario juliano vigente entonces en Rusia).
Tolstoi había nacido un 28 de junio de 1828 y lo hizo en el mismo diván de cuero negro sobre el que depositaría después las hojas de 'Guerra y Paz' recién nacidas de su puño y letra, que su esposa Sofía transcribía luego con devoción. Tolstoi suplicó a los cielos para que su primogénito naciera un día 28 (lo que finalmente ocurrió). "Creo que no habrían aparecido los siguientes doce niños si el primer no hubiera nacido un 28 de junio", afirma Nikitina, que recuerda cómo el autor abría los libros de autores que comentaba siempre por la página 28. "Pensaba que no era necesario mirar otras páginas para decir algo importante y profundo sobre este artista", añade la experta, que hace notar que Tolstoi tenía 82 años cuando huyó, "que es el 28 al revés". ¿Se juegan algo a que febrero era el mes preferido del escritor?

Su naturaleza supersticiosa se manifiestó de forma profética un día de 1857 cuando, después de romper un espejo (presagio fatal entre rusos), Tolstoi -que entonces tenía precisamete 28 años- decidió consultar su futuro en un diccionario con el mismo criterio azaroso con que los surreailstas ensamblaron en 1925 su "cadáver exquisito" y otros binomios imposibles: de aquella ruleta rusa cargada de balas léxicas Tostoi se descerrajó a la sien las siguientes: "suelas, agua, catarro, tumba". Así lo recoge en su diario.

Aún faltaban 53 años para que Tolstoi saliera por su propio pie de Yasnaia Poliana y encontrara la muerte tras contraer una pulmonía doble en un tren de tercera. La única palabra que no parece encajar en la lista profética es "agua". Sin embargo, Nikitina, la insigne 'tolstóloga', cuenta que la víspera de su huida Tolstoi dio un largo paseo a caballo en compañía de su médico que perjudicó a su salud, pues se bajó del caballo y anduvo por el hielo. Pese a todo, el diagnóstico de Makovitski no admite duda: el tren fue lo que lo mató.
El escritor gallego Alvaro Cunqueiro dijo una vez que toda la literatura rusa esta atravesada por un pitido de tren en la noche. Dicho así, desde luego (desde Lugo) suena muy bonito, pero los pitidos hay que vivirlos atrapado en un tren regional, con fisuras en las ventana por las que se filtraba un aire helador. Si el traslado aún sigue resultando incómodo en los trenes de fabricación soviética, ¿cuanto frío no pasó Tolstoi en aquel tren de madera de hace cien años?
"Compraron billetes a trayectos cortos para no llamar la atención, y en tercera clase, la más baja, para perderse entre el pueblo. Por su aspecto Tolstoi parecía un campesino, pero de cualquier modo la gente lo reconocía. Él hablaba, la gente escuchaba y la muchedumbre se arremolinaba junto a él", cuenta Raisa Krilova, directora de la casa-museo del pueblo Astapovo (rebautizado León Toltsoi en 1918).

Tolstoi era el jedi del alma rusa y su ‘sable de luz’ era una bastón-silla plegable, una especie de muleta con la parte superior convertible en asiento. Aquel curioso bastón que se conserva en la casa de Yasnaia Poliana y que parece diseñado por 'Q' el proveedor de artefactos de James Bond, lo acompañó en su escapada. Ahogado por el humo de cigarro y por el hedor de las zamarras de los campesinos, Tolstoi salía a sentarse sobre su bastón a la plataforma que separa los vagones, donde al parecer contrajo la pulmonía fatal. Aquel tren apenas se movía a 30 kilómetros por hora, pero las corrientes de aire lo acuchillaban como cajón de mago.
Hoy las calabazas flotan como boyas en medio del oleaje de la siembra, de donde afloran campesinos que podría ser él, cabritas blancas y cientos de postes eléctricos clavados como compases enormes que demarcan el sprint final del gigante de la literatura. A medida que nos acercamos en tren a Astapovo, la monotonía verde impone su dictadura, tan sólo interrumpida por los troncos blancos de los abedules, que se intercalan como entretejiendo una camiseta infinita del Betis (esta va por ti, Eduardo).

Su médico decidió que debían apearse en Astapovo porque era la única estación que contaba con ambulatorio. "Estaba enfermo cuando llegó, pero caminaba por su propio pie. Lo sujetaban del codo", explica Krilova. Llegó en el tren número 12 (no, no fue el 28). Se había corrido la voz de su llegada y la gente lo esparaba como se espera a los mesías, a los extraterrestres y a los americanos.
En aquel pueblo sin historia, Tolstoi cayó como un meteorito incandescente. Tras su paso por allí ya nada fue igual, ni siquiera el nombre del pueblo, rebautizado León Toltsoi en 1918.
A través de una pequeña alameda que aún hoy se mantiene en pie, la gente lo acompañó hasta la casilla de madera del jefe de estación de Astapovo, Ivan Ozolin, que le cedió su cama. "Aquel fue un gesto valiente porque en aquella época Tolstoi había sido excomulgado por la Iglesia Ortodoxa y era considerado enemigo de la autocracia zarista", sostiene Krilova.
Esta semana Serguei Stepashin, ex primer ministro ruso (1999) y jefe de la Cámara de Comercio, ha pedido en vano al patriarca Kiril que perdone a Tolstoi en una carta abierta publicada por el diario 'Rossiskaya Gazeta'. La Iglesia Ortodoxa rusa sigue condenando hoy a Tolstoi, cuyos choques con zar y sus ataques a la religión oficial, así como su adicción a los diarios, lo habrían convertido hoy en un bloguero antisistema. Así lo cree Pavel Basisnsky, autor del libro ‘Huida del Paraíso’, sobre los diez últimos días de Tolstoi, que sostiene que "la blogosfera habría sido una buena plataforma para Tolstoi". No sólo porque le gustaban las innovaciones tecnológicas (aunque repudiaba el cinematógrafo), sino porque le agradaba “la interacción con la gente”. Otros van más allá, como el director teatral Mijail Ugarov, para quien Tostoi sería hoy "un bloguero de oposición enfrentado al poder y a la Iglesia" cuyo anarquismo cristiano y su pacifismo lo habrían condenado a prisión.
El corazón de Tolstoi se paró a las 6.05 del 20 de noviembre de 1910, como marcan desde entonces los relojes de la estación de Astapovo. El autor de ‘Anna Karenina’ se apeó para morir en este lugar, pero su literatura siguió su camino al encuentro con los lectores del futuro. "Es el único escritor que conozco cuyo reloj está puesto en hora con los innumerables relojes de sus lectores", explicaba Vladimir Nabokov a sus alumnos norteamericanos. Para el padre de 'Lolita' (que prefería cazar mariposas antes que osas) los personajes de Tolstoi "parecen moverse con el mismo andar de la gente que pasa bajo nuestra ventana mientras estamos leyendo el libro".

La cama de colcha negra donde murió Tolstoi y todos los objetos que rodearon al escritor en sus últimos días se convirtieron en reliquias de santo, incluso en la Rusia soviética (que los evacuó a los Urales durante la invasión nazi como hizo con la momia de Lenin). La vela consumida de su mesilla, la bomba de oxigeno bajo la camara, el vaso azul con algodones (los siete médicos llegados de Moscú le ponían inyecciones de alcanfor), la tacita y el plato donde Makovitski le servía la papilla de avena y el café, una cajita con papeles rostos por él, y varias piezas de su equipaje (una camisa, un chaquetón, un gorrito de tipo 'yarmulke' y calcetines); todo fue trasladado a Siberia como si fuera el menaje de Jesucristo. "Y yo, que no creo en Dios, sin saber por qué le miro cauteloso y un poco acogotado; le miro y pienso: '¡Este hombre se asemeja a Dios!'", escribió Maxim Gorki sobre Tolstoi cuando lo visitó en 1901 en Crimea, donde se repuso de una grave crisis de paludismo.
Con un trozo de carbón de la vía, alguien se molestó en siluetear en la pared de aquella habitación la sombra del perfi yaciente del escritor, que proyectaba la lámpara de la mesilla contra la pared. "Si se fija bien a la altura de la almohada se puede ver en la pared el perfil de Tolstoi: la frente, la nariz y la barba. Yo lo veo porque sé a donde hay que mirar", me decía Krilova viendo que me desojo en vano en busca del perfil del faraón.
Delimitar el perfil poliédrico de Tolstoi a los cien años de su muerte resulta tan complicado como detectar su silueta centenaria en el papel estampado de la casa de Astapovo.

"En el alma del ruso incluyo su energía, su identificación con la naturaleza y la excentricidad" escribe Pitol cuando habla del ama rusa, sin percatarse que dibuja a la perfección el carácter de Tolstoi, el más ruso entre los rusos. Un rasgo permanente en el escritor fue su naturaleza contradictoria, su alma bicéfala como águila imperial rusa. En 1858 Tolstoi escribe en su diario "No se puede no amar a la gente: son todos, somos todos tan dignos de compasión", para días despues confesar que ha ordenado castigar a látigo limpio a Rezun, un campesino de Yasnaia Poliana. En una de las incontables 'escenas' que componen el largometraje de su matrimonio, Sofía le llamó un día la atención sobre la contradicción que parecía haber entre su llamamientos a la sencillez y su pasión por los espárragos (podemos imaginar exactamente qué fue lo que Tolstoi le mandó a freír a su mujer tras este reproche). Cuando Tolstoi escribe 'Sonata a Kreutzer', novela corta que constituye un alegato contra la sexualidad, su esposa Sofia está embaraza de su hijo número 14. "Tolstoi podía sentirse occidentalista por la mañana y eslavófilo por la tarde", comenta Nikitina.
Muchos han comparado a Tolstoi con un árbol por su naturaleza de roble (con 80 años decubrió la bicicleta y se aficionó a pedalear), e incluso con seres mitológicos (Gorki llamó la atención sobre "sus velludas cejas de silvano"). Su planta agigantada (1,83 metros) queda amplificada por los ecos grasosos de su apellido ('tolsti' significa ‘gordo’ en ruso).

En solidaridad con aquellos corresponsales que hace cien años cubrieron el entierro de Tolstoi subidos a los árboles, me van a permitir que me vaya yo también hoy por las ramas y les cuente una anécdota protagonizada por mi sobrina Paula de siete años, a la que no hace mucho regalé un libro de cuentos infantiles que Tolstoi escribió para niños ('Relatos de Yasnaia Poliana', editorial Rey Lear): el otro día hablé con ella por teléfono, le pregunté si se acordaba cómo se llamaba el autor de libro y, tras pensar un rato, me espetó contenta: "¡Toy Story!". Por los pelos. A Nabokov seguro que le habría gustado las resonancias juguetonas del juego de palabras.
Sus rasgos de trasgo y su barba de Panoramix convierten a Tolstoi en un personaje de cuento, en un icono 'tolkiniano', sobre todo en esas fotografías donde posa ante la escuela de Yasnaia Poliana rodeado de niños campesinos empequeñecidos a su lado como si fueran hobbits. El escritor Mauricio Wiesenthal compara al viejo León con un oso. "Los Tolstoi nacían como oseznos: las extremidades grandes, la boca golosa, el corazón enardecido, el abrazo fácil, la sangre brava, y la mirada misteriosa como la bruma del bosque" escribe en su fantástico ensayo 'El Viejo León' (Edhasa, 2010).
Sin embargo, bajo su perfil íntegro de estatua de isla de Pascua palpitaba un corazón inquieto en erupción permanente. Así lo demuestra su apasionado fervor literaro ("detestaba a los escritores que trabajan sin pasión y sin una idea obsesiva" recuerda Wiesenthal), pero sobre todo su obsesivo miedo a la muerte. Desde que en 1857 vio una decapitación pública en París, no se pudo sacarse la muerte de la cabeza.

El fallecimiento de su hermano Nikolai en 1860 por tuberculosis, episodio que desentierra en un capítulo 'Anna Karenina', lo obsesiona definitivamente. Entre dos armarios de la bibioteca de la planta baja de su casa en Yasnaia Poliana había una viga que siempre le tentó con el sucidio. "El hombre no puede ser dueño de nada mientras tenga miedo a la muerte. Quien no tiene miedo a la muerte lo posee todo" piensa Tolstoi por boca del personaje de Pierre en 'Guerra y Paz'. Tolstoi temía a la muerte (en concreto a morir de pulmonía) pero los cañones de Sebastopol o a la mordedura de las fieras (críticos incluidos) nunca le pusieron la carne de gallina.
"Tolstoi no fue a ninguna parte" titula esta semana la revista cultural 'Russki Mir'. Efectivamente, cien años después, Tolstoi sigue con nosotros. Porque el guadañazo que le propinó la muerte en 1910 tuvo para su obra el mismo efecto insignificante que para su cabeza tuvo la mordedura de aquella osa que lo ‘besó’ en su boca golosa un día de diciembre de 1858.
24 Oct 2010
1.900 razones para leer 'Guerra y Paz
LITERATURA | Novela épica de León Tolstoi
Daniel Utrilla | Moscú
domingo 24/10/2010
Durante su última visita a China, el pasado mes de septiembre, el presidente ruso, Dimitri Medvedev, sorprendió a una estudiante del Instituto de Lenguas Extranjeras de Dalian absorta en la lectura de 'Guerra y Paz', la gran novela épica de León Tolstoi. "Es muy interesante, pero muy voluminosa. Son cuatro tomos", le advirtió el líder del Kremlin.
No cabe duda que las casi 1.900 páginas de 'Guerra y Paz' imponen de entrada como la cerviz de un gorila de discoteca o los colmillos perfectamente curvados de un mamut siberiano.
Si bien en Rusia la obra está prescrita como lectura obligatoria en las escuelas, en España son legión quienes se parapetan en el grosor de la novela para evitar coger por los cuernos la que probablemente sea la mejor novela de todos los tiempos. "Cuando se lee a Tolstoi, se lee porque no se puede dejar el libro", decía Vladimir Nabokov, convencido de que la amenidad no tiene por qué estar reñida con la amplitud.
Coincidiendo con el centenario de la muerte de Tolstoi, que se conmemora este año, la reedición en España de 'Guerra y Paz' a cargo de 'El Aleph' (con traducción de Lydia Kúper), le quita el polvo a una novela imprescindible, epopeya coral de una época y radiografía del alma humana que no pocos consideran La Biblia de la literatura.
"'Guerra y Paz' nos cautiva porque contiene esos problemas filosóficos eternos que preocupan a todos los hombres: qué significa el amor o qué es el mal, como cuando Bezujov se pregunta por qué la gente mala se agrupa tan rápidamente y la gente buena no", explica a ELMUNDO.es Irinia Petrovitskaya profesora de literatura en la Universidad Estatal de Moscú (MGU) experta en la obra de Tolstoi.
Portada de una de las ediciones de 'Guerra y paz' en ruso.
Portada de una de las ediciones de 'Guerra y paz' en ruso.
Hace diez años Irina estaba en Barcelona, cuando sufrió un acceso alérgico que la condujo a un estado de muerte clínica en un hospital de Tarragona. "Estando allí me sorprendieron los médicos españoles que, al saber que yo era profesora de la universidad de Moscú, para devolverme a la vida me decían: 'Tolstoi, 'Guerra y Paz', Dostoyevski...'. Aquello fue muy conmovedor", recuerda.
Durante aquel trance, tumbada boca arriba en la camilla de aquel hospital, Irina se sintió como el héroe de 'Guerra y Paz', el príncipe Andrei Bolkonski, que mientras yace herido en el campo de batalla de Austerlitz clava su mirada en el cielo y en Napoleón (que se le acerca) para comprender de un plumazo el misterio de las alturas, de la altura infinita del firmamento y de la altura escasa del emperador francés ("Bonaparte le parecía un ser pequeñísimo e insignificante al lado de lo que estaba ocurriendo en su alma y el alto cielo infinito por donde se deslizaban las nubes").
'Guerra y Paz' es un electroshock para el alma. Sus páginas están trufadas de cientos de consejos ("¡goza de estos momentos de felicidad, trata de que te amen, ama! No hay más verdad que esa en el mundo"), de reflexiones, de meditaciones ("sólo conozco dos males reales en la vida: el remordimiento y la enfermedad", dice Andrei), así como de vivos diálogos sobre la muerte.
Además de exhaustivo manual de historia de las guerras napoleónicas (en 1867 Tolstoi visitó Borodinó para trazar croquis del campo de batalla), 'Guerra y Paz' quizá sea el libro de autoayuda más extenso jamás escrito.
"¿Quién soy yo?, ¿para qué vivo?, ¿para que nací? Estas son preguntas sobre el sentido de la vida se la hacían para sí Tolstoi y Dostoyevski", explica Irina, que incide en la idea tolstoiana, presente en 'Guerra y Paz', de la responsabilidad del individuo ante el destino del mundo, uno de los rasgos del alma rusa pintado por la literatura clásica que presentan algunos personajes de la novela y también de 'Anna Karenina', su otra obra cumbre. "No tratan simplemente de buscar la comodidad individual en este mundo, si no de ver qué pueden hacer para la humanidad, para todo el mundo", afirma Irina.
Sus personajes
Dotando de vida eterna a sus personajes Tolstoi consuma su milagro como creador, como 'Dios creador' de la literatura. Porque debajo de sus charreteras, de sus faldones, de sus corsés y de sus uniformes, los personajes de 'Guerra y Paz' reviven con cada lectura. Derrochan vitalidad cuando aman, cuando meditan, cuando se baten a duelo, cazan liebres o bailan en salones palaciegos; están vivos cuando matan franceses en Borodinó, cuando se emboban ante la visión del zar Alejandro I ("Dios mío, qué feliz sería si me ordenada arrojarme ahora mismo al fuego", piensa Nikolai Rostov) o cuando reflexionan sobre el amor o la gloria ("a nadie se lo confesaré jamás, pero, Dios mío, ¿qué le voy a hacer si no deseo más que la gloria y el amor de los hombres?", se pregunta el príncipe Andrei).
"Tolstoi nos está diciendo en 'Guerra y Paz' que hay dos niveles de existencia, dos niveles de comprensión de la vida: la guerra y la paz, entendida ésta no solo como ausencia de guerra, si no como entendimiento entre las personas. O bien estamos enfrentados con nosotros mismos, con la gente y con el mundo o estamos reconciliados con él; y en este caso el hombre se siente feliz. A mí me parece que eso debe cautivar a cualquier lector, de cualquier país", explica Irina, que envidia a quienes aún no han saboreado la obra rusa con más denominación de origen.
A los personajes de 'Guerra y Paz', en perpetua búsqueda de sí mismos, se les sale la vida por los ojos (el rasgo predilecto de Tolstoi), incluso cuando se les cierran los párpados, como al mariscal Kutuzov, que se humaniza ante nuestros ojos al quedarse traspuesto en plena la exposición del plan de batalla de Austerlitz. Pero no todo es tragedia y existencialismo en la obra cumbre de Tolstoi.
El humor
El humor también flota por las páginas de 'Guerra y Paz' como el humo en el campo de batalla. Imposible no esbozar una sonrisa cuando vemos al padre del príncipe Andrei, cegado ya por la demencia senil, empeñado en cambiar cada noche la posición de su cama, o cuando leemos el siguiente párrafo: "Se decía que [los franceses] ya se habían llevado de Moscú todas las oficinas públicas y [...] sólo por eso Moscú debía mostrarse agradecida a Napoleón".
"En el siglo XXI este libro debe ser considerado como un libro de culto, como un 'bestseller' emocionante, porque ante todo es un libro que trata sobre el amor, sobre el amor de una heroína memorable como Natasha Rostov y de Andrei Volkonsi, y después de Pierre Bezujov. Es la persona que quiere a su marido, a su familia. Eso son los conceptos sin los que nadie puede vivir. La novela está impregnada de cariño, de amor, de todo lo terrenal, de amor a la gente, a cada uno de nosotros", explica emocionada Nina Nikitina, 'guardiana' del museo de Yasnaia Polaina, la hacienda donde nació, vivió, escribió y fue enterrado Lev Tosltoi tras morir en 1910 en la casa del jefe de estación de Astapovo.
Según ella, 'Guerra y Paz' desprende optimismo por los cuatro costados de cada tomo porque "fue escrita en los años felices de la vida de Tolstoi, cuando se sentía escritor con todas las fuerzas de su alma, como él mismo aseguraba, gracias a que tenía las tablas de su familia, en concreto de Sofia, que constantemente pasaba a limpio sus escritos", explica Nikitina.
Una obra universal
¿Qué hace de 'Guerra y Paz' una obra tan universal? ¿Cómo es posible que la peripecia de un puñado de condes, príncipes y princesas rusos del siglo XIX siga conmoviendo a los lectores del siglo XXI? "A mis estudiantes en sus 22-23 años lo que más les preocupa es el amor o la familia. Si es posible hoy en día formar una familia, y eso es algo que está presente en la obra de Tolstoi", concluye Irina.
"No te cases nunca, nunca, amigo mío; te lo aconsejo. No te cases antes de que puedas decirte a ti mismo que has hecho todo lo posible por dejar de amar a la mujer escogida [...]", le dice el príncipe Andrei Bolkonski, arquetipo del héroe ruso, a Pierre Bezujov, personaje antitético de naturaleza melancólica y torpe (se le resbalan los anteojos y tropieza con los muertos) que fue interpretado por Henry Fonda en la versión cinematográfica de 1956. La conversación entre Andrei y Pierre tiene lugar en un salón palaciego de Moscú poco antes de la invasión napoleónica de Rusia de 1812, pero es probable que si aguza el oído la oiga hoy en el autobús camino del trabajo.
13 Sep 2010
Este universo es una burbuja en una sopa de universos.
Michio Kaku, físico teórico
"Este universo es una burbuja en una sopa de universos"
VÍCTOR-M. AMELA - 18/05/2010
Tengo 63 años. Nací en California y vivo en Manhattan. Soy catedrático de Física Teórica y colaboro con el acelerador de partículas de Ginebra. Estoy casado y tengo dos hijas veinteañeras. ¿Política? Tecnología para la prosperidad. La ciencia coincide con visiones de la mística
Qué es lo último que sabemos sobre el universo?
Que no es universo: es multiverso.
¿Qué significa eso?
Que no hay un solo universo: ¡hay muchísimos universos a la vez, simultáneos, paralelos..!
¿Dónde están? Yo no los veo.
En lugares y tiempos lejanísimos. Imagine una sopa de burbujas...
Vale, ya la tengo.
Una de esas burbujas es este universo nuestro: nosotros y todas las galaxias estamos en su superficie en expansión. Pero hay en la sopa otras burbujas parecidas naciendo a cada momento, creciendo, fundiéndose unas con otras, estallando...
¿Cómo lo sabe usted?
Nuestros modelos teóricos así lo indican, y hoy los físicos nos dedicamos a rastrear las evidencias de estos universos paralelos al nuestro, que nacen a cada instante. No hubo un solo big bang:¡los hay continuamente!
Mientras usted y yo hablamos ¿está habiendo un big bang en algún lugar?
Sí. El de nuestro universo fue hace 13.700 millones de años, quizá por fusión o colisión de otros universos, otras burbujas.
¿Y cómo y cuándo acabará la nuestra?
Seguirá expandiéndose indefinidamente, hasta un "gran frío". ¡Quizá por entonces hayamos aprendido a saltar a otro universo!
¿Existe también algún tipo de conciencia en los demás universos?
No sabemos... Pero quizá, en otro universo paralelo, otro usted esté haciéndole otra entrevista como esta a otro yo...
Procuraré que la mía aquí sea la mejor. A escala cuántica ya podemos lograr que una misma partícula esté en dos lugares a la vez, y también teletransportar un átomo: es como copiarlo en otro sitio y que desaparezca el original. Será difícil lograr esto mismo con personas para viajar en el espacio...
¿Y viajar en el tiempo?
Es teóricamente posible..., pero exigiría una energía descomunal. Creo que la tecnología nos permitirá obtener esa energía en un futuro. Así que si hoy alguien llama a tu puerta y te dice: "hola, soy tu ta-ta-ra-ta-ta-ranieta"... ¡no le des un portazo! Puede que sea una descendiente que viene del futuro...
Buen truco para ligar.
Es factible una visita desde el futuro: generando dos líneas temporales, no afectaría al linaje del visitado que conduce al visitante.
¿Acaso le visitó a usted alguien, para empezar a interesarse por estas cosas?
Ja, ja... Una profesora en el colegio cristiano me despertó el interés, a los ocho años. Mis padres, japoneses, me habían empapado de budismo: el universo no empieza ni termina. ¡Y esa profesora nos explicó el Génesis..!
Donde Dios crea cielos y tierra.
Eso chocaba con lo que yo sabía, así que alcé el dedo y pregunté: "¿Y dónde está la mamá de la que nació Dios?" Si el universo tenía un origen, ¡yo iba a saber cuál era!
¿Y qué dijo la profesora?
Que preguntaría a su director espiritual.
¿Y qué dice de estos relatos la ciencia? La ciencia hoy describe escenarios ya anticipados por la mística: otros planos, otras dimensiones... El multiverso combina infinitud y creación continua. Y ahora buscamos la ecuación que englobe todas las fuerzas.
¿Qué dirá esta fórmula?
Todo es vibración y cada partícula elemental, una nota: la física estudia armonías; la química, melodías. ¡El universo es sinfonía!
¿Qué le gustaría descubrir a usted?
Coopero con el gran acelerador de partículas de Ginebra: buscamos la partícula S, que confirmará lo que he estado explicándole.
Espero que no saltemos por los aires... Puede dormir tranquilo. Nos llegan ahora mismo del universo rayos más peligrosos...
¿Y qué utilidad práctica le sacaremos a todo este saber?
A corto plazo, ninguna. Pero cada nueva fórmula científica modifica el mundo...
¿Qué nuevos avances tecnológicos tenemos ahora más a punto?
Pronto los chips serán más baratos que el papel: ¡los tendrás integrados por todo tu alrededor, incluso en tu cuerpo!
Póngame un ejemplo.
Tus gafas o lentillas, conectadas on line,te identificarán a tu interlocutor - nombre, estudios, perfil...-y si habla otro idioma, te bajarán subtítulos automáticamente.
¡Compro!
Entrarás en tu baño y será mejor que el mejor hospital de analíticas actual: te analizará orina y heces cada vez, y el espejo analizará tu aliento cada día, y así sabrás que alguna proteína de tus células puede generar un tumor ¡diez años después! No habrá tumores.
¡Adiós al cáncer, pues!
Tendrás un escáner del tamaño de un móvil, te harás una prueba instantánea que enviarás a una pantalla: ¡ella será tu médico!
Y si tuviese que operarme, ¿qué?
Dispondrás de órganos de recambio de todo tu organismo, desarrollados a partir de algunas células tuyas. Tendrás piel, huesos, arterias, válvulas coronarias, tráquea, nariz, orejas, narices... Y también hígado y páncreas: ¡adiós a la cirrosis y a la diabetes!
¿Cuándo dispondremos de todo esto? Antes de diez años.
¡Bravo! Y luego, ¿qué?
Cambio de civilización: a fines de este siglo sabremos usar ya la energía planetaria y no precisaremos de hidrocarburos. Luego, aprenderemos a usar la energía estelar. Y luego, la energía galáctica...
11 Sep 2010
Resurrección - Lev Nikoláyevich Tolstói

Yasnaya Polyana, 1899 Aniversario del matrimonio de Leon y Sonia Tolstoi.
Leer sobre los otros, ponerse en la piel de los demás, observar la sociedad desde fuera, pararse, ser consciente, conciencia plena. Aprender.
Estoy inmersa en la lectura de resurrección de Tolstoi, no hacía algo así desde mis veranos de estudiante, tumbada en la cama, en esas largas tardes, intercalando siestas, despreocupación y buena lectura.
La novela tiene trozos hermosos, intrigantes, sobrecogedores... como la vida vamos.
Resurrección es una de esas novelas que determinan la complejidad de los límites entre los siglos XIX y XX, factor que en Rusia tiene una importancia esencial por su proximidad a esos "epicentros de la modernidad" política y artística tan claros para la humanidad, como las revoluciones de 1905 y 1917 o la asombrosa transformación de la herencia decimonónica en un abanico de vanguardias que hoy siguen manteniendo un deslumbrante diálogo con artistas de muy diversos lugares y disciplinas. Fue la arrolladora recepción de RESURRECCIÓN en todo el mundo lo que marcó un hito en la novela moderna y lo que situó a Tolstoi en los orígenes de la perspectiva contemporánea de la literatura como elemento formador de la conciencia. Si es más conocido entre nosotros el entusiasmo que la obra provocó en Francia, Inglaterra y Alemania (en España, Clarín la consideró en 1900 la más conseguida de las novelas de su autor), bueno es recordar que las traducciones se multiplicaron en muy pocos años a la mayor parte de lenguas y que por ejemplo en Japón, ya en 1908, RESURRECCIÓN era utilizado como libro de texto incluso en las academias militares. El crítico K. Riejo atribuye al hecho de que Tolstoi contase lo sucedido a sus héroes desde el mismo punto de vista de millones de desposeídos (y evidentemente y de forma fundamental de las mujeres), el que en algunos países las versiones de la novela circulasen con títulos diferentes al original, como en el caso de Corea, donde se llamó LA TERRIBLE HISTORIA DE KATIUSHA o de Turquía, donde recibió simplemente el nombre de KATIA.
En el mundo de hoy el problema moral que se plantea en “Resurrección” —el abuso de poder, la explotación del hombre— tiene tanta vigencia o acaso más que en la Rusia de Tolstoi. Me parece que no es ninguna incongruencia contemplar nuestro planeta en el espejo de aquel país inmenso y desigual, en el que príncipes y señores vivían suntuosamente a costa de una muchedumbre de esclavos y analfabetos. Cierto que hoy en día se ha abolido la esclavitud, pero, a efectos prácticos, las semejanzas son evidentes. Tan sólo es una cuestión de perspectiva. Por más que las comparaciones resulten odiosas —y sin obviar el hecho de que toda novela constituye un cosmos autónomo, incluso aquella que se decanta por la recreación de un momento histórico concreto— lo cierto es que la literatura es un hecho compartido, tanto por los hombres como por las épocas. “Resurrección” es la historia de uno de aquellos nobles distinguidos y extravagantes: el príncipe Nekhludov, entre la discrepancia y la indiferencia de sus semejantes, se obstinará en purgar su mala conciencia a través de una prostituta, Katucha Maslova, una especie de María Magdalena sobre cuya existencia se han cebado la desgracia y la pobreza. Nekhludov bien podría haberse llamado Tolstoi. Las experiencias del primero son en buena parte un trasunto de los padecimientos morales del escritor: una vez Nekhludov se inmiscuya en el mundo de la Maslova, las circunstancias le irán llevando aún más lejos en la búsqueda de su resurrección particular; de esta manera, el rico propietario se planteará la renuncia de sus tierras en favor de quienes las trabajan y sus pasos nos llevarán a una viva representación de la vida carcelaria, de la deportación y de la tragedia llamada Siberia.
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